Coincido plenamente con la lectura de este lunes de Jesús Silva-Herzog Márquez en reforma.com (Estadista desde la oposición). El verdadero valor histórico del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas no radicó solo en su ruptura con el PRI o en la denuncia del fraude del 88, sino en su apuesta firme por la vía institucional, el diálogo y el pluralismo.
Cárdenas fue un verdadero constructor de instituciones; entendió que hacer oposición significaba edificar una casa común para todos, jamás destruirla con polarización, como si ocurrió con AMLO:
Su gran paradoja —y quizá su deuda más dolorosa— fue el silencio público con el que presenció el desmantelamiento de esa misma arquitectura democrática en sus últimos años. Debió alzar la voz con garra, con la misma claridad y firmeza con la que nos lo comentaba en privado.