Este lunes 5 de octubre, se cumple un año de la desaparición de Carlos Emilio Galván en Mazatlán. Hoy, su madre, Brenda Valenzuela, alza la voz llena de dolor y sigue sin obtener respuestas. Queda claro que la Fiscalía de Sinaloa y la FGR han sido ineficaces ante esta tragedia. Quizá la verdadera alternativa sea recurrir al FBI, aunque el gobierno lo tache de 'injerencismo'.
Lamentablemente, ni siquiera su encuentro breve con la presidenta Sheinbaum logró que las cosas cambiaran. Gracias a Ciro por la crónica de la ausencia.
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Resulta tristemente irónico ver a los altos mandos tomando decisiones desde la burbuja de un escritorio, mientras mandan a sus soldados a patrullar Mazatlán en bicicletas de pedales. Ponen a elementos entrenados para el combate a jugar a la "policía turística", dejándolos en absoluta vulnerabilidad frente a un crimen organizado que impone su ley con armamento de guerra.
No da risa, da rabia. Detrás de ese verde olivo hay seres humanos cuyas familias los esperan en casa. Mandarlos a pedalear frente a los cárteles no es una "estrategia de proximidad" pacífica; es abandonarlos a su suerte y usarlos como carne de cañón.
Queda la duda: ¿esta burla fue autorizada por el General Secretario Trevilla Trejo o fue decisión de la Comandanta Suprema?
Como bien diría Discépolo en su Cambalache: "¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!". Ver menos
De acuerdo con la información publicada por Grupo Reforma y con datos recogidos por el portal SinEmbargo, el expresidente López Obrador, denunció en su reciente libro "Pueblo" la cancelación de la visa estadounidense de su hijo, Andy López Beltrán.
AMLO calificó la medida como un acto "canallesco" y sin justificación, asegurando que fue aprobada por el secretario, Marco Rubio. Según el exmandatario, esta acción tiene un trasfondo político cuyo objetivo es favorecer a la derecha mexicana, mermar la autoridad moral de su movimiento político y golpear sus ideales.
El texto también expone una fuerte crítica del expresidente hacia la política exterior e intervencionismo de Washington; en este sentido, López Obrador señala dos hechos concretos:
i) La intervención de agencias de seguridad: Denuncia la participación ilegal de la CIA en el estado de Chihuahua.
ii) El papel del embajador Ronald Johnson: A quien acusa de actuar con prepotencia, de manera injerencista y más como un "policía excitado" que como un diplomático, luego de que este advirtiera sobre acciones unilaterales de EU. contra políticos mexicanos presuntamente vinculados al narcotráfico.
Finalmente, AMLO argumenta que durante las épocas electorales en EU se utiliza a México como chivo expiatorio para ocultar los problemas internos de aquella nación, y sostiene que el gobierno estadounidense prefiere administraciones mexicanas dóciles y vulnerables para mantener su dominio.
(Canallesco. adj. Propio de la canalla o de un canalla: DRAE Luis Rubio es un canalla, o sea un ruin, despreciable, miserable, malvado etc).
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Las columnas políticas hoy, lunes 5 de octubre de 2026
Estrictamente Personal
¿Dónde está Amílcar?/Raymundo Riva Palacio
El Financiero, octubre 05, 2026 |
Hay una crisis en Palacio Nacional. Lleva una semana y fue causada por el descubrimiento del santuario de Jorge Amílcar Olán Aparicio en Suiza. Hay paranoia, culpándose internamente de haber filtrado una información a TV Azteca, pese a que hay señales de que el trabajo no fue interno, sino externo, no mexicano, sino extranjero. ( Héctor de Mauléon dijo lo contrario, el 30 de septiembre escribio: "La información llegó a TV Azteca desde una fuente del gobierno mexicano.) No es para estar más tranquilos, sino al contrario. La pregunta que se hacen dentro y fuera del gobierno es dónde está, porque de Lugano, en los Alpes suizos, en la frontera con Italia, se fue hace una semana corriendo para escapar del escrutinio público.
El gobierno mexicano no sabe hacia dónde, como tampoco sabía antes de que TV Azteca les reventara en la cara el departamento y la cara operada de Amílcar Olán, pese a que estaban buscando ubicarlo. Decían que entre Suiza –el lugar donde el columnista Claudio Ochoa, primero, y yo, lo situamos en octubre del año pasado– y España, sin certeza. España es un destino poco probable, por tantos mexicanos que viven en ese país y que pueden reconocerlo por las imágenes difundidas masivamente la semana pasada. Una apuesta podría ser Dubai, su misteriosa escala camino a Suiza el año pasado. Nadie que no tuviera registro de que ahí pasó una breve temporada antes de llegar a Lugano pensaría en ese emirato del Medio Oriente.
