El testigo mudo y el fin de un engaño
(A propósito de la columna de Raymundo Riva Palacio)
Aquel jueves 25 de julio es una de esas fechas que le marcan el tiempo al tiempo en la relación bilateral. La historia de este gran engaño ha cobrado vida a través de un objeto que parece inverosímil: un viejo avión Beechcraft de 50 años que hoy descansa, como un frío trofeo, en un museo de Nuevo México.
Esta aeronave no es una simple pieza de exhibición; es el testigo mudo que, al salir a la luz pública, desató la profunda —y justificada— indignación de la presidenta Sheinbaum. Para confirmarlo, bastaba observar los rostros, el tono y las formas en la mañanera de ayer desde Palacio Nacional.