11 jul 2008

Por una cabeza

Columna Razones/Jorge Fernández Menéndez
Y todo por una cabeza...
Publicado en Excelsior, 11 de julio de 2008;
Resulta incomprensible la demanda de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión de pedir la renuncia de Guillermo Valdés al Cisen, con el argumento de que “le han perdido la confianza”. Primero, porque ese cargo no depende de la confianza de un grupo de legisladores y, segundo, y mucho más importante, porque no han mostrado una sola prueba de las razones que llevarían a perredistas y priistas a perderle la confianza a ese funcionario.

No sé, el único que lo puede saber en realidad es su jefe directo, el presidente Calderón, si Valdés hace o no bien su tarea, pero es absurdo pedir la remoción de un funcionario argumentando que se ha “espiado” a los legisladores, para luego decir que en realidad se contrató un servicio de una empresa con el fin de que hiciera un perfil de los miembros del Congreso. Y peor aún cuando se agrega que el problema no es que se haya contratado a esa empresa, sino que era de relativamente reciente formación. ¿Cuál fue el espionaje, qué se espió, desde cuándo una instancia del Estado no puede contratar a una empresa para realizar un perfil de los legisladores? Es absurdo y en realidad se trata de un torpe intento de compensar con ese debate la caída del secretario de Seguridad Pública del DF, Joel Ortega, y del procurador capitalino, Rodolfo Félix Cárdenas: se quiere ocultar, con un escándalo ficticio, una tragedia real. Tan obvio es el procedimiento que el tema de la famosa empresa contratada por el Cisen había sido llevado a la Permanente el 8 de junio y no se lo consideró de trámite urgente, pero el mismo martes se decidió subirlo a la agenda, para discutirlo sin más.
Eso va de la mano con la denuncia presentada por el coordinador de los senadores priistas, Manlio Fabio Beltrones, de que había sido espiado y se había construido con ello un expediente con información basura. Y, paradójicamente, en una competencia de descalificaciones mutuas, el ex presidente del PAN, el inefable Manuel Espino, también dice que fue objeto de espionaje, pero acusa de ello al equipo de campaña de quien se supone era su candidato, Felipe Calderón. Son demasiadas excentricidades para tan pocos días. Manlio Fabio Beltrones es uno de los políticos más poderosos y con mayor experiencia en el país, sobre todo en temas de gobernabilidad y seguridad. Y Manlio sabe perfectamente que esos “expedientes” no sólo suelen ser absolutamente falsos sino que circulan, sobre él y acerca de cualquier personaje de la vida nacional, por todos los ámbitos políticos y periodísticos. Y son inservibles: en mis archivos he recibido, a lo largo del tiempo, innumerables “documentos” de esas características que, simplemente, no pueden ser tomados en serio. En alguna oportunidad me llegó un expediente mío en el cual describían incluso el lugar donde supuestamente vivía, con el pequeño detalle de que la dirección era otra, un servidor vivía a mucha distancia de allí y, obviamente, la descripción no era de mi domicilio. Hubo una época, coincidía con la tristemente célebre de Pablo Chapa Bezanilla, en que unos personajes, que aseguraban ser del Cisen, vendían ese tipo de “documentos”, sobre cualquier político, en el Sanborns que está frente al Ángel de la Independencia, en el Distrito Federal. Y hubo algunos incautos que los compraron y los publicaron. En el pasado, la enorme mayoría de esos “documentos” terminaban afirmando que el objeto de “estudio” era homosexual o lesbiana. Ahora prefieren acusar de narcotraficante a todo el mundo. Esas cosas pueden indignar en lo personal, pero se descalifican por su propio contenido y nadie mejor que Beltrones, que fue objeto de una verdadera campaña de difamación en el pasado, esa sí orquestada desde el poder y que no sólo buscaba ensuciar su imagen sino acabar con su carrera, sabe que ese tipo de trabajo, de basura, como él mismo bien la calificó, no proviene de ámbitos oficiales, por muy mala que considera la inteligencia y la información del actual gobierno.
En realidad, después del inicio del escándalo, el propio Beltrones ha reconocido que no tiene constancia de que ese “documento” haya provenido de fuentes oficiales. Pero el objetivo para tratar de abordar el tema en la Permanente era más sencillo: se buscaba matar, con un escándalo ficticio, insistimos, una tragedia y una crisis real.
Respecto al Cisen, del que la mayoría de los legisladores hablan sin tener una idea siquiera aproximada de qué es y qué hace, el hecho es que seguramente tiene fallas y no funciona como en el pasado, porque está diseñado con otros fines. Para comenzar, el Cisen desde hace años no cuenta con un área operativa propia, o sea, para utilizar un lenguaje llano, con “espías” y operadores que puedan utilizar la fuerza. Lo tuvo sólo en sus inicios y desde cuando se fundó la Policía Federal Preventiva, en tiempos de Ernesto Zedillo, buena parte de sus funciones y ese brazo operativo pasaron a la Secretaría de Seguridad Pública, aunque muchos de los mejores operadores del Cisen original fueron primero a la AFI con Genaro García Luna y luego con éste regresaron a la SSP. Las tareas centrales de información e inteligencia en muchos ámbitos por eso están, hoy en día, en la SSP o en los servicios del Ejército y la Marina. El Cisen tiene una estructura y un modo de operación diferentes, basados en la suma y la presentación de otras fuentes de información y ésta la coloca, buena, mala o regular, a disposición del Ejecutivo para que otras áreas operen materialmente. Sumado a ello, buena parte de los estados, incluido el de México, además del Distrito Federal, tienen atribuciones legales para recabar información e intervenir teléfonos. Y todos, como muchos privados, lo hacen cotidianamente. Los legisladores perdieron una oportunidad para abordar temas importantes. Pero ya están en 2009.

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