28 nov 2008

No debemos celebrar!: Gómez Mont

Palabras del Secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont, durante la XXV Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, realizada en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. México, D.F., a 28 de noviembre de 2008
Licenciado Felipe Calderón Hinojosa,
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos;
Senador Gustavo Enrique Madero Muñoz,
Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores;
Diputado César Horacio Duarte Jáquez,
Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados;
Ingeniero Eduardo Bours Castelo,
Gobernador Constitucional del Estado de Sonora y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores;
Distinguidos Gobernadores de las Entidades Federativas y Jefe de Gobierno del Distrito Federal,
Ingeniero Juan Sánchez Aldana,
Presidente Municipal de Zapopan y Representante de la Asociación de Municipios de México;
Estimados integrantes del Gabinete del Presidente Felipe Calderón,
Representantes de los medios de comunicación y de las organizaciones de la sociedad civil;
Licenciado Rubido García,
Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública,
Señoras y Señores:
Buenos días a todos.
El país afronta un momento crítico que, a su vez, ofrece una oportunidad histórica.
Es crítico porque la situación obliga a tomar decisiones impostergables para hacerle frente al crimen organizado; y es oportunidad porque para combatir con éxito a la criminalidad debemos actualizar el arreglo institucional del país.
Nuestra máxima responsabilidad es asumir juntos las decisiones que haya que tomar.
El Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad suscrito el pasado 21 de agosto es una apuesta institucional para, juntos, hacernos responsables de poner un alto al crimen organizado a través de una eficaz coordinación entre autoridades, homologando el proceso de profesionalización de las instituciones encargadas de la seguridad y la procuración de justicia; y sumando a los medios y a la sociedad civil en el arraigo de la cultura de la legalidad.
Tener como signatarios a los tres Poderes de la Unión, a los tres órdenes de Gobierno, a los medios de comunicación y a la sociedad civil, con el ingrediente adicional de que serán los propios ciudadanos los que juzguen el cumplimiento de cada uno de los 74 objetivos, refleja que sí tenemos capacidad y voluntad de materializar con hechos la corresponsabilidad.
Corresponsabilidad que se expresa en dos vertientes:
La primera implica que cada suscriptor debe ejercer sus atribuciones con eficacia para cumplir sus propios compromisos; la otra vertiente radica en que cada suscriptor debe colaborar para que los demás suscriptores cumplan con su tarea.
Las fronteras, más que fijar una división, son el espacio de encuentro entre vecinos.
De la misma forma, los puntos en donde se tocan los ámbitos de la Federación con las Entidades Federativas y éstas últimas con la vida municipal, deben ser los espacios donde se gesta la vocación y colaboración federalista.
A mayor coordinación mayor fortaleza del Estado Mexicano y menores huecos de impunidad para el crimen organizado.
Por todo ello el Gobierno del Presidente Felipe Calderón está concentrado en realizar la parte que le corresponde.
Cumplir cada uno de los 36 compromisos que se derivan de los 28 objetivos que asumió el Gobierno Federal en la suscripción del Acuerdo, ha implicado la elaboración de una amplia planeación estratégica, evaluación del impacto presupuestal, autorización de recursos, determinación de tramos de actuación, elaboración de proyectos y puesta en marcha de acciones específicas.
Cada dependencia del Poder Ejecutivo involucrada en el Acuerdo ha determinado, conforme a sus atribuciones, los pasos a seguir para cumplir sus propios compromisos.
Estas etapas se han calendarizado de tal manera que es factible el puntual seguimiento y evaluación de cada uno de ellos.
Para facilitar el seguimiento de cada objetivo, la Secretaría de Gobernación desarrolló un Sistema Único de Seguimiento, el cual nos permite evaluar el estado en que se encuentra cada compromiso, supervisar el desempeño de las dependencias federales en el cumplimiento de cada uno, estandarizar la información y los reportes de seguimiento y establecer mecanismos de coordinación entre las dependencias concurrentes.
El Sistema fue diseñado conforme a los siguientes criterios:
Define una ruta crítica para cada compromiso.
Establece el margen de acción de cada dependencia, según sus propias atribuciones.
Define un liderazgo institucional responsable de coordinar los esfuerzos que cada compromiso incluye en aquellos casos en los que participan dos o más dependencias.
Obliga la depuración de cada dato que se suba al sistema, con el propósito de que cada acción reportada sea verazmente realizada.
Permite uniformar la información que, por disposición legal, debe hacerse pública para que la sociedad y la opinión pública pueda disponer de ella.
Con base en estos elementos me permito informar a este distinguido Consejo que en estos primeros 100 Días el Gobierno Federal ha cubierto en 100 por ciento de los siete compromisos programados para se resueltos durante este período.
Primero: Se gestionó ante los diputados y las diputadas federales una reasignación de recursos en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2009 para dar cumplimiento al Acuerdo.
Gracias a la decisión de los legisladores, se incrementó el presupuesto en los rubros de Orden y Seguridad en un 33 por ciento.
Segundo: Se ha fortalecido el Sistema de Denuncias Contra la Corrupción y la mala actuación de los servidores públicos, incorporando como el elemento clave la participación ciudadana a través de los portales de internet de las dependencias de la Administración Pública Federal y de la distribución de formas de denuncia impresas, carteles y anuncios informativos.
Tercero: Se presentó ante el Congreso de la Unión la Iniciativa de una nueva Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública que propone un nuevo modelo ministerial, policial y pericial que establece también instancias de coordinación y sistemas de información.
Cuarto: Se autorizó a las 32 Entidades Federativas, a la Procuraduría General de la República, a la Secretaría de Seguridad Pública Federal y al CISEN a adquirir armamento que permita incrementar sus capacidades.
Quinto: Se presentó ante el Congreso de la Unión un paquete de reformas para fortalecer al Gobierno Federal en las complejas tareas de seguridad pública y procuración de justicia.
