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Alonso Lujambio y Jean Meyer

"(Jean Meyer) Ha sido, quizá, el sociólogo de la religión más destacado del Siglo XX y XXI. Y lo hacemos, y creemos que es valioso que el Premio vaya a Jean Meyer, porque creemos en la libertad religiosa. No porque seamos religiosos, sino porque somos liberales y no queremos al Estado definiendo a la persona humana, en detrimento de su dignidad y sus creencias....Lujambio
Diversas intervenciones en la Ceremonia de entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011, 19 dic 2011 |  
-MODERADORA: Toma la palabra el ciudadano maestro Alonso Lujambio, Secretario de Educación Pública.
-MTRO. ALONSO LUJAMBIO IRAZÁBAL: Maestro Felipe Calderón, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; muy estimados galardonados del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011; maestro José Agustín Ramírez, Premio Nacional en el Campo de la Lingüística y la Literatura; maestro Pedro Miguel de Cervantes; maestro Jorge Fons Pérez, Premios Nacionales en el Campo de las Bellas Artes; doctor Jean Meyer; doctor Lorenzo Meyer, Premios Nacionales en el Campo de la Historia, las Ciencias Sociales y la Filosofía.
Doctor Julio Collado, Premio Nacional en el Campo de las Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales; maestro Raúl Quintero, Premio Nacional en el Campo de la Tecnología y el Diseño; maestro Óscar Chávez; maestros alfareros de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, Premios Nacionales en el Campo de Artes y Tradiciones Populares.
Mención especial nos merece un gran escritor y un gran actor, director teatral, por otro lado; quienes, lamentablemente, ya no están con nosotros, físicamente, aunque siempre seguirán presentes en sus obras.
Ha sido, finalmente, la vida y sus elementos de incertidumbre, la que nos ha llevado, tristemente, a que hoy, no nos acompañen Daniel Sada, Premio Nacional en el Campo de la Lingüística y la Literatura; así como el maestro y actor y director teatral,  Wilbert Herrera, Premio Nacional en el Campo de Artes y Tradiciones Populares.
Amigas, amigos del presídium; honorables miembros del Consejo de Premiación; honorables Jurados Dictaminadores; estimados familiares y amigos de los galardonados; amigas, amigos; señor Presidente:
A 90 años de su concepción y creación, el proyecto de educación nacional de Vasconcelos, desarrolló, desde la Universidad Nacional, sus principales líneas de acción en la SEP de nuestros días.
Muchos cambios, sin embargo, han sucedido en México, transformaciones que han permitido que hoy gocemos de una Institución de educación pública con bases sólidas y con metas claras, transformaciones a las que, sin duda, han contribuido, en forma destacada, humanistas, científicos, tecnólogos, creadores, cultivadores del arte popular mexicano.
Hoy, señor Presidente.
En nombre de México entrega usted el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en su edición 2011.
Desde su creación el 30 de diciembre de 1945, este galardón representa el más alto reconocimiento, que el pueblo de México rinde a aquellos mexicanos que, con su trabajo y su esfuerzo, han puesto muy en alto el nombre de México contribuyendo significativamente al desarrollo intelectual, artístico, tecnológico de nuestro amado país.
Las y los ganadores han sido elegidos muy merecidamente por un jurado, seleccionado por la insaculación ante Notario Público, compuesto por personalidades de alto prestigio nacional e internacional, en cada uno de los campos que integran el premio, a propuesta de importantes instituciones académicas. Cada vez más, en los últimos años, me he encargado yo personalmente de que esto sea así y de la sociedad civil, por supuesto, en estricto apego a lo que establece la Ley de Premios, Estímulos y Recompensas Civiles.
La primera obligación de esta Secretaría ha sido apegarse, estricta, cuidadosamente a lo que establece la ley. Quiero, por lo tanto, agradecer la trascendental tarea que desempeñaron los jurados del Premio Nacional de Ciencias y Artes, sin su dedicación y amplio sentido crítico, la entrega de este premio no hubiera sido posible.
