Bajo la premisa de una "guerra preventiva", las fuerzas de Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de bombardeos que no buscaba solo desmantelar instalaciones, sino descabezar al Estado. La muerte del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y de la cúpula dirigente, dejó claro que el objetivo final no es un nuevo tratado, sino un cambio de régimen.
La respuesta una guerra regionalizada..
El cálculo de una victoria rápida y un levantamiento popular inmediato parece haber fallado. Irán ha demostrado una capacidad de reorganización sorprendente, escalando el conflicto más allá de sus fronteras:
Ataques a bases aliadas: La respuesta iraní ya no se limita a Israel; ha alcanzado bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, Chipre y activos franceses en los Emiratos Árabes Unidos.