Sinaloa: El peso de la sombra y el refugio de la ley
Por: Fred Alvarez Palafox,
@fredalvarez
La política, cuando se juega al filo de la historia, suele elegir el silencio de la noche para sus movimientos más definitivos. Anoche 1 de mayo, al filo de las 21 horas local , la pantalla no solo devolvió una imagen; entregó un mensaje cargado de una gravedad que trasciende los periodos de gobierno. Rubén Rocha Moya, con el rictus de quien carga una acusación trasatlántica en la mirada, anunció su repliegue. No fue un adiós, sino un movimiento de ajedrez: una licencia temporal que busca ser escudo y, a la vez, oxígeno.
El escudo del fuero y la sombra de Nueva York
En el lenguaje frío del derecho, la licencia es una pausa; en el lenguaje de la sospecha, es un resguardo. Al apartarse del escritorio principal sin soltar el hilo constitucional, Rocha Moya conserva el fuero. Ese viejo conocido de la política mexicana que, en días de tormenta, se convierte en el único paraguas frente a la detención inmediata.
Sin embargo, el origen de este vendaval no está en el Palacio de Gobierno de Culiacán, sino a miles de kilómetros, en las oficinas de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. El documento de 34 páginas es un golpe seco: vincula al gobernador y a su círculo cercano —incluido el alcalde de la capital, Juan de Dios Gámez— con una cercanía peligrosa hacia "Los Chapitos" que, según el Departamento de Justicia estadounidense, se rastrea desde la antesala del poder en 2021.
Soberanía: El discurso desde el centro
Mientras en Sinaloa el aire se siente denso, en la Ciudad de México la respuesta ha sido institucional, casi granítica. Raúl Jiménez Vázquez, desde la FGR, ha puesto un freno a las pretensiones de Washington, calificando de "insuficientes" las pruebas para una detención provisional. No hay urgencia, dicen los papeles.
Mmm. El escepticismo es inevitable.
Desde la sobriedad de Palacio Nacional, el mensaje de la Presidenta Sheinbaum resonó con una firmeza que pretendía ser blindaje: la soberanía no se negocia. Es esa vieja narrativa del nacionalismo que brota ante el embate exterior; un intento de cerrar filas que, sin embargo, deja en el ánimo del ciudadano de a pie una bruma espesa: esa duda persistente sobre dónde termina el respeto al derecho y dónde comienza el velo de la complicidad.
La Presidenta se refugia hoy en la presunción de inocencia, un escudo que se presenta inexpugnable para los compañeros de ruta -la cuatroté-, pero que en el pasado reciente —cuando el nombre en el expediente era el de Genaro García Luna— se transformó en sentencia sumaria sin espacio al beneficio de la duda. Es ahí donde la ironía asoma su rostro más amargo. Pareciera que la vara de la justicia cambia de longitud según el color del cristal con que se mira; una actualización de aquella máxima que el tiempo no logra borrar: "A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas". En este tablero de conveniencias, el poder suele optar por una memoria selectiva, pero el rigor de la coherencia, esa terca cronista, siempre guarda el registro de la verdad.
El vacío y el rigor de la letra
Sinaloa, sin embargo, no admite el vacío. Este sábado 2 de mayo, bajo un sol que apenas comienza a calentar las calles de Culiacán, el Congreso se sienta frente a su propia historia. El Artículo 58 de la Constitución local es ahora el único mapa en este laberinto.
La maquinaria del Estado no se detiene, pero su pulso es hoy más lento. Mientras la operatividad administrativa descansa transitoriamente en la Secretaría General de Gobierno, el reloj constitucional marca su cuenta regresiva: treinta días es el margen antes de que el Legislativo deba tomar una definición mayor.
No obstante, en el horizonte de nuestra justicia, el tiempo es una variable elástica. Se dice que la FGR "desmenuzará" el expediente, pero los antecedentes nos obligan a la cautela. Ahí está, como mudo testigo de la desmemoria, la carpeta SON/HSO/0001/882/2024, abierta aquel 26 de julio de 2024 por delitos que van desde el vuelo ilícito hasta la traición a la patria, y que hoy, simplemente, duerme el sueño de los "justos" en algún cajón del olvido.
En los pasillos del poder ya retumban nombres para la interinidad: Feliciano Castro, Imelda Castro, Graciela Domínguez. Cualquiera que sea el elegido, no recibirá un simple cargo, sino la inmensa tarea de administrar un estado que parece vivir en un sismo perpetuo; una tierra que, entre el estruendo de los titulares y el silencio de las carpetas de investigación, sigue buscando desesperadamente un asidero de paz.
Una reflexión final
"Lo hago desde mi profunda convicción republicana", afirmó Rocha. Pero más allá de las formas, queda la incertidumbre de un pueblo que ve cómo sus instituciones se fracturan bajo el peso de la sospecha. Sinaloa hoy se encuentra en ese punto donde la frialdad de la ley se cruza con la fragilidad del poder.
Hoy, más que justicia, mi tierra reclama claridad. Porque entre el fuero y la sospecha, lo que realmente queda en suspenso es la paz de una sociedad que merece mucho más que ser el titular de una nota roja internacional. El relevo no es solo administrativo; es, ante todo, un desafío ético frente al espejo de la realidad.
Daré puntual seguimiento al tema…
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