Escoger de entre muchos mexicanos muy talentosos a los galardonados para cada uno de los campos de premiación, amigas, amigos, no es una tarea fácil. Todos los candidatos dieron muestra de su brillante trayectoria y esfuerzo diario para dar un rumbo más cierto al país.
Asimismo, hemos de reconocer la valía de aquellas instituciones que día con día ayudan a enaltecer el nombre de este premio. Sin su colaboración en la promoción y divulgación del mismo, y sin su participación en la proposición de candidatos a obtenerlo, este galardón no tendría la importancia que hoy tiene para los mexicanos.
Muchas gracias a cada una de las 742 instituciones educativas de investigación, de promoción de la cultura, y a los colegios y asociaciones de profesionistas que participaron este año.
Tenemos, amigas, amigos, la firme convicción de transformar a México desde el espacio de la educación, estimulando la investigación científica y la innovación tecnológica, a la par del cultivo de las artes y de las humanidades, porque en ellos se cifra nuestro patrimonio cultural como Nación y el futuro sostenible y sustentable de México, así lo ha dicho el Presidente, y lo ha dicho con razón.
Señor Presidente:
Como un homenaje a los condecorados con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el marco de las celebraciones de los 90 años de la Secretaría de Educación Pública, instalamos, hace algunos meses apenas, en la Secretaría de Educación Pública, un muro de honor, con el nombre de todos los galardonados de este premio, desde 1945.
Este muro exhibe los nombres de los 365 hombres y mujeres, que desde la creación de este importante Premio, y desde siempre, se han hecho acreedores a recibirlo. Se trata de un muro donde, también, habrán de sumarse los nombres de quienes hoy lo obtengan y, por supuesto, lo obtendrán en el futuro.
Es un ejercicio de memoria colectiva, porque la Secretaría, a 90 años de existencia, no quiere que los mexicanos olvidemos el nombre de tan destacados miembros de nuestra comunidad.
Con esta iniciativa, hemos querido celebrar a las mujeres y a los hombres con su talento, con su obra y con su ejemplo de vida, que han marcado la pauta de las ciencias, de la tecnología, de las humanidades y de las artes.
Señor Presidente:
Yo, con su permiso, como practicante de las ciencias sociales, quisiera, insisto, con su venia y con la venia de los otros galardonados de otras disciplinas, hacer un breve apunte sobre la obra de los doctores Lorenzo Meyer y Jean Meyer.
Empiezo por usted, don Lorenzo. Lorenzo Meyer me llamó la atención desde muy joven, como politólogo apasionado con la historia, que existiera este maestro que, de una generación previa a la mía, ciertamente, que después de estudiar historia en El Colegio de México, estudiara una maestría en Chicago en ciencia política, porque quería, explícitamente, enfrentar esa excesiva especialización en ciencias sociales en donde el antropólogo no sabe derecho, el abogado no sabe historia, el politólogo no sabe sociología, y así nos vamos todos confundiendo.
Lorenzo Meyer tuvo esa vocación y la concretó, creo yo, de manera especialmente valiosa, en un texto que se publicó en 1974, que me marcó como politólogo, con afanes de historiador, y que sigue siendo lectura obligada entre mis alumnos.
La publicó, curiosamente, en Historia Mexicana, una revista de historia, y a los tres años, en libro de lecturas para politólogos, muy significativo, se llamó: El Estado Mexicano Contemporáneo. En el momento de dominio más claro del marxismo en las ciencias sociales mexicanas, Lorenzo Meyer discutía con instrumentos weberianos el Estado mexicano, desde el Porfiriato hasta el Cardenismo.
México y Estados Unidos en el Conflicto Petrolero 17-42, fue una obra que marcó a muchos de mi generación, precisamente, porque tenía esa vocación extraordinaria por el estudio de la política, a partir de la propia historia.
Lorenzo Meyer ha estudiado críticamente la vida diplomática de México y la vida democrática de México, y lo ha hecho desde una perspectiva, de una tradición para nosotros muy valiosa, que es la de su maestro Cosío Villegas. Una pasión crítica.
