Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes
Por Fred Alvarez Palafox
Cae la noche y el mundo, por fin, guarda silencio.
Es lunes 10 de agosto, día de San Lorenzo. Me encuentro aquí, frente al Pacífico, escuchando el incesante rumor del mar que domina el ambiente. Con una cerveza espumante en la mano, dejo que la prisa de la jornada ceda pacíficamente su lugar a la pausa. Arriba, el cielo hace lo suyo.
La historia y el cosmos tienen esa forma peculiar de abrazarse cada año. Hablo de Lorenzo, aquel diácono terco que, allá por el año 258, desafió la codicia de Roma al presentar a los desposeídos como el auténtico tesoro de la Iglesia. Lo quemaron vivo, sí, pero la leyenda dicta que el fuego no lo redujo a cenizas: lo catapultó al firmamento.