El Hércules en la pista de Toluca..
Todo comenzó como un trámite de rutina, de esos que suelen dormir el sueño de los justos en las carpetas de las fuerzas especiales: 60 marinos mexicanos, la élite de nuestras unidades, tenían las maletas listas y el equipo revisado. Su destino era Camp Shelby, Mississippi. La meta parecía estrictamente técnica: dominar el lenguaje de los drones y la tecnología de vanguardia. Un puente de conocimiento con el vecino del norte que, hasta diciembre, parecía marchar sobre rieles.
El tablero de ajedrez: Mississippi y Campeche
El 17 de diciembre, el ambiente en la Comisión Permanente cambió de tono. Sobre la mesa, la Secretaría de Gobernación dejó caer dos documentos que eran, en esencia, un espejo: una invitación al intercambio y una prueba de fuego para la soberanía. En política, el movimiento de un uniforme armado nunca es un simple trámite; es un símbolo cargado de historia.