El mundo unido por un balón: ¿habrá milagro en los palcos?
Por Fred Alvarez Palafox
El fútbol es una religión global cuyo altar es, invariablemente, la televisión. Hoy, domingo 19 de julio, el tiempo se detiene para oficiar la última misa de este Mundial 2026 y cerrar una festividad que, como decía el papa Francisco, puede ser una auténtica "fiesta de solidaridad entre los pueblos".
Desde aquel jueves 11 de junio, cuando México y Sudáfrica abrieron el telón en el mítico Estadio Azteca, nos sumergimos en la vorágine de este campeonato. Vi a amigos ganar y perder dinero, acumular algunos kilos extra comiendo y bebiendo "como el ritual exige", y confirmar que, sin la pantalla y sus comentaristas —esos profetas de la narrativa contemporánea— la experiencia simplemente se desinfla, por más que las redes sociales intenten suplirlos con su inagotable ingenio popular.