La realidad es que nadie sabe dónde está y la poca capacidad del Centro Nacional de Inteligencia, particularmente en el extranjero, reduce las posibilidades y capacidades del gobierno para determinar su nuevo escondite. Amílcar Olán debe ser una persona que prácticamente se ha ido a la clandestinidad, temeroso no de perder su libertad, porque no hay acusaciones judicializadas en su contra, sino quizás por su vida. Tres mil millones de pesos que transfirió a Suiza en vísperas de irse de México son tres mil millones de razones, porque mucho de ese dinero tenía dueños en el Grupo Tabasco, donde algunos de sus operadores financieros y lavadores de dinero están siendo detenidos.
El último fue Justo Rivera Parrazales, arrestado a mediados de julio, acusado de operar para el Cártel del Noreste y La Barredora, un grupo criminal que nació en el gobierno de Adán Augusto López en Tabasco y se fortaleció durante su paso como secretario de Gobernación y los gobiernos de Carlos Merino, su sucesor y actual director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, y Rutilio Escandón en Chiapas, actual cónsul en Miami. En su momento, fuentes del gabinete de seguridad nacional revelaron a la prensa que Rivera Parrazales estaba ligado a Amílcar Olán y al senador López.
Amílcar Olán y Rivera Parrazales aparentemente se conocieron en el negocio de las medicinas –insumos médicos y servicios clínicos, particularmente–, con los gobiernos de Escandón y de su sucesor, Eduardo Ramírez, en los que se ha señalado públicamente que detrás del huidizo tabasqueño se encuentra el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador. La detención de Rivera Parrazales debió haber causado alarma en el Grupo Tabasco, porque es una hebra que, si se investigara realmente para llegar al fondo de todo, llegaría a los confines de Palenque.
Eso no va a suceder, por lo que pasó la semana pasada en Palacio Nacional, que entró en una situación de crisis y se ordenó a todos los estados morenistas revisar todos los contratos que pudieran tener con las empresas asociadas a Amílcar Olán y cancelarlos de inmediato. La presidenta Claudia Sheinbaum encargó la recopilación de la información y el seguimiento a su secretario particular, Carlos Augusto Morales, secretario de Gobernación de facto.
Morales fue responsabilizado de supervisar que todos los contratos que tengan relación con las empresas de Amílcar Olán sean protegidos jurídica y administrativamente, para evitar que puedan trascender a la opinión pública. Pero en prevención de que suceda, se puso en marcha una estrategia de comunicación política de la mano de su coordinador de asesores, jefe de la maquinaria de propaganda de la ‘4T’, Jesús Ramírez Cuevas, para que, en caso de que comiencen a ser difundidos por los medios, prepare una contranarrativa y puedan neutralizar el impacto de nuevas pruebas sobre la corrupción del Grupo Tabasco, que ya está haciendo mella importante en la imagen del gobierno y de la ‘4T’.
En una de las primeras reuniones de la semana caótica, el jefe de la Oficina de la Presidencia, Lázaro Cárdenas, y el asesor externo Eduardo Cervantes, a quien Sheinbaum le encarga regularmente asuntos que son de gobierno, plantearon la posibilidad de que la información sobre el paradero de Amílcar Olán hubiera salido del interior de su administración, y expresaron la posibilidad de que, si fuera detenido por petición de Estados Unidos, pudiera aportar datos que involucrarían en actos de corrupción a los hijos de López Obrador, Andrés y Gonzalo López Beltrán. Hay una firme certidumbre de la presidenta y su equipo más cercano de que, si es detenido para ser extraditado a Estados Unidos, se convertiría en testigo cooperante.
El gobierno de Sheinbaum ha vuelto a llegar tarde. Lo que era fuego en un principio se convirtió en un incendio que está abrasando al entorno obradorista. Amílcar Olán nunca fue perseguido judicialmente para no incomodar a los hijos de López Obrador y agregar un elemento más de queja y reclamos políticos del expresidente a Palacio Nacional. Pero como todos los asuntos de encubrimientos para no molestar a López Obrador, se le está revirtiendo.
Iniciar una investigación la semana pasada en la Unidad de Inteligencia Financiera fue un acto desesperado, probablemente no para actuar en busca de un presunto delincuente, sino para evitar que Amílcar Olán hable contra los López Beltrán y el Grupo Tabasco, que sigue siendo, en toda su extensión, quien tiene el peso político de Morena y el control del régimen.
Plantear que esa es la motivación detrás de la investigación tiene sustento, en el patrón de encubrimiento de las dos fiscalías obradoristas para proteger a los suyos, porque si uno cae, teme la presidenta, el árbol de corrupción es tan grande y profundo que no saben dónde terminarían de quitar la última hoja, como es el caso del contrabando de combustible en la Marina, donde la participación del exsecretario de la Marina cada vez es más difícil de tapar. Lo mismo sucederá con el caso de Amílcar Olán, con la diferencia de que van contra el tiempo: llegaron más de un año tarde con respecto a Estados Unidos, que, desde el año pasado, ha estado platicando con él.
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