Sexto: Se han instrumentado campañas masivas para promover la denuncia y prevención del delito y la cultura de la legalidad, tanto en los medios impresos, como en radio y televisión. Y
Séptimo: Se presenta una propuesta de modelo de Observatorio Ciudadano que permitirá vigilar y supervisar el cumplimiento de los compromisos adquiridos.
En el futuro inmediato se tienen contemplados 15 Compromisos más con fechas de vencimiento que van de cuatro a seis meses. Entre ellos destacan, por su importancia y el nivel de avance con el que se cuenta, los siguientes:
Se cuenta con los Proyectos del Modelo Nacional de Evaluación y Control de Confianza y del Protocolo de Evaluación, mismos que ya han sido enviados al Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional para ponerlos a consideración de este Consejo.
En septiembre pasado, en el marco de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, se aprobó la Estrategia Nacional Integral contra el Secuestro.
El pasado 30 de septiembre el Ejecutivo Federal presentó una Iniciativa de Reformas a la Ley General de Salud y al Código Penal en materia de narcomenudeo.
Se encuentra en sus etapas finales el diseño de la Estrategia para la Prevención y el Combate al Lavado de Dinero y el Financiamiento al Terrorismo.
Como parte de los compromisos suscritos en materia de prevención del delito, atención a personas con adicciones, apoyo a organizaciones que promueven la rehabilitación y el Programa Escuela Segura, se han iniciado diversas acciones en estos 100 Días, mismas que mis compañeros de Gabinete detallarán en unos momentos.
El conjunto de los objetivos, compromisos y avances, se estarán reportando oportunamente a este Consejo y a la propia sociedad civil, con quienes se ha entablado una comunicación permanente.
Incluso es preciso señalar que el Gobierno Federal ha enriquecido muchas de las acciones que realiza para cumplir los compromisos del Acuerdo, gracias a las opiniones y puntos de vista que organismos ciudadanos le han manifestado.
Un elemento que hace sustancialmente distinto este Acuerdo con otros esfuerzos realizados en el pasado fue la decisión que tomó este Consejo de poner en manos de los propios ciudadanos la evaluación sobre cada uno de los compromisos.
De tal forma y precisamente como una consecuencia de la estrecha colaboración que se tiene con los organismos, se propone la creación de una instancia que pondría a disposición de las autoridades presentes una ventanilla integradora para el acopio de la información estadística y establecería los criterios para la homologación y clasificación de la información.
La instancia se integraría de un Consejo Rector en el que participarían el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, institución que cuenta con el mandato de Ley como la dependencia articuladora de toda la estadística en materia de seguridad y justicia a nivel nacional, estatal y municipal.
El INEGI supervisaría los indicadores de medición para contar con información estadística confiable y objetiva y ya viene trabajando en el desarrollo de herramientas de captación y procesamiento de datos en todo el territorio nacional.
El Instituto Federal de Acceso a la Información se responsabiliza de establecer los criterios para el acceso a la información de seguridad pública y justicia penal en el nivel federal, así como organizaciones ciudadanas, instituciones académicas y expertos en materia de seguridad y justicia.
Esta propuesta pretende ofrecer un mecanismo de información que sea útil y, a su vez, se nutra de todos los esfuerzos de observación que realice la sociedad en plena autonomía.
Hago entrega al Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad Pública a efecto de que esta propuesta sea analizada y se determine su viabilidad jurídica y presupuestal.
Señoras y señores integrantes del Consejo Nacional:
No podemos celebrar ningún avance cuando la gran mayoría de los mexicanos reclaman tranquilidad y seguridad en sus hogares, en las calles, en sus centros de trabajo, en el transporte público o privado que usan para desplazarse o cuando salen del mercado, del banco o del centro comercial.
No debemos destacar logros hasta que México cuente con policías y ministerios públicos de probada honestidad en los tres órdenes de gobierno, capacitados y equipados.
No permitamos sentimientos de satisfacción hasta que el marco jurídico en materia de seguridad y justicia empiece a dar resultados concretos, visibles y medibles para la sociedad.
Los avances en torno al Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad están sujetos al más riguroso escrutinio público y a la rendición de cuentas.
Ello es una buena noticia pues genera un clima que favorece la corresponsabilidad donde cada suscriptor también debe procurar que el otro sea exitoso en esta lucha.
Decía Octavio Paz: "más que el brillo de la victoria, nos conmueve la entereza ante la adversidad".
Hasta hoy hemos dado pasos firmes en una batalla de largo alcance que nos exige combatir sin descansar.
México es mucho más grande que sus problemas y en esta grandeza confiamos para hacer frente a un problema al que hemos decidido enfrentar hoy y no dejar esta batalla a otros gobiernos, cuando quizás ya sea muy tarde para salir triunfantes.
La hora crítica que vive la República nos ha hecho confluir aquí, en torno a un objetivo trascendente: garantizar que cada familia mexicana se sienta protegida por sus autoridades y por un Estado de Derecho garante de un país libre, democrático y con oportunidades para todos.
Fuente: CS de la Segob.

XXV sesión de Consejo de Seguridad Pública

Palabras del Presidente Calderón en la XXV Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública
Palacio NACIONAL, a 28 de Noviembre de 2008 Discurso
Diputado César Horacio Duarte Jáquez, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.
Senador Gustavo Enrique Madero Muñoz, Presidente de la Cámara de Senadores del Congreso de la Unión.
Señoras y señores Gobernadores de los Estados y Jefe de Gobierno del Distrito Federal.
Señoras y señores Presidentes Municipales.
Señoras y señores Secretarios de Estado.
Integrantes del Consejo Nacional de Seguridad.
Distinguidos representantes de organizaciones civiles, sindicales, empresariales y religiosas.
Señores representantes de los medios de comunicación.
Señoras y señores:
Para todos nosotros es claro que hoy la principal preocupación de las familias es su seguridad, por eso también ésta ha sido la prioridad del Gobierno de la República.
