El extravío de la moderación
Paralaje/Liébano Sáenz
Milenio, 25 de julio de 2026
La política democrática no comienza con la victoria, sino con los límites que el vencedor está dispuesto a respetar. Esa convicción se extravió en el camino de la polarización. El diálogo y el acuerdo con quienes piensan distinto dejaron de entenderse como virtudes públicas y comenzaron a presentarse como claudicación, complicidad o hasta como traición.
Quien ganó la elección pretende ganarlo todo: el gobierno, las instituciones y hasta el derecho de alterar las reglas que hicieron posible su triunfo. La mayoría deja de ser un mandato temporal y se convierte en justificación para controlar al Estado. El sufragio conserva su apariencia democrática, pero pierde libertad cuando queda sometido al uso político de los programas sociales o a la intervención de los poderes públicos.