Un desengaño mañaneril….
Más allá de la transcripción oficial, lo que presenciamos hoy en Palacio Nacional fue un duelo silencioso: el de la presidenta Sheinbaum contra su propia gestualidad. Ante la pregunta directa del reportero sobre la revocación de mandato, el discurso abandonó la línea recta para extraviarse en círculos. Su postura, que hace apenas unos días se percibía como un muro de firmeza, se volvió errática ante el peso de una interrogante que no esperaba adornos.
Al lanzar ese punzante "¿Para qué hacerla en el 2028?", la mandataria no solo buscó un atajo logístico bajo el pretexto del ahorro; dejó escapar una incomodidad que ningún dato técnico alcanzó a sofocar. Fue el preciso instante en que la arquitectura de la política chocó de frente con la aridez de la realidad.