Como Presidente, como ciudadano y como padre de familia entiendo el temor que sienten los padres de que sus hijos sean víctimas de la delincuencia. Soy consciente de la desesperación, la impotencia, el agravio y el profundo dolor que embarga en estos momentos a muchos mexicanos que han sido víctimas de criminales sin escrúpulos, y que no encuentran en nosotros las respuestas que esperan de sus autoridades.
Ese clamor de la conciencia ciudadana es precisamente lo que nos reunió y nos convocó el pasado 21 de agosto en este mismo recinto nacional, para suscribir el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad.
Hoy, a casi cien días de la firma de este instrumento, hemos sido convocados a la XXV Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. Acudimos a este llamado no sólo para reafirmar la vigencia de nuestro compromiso con la seguridad de los mexicanos, sino también para dar cuenta de los avances y de lo mucho que falta por hacer en la construcción de un país que progrese por la vía de la justicia, la ley y el orden.
La suscripción del Acuerdo representó, como se dijo aquí, y sin duda, un punto de partida; un punto de partida para que de manera conjunta las diversas autoridades de todo el país y la sociedad civil avanzáramos en el propósito de construir un México más seguro.
Yo quiero reconocer el compromiso y el esfuerzo de todos los que lo han realizado:
Del Poder Legislativo, que aprobó un Presupuesto de Egresos de la Federación para 2009, que permitirá asignar eficientemente una mayor cantidad de recursos a fin de fortalecer las instituciones encargadas de la seguridad de los mexicanos, y que analiza a profundidad iniciativas presentadas por el Gobierno Federal en materia de seguridad.
Del Poder Judicial, que se ha comprometido en la implementación de diversas acciones, como el establecimiento de los juzgados de control.
De los gobiernos de las entidades federativas, que están haciendo un continuo esfuerzo por depurar, fortalecer y dotar de mayores recursos a sus instituciones de seguridad y de procuración de justicia, y que están colaborando con las autoridades federales en el combate al flagelo del secuestro.
De los gobiernos municipales, que fomentan el fortalecimiento y la depuración de las instituciones de seguridad dentro de sus ámbitos de competencia.
Por lo que hace al Poder Ejecutivo Federal, el Secretario de Gobernación ha informado al Consejo sobre el grado de avance y, en particular, sobre el cumplimiento cabal de los compromisos, cuya fecha de vencimiento estaba señalada al cumplirse los primeros cien días del Acuerdo.
Entre otros, señalo siete compromisos que se han explicado ampliamente aquí.
Uno, consistente en la reasignación de recursos y partidas dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación, que sea acompañado por reglas de operación flexibles y procedimientos eficaces y transparentes, que ya se ha explicado con amplitud.
Otro, el fortalecimiento, con la participación de la sociedad civil, del sistema de denuncias contra la corrupción y la mala actuación de los servidores públicos, que ha sido cumplido por las dependencias correspondientes.
Otro más, relativo precisamente, a adecuar el modelo de coordinación y el arreglo institucional de atención a la seguridad pública para garantizar la responsabilidad compartida entre la Federación, estados y municipios, que se cumplió al presentarse la Iniciativa de Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Otro compromiso, que es actualizar las licencias colectivas de portación de armas que expida la Secretaría de la Defensa, y que se cumplió al autorizar a las 32 Entidades Federativas adquirir armamento de cadencia automática y calibre superior, que permita a los cuerpos policiacos incrementar su capacidad de fuego.
Un quinto compromiso, que es presentar a la consideración del Congreso un paquete de reformas que fortalezcan las capacidades del Gobierno en materia de seguridad y procuración de justicia, el cual fue presentado, precisamente, al Congreso de la Unión, y como se explicó aquí está en su análisis. Y finalmente, dos compromisos más que vencían a los cien días del Acuerdo, que es instrumentar campañas para promover la cultura de legalidad, que se han implementado y se ha dado cuenta de los avances de la política en materia de prevención.
Y finalmente, el promover la creación de un observatorio ciudadano que vigile y supervise el cumplimiento de los compromisos, a lo cual se le ha dado respuesta mediante la presentación de un modelo de observatorio ciudadano que estará en manos, precisamente, de la representación de la sociedad civil.
En el caso del Gobierno Federal, dos tipos de cuestiones nos han ocupado.
Primero lo urgente e inaplazable, pero también, las transformaciones integrales de fondo en materia de seguridad que requiere el país, y que requiere no de ahora, sino desde hace mucho tiempo.
Por lo que toca a los problemas más urgentes en materia de seguridad, la acción del Gobierno Federal se ha desplegado en cuatro frentes: los operativos conjuntos, el combate frontal al crimen organizado y al secuestro, y el combate a la corrupción.
Uno. Los operativos conjuntos. Con ellos hemos multiplicado la presencia de la fuerza del Estado, entendido como una entidad completa en todas aquellas partes del país que se encuentran más vulnerables a la acción de la delincuencia.
Con estos operativos hemos fortalecido las capacidades del Estado para hacerle frente al crimen. En algunos casos, el esfuerzo está claro que debe replantearse y renovarse porque no ha demostrado su eficacia.
En otros casos, los operativos han permitido reducir los niveles de violencia y, particularmente, de homicidio doloso, que se habían registrado en algunas entidades.
Y en todos, lo que queda claro es que estos operativos permiten generar un espacio de tiempo y margen de maniobra que permita el restablecimiento de la vida institucional, así como la depuración y el fortalecimiento de la estructura policial en el lugar en cuestión.
Dos. El combate al crimen organizado y, especialmente, al narcotráfico.
En estos cien días de vigencia del Acuerdo, hemos capturado a peligrosos jefes e integrantes de las principales organizaciones criminales que operan en el país.
El 5 de septiembre se capturó a Alberto Sánchez Hinojosa, alias El Tony, lugarteniente de Heriberto Lazcano y líder de la organización conocida como Los Zetas, y que operaba precisamente en la región del sureste, particularmente en Tabasco.