Ahí estuvo en Plural con Octavio Paz, estuvo en Vuelta con Octavio Paz, estuvo en Nexos con sus amigos de la izquierda, que son, también los nuestros. Ahí estuvo en Excélsior, en Reforma, en la televisión pública mexicana. Ha sido un hombre que ha argumentado menos que adjetivizado, que ha contribuido con altura y dignidad al debate interno, aún con discrepancias. No coincidimos en todo con Lorenzo Meyer, pero aplaudimos que existan personas como Lorenzo Meyer, que quieren enaltecer el debate interno de México.
Don Lorenzo:
Desde hace tiempo, queremos que la fuerza del Estado sea el monopolio no compartido por el crimen. Queremos una democracia más representativa y hemos luchado por ella, en un régimen de plenas libertades, por las que hemos luchado. Y celebramos que alguien como usted, pese a que nosotros no definimos el Premio, reciba un galardón como el que hoy recibe ante todos los mexicanos.
Respecto de Jean Meyer. Qué puedo decirles.
Creemos, a los que nos gusta leer. En fin.  Porque creemos que la lectura  ordena el pensamiento. La Cristiada, a mediados de los años 70, nos marcó a todos. Después, vendrá El Sinarquismo, La Historia de los Cristianos en América Latina, La Historia de Católicos Mexicanos en  Estados Unidos.
Habrá otras obras. Anacleto González Flores, centrales para nosotros, que un francés, Nayarit, Rusia, otros temas de su investigación. Pero yo creo, amigas, amigos, que estamos ante un mexicano que ha sabido hacer, después de años y años de ignorancia y de tapar una guerra terrible, cruda, que nadie  ganó, y que muchos mexicanos quisieron meter abajo de la alfombra; celebramos que alguien como Jean Meyer, haya rescatado información, documentos, de entrevistas, y nos haya permitido ver de otro modo, mucho más generoso, frente a nosotros mismos, un conflicto terrible, que marcó al Siglo XX mexicano.
Ha sido, quizá, el sociólogo de la religión más destacado del Siglo XX y XXI. Y lo hacemos, y creemos que es valioso que el Premio vaya a Jean Meyer, porque creemos en la libertad religiosa. No porque seamos religiosos, sino porque somos liberales y no queremos al Estado definiendo a la persona humana, en detrimento de su dignidad y sus creencias.
Y Jean Meyer, con su obra, nos ha alimentado el optimismo respecto de la posibilidad que tenemos todos los mexicanos de vivir en la discrepancia, en la pluralidad, pero siempre, con la convicción de que el amor de todos por México es más fuerte que todas esas discrepancias que, naturalmente, existen y existirán siempre en una sociedad pluralista.
Muy estimado señor Presidente:
Hoy, reafirmamos nuestro compromiso con la construcción del mejor presente y el mejor futuro de todos los mexicanos desde el espacio de la educación, la ciencia, el arte y la cultura. En especial, refrendamos el alto compromiso de su Gobierno con quienes, de manera desinteresada, hacen de este un mejor país cada día.
Distinguidos galardonados:
Finalmente. Quiero agradecer a los aquí presentes, así como a don Daniel y don Wilbert por su amor a México, patente en su obra, en sus esfuerzos diarios, así como a su brillante, íntegro desempeño como seres humanos y como mexicanos.
Nada sirve como ejemplo a las nuevas generaciones, a los niños que queremos formar, que la vida virtuosa. Sí lo digo así, y la trayectoria de nuestros científicos, escritores, pensadores, tecnólogos, artistas, gente seria, cuyo proyecto de vida está vinculado a la realización de un México mejor, donde nos encontremos siempre a nosotros mismos como mejores personas, como mejores ciudadanos para servir a México con todo su potencial enorme. Y el potencial enorme de México, empieza por el enorme amor que todos le tenemos a nuestra Patria.
Muchas felicidades a todos y muchas gracias por su atención.
