La pesadilla que se muerde la cola/ Andrés Trapiello, escritor.
El Mundo, Sábado, 10/Ene/2026
Los millones de venezolanos exiliados que el tres de enero hicieron eufóricos las maletas para regresar a su país, habrán tenido que deshacerlas. El desencanto se ha apoderado de la mayoría de ellos. El temor de que Trump, lejos de ser un libertador, acabe en cómplice de la dictadura supongo que les tendrá encogidos y perplejos, como lo estamos todos. Podrán perdonarle que sea un bandido discípulo de Creso, pero no un hipócrita.
En una semana se han escrito muchos artículos sobre el portentoso y admirable rapto de Nicolás Maduro. Después se han formado y se siguen formando toda suerte de cábalas. En términos literarios estamos ante un relato de final abierto. Todo puede ocurrir. ¿Empeorar incluso? Esto, la verdad, sería difícil. Peor que estaban es poco probable que vayan a estar.
En España la mayor parte de la gente sabe que Maduro ha sido un dictador y un asesino. La mayor parte de la izquierda española no lo ha creído así. Como por suerte la izquierda está en minoría tampoco tiene importancia lo que crea o deje de creer. Es ya solo un despojo político.
No obstante, apenas los soldados americanos sacaron a Maduro de la cama, donde dormía, los izquierdistas irredentos corrieron entusiasmados a manifestarse. Desde el Tour de Francia y Gaza, andaban con mono. Se formaron incluso barricadas ante algunos consulados, y se dio esta paradoja: a favor del rapto, todos venezolanos; en contra, solo españoles. Estos dieron a sus algaradas un gran colorido con las banderas de la hoz y el martillo, del Frente Polisario, de Palestina y de la Segunda República (esta no falta nunca). ¿Y estaban estos inconformes a favor de Maduro? Abiertamente no (por lo mismo que jamás confesarán que prefieren cien sáncheces corruptos y prostibularios a uno solo que no sea de extrema izquierda).
¿De qué protestaban entonces? Protestaban, poniendo el grito en el cielo de una manera teatral, de que en «la extracción» de Maduro se haya infringido el derecho internacional. Les parece inconcebible que de alguien que para ellos encarna el Mal (Trump) se pudiera esperar ningún Bien, (acabar con un tirano sanguinario). Cuando los reporteros les preguntaban, pronunciaban ese sintagma, «derecho internacional», redondeándolo en la boca, como catedráticos. También por escrito ha visto uno mucho ese redondeo campanudo. Exigir que se respeten las leyes con quien viene conculcando incluso las suyas propias, parece pueril. Pedir que se apliquen las leyes internacionales y se perpetúe en el poder con ellas a quien ni siquiera ha sido capaz de atenerse a las leyes bolivarianas, es peor que pueril, resulta grotesco. Parecidos bizantinismos jurídicos se formularon, por cierto, en el apresamiento en Buenos Aires de Adolf Eichmann.
Algunos les han lanzado una pregunta: ¿acaso no habrían estado ellos a favor de que los Estados Unidos hubieran extraído a Franco, conculcando todas las leyes habidas y por haber? Comprende uno el propósito pedagógico de la pregunta, pero... No sé qué hubieran ganado los españoles de 1946 si tras apresar a Franco hubieran dejado aquí a Muñoz Grandes o, presionados por la Urss, traído a Dolores Ibarruri para instaurar otra de las repúblicas sovietizadas en las que telemandó Stalin.
Decía al principio que era muy difícil aportar nada nuevo ni útil en este asunto, ni siquiera en el terreno de las distopías más o menos recreativas. No obstante, igual queda una causa noble que pueda ser de utilidad. Mi granito de arena para que la izquierda española pueda cerrar al fin su fontanela moral... y mental.
Entre las mil noticias a que ha dado lugar ese episodio, hay una en la que no parecer haberse reparado lo suficiente: «Suiza congela los activos de Maduro tras su captura». ¿Nadie en la izquierda va a preguntar qué «activos» son esos, cómo los ha sacado del país (para extracción esta y no las maletas de Delcy: 113 toneladas de oro), y con qué derecho internacional o regional lo ha hecho? ¿Ninguno de los que se manifestaron a favor de Maduro reclamará a quienes se han beneficiado de ese oro o de otro parecido, zapateros y monederos incluidos, que devuelvan al pueblo venezolano lo que han robado? Se comprende que en la izquierda española, con sus feministas al frente, estén atareadísimos estos días protestando ante la embajada de Irán por la represión del régimen ayatolí contra las mujeres (los muertos se cuentan por decenas), pero quizá pudieran sacar unos minutos para el prosaico asunto del saqueo venezolano.
Nadie sabe a día de hoy si Delcy Rodríguez se someterá o no a Trump, como este presume. Tampoco si la amnistía de la que ha hablado es posible ni justa (¿con qué derecho pueden amnistiarse a sí mismos Diosdado, Padrino, los Maduros, Delcy o los buenos eichmann sin los cuales el terror no habría sido posible en Venezuela?). María Corina, a diferencia de Delcy, no tiene por qué someterse a nadie más que a la mayoría del pueblo venezolano, que la votó. Si volviera pronto, como ha anunciado y deseamos muchos, Trump tendría en frente a un enemigo más temible que Maduro y la banda que aún gobierna en Venezuela: a una demócrata. También a una gran dama que incluso le ha dado las gracias por poner en su sitio a Nicolás Maduro. Quiera el tiempo que ella, María Corina Machado, refrendada por las últimas elecciones, pueda poner pronto en su sitio a Donald Trump.
De no ser así Venezuela seguirá siendo ¡durante años! (así lo ha anunciado él) esa pesadilla que se muerde la cola.
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