El 18 de octubre se logró la captura de varios narcotraficantes colombianos, vinculados a la organización criminal de Arturo Beltrán Leyva. Con esto se rompió un eslabón clave en la logística de abasto de cocaína de Colombia hacia los cárteles mexicanos.
El 20 de octubre se capturó a Jesús Zambada, capo del Cártel del Pacífico y hermano de Ismael El Mayo Zambada, líder de esta organización.
Este peligroso narcotraficante controlaba la importación y operación de cocaína a través del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
El 26 de octubre se logró la detención de Eduardo Arellano Félix, alias El Doctor, líder del Cártel de Tijuana, de los hermanos Arellano Félix, quien era buscado por la Interpol en más de 180 países.
El 1 de noviembre se detuvo a Antonio Galarza Coronado, alias El Amarillo, operador del Cártel del Golfo, quien junto con otro capturado, Jaime González Durán, El Hummer, el 7 de noviembre, líder y fundador de la peligrosa organización delictiva de Los Zetas y quien controlara con el anterior la llamada Frontera Chica en el Estado de Tamaulipas.
En estos tres meses también se aseguraron más de 700 toneladas de marihuana, ocho de cocaína y siete mil armas. En el mundo se sabe y se reconoce que los mexicanos hemos decidido cerrar el paso a la actuación impune de las organizaciones criminales.
Ilustra la magnitud de este esfuerzo el hecho de que también en estas últimas semanas se haya logrado, en una sola operación, el mayor decomiso de armas de fuego y municiones incautados al crimen organizado en operaciones no bélicas de que se tenga registro, y que se suma a otras operaciones también sin precedentes internacionales, como el mayor decomiso de cocaína que se realizó en el país o el mayor decomiso de dinero en efectivo en una sola operación.
Sabemos que atrás del mercado de las drogas se gesta una violencia criminal asociada al crimen organizado, que debemos atacar y que afecta a todos; pero especialmente entendemos como una obligación del Estado, en todos sus ámbitos y niveles, hacer todo lo que en nuestras manos esté para evitar que la droga y la violencia ensombrezcan la vida de nuestros niños y nuestros jóvenes.
Tres. El Gobierno Federal ha reforzado su ofensiva en contra de los delitos que más lastiman y agravian a la sociedad, como es el secuestro. Por ello, hemos colaborado estrechamente con las autoridades locales para enfrentar con efectividad este delito.
En los cien días que han transcurrido desde la firma del Acuerdo, como ya se dijo aquí, la conjunción de esfuerzos entre autoridades federales y locales ha permitido detener a 272 presuntos secuestradores y desarticulado a 53 peligrosas organizaciones de secuestradores. Con ello, en promedio, se ha capturado una banda de secuestradores cada dos días y se ha logrado la liberación de 184 víctimas secuestradas en estos cien días.
Desde luego que falta mucho por hacer. Aún se sigue presentando una cifra alarmante, inaceptable e indignante de casos de secuestro. Sin embargo, en los últimos tres meses ha habido una variación en las cifras. En lo futuro debe mantenerse esa reducción, observada ahora en un 18 por ciento, porque sólo así habremos roto la tendencia creciente que se venía observando en este delito.
Estos son, precisamente, como bien se aclaró aquí, procesos que estamos cumpliendo y a los cuales estamos comprometidos.
Hacen falta, como también se especificó, resultados. Sé que más allá de cifras, más allá de logros, más allá de propósitos, el enfrentarnos a la realidad de una sola víctima y a la tragedia que implica para las familias la desoladora incertidumbre sobre el paradero de un ser querido, nos obliga a todos los presentes a refrendar no sólo hoy, sino todos los días el compromiso indeclinable de trabajo sin descanso y de poner un alto definitivo a estas dramáticas historias que continúan.
Cuatro. Es claro que existe un legítimo clamor ciudadano para poner un alto a la corrupción en las instituciones de seguridad y procuración de justicia. Por ello, el Gobierno Federal está librando una lucha compleja y sin precedente contra la corrupción asociada a la delincuencia organizada. Este cáncer viene de mucho tiempo atrás y por desgracia penetró las instituciones de seguridad y de justicia de todo el país.
Lo más fácil para el Gobierno Federal hubiera sido cerrar los ojos ante esta realidad. No lo hicimos. Decidimos enfrentarlo, hasta llegar hasta las últimas consecuencias para llevar ante la justicia a quienes traicionan la confianza de la sociedad.
Pusimos en marcha, en la vigencia del Acuerdo, un trabajo de investigación e inteligencia de largo aliento: la Operación Limpieza, con la que estamos desmontando redes de corrupción sobre las cuales la delincuencia organizada encontraba cómplices y respaldos dentro del aparato del Estado.
La Operación Limpieza ha llegado, incluso, al arraigo para efectos de investigación tanto del ex Director de la Policía Federal, como del ex Subprocurador General de la República, encargado de las investigaciones contra la delincuencia organizada.
Sin embargo, estamos convencidos, a pesar de esta complejidad, que para frenar a la delincuencia, primero hay que sacarla de nuestra propia casa.
Mi llamado respetuoso es a realizar este duro y valeroso esfuerzo en todas las instancias de poder público y de Gobierno, en el ámbito que a cada cual corresponda a su competencia.
Al mismo tiempo que afrontamos los problemas apremiantes, redoblamos el esfuerzo para lograr una transformación integral y de fondo de las instancias de seguridad pública.
Esto se refleja en cuatro grandes rubros.
El primer rubro se refiere al fortalecimiento de las instituciones de seguridad y justicia del país. Para ello se requiere:
Uno. Depuración. Para ganar la guerra contra la delincuencia requerimos cuerpos policiacos honestos y confiables.
De ahí la imperiosa necesidad de perseverar en la depuración y el fortalecimiento de todas las policías del país. A ese propósito está orientado nuestro esfuerzo de formar una nueva generación de policías con elevados estándares de ética y profesionalismo.