-MODERADORA: Invitamos al ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos para que en compañía de su esposa la señora Margarita Zavala, del Secretario de Educación Pública y de la Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, realice la Entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011.
(ENTREGA DE PREMIO)
-MODERADORA: Hace uso de la palabra el ciudadano doctor Jean André Joseph Meyer, Ganador del Premio Nacional de Ciencia y Artes 2011 en el Campo III de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía.
-DR. JEAN ANDRÉ JOSEPH MEYER: Maestro Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de México; maestro Alonso Lujambio, Secretario de Educación Pública; distinguidos miembros del presídium y del Consejo de Premiación.
Compañeros galardonados, señoras y señores:
Todos mis compañeros pueden hacer suyo lo dicho por Alejandro Rossi, cuando entró al Colegio Nacional: Es asombroso estar aquí. No exagero si digo que jamás lo había previsto. Claro, los regalos de la vida no se planean. Si acaso el propio trabajo, y, aún ahí, hay tanta sorpresa que más vale abandonar la idea de que somos dueños de nuestros destinos.
La sorpresa de recibir un Premio Nacional a todos nos ha confundido. Recibir tanta honra, a ningún honrado le puede dejar impasible. Tal vez no exista el indiferente a las dignidades. Quien las rechaza no es indiferente; pero, quizá, sí el que sepa aceptarlas con dignidad, el que no se cohíba ante una situación tan inusitada, el que diga las cosas que el caso amerita, y no un simple muchas gracias.
Extrañamos la ausencia de Daniel, de Daniel Sada, que tuve el gusto de conocer hace 20 años en la FIL de Guadalajara, porque nos dejó hace un mes. Roberto Bolaño dijo que estaba escribiendo una de las obras más ambiciosa en nuestro español, únicamente comparable a la obra de Lizana, con la diferencia que el Barroco de Daniel sucede en el desierto de nuestro Norte. Fue el más poeta de los novelistas, en palabras de Christopher Domínguez.
José Agustín, que conocí gracias a un amigo que nos dejó hace muchos años Louis Panabiére. don José Agustín no necesita presentación, su nombre en literatura no ha dejado de sonar desde que cumplió los 19 años. Prolífico y versátil, además de autor, es un prodigioso difusor cultural, justamente, cubierto de premios, algo que no apagó su espíritu rebelde. Pedro Miguel de Cervantes, Premio de Bellas Artes, nació escultor y ningún material es extranjero. Cerámica y metales, terracota, hierro soldado y prolicromado. Su producción monumental se encuentra en toda la República y hay colecciones de piezas de su autoría en el mundo entero.
Jorge Fons comparte dicho premio en su calidad de director de cine, que llegó a la fama en 1971 con Los Cachorros, adaptación del soberbio libro de Mario Vargas Llosa, Rojo Amanecer, trata de nuestro octubre del 68, 21 años después; y El Callejón de los Milagros, inspirado por la novela del gran Nayib Mahfuz, gozó del apreció del público nacional e internacional, hasta en Egipto.
Lorenzo, Lorenzo Meyer, es el premiado en la historia. Hace unos días, Enrique Krauze lo retrató en un gran diario, el mismo en el cual Lorenzo publica, desde hace años, una columna muy leída y reproducida en muchos periódicos.
La obra de Lorenzo, como lo explicó el señor Secretario de Educación, desde su tesis sobre la nacionalización de nuestro petróleo hasta el día de hoy, es impresionante por su abundancia y su variedad en temas de política interior y de relaciones internacionales.
El Premio Nacional de Ciencias lo merece, sin la menor duda, otro mexicano muy peculiar, porque es mexicano de adopción.
Y en cuanto a su talento científico, hablo bajo dictado de un joven colega suyo: Julio Collado Vides, doctor en Investigación Biomédica, precisamente, en  biomatemáticas, publicado tanto en México como en el extranjero, es pionero en el desarrollo de las ciencias genómicas y la bioinformática; líder internacional de la misma, en la regulación genética en bacterias, afirma que el Premio le ha dado un voto de confianza y de entusiasmo para seguir adelante con su equipo.
