La diplomacia de las sombras y el costo del doble rasero
En el viejo oficio de la política, la diplomacia siempre ha sido el arte de leer las sombras; de descifrar a los actores de carne y hueso que respiran y operan detrás del estruendo institucional. Hoy, nuestra política exterior parece caminar precisamente en esa penumbra, atrapada entre discursos encendidos desde el atril y contradicciones que ya resultan ineludibles en la vida real.
La presidenta Sheinbaum ha querido trazar una línea tajante frente a Estados Unidos. Nos advierte que el amago de ruptura no viene directamente de Donald Trump —a quien intentó matizar, omitiendo su nombre en aquel duro discurso dominical—, sino de una amalgama transfronteriza de ultraderecha y ejércitos fantasma que habitan en la red.