Homenaje a Renato Leduc: El Gran Jefe Pluma Blanca
Este domingo 2 de agosto se cumplen 40 años de la partida física de don Renato Leduc, el entrañable "Gran Jefe Pluma Blanca". Recordarlo es evocar a un hombre que supo caminar con una elegancia inigualable sobre el fino alambre que divide a la alta cultura de la vida de barrio. Don Renato fue el poeta que no solo habitó su época con intensidad, sino que logró vencer al tiempo en una apuesta literaria.
La vocación poética de Leduc nació de un impulso profundamente humano: el deseo de enamorar, influenciado también por la vasta biblioteca paterna donde conoció la Revista Moderna y la Revista Azul. Fue un lector voraz que abrevó lo mismo de Amado Nervo, Rubén Darío y Ramón López Velarde, que de los clásicos españoles como Lope de Vega, Góngora y Quevedo. Sus mayores influencias fueron el Libro de buen amor del Arcipreste de Hita, el colombiano Luis Carlos López y, de manera emocionalmente definitiva, la obra de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido.
Su estilo literario se consolidó como una fusión explosiva de clasicismo e irreverencia. Leduc fue un maestro absoluto de la técnica versicular; manejaba con destreza el heptasílabo, el endecasílabo y el octosílabo popular. Dominaba la métrica tradicional a la perfección, pero la utilizaba estratégicamente para dinamitar la solemnidad.
Como bien define la crítica, su obra es la cumbre de la "Poesía conversacional". Para don Renato, la "mala palabra" y la irreverencia no eran vulgaridad gratuita, sino un potente anticuerpo contra la cursilería y el lenguaje rígido. Su ironía corrosiva y su brillante sentido del humor fueron las armas con las que defendió la vitalidad del habla popular, desolemnizando la poesía mexicana y acercándola al corazón del pueblo.
Selección Poética
De El aula (1929)
Muchacha
Muchacha: Ya sonó el despertador.
Parece
que amanece.
Tu marido no tardará en llegar
y si me encuentra...
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El mar
inmensidad azul. Inmensidad
patria del tiburón y el calamar;
por el temblor rumbero de tus ondas
vienes a ser el precursor del jazz...
Síntesis colosal
de mariscos, espumas “and steamers”
Profundo aquel filósofo que dijo:
“Cuánta agua tiene el mar”...
¿Fue Vasconcelos?
¿Fue Bergson?
¿Fue Kant?...
De Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario (1933)
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Temas (Preámbulo inevitable)
(Dedicado a Mario Mariscal)
No haremos obra perdurable. No
tenemos de la mosca la voluntad tenaz.
Mientras haya vigor
pasaremos revista
a cuanta niña vista
y calce regular...
Como Nerón, emperador
y mártir de moralistas cursis,
coronados de rosas
o cualquier otra flor de la estación,
miraremos las cosas
detrás de una esmeralda de ilusión...
Va pasando de moda meditar.
Oh, sabios, aprended un oficio.
Los temas trascendentes han quedado,
como Dios, retirados de servicio.
La ciencia... los salarios...
el arte... la mujer...
Problemas didascálicos, se tratan
cuando más, a la hora del cocktail.
¿Y el dolor?, ¿y la muerte ineluctable?...
Asuntos de farmacia y notaría.
Una noche –la noche es más propicia–
vendrán con aspavientos de pariente,
pero ya nuestra trémula vejez
encongeráse de hombros, y si acaso,
murmurará cristianamente...
Pues...
#
Alusión a los cabellos castaños
Así como fui yo, así como eras tú,
en la penumbra inocua de nuestra juventud
así quisiera ser,
mas ya no puede ser.
Como ya no seremos como fuimos entonces,
cuando límpida el alma trasmutaba en pecado
al más leve placer,
Cuando el mundo y tú eran sonrosada sorpresa.
Cuando hablaba yo solo dialogando contigo,
es decir, con tu sombra,
por las calles desiertas,
y la luna bermeja era dulce incentivo
para idilios de gatos, fechorías de ladrones
y soñar de poetas.
Cuando el orbe rodaba sin que yo lo sintiera,
cuando yo te adoraba sin que tú lo supieras
-aunque siempre lo sabes, aunque siempre lo sepas-
y el invierno era un tropo y eras tú primavera
y el romántico otoño corretear de hojas secas.
Tú que nunca cuidaste del rigor de los años
ni supiste el castigo de un marchito ropaje;
tú que siempre tuviste los cabellos castaños
y la tersa epidermis, satinado follaje.
Tus cabellos castaños, tus castaños cabellos
por volver a besarlos con el viejo fervor,
vendría yo la ciencia que compré con dolor
y la tela de araña que tejí en sueños.
Así como fui yo, así como eras tú,
en la inconciencia tórrida de nuestra juventud,
así quisiera ser,
mas ya no puede ser…
De Breve glosa al Libro de Buen Amor (1939)
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(Le decía Gustave Flaubert a su musa Louise Colet: "Soy un hombre-pluma. Siento por ella, a causa de ella, con relación a ella y mucho más con ella”. Leduc escribió parafraseando:)
“Entonces llegó ella, exactamente ella
luciendo un estruendoso vestido carmesí.
Lujo asiático —dije— pero está usted muy bella...
y ella, naturalmente, me contestó que sí.
Si usted me permitiera, yo le daría mi nombre;
soy un hombre de pluma y me llamo Renato,
lo de la pluma es subsidiario en el hombre
mas tengo un porvenir color permanganato.
Ella me dijo entonces una frase inefable
que por razones obvias no quiero recordar;
permita usted, por tanto, que de esto no le hable.
Pero hay otras cuestiones acerca de las cuales
sin desdoro ninguno podemos divagar:
La Vida… el Comunismo… las partes genitales…"
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Poemas sueltos y aforismos
Una nítida noche
Una nítida noche, en que la pedrería
sideral deslumbrada,
los buzos diamantistas, en santa cofradía,
descendimos al mar...
Puede ser nos dijimos puede ser
que la luz de Saturno, diluyéndose, forme
algún extravagante sulfato, alguna gema
nunca vista jamás...
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Mujer
“Cuánto tiempo esperé contra la esquina
de mi perplejidad un grande amor;
cuánto tiempo esperé y cuando llegó
apenas pude caminar tras él..."
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Sobre el amor
Entre el amor y la amistad,
es mejor la amistad,
el amor apendeja...
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