Raúl Quintero Flores, en nuestro Premio de Tecnología y Diseño. La ingeniería mecánica no tiene secretos para él. Es inventor y coinventor de varias patentes internacionales, algo demasiado poco frecuente en nuestro país.
Mejoró la tecnología de fabricación del acero esponja, lo que llevó al grupo siderúrgico HILSAMEX, a ser líder mundial. Con su prestigio, recuerda que debe ser una prioridad nacional invertir en la innovación científica y productiva.
El Premio de Artes y Tradiciones Populares, a quien no necesita presentación, nos dimos cuenta por los aplausos, Oscar Chávez. Ya era toda una celebridad cuando llegué a la Ciudad de México, en 1965. Qué decir, que no sepan todos ustedes. Que su producción discográfica pasa de 100 títulos. Que en la serie Voz Viva de México recita poemas de Sor Juana, Gilberto Owen y, el falsamente cursi, Amado Nervo. Eso y mucho más en la música mexicana y latinoamericana.
Todos estarán felices y orgullosos de saber que los guardianes del barro negro, las alfareras y los artesanos de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, son merecedores, también, del Premio de Artes y Tradiciones Populares.
Creo que pudieron recibir el Premio, también, bajo el rubro de tecnología y diseño, por sus innovaciones técnicas y no solamente por el mantenimiento de la tradición. Sus obras han brincado las fronteras y son famosas internacionalmente.
Wilberto de Jesús Herrera Pérez comparte el Premio, pero a título póstumo, puesto que nos dejó el pasado 27 de octubre. Actor de teatro, fue luego fundador y director del Grupo Teatral Regional de Títeres y del Teatro Pedrito, para espectáculos con títeres. Escribió un sinfín de obras de teatro con autores y con títeres. Y no menciono la escritura de guiones para radio y televisión.
En cuanto al otro Meyer, el de la voz, no puede sino citar de nuevo a Alejandro Rossi, quien en 1994 declaró: Yo elegí a México. Con un pequeño cambio: México me eligió a mí.
Quiero decir, que naturalizarme mexicano, desde 1979, es desde luego, unirme a una patria grande y a un destino dinámico, pero es a la vez, un acto de profunda solidaridad con los mexicanos y entre los mexicanos, a mi mujer y a mis hijos.
Debería dar las gracias a muchas, muchas personas, todas las que desde 1965, han hecho de mí su deudor. Son tantas en este mundo y en el otro, que daré las gracias a México que ha sido tan generoso conmigo.
Cada día hago mías las palabras ya lejanas, Siglo XII, de Bernardo de Chartres: Somos como enanos sentados en el hombro de gigantes ya que podemos ver más cosas que ellos, no gracias a la agudez de nuestra mirada o a la mayor altura de nuestro cuerpo, sino porque nos levanta y mantiene en lo alto la grandeza de los gigantes.
Mis gigantes, además de mis padres, son Max Weber, Marc Bloch, Pierre Proudhon, don Edmundo Gorman, Silvio Zavala, Daniel Cosío Villegas, y nuestro querido e inolvidado, Luis González.
En su discurso de recepción en nuestra Academia de Historia, don Luis recordó: Casi todo el mundo tuvo su primer encuentro con la historia antes de la escuela. En la familia.
Todavía, en plena niñez, tuvimos el segundo encuentro. Esto sucedió en la escuela mediante libros ilustrados con rostros de las mismas personas que, montadas en cuerpos de bronce, pueblan bulevares y jardines públicos; es la historia que Cicerón llama Maestra de Vida, que Nietzsche llama Historia Reverencial y los irreverentes Historia de Bronce.
Y terminó su discurso con estas palabras: Sólo deseo mantener, como compromiso básico el de la verdad, en el doble sentido propuesto por Cicerón; no atreverse a decir nada falso, atreverse a decir todo lo verdadero.