Para ello se concluyó con la elaboración y entrega del Modelo Nacional de Evaluación y Control de Confianza y del Protocolo de Evaluación.
También es positivo que 25 entidades federativas reporten avances en el proyecto de creación o fortalecimiento de sus propios centros de control de confianza.
Dos. Tecnología. También sabemos que para derrotar a la delincuencia requerimos cuerpos policiacos con más y mejor tecnología, armamento, inteligencia y recursos.
Estamos avanzando en dotar de conectividad a las autoridades de los tres órdenes de Gobierno, a la Plataforma México.
El sistema ya permite intercambiar información e inteligencia policial y criminal, para prevenir y perseguir el delito.
Destaco que las policías de las 32 Entidades Federativas y de 144 municipios, de una meta original de 150, ya cuentan con conectividad a Plataforma México.
Tres. Armamento. Para fortalecer operativamente a las autoridades encargadas de la seguridad a nivel local, se ha autorizado a todos los estados e instancias federales, en cumplimiento a otro compromiso del Acuerdo, la adquisición de armamento de mayor capacidad para que los cuerpos policiacos que cumplan con requisitos de confiabilidad puedan escalar su poder de fuego contra la delincuencia.
Cuatro. Fortalecimiento presupuestal. El fortalecimiento de los recursos presupuestales destinados a la seguridad es otra prioridad que ha mostrado avances en el marco del Acuerdo Nacional. Gracias a la corresponsabilidad del Poder Legislativo se logró la reasignación de recursos y partidas dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación 2009.
Como ya se ha explicado, entre otros avances, se asignó un 33 por ciento más de recursos al rubro de orden y seguridad con respecto al año anterior y un 35 por ciento a la asignación en conjunto para el Sistema Nacional de Seguridad Pública.
El Estado mexicano no puede estar limitado por falta de recursos para enfrentar al crimen organizado y por eso debemos seguir trabajando juntos para fortalecer el presupuesto destinado a la seguridad de los ciudadanos, tanto por parte de la Federación como por parte de los estados y los municipios.
Durante esta Administración el gasto público orientado a la seguridad ha aumentado los recursos a la función de orden, seguridad y justicia en un 118 por ciento, del 2006 al Presupuesto del 2009.
Quiero ser muy enfático al señalar que, si bien existen en las corporaciones policiacas miembros que han defraudado la confianza de la sociedad, son mucho más los buenos policías que día a día libran una batalla sin cuartel para proteger la seguridad de las familias mexicanas.
Desde aquí hago un sincero reconocimiento a todas y a todos los policías, soldados y marinos que diariamente, de manera honesta y comprometida, ponen en riesgo su vida para realizar su imprescindible labor.
En estos casi cien días del Acuerdo, 114 elementos del orden de los tres órdenes de Gobierno han perdido la vida en esta lucha por un México seguro.
Por ello, debemos reconocer y premiar a los buenos elementos con mejores condiciones de ingreso y bienestar, como son vivienda, salud y educación para sus hijos.
El segundo gran rubro es el fortalecimiento del marco jurídico. En estos cien días hemos enviado al Congreso iniciativas de ley que nos permitirán fortalecer las capacidades de las autoridades en la lucha contra la delincuencia: iniciativas para el Sistema Nacional de Seguridad Pública, para organizar la Policía Federal, para reformar la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República, la iniciativa de Ley de Extinción de Dominio, la iniciativa de combate al narcomenudeo y otras que analiza el Congreso de la Unión.
El tercer gran rubro es el fortalecimiento de una cultura de legalidad y la implementación de una estrategia integral de prevención del delito.
Para ello, estamos planteando una política de prevención mucho más activa y más eficaz. Lo hacemos a través de campañas de difusión, pero también lo hacemos a través de Escuela Segura, de la recuperación de espacios públicos de manos de la delincuencia y poniendo en operación centros de prevención y tratamiento de adicciones, como ya se explicó con detalle.
Es fundamental fortalecer el tejido social para que los mexicanos rechacemos con contundencia la corrupción y la ilegalidad en todos y cada uno de los actos de nuestra vida.
Y el cuarto gran rubro es la construcción de una nueva etapa en la relación entre sociedad y autoridad para promover la vigilancia y la participación activa de los ciudadanos en la estrategia de seguridad.
Por eso hemos promovido la creación del observatorio ciudadano, instancia que nos permitirá evaluar de manera imparcial el cumplimiento de los compromisos del Acuerdo y el desempeño de las autoridades.
Sólo los ciudadanos, que son los principales afectados por la inseguridad, tienen la capacidad de juzgar y evaluar con toda objetividad a los tres órdenes de Gobierno y a los tres poderes de la Unión. De ahí la importancia de que el modelo propuesto de observatorio ciudadano pueda vigilar el cumplimiento de los compromisos que públicamente hemos contraído.
El Gobierno Federal ha manifestado su voluntad de poner a disposición de la sociedad civil un modelo de observatorio ciudadano, que cuente con la estructura necesaria para generar y difundir información sobre el cumplimiento de los compromisos en materia de seguridad.
Con recursos federales, si así lo decide su consejo, para su operación; con un instrumento eficaz para la difusión de información en materia de seguridad, como una página de internet; con el apoyo de instancias como el Instituto Federal de Acceso a la Información o el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, para tener acceso a la información pública gubernamental en materia de seguridad o en materia de demografía del país; así como la información de organismos cívicos como el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad que presentó aquí la Encuesta de Criminalidad 2007, y me parece medular que impulsemos desde ahora y de inmediato la Encuesta de Criminalidad 2008 y que sirva, precisamente, de información confiable para todos en el cumplimiento de la responsabilidad.
Finalmente, que este observatorio cuente, que no sólo evalúe el cumplimiento de los compromisos, sino que tenga la capacidad de dar seguimiento a las metas de largo plazo en materia de seguridad, esas sí, metas que tienen que ver con resultados claros y no sólo con procesos como lo contenidos en el Acuerdo; metas como las establecidas en la Visión México 2030 y en el Plan Nacional de Desarrollo.
