Por Fred Alvarez Palafox
@fredalvarez
La política, cuando se juega al filo de la historia, suele elegir el silencio de la noche para sus movimientos más definitivos. Al filo de las nueve de la noche de este primero de mayo, la pantalla no solo nos devolvió una imagen; nos entregó un mensaje de una gravedad que se instala ya en la memoria colectiva de Sinaloa.
Vimos a un gobernador con el rictus de quien carga una acusación trasatlántica en la mirada. Su anuncio de licencia temporal buscaba ser un escudo de oxígeno; pero en este tablero de ajedrez, lo que Rocha pensó como un paraguas frente a la tempestad, podría terminar siendo su propia intemperie.
¿Qué queda del hombre cuando se aparta del cargo?
La respuesta nos sumerge en un laberinto jurídico. Resulta sintomático el pronunciamiento en redes de Arturo Zaldívar —por el peso de su cercanía con el poder central—, quien ha sido tajante: el fuero protege a la función, no a la persona. Al soltar el escritorio, se suelta la inmunidad. Bajo esta tesis, compartida por especialistas como Gabriel Regino, quien pide licencia queda, esencialmente, desnudo frente a la ley.
Sin embargo, en Culiacán, la diputada Teresa Guerra sostiene lo contrario: que el blindaje persiste hasta que el Congreso decida lo contrario. En este choque de trenes, asoma una verdad incómoda: autoridades que parecen jugar a la evasión, intentando procesar la caída de Rocha "con alfileres", para que el caso se desmorone mañana mismo.
Pero el laberinto es más profundo y no se limita a la interpretación legal. Enrique Inzunza se aferra a su escaño senatorial, intentando transformar su defensa en una narrativa de resistencia soberana. Atribuye el vendaval a sus críticas contra la presencia de la CIA en territorio nacional y a una presunta complicidad desde el gobierno de Chihuahua. Es un juego de espejos donde la geopolítica se mezcla con el expediente penal.
Mientras el derecho se enreda, desde las tierras cálidas de Palenque, el silencio de la Presidenta Sheinbaum es la única respuesta. Esa mudez pesa; la espera de 48 horas hasta la próxima cita en Palacio Nacional se siente como un siglo en una tierra que vive en sismo perpetuo. Ojalá el discurso oficial no se refugie otra vez en la palabreja "soberanía" como cortina de humo para evitar la justicia que las víctimas reclaman.
Porque entre el fuero que se desvanece y la sospecha que crece, hay algo que los expedientes no registran: el sentir del pueblo. En las calles de Sinaloa, la gente ha salido a manifestar su alivio. Entre música de banda y canciones que celebran el fin de una era, el "Estado de los once ríos" vislumbra una luz de esperanza. El relevo no es solo administrativo; es un desafío ético frente al espejo de nuestra realidad.
Seguiremos dando puntual seguimiento a este laberinto que, me temo, apenas comienza.
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