Pero don Luis sabía muy bien que los famosos hechos históricos consisten en palabras ensambladas por nosotros. Mejor dicho, que la historia consiste en hechos que son inseparables de palabras.
Por eso, la labor del historiador no tiene fin, porque no hay un punto final y no hay una solución de un problema. Por ejemplo, no  ya historia definitiva de los orígenes de la Revolución Mexicana. Generación tras generación, habrá jóvenes historiadores para volver a empezar la tarea.
Bien lo dijo Tucídides, hace más de dos mil años: Lo único que podemos pretender es, y lo cito, la reducción de lo que no es cierto. Por eso, puede ser peligroso escribir la historia en tiempos no democráticos, cuando se le pide al historiador una historia oficial, avalar mentiras, callar ciertos temas.
Hago mías todas las críticas contra la historiografía, contra mi oficio, el de escribir la historia. Sin embargo, me apasiona y sé que a Lorenzo, también.
Aceptamos tranquilamente que la historia no es una ciencia, tampoco es un arte y Clío, es una musa. Nos gustaría competir en cuestión de escritura con José Agustín y Daniel Sada, y Jorge Ibargüengoitia, y creo que Los Pasos de López es el mejor retrato de Hidalgo, que jamás historiador pudo realizar.
La historia pertenece a un área intermedia, cosa no fácil de identificar, pero que al mismo tiempo, es fabuloso, porque viendo a todos los colegas premiados, digo que nos toca hacer una historia del teatro de títeres, una historia del barro negro, una historia de la siderurgia y de sus adelantos técnicos, o de la biología, o de las matemáticas, o del cine, del canto, de la literatura.
La realidad se presta a una infinidad de interpretaciones, lo que no es para volvernos escépticos o pesimistas. Tomaré un ejemplo: hay dos Meyer premiados. Dos historiadores, dos cuates, porque nacieron en el mismo mes y en el mismo año, en países diferentes, dos conocedores, creo, de la Revolución Mexicana, que trabajaron en el mismo proyecto de historia de la Revolución, dirigido por don Luis González, la idea era de don Daniel Cosío Villegas, y don Luis González decía: La Fábrica RevMex.
Bueno, y en nuestros libros pueden encontrar interpretaciones diferentes, que no se anulan, no se contradicen, se enriquecen en un proceso que no tiene fin.
Por eso, el historiador no puede invocar las lecciones de la historia. Por eso, el historiador no es profeta. Muchas veces nos preguntan: Ya que usted sabe de la historia de México, qué va a venir.
Sabemos que no sabemos, es la única lección de la historia, porque la historia es la ciencia, con una C chica, de las cosas que no se repiten, a diferencia de la física y, en cierta medida, de la biología, que se parece, también, mucho a la historia en ese sentido, porque hay novedad constante.
Pero no vayan a creer que la meditación del pasado no deja fruto. Nos enseña, precisamente, el fracaso de las predicciones demasiado precisas.
Pero, de manera positiva, nos enseña las grandes ventajas de una preparación general y constante que, sin pretender crear o desafiar los acontecimientos que, de manera inevitable, son sorpresas, permiten al hombre, permiten al dirigente político o al estadista, maniobrar cuanto antes, contra el imprevisto.
No quiero abusar de su paciencia, pero antes de terminar, quiero compartir con ustedes unas hermosas cartas del joven Melchor Ocampo, mandadas desde Francia, casi a principios del Siglo XIX. Me asombra su curiosidad universal.
Describe con entusiasmo, el Teatro de Burdeos o el mobiliario de su cuarto parisino. Se entusiasma con la invención de Arago, el electrógrafo; que le hace la competencia al daguerrotipo.
Calcula los ahorros que permitiría a Francia, la supresión de su policía secreta. Habla de Víctor Hugo, que ha conocido, y dice de la Cámara de los Pares. Hugo era Par de Francia, que es un usuario.