Más allá de los avances particulares, que los ha habido, debemos reconocer que fue la indignación y la exigencia ciudadana lo que nos movilizó a las estructuras de Gobierno.
La consecuente suscripción del Acuerdo por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad debe representar un punto de inflexión en la forma en que las autoridades y la sociedad concebimos y enfrentamos el tema de la inseguridad.
La suscripción del Acuerdo nos ha demostrado que sí es posible sumar la cooperación y la voluntad de todos los actores políticos y sociales para alcanzar resultados en favor de la seguridad.
En estos meses se han dado pasos, los primeros, hacia una nueva etapa de corresponsabilidad y coordinación entre poderes públicos y órdenes de Gobierno.
También, la experiencia de estos primeros cien días nos ha demostrado que sí es posible anteponer un asunto de verdadero interés nacional a los intereses particulares y abordarlo como un asunto de Estado, como es el caso de la seguridad.
En efecto, como ya lo han mencionado aquí, recuperar la seguridad de las personas, la paz de sus comunidades y la integridad de su patrimonio no es un objetivo que pueda ser resultado de la labor o esfuerzo de un solo poder, orden de Gobierno o partido político, sino que exige la participación de todos y cada uno quienes formamos el Estado mexicano, la sociedad y sus órganos representativos, los poderes y los niveles de Gobierno, sin distinciones partidistas, políticas o ideológicas.
La delincuencia no tiene color político y su combate no involucra simplemente intereses de parte; involucra el interés nacional y la mayor exigencia de los ciudadanos, por lo cual es un deber de Estado, de la autoridad, cualquiera que sea su origen.
El Acuerdo nos ha permitido poner cimientos de una transformación que debe darse, de largo aliento a las políticas e instituciones que forman el Sistema de Seguridad Pública en México.
Hago un respetuoso llamado a los actores firmantes del Acuerdo, a que sigamos avanzando por la vía del diálogo y la colaboración.
Al Poder Legislativo, para impulsar y dictaminar leyes y reformas que necesitamos para derrotar a la delincuencia.
A los gobiernos estatales y municipales, para dejar atrás la historia de una mala entendida división de competencias y actuar en estrecha coordinación para lograr que los cambios se traduzcan en mejorar la situación cotidiana de seguridad que viven los mexicanos.
A los medios de comunicación, a fortalecer su compromiso con la información veraz, con la creación y consolidación de una nueva cultura de la prevención, la legalidad y la denuncia; una cultura en la que los modelos a seguir sean el respeto y el orden, y no el crimen y la violencia.
A los ciudadanos e integrantes de organizaciones no gubernamentales, a seguir participando de manera constructiva y propositiva en el proceso de transformación de nuestro Sistema de Seguridad.
Señoras y señores:
A cien días de la Firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y al Legalidad, ratificamos el firme compromiso del Estado mexicano para derrotar la impunidad y la delincuencia.
Sabemos que los retos son muchos y que el camino que tenemos que rectificar, que recorrer, es largo y difícil, pero no podemos ni vamos a claudicar. Debemos seguir uniendo todos nuestros esfuerzos para que nuestro México deje atrás la sombra de la inseguridad y del miedo.
Es momento de mirar hacia adelante y avanzar con decisión para heredar a las futuras generaciones de mexicanos un México más seguro y más justo; un México de leyes, de libertades y de instituciones. Y estoy seguro que con el trabajo de todos ese México será posible, ese México vendrá.
Y si me lo permiten, les pido que me acompañen a hacer la declaratoria formal de clausura.
Hoy, 28 de noviembre de 2008, siendo las 14 horas con 32 minutos, declaro formalmente clausurada la XXV Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. Y hago votos para que el espíritu y compromiso de colaboración que se ha puesto de manifiesto en esta reunión siga impulsando nuestro esfuerzo en la construcción de un México más seguro y nos permita cumplir con nuestro compromiso.
Enhorabuena y muchas gracias.

Inmigration

Immigration is bad for society, but only until a new solidarity is forgedesconder/By Madeleine Bunting
THE GUARDIAN, 18/06/07;
Not many thinkers successfully straddle academia and politics, but one of the few who has managed to do so on both sides of the Atlantic is Robert Putnam, author of Bowling Alone. You can spot traces of his influence all over New Labour policy. He was the man who popularised the concept of social capital - the trust and networks of friendship, neighbourhood and organisations on which so much of our lives depend - and it has won him the ear of politicians of all persuasions: Bill Clinton, George Bush, Tony Blair, Gordon Brown, even, most recently, the Libyan leader, Muammar Gadafy.
Aware of how his work is used politically, Putnam is understandably nervous now about how he presents the first findings of the biggest study of social capital ever undertaken on which he has been working for over five years. He started out wanting to track social capital over time and in different communities across the US. What he wasn’t expecting to find was a negative link between ethnic diversity and social capital. Put crudely, the more ethnically diverse the neighbourhood, the less likely you are to trust your local shopkeeper, regardless of his or her ethnicity. He warns that, however uncomfortable this conclusion might be, “progressives can’t stick their head in the sand”.
But the killer punch of his research is that diversity not only reduces social capital between ethnic groups but also within ethnic groups. Diversity leads not so much to bad race relations as to everyone becoming more isolated and less trustful. In the jargon, it kills off both the “bridging capital” between different groups and “bonding capital”, which is the connections among people like yourself. Putnam calls it “hunkering down” as people withdraw from all kinds of connectedness in their community. And what follows is a long list of negative consequences, which include less confidence in local government and the media, lower voting registration (though higher participation in protest), less volunteering, fewer close friends, lower rates of happiness and perceived quality of life and more time spent watching television. It affects almost all our relationships, from the most public to the most intimate.
Putnam and his team are too rigorous for any of the usual objections to stick. To reach his conclusion, he controlled for a wide range of other factors including inequality, poverty, residential mobility and education, to be sure that “hunkering” was really a response to ethnic diversity. He wasn’t going to publish these kinds of explosive findings without being pretty sure he was right.
