Ricardo
Anaya/Manuel
J. Jáuregui
Reforma, 10
Jun. 2016
No
es hoy la primera ocasión en la que discrepamos del ex Presidente Vicente Fox,
y seguramente no será la última.
En
algunas ocasiones hemos estado de acuerdo con él (por ejemplo, cuando trompea a
Trump), en otras no: así suele suceder.
En
lo que hoy disentimos de él es cuando dijo antier que la ex Primera Dama,
Margarita Zavala de Calderón, "es la candidata del PAN a la Presidencia en
el 2018".
Hay
muchas razones por las cuales no pensamos que esto sea así y ninguna tiene que
ver con su sexo ni con la misoginia. Su servidor, como millones de mexicanos,
vivió y creció bajo la guía de un dulce matriarcado; nada tenemos en contra de
las mujeres.
Nuestra
opinión de que el mejor candidato para el PAN sería Ricardo Anaya Cortés nada
tiene que ver con el género, sino con la capacidad. Y esta opinión respecto a
doña Margarita se basa simplemente en la apreciación de que Anaya sería un
mejor Presidente, y que Felipe Calderón ya ocupó Los Pinos, de manera que no
tiene sentido que lo vuelva a hacer a través de su esposa y que, a través de
ella, ventile de nuevo sus resentimientos y corajes.
Es
hora de ver hacia el futuro y no voltear al pasado para encharcarnos de nuevo
con una película que ya vimos y que no nos gustó, tan es así que el PRI ganó en
el 2012, pues el dúo Felipe-Margarita le quedó debiendo a los ciudadanos. Ahora
que lo que sucede en Estados Unidos con Hillary Clinton no nos debe mover hacia
la imitación extralógica y hacer nosotros lo idéntico.
Ni
son las mismas circunstancias ni son tampoco perfiles parecidos: la experiencia
de Hillary es mucho más amplia que la de Margarita y la preparación académica
no se diga. No minimizamos la licenciatura en Derecho de la Escuela Libre de
Derecho que ostenta la ex Primera Dama ni el hecho de que fue Diputada federal.
Simplemente creemos que no se compara con el haber sido Senadora electa y
Secretaria de Estado de Estados Unidos. Vaya, no se compara ni siquiera con el
doctorado en Ciencias Políticas y Sociales que ostenta Ricardo Anaya, ni con el
hecho de que Anaya también ha sido Diputado federal, pero además resucitó al
PAN después de que Calderón lo dejó famélico y todo mundo lo creía muerto.
En
sus declaraciones y actuaciones muestra Anaya el equilibrio correcto entre
combatividad, ideología y pragmatismo, y se ha visto muy ducho para el debate
(tras la elección del domingo le propinó un par de cachetadas guajoloteras a su
colega del tricolor en cadena nacional).
Si
lo que quiere el PAN es ganar de nuevo la Presidencia, debe irse con el gallo
del futuro y no caer en la tentación de querer ofrecer al electorado una
"mini me" de Hillary que, sin agredir, no cuenta con sus capacidades
y habilidades.
No
dudamos que doña Margaret sea una buena mujer, excelente madre y esposa: mas no
hablamos de eso, hablamos de capacidades y habilidades para guiar a un México
más complicado y emproblemado que nunca.
Existe
otro argumento que favorece a Anaya: si algo dejaron claro las elecciones
recientes es que el "voto duro" ya no existe, la ciudadanía está
harta de todos los partidos, no nada más del PRI.
Tan
es así que en casi todas las entidades que tuvieron elecciones el domingo
pasado se dio la alternancia: sin importar partido, el pueblo echó pa' fuera al
partido en el poder. Se ha vuelto más importante que nunca el candidato, no el
partido. La gente quiere ver políticos modernos, caras nuevas, promisorias, que
sepan ofrecerle al pueblo lo que quiere y que no arrastren una cadena de
tragedias y oportunidades perdidas.
El
elector ya no quiere ver a los mismos de siempre que en el pasado le han
quedado mal (aplica para todos los partidos).
A
la pareja Calderón-Zavala ya la padecimos, otros seis años de tuits iracundos
es demasiado.
Lo
del pasado en el pasado debe quedarse, lo que está en juego es el futuro de
México y no la súplica de segundas oportunidades.
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