Hermosa curiosidad del michoacano, científico, humanista, estadista. Ojalá, nos inspire a todos los aquí presentes, entre otros, a Lorenzo y a mí; para que el gran Tolstoi no nos vuelva a decir: La nueva historia es como un sordo, que responde preguntas que nadie ha hecho, y no contesta las preguntas que le hacen.
Basta de escepticismo. Por todas las fibras de mi ser, me siento integrado a la comunidad que me adoptó, a la ciudad, al país que me hace vivir, a la cultura mexicana, que da a mi vida personal sus alimentos y su forma.
No me cansaré, nunca, de dar las gracias, mucho más allá de este premio, que todos agradecemos, y que nos ordena seguir adelante con nuestras responsabilidades.
Porque, para mí, México, lejos de nacionalismos cerriles, es lo que Paul Claudel ve en El Zapato de Satén, le llama La Mesa de Comunión Pascual, a la que se acercan todos los grupos, razas, clanes, familias y personas.
Dejo la conclusión en versos de Amado Nervo: No enumeres, jamás, en tu imaginación, lo que te falta. Cuenta, por el contrario, todo lo que posees. Detállalo, si es preciso, hasta con nimiedad, y verás que, en suma, la vida ha sido espléndida contigo.
Muchas gracias.
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No me costó adaptarme.- Jean Meyer
En julio de 1969, Jean Meyer se vio obligado a firmar un documento contra su voluntad: su expulsión del País
Nota de Silvia Isabel Gámez
Reforma, 20 diciembre 2011.- "Me enamoré de México a los 20 años", dice Jean Meyer. Llegó con un amigo, en un coche viejo que habían comprado en Nueva York, y tras un viaje de dos meses en un recorrido Nuevo Laredo-Mérida-Piedras Negras, antes de pisar Francia ya pensaba en el regreso. La Cristiada le dio el motivo.
"Fernand Braudel me decía: '¿A qué va usted a México? Es un país sanguinario, violento'. Ya había el mito desde entonces: la Revolución, un millón de muertos...".
El gran historiador quería que hiciera un estudio sobre Brasil para su tesis de doctorado, pero Meyer se negaba. Para probarlo, o "castigarme", le encargó reseñar para los Annales los seis primeros tomos de la Historia Moderna de México.
Tenía 22 años.
"Empezaba a leer español, y me pasé todo el verano trabajando. Así conocí de manera indirecta, antes de tratarlo al año siguiente, a Luis González y González, que resultaría un espléndido mentor. Me llevaba 18 años, pero fue como un hermano mayor; nos hicimos compadres en varias ocasiones: de hijos, de bodas...".
Meyer confiesa dos grandes deudas: a su padre, un "extraordinario" profesor de historia cuyas clases definieron su vocación, y a sus "padrinos" y maestros Braudel y Jean-Baptiste Duroselle, quienes lo recomendaron con Silvio Zavala para que lo contratara como profesor visitante de El Colegio de México en 1965.
"No me costó adaptarme. La nostalgia no es algo que cultive". Fueron años de investigación, y de cartas semanales a sus padres. "El correo era fabuloso. Escribía y me contestaban en cinco días; ahora toma dos meses, más que en tiempos de la Intervención francesa".
Con las heridas de la Cristiada abiertas, y cerrados los archivos del Estado y de la Iglesia, Meyer recurrió a los testimonios orales. Su juventud y origen lo ayudaron.
"Esos campesinos que tenían la edad de mis abuelos pensaban: uno, 'es joven, no sabe nada, le podemos enseñar'; dos, 'es extranjero, no tiene que ver con nuestros pleitos', y tres: 'los franceses son católicos'". Una pareja de Saguayo llegó a componerle un corrido a "Juanito, el francés", pero no quedó registro.
En julio de 1969 se vio obligado a firmar un documento contra su voluntad: su expulsión del País. Un artículo publicado en la revista Esprit sobre el primer aniversario del 68 en América Latina, donde hacía responsable al Gobierno mexicano de la masacre de Tlatelolco, lo convirtió en "extranjero pernicioso". Pero la suerte hizo que en París el CNRS lo acogiera como refugiado político.