What’s still not clear to him is what causes the hunkering and whether social psychology might provide some answers. Certainly social psychologists are not unfamiliar with the phenomenon. A study of American schools after desegregation found that children were defining who they would play with more narrowly than ever - “resegregation” followed lines not only of ethnicity but also of gender.
What makes Putnam nervous now is how this could be seized upon by rightwing politicians hostile to immigration. So he insists his research be seen in the context a) that ethnic diversity is increasing in all modern societies and is not only inevitable but is also desirable, a proven asset in terms of creativity and economic growth; and b) that “hunkering” can be short term and “successful immigrant societies create new forms of social solidarity”.
In conversation, he emphasises the latter, well aware that he is publishing his findings at a time of intense anxiety over these issues both in the US (where legislation to legalise some of the estimated 12 million illegal immigrants just got thrown out of Congress) and in Europe. He doesn’t underestimate the scale of the challenge, particularly in European countries that, he acknowledges, “haven’t been immigrant societies for 1,000 years”. He says that the “major social learning process” required is in the same league as that required by the industrial revolution.
But as he arrives in Manchester at the start of a major comparative project of social capital between the UK and the US, his big theme is don’t panic. He rattles through US history to offer all kinds of illustrations of how large-scale migration can be successfully accommodated in a bid to allay some of the European anxiety, particularly around its Muslim minorities.
Neither the US nor Europe is currently facing the kind of levels of migration relative to population seen at the turn of the 20th century in the US. To the argument that the shiploads arriving in Ellis Island were all Europeans who thus had some common culture, he points out that at the time there was a rich alarmist literature of how racially distinct the Jewish or Italian immigrant groups were. The US has had a history of “exceptionalism” - the line “that past immigration is fine, but current immigrants present an unprecedented problem” - yet each new wave in turn is absorbed as successfully as the last.
US history shows that all migrant groups develop an intense religiosity - Irish, Italian, Jewish, Hispanic. The increasing religious identification of Muslims in Europe fits neatly into a well-established pattern. As do the tendencies to marry within ethnic and faith communities, and to maintain close ties to the country of origin - none of these inhibit integration in the long term.
You could say that they are part of the pattern of settlement as the first couple of generations maintain a strong migrant identity - which is, paradoxically, an important part of their capacity to integrate. A strong community identity gives them the confidence and self-respect to establish themselves and get on.
The frequent UK response to the US experience is that it’s not relevant here. The US has a civic nationalism which facilitates the melting pot - the flags and pledges of allegiance But in fact US civic nationalism was deliberately invented at the end of the 19th century in the US precisely to replace an ethno-nationalism challenged by mass immigration. The implication is quite clear: it’s up to the UK to develop a comparable civic nationalism, a point that has not been lost on any of the protagonists in the UK debate to whom Putnam has been speaking, from Trevor Phillips to Ruth Kelly, as their frequent statements about British identity indicate. If you want to understand what’s driving the political establishment, read Putnam.
The only problem is that they seem to give more prominence to some of his ideas than others. Too often the public debate is skewed towards getting “them” to integrate with “us”, and conform to “our” norms of dress, culture and values. When this is allied to an aggressive rhetoric on the war against terror, it begins to sound like hectoring or some form of persecution. But Putnam is not talking about a top-down set of instructions on nationalism, but a much broader social process in which the host country changes as much as it, changes its new arrivals: through a collaborative effort of imagination and myriad individual experiences, new solidarity is forged. It’s a message of hope that he keenly hopes doesn’t get buried in sensationalist headlines about the short term cost of “hunkering
”.

Social networking

Social networking/By James Harkin
THE GUARDIAN, 15/04/06):
The real money to be made out of the world wide web, it turns out, was never in sex or shopping but in the simple act of putting people together. The internet’s second coming, it is
now universally agreed, is taking its inspiration from the rise of so-called “social networking sites”, such as MySpace.com, in which people chat with and open up their lives to perfect strangers.MySpace now boasts 70 million members. If it were a television programme, it would be the most popular and valuable in American history - which is why Rupert Murdoch has just shelled out nearly $600m to buy it. The boom in social networking sites, however, is not confined to America. The British, according to a survey published last month by Google, now spend more time on the internet than watching television. They would prefer to check each other out, than stare mutely at a box in the corner.
All this is said to be a testament to the dazzling power of new social networks. Network theory is a bristling addition to the social sciences, drawn from mathematics and computing and beginning to assume almost cosmological significance. Sociologists at the Pew Institute in America, for example, have recently drawn attention to a phenomenon called “networked individualism”, a new kind of community in which people find their social ties less within local groups than in geographically scattered networks. Americans might go bowling alone, to paraphrase Robert Putnam’s famous argument about the atomised nature of modern American life, but when they go home they surf together.
If the 20th century was shaped by people power, the 21st is already being moulded around the power of the network. The radical Italian intellectual Antonio Negri, for example, argues that networks in the form of nomadic new social movements operating on a global scale will shortly become the gravediggers of 21st-century capitalism. Even terrorists are not immune from changes in intellectual fashion. In a recent essay, the German thinker Hans Magnus Enzensberger characterised al-Qaida as “a flexible network: a highly original innovation that is entirely of its time”.
The National Security Agency, the New York Times recently reported, is also using network theory to try to understand the modus operandi of Islamist terrorists. As networks are diffuse and lack a centre, however, they are often said to be impressively resilient and almost impossible to destroy.
But are networks really so resilient? Some of what we call networks are as fragile as leaves in an autumn wind. MySpace could lose its cachet and its patrons overnight, just as its predecessor, Friendster, lost out to MySpace several years ago. As a political organising tool, too, networks are deeply unreliable. When Howard Dean, a candidate for the US Democratic presidential nomination in 2004, tried to build a mass movement around a website, it quickly lost momentum and his campaign fell flat on his face.
