De la sospecha a la consagración: el largo viaje de Bob Dylan en el Vaticano..
La historia tiene una forma fascinante de ajustar sus propias cuentas, sobre todo cuando convergen la música, la fe y los ancestrales muros vaticanos. El reciente análisis de Antonio Spadaro SJ sobre la figura de Bob Dylan en L'Osservatore Romano no es solo un recuento de hemeroteca; es la crónica de una redención editorial que tardó casi tres décadas en fraguarse.
El viaje comenzó en el histórico Congreso Eucarístico de Bolonia de 1997, cuando un ya maduro —y acaso desconcertado— Dylan tocó ante Juan Pablo II. El Papa polaco hizo suya la letra de Blowin' in the Wind para enviar un mensaje a los jóvenes, un gesto audaz que, años más tarde, un ortodoxo Joseph Ratzinger admitiría haber visto con fuertes reservas. Esa tensión marcó la pauta. Pese a un breve coqueteo en 2008, donde se le reconoció como un artista "atravesado por la Biblia", la década siguiente trajo consigo el frío y el escepticismo institucional.