"El mismo día en que me avisaron de la expulsión compré un baúl donde guardé los documentos, lo metí en mi coche y lo llevé a casa de Luis González. Me fui sin nada. Un diplomático que volvía a Francia lo trasladó con su mudanza". En noviembre, cuatro meses después de su salida, comenzó a trabajar en La Cristiada.
En una dictadura, al historiador se le abren dos caminos: servir a la ideología del régimen o trabajar temas que le permitan escapar del pensamiento imperante.
En 1973, año del PRI, La Cristiada fue recibida por un "silencio atronador", ha escrito Meyer, pero los tabúes que la rodeaban ya habían empezado a caer.
"En México, si uno tocaba el tema de los cristeros de manera positiva, si no decía que eran unos bandidos o unos imbéciles que no se daban cuenta de que eran manipulados por el clero, era un reaccionario. No se iba a un campo de concentración como en la URSS, pero se cerraban muchas puertas. Las cosas empezaron a cambiar en los años 70".
Alguien le dijo a Meyer que era capaz de "hacerle la barba" tanto a los cristeros como al Presidente que los combatió, Plutarco Elías Calles. A ambos les ha hecho justicia. "El historiador debe escuchar las dos partes; después tiene derecho a decir simpatizo con una, pero no debe ser injusto con la otra".
Volvió al País en 1973, por breves estancias. En 1979, ya casado con la historiadora Beatriz Rojas, se naturalizó mexicano. Décadas después de su forzada salida, el Estado lo reconoce con el Premio Nacional de Ciencias y Artes. "Una vez más, tengo suerte. México ha sido muy generoso conmigo".
Meyer descarta que la guerra contra el narcotráfico produzca algo comparable a un cambio revolucionario, ya que carece de contenido político; si acaso, una toma de conciencia sobre aquello que se descuidó, como el avance de la corrupción.
La legalización de las drogas no representa una solución milagrosa ni permitirá la desaparición del crimen organizado, advierte.
"Quiero lanzar una inquietud: ¿por qué conocemos todos los nombres de nuestros capos, su fortuna, su geografía, y de Estados Unidos no sabemos nada?".
Novela futura
A la voz del rey es una novela histórica escrita por Jean Meyer en 1989 sobre "un fantasma", el indio Mariano, que se rumoró iba a ser coronado Rey de las Indias en Tepic el Día de Reyes de 1801. La respuesta de los indígenas al llamado fue tan numerosa que las autoridades virreinales temieron una rebelión.
Para recuperar "la carne, la emoción" que se diluía en el texto académico, el historiador dio al hecho un tratamiento literario. En Los tambores de Calderón (1993), reeditada en 2010 con el título de Camino a Baján, recrea "la exaltación y el drama" de la lucha de Miguel Hidalgo.
Meyer planea cerrar el ciclo con una tercera novela que tendrá como protagonista al líder agrario nayarita Manuel Lozada.
El personaje de Ángel Flores, inspirado en José Ramírez Flores, maestro de preparatoria de Luis González, que aparece en las dos novelas anteriores, regresará para dar continuidad a la historia.
Conózcalo
Nombre: Jean Meyer
Lugar y fecha de nacimiento: Niza, Francia, 1942
Trayectoria: Historiador. Ha sido profesor e investigador en El Colegio de México, las universidades de París y Perpignan, el CNRS y El Colegio de Michoacán. En 1993 ingresó al CIDE, donde fundó la División de Historia. Miembro de la Academia Mexicana de la Historia (2000) e investigador emérito del SNI (2007). En 2000 fundó la revista Istor, que hasta la fecha dirige.
Obra: La Cristiada (tres volúmenes, 1973-1975); Historia de la Revolución Mexicana (tomos X y XI, 1978); Historia de los cristianos en América Latina, siglos XIX y XX (1989); Yo, el Francés (2002); La gran controversia (2005); Rusia y sus imperios, 1894-2005 (2007); La cruzada por México (2008); El celibato sacerdotal (2009).

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