Turning up its nose at both geography and the nation state, social networks are the perfect accompaniment to that opaque soup of ideas known as globalisation. They are poor solace for more sustained kinds of democracy. Maybe we would be better off if we stopped stealing metaphors from science and computing to explain social phenomena. Nodes on the network we may be, but we remain strangers all the same.

The internet

The internet shrinks your brain? What rubbish/By David Aaronovitch
THE TIMES, 13/08/08;
Winners of the Nobel Prize for Literature are entitled to grand pronouncements, or else what is it for? So Doris Lessing, last winter, anathematised the entire internet, declaring that it had “seduced a whole generation into its inanities”. According to Lessing, the web helped to create “’a fragmenting culture, where our certainties of even a few decades ago are questioned, and where it is common for young men and women who have had years of education to know nothing of the world”.
One might wonder how she knew this with such certainty. How many of these young men and women had she met, and held conversations with? Slightly more, perhaps, than the average immobile person in her late eighties.
But Lessing has received confirmation in recent weeks from much more contemporary quarters. In the latest Atlantic Monthly, the headline over a major article by Nicholas Carr asked the question: “Is Google making us stupid?” to which Carr’s answer was a Dorisian affirmation. Not long afterwards, Bryan Appleyard penned a long piece entitled “Stoooopid… why the Google generation isn’t as smart as it thinks”, which - as you can imagine - also took the Lessing line.
“Once,” wrote Carr, “I was a scuba diver in the sea of words. Now I zip along the surface like a guy on a jet ski.” The culprit was the net, which, with its search engines, YouTubes, blogs and Facebooks, seemed to be “chipping away my capacity for concentration and contemplation”. And not just his. Carr quoted a writer who blamed the internet for changing his mental habits. “I can’t read War and Peace any more,” this writer complained, leaving unclear whether he was trying to re-read Tolstoy’s masterpiece, or had got halfway through before webweariness overtook him.
Carr’s view was that there are two kinds of reading: deep reading, which - essentially - is books, and web reading, where all we’re doing is the much lesser decoding of information. In the first we make “rich mental connections” and in the second we just don’t. In one we are properly engaged, in the other we ain’t. “In the quiet spaces opened up by the sustained, undistracted reading of a book,” says Carr, invoking an ideal, “or by any other act of contemplation, for that matter, we make our own associations, draw our own inferences and analogies, foster our own ideas.” With the net and its instant access to information we turn into “pancake people”, widely and thinly spread.
Appleyard had just been inside that quintessential British experience-former, the intercity train carriage. On the train to Wakefield, with his new 3G iPhone, he was “distracted from distraction by distraction”. There were the calls, the texts, the e-mails, “and I’d better throw in the 400-odd news alerts that I receive from all the websites I monitor via my iPhone”. I get seven or eight a day on my phone - Sky news, Tottenham Hotspur and London weather. Four hundred on one train trip seems excessive. Anyway…
“The digital age is destroying us by ruining our ability to concentrate… it’s killing me and it’s killing you,” says Appleyard, who might die more slowly if he elected to receive fewer news alerts.
“Attention,” he asserts, “is the golden key to the mystery of human consciousness… the opposite of attention is distraction, an unnatural condition.” Which argument, if taken to its logical conclusion, would make the idiot savant, with the inability to be distracted, the most natural human being of all.
The rot set in with television, but “the internet multiplies the effect a thousandfold… Now teenagers just go to their laptops on coming home from school and sink into their online cocoon,” wasting their time on stuff like MySpace on which, apparently, they create connections which are all “threadbare”, lacking “the complexity and depth of real-world interactions”, lacking in loyalty and feeling.
Appleyard fears that we are now “infantilised cyber-serfs”, whose lives the internet has made easier, “but only by destroying the very selves that should be protesting at every distraction, demanding peace, quiet and contemplation”. Yes, we all should all be monks. Matins, then work in the fields, then simple food, then Compline, some contemplation, then up - slowly - to the Scriptorium to illuminate some manuscripts, supper, prayers and bed.
How often do such weh ist mir arguments rest on an idea of our “natural” selves being alienated by the world of progress? Wasn’t it better when we all skinned our own rabbits and made our own music? Let us salute the ideal, St Simeon Stylites, up his pillar in the Syrian desert. Now there was an undistracted man.
Let us begin then at the level of personal experience. I have no problem with reading long novels, despite being a daily and constant user of the internet. I was one of the few people I knew who had read War and Peace 35 years ago, and I still am. Far from turning me into a bibliphobe, the internet has made it much easier for me to find and buy books that were hard to get before.
Nor do I recognise in Lessing’s and Appleyard’s strictures the experiences of my own daughters. I think they know, not just as much as Lessing did in her teens, but a lot more. Nor, from what I can see, are their Facebook contacts “threadbare”. They are almost all people the girls know in real life and see regularly, supplemented with contacts that might otherwise have easily been lost, such as friends from earlier schools. In this sense the internet has helped my kids’ social life be just as rich, if not richer, than my own was.
How can, for example, the Google project to place on the internet as many books as possible be productive of anything other than greater learning? What we are asked to do is to look. If we have that capacity, then we don’t need to be ordained into the learned priesthood, or try to wangle ourselves library cards to which we aren’t entitled. Just type three words, in the right order, and as Aladdin says, Open Sesame, and connections are made - some predicted, many fortuitous. Perhaps it is this uncontrollable, self-sustaining spread of knowledge that threatens the “certainties” that Lessing recalls.
Of course, what all three of my Jeremiahs entirely miss about the internet is its quality of engagement. That’s what makes the new era so much better than the television age. As Clay Shirky, the American writer, put it, the new media are a triathlon: “People like to consume, but they also like to produce, and they like to share…” Isn’t that superior, he asks, to being stuck in a basement watching reruns of Gilligan’s Island?
The challenge is not to lament, but to equip, to teach ourselves how to search and how to discriminate. A GCSE in search engine skills, perhaps.

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