La diplomacia, el tiempo y la memoria: una nota sobre el encuentro en Palacio Nacional.
Leo la nota de Rolando Herrera en Reforma y me detengo en su titular: "Hacen a un lado el perdón y reactivan la relación". El dato es elocuente, pero la realidad, vista hoy desde la puerta de Palacio Nacional, se impone con una elegancia que merece ser subrayada.
Han pasado ya más de siete años desde que el expresidente López Obrador pusiera sobre la mesa la exigencia de una disculpa pública por los agravios históricos a nuestros pueblos originarios, y apenas cuatro desde aquella "pausa" diplomática que marcó el 2022. Sin embargo, el tiempo -sabía virtud, diría Leduc-, que todo lo transforma, ha dictado una nueva ruta. Hoy, el protocolo y la diplomacia han vuelto a sus cauces, recordándonos que en el arte de gobernar, como en la vida, siempre llega el momento de dejar atrás los desencuentros para privilegiar el entendimiento.