8 feb 2026

Concordia: Cuando la tierra deja de callar y empieza a doler

 Concordia: Cuando la tierra deja de callar y empieza a doler

En las inmediaciones de El Verde, Concordia, el silencio nunca es paz; es una advertencia. Esta vez, el mutismo de la sierra no fue roto solo por las aspas de los helicópteros militares que peinan el cielo de Sinaloa, sino por algo mucho más pesado: el crujir de la tierra abriéndose para confirmar lo que todos temían. El destino obligó a la sierra a entregar lo que ocultaba, para que una familia en Zacatecas pudiera, por fin, empezar a llorar con nombre y apellido.

La verdad a cuentagotas y el rastro de la plata

Tras días de un hermetismo institucional que asfixiaba a los colectivos, la Fiscalía General de la República (FGR) soltó la verdad con la frialdad de quien procesa un inventario. Los peritos federales confirmaron que uno de los restos hallados en la fosa clandestina pertenece a José Ángel Hernández Vélez, un minero de 37 años originario de  Zacatecas.

José Ángel formaba parte del grupo de diez trabajadores de la empresa canadiense Vizsla Silver que, el pasado 23 de enero, fueron arrancados de su cotidianidad en el campamento "La Clementina", en la comunidad de Pánuco. El despliegue de fuerzas federales no resultó ser la misión de rescate que la esperanza dictaba, sino el preludio del hallazgo de un horror que ya se había consumado bajo el suelo sinaloense.

Pero El Verde no es solo un expediente minero; es un pozo profundo donde confluyen dolores de todas las latitudes. Allí, entre el polvo y el sol inclemente, la tragedia deja de ser estadística para tomar la forma de la señora María Victoria. Ella no busca a un minero; busca a su nieto, Valfre Yair, un joven de 16 años que Mazatlán le arrebató en noviembre de 2024.

La presencia de María Victoria en el sitio del hallazgo es un recordatorio punzante: mientras la burocracia descansa en oficinas refrigeradas, la incertidumbre no duerme en los cerros de Concordia. Para ella, el "muro de silencio" oficial es una tortura cotidiana que se suma al peso de la ausencia.

La crítica al aparato de justicia es inevitable. Aunque la FGR presume la detención de cuatro personas y el aseguramiento de pertenencias —identificaciones, celulares y una computadora—, la transparencia sigue siendo una asignatura pendiente. Es doloroso que la confirmación del fallecimiento de José Ángel llegara antes por redes sociales y autoridades zacatecanas que por un canal humano hacia las familias.

"Ninguna familia debería vivir la angustia de una desaparición", sentenció la senadora Geovanna Bañuelos, resumiendo el sentimiento de orfandad institucional que priva en la región. Para colectivos como Sabuesos Guerreras y Por las Voces Sin Justicia, lo hallado en El Verde no es el fin del camino, sino una alerta: un error en el manejo forense hoy, es una identificación fallida mañana.

Mientras el hermetismo reina en los despachos, la indignación tomó las calles de Mazatlán. La tarde del sábado, el malecón —justo ahí, en las emblemáticas Letras— dejó de ser un sitio de recreo para convertirse en un escenario de urgencia. Familiares de desaparecidos marcharon frente al mar exigiendo lo que la FGR les ha negado: certeza.

El Verde hermoso lugar de Concordia hoy no es solo un punto geográfico; es el epicentro de una tragedia que busca justicia entre el olvido y la tierra removida. Al final, el comunicado oficial FGR 062/26- podrá hablar de "procesamiento de indicios", pero para quienes esperan un regreso, esas son solo palabras frías que intentan contener un desastre humano que, en El Verde, ya se desbordó.

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El Centinela de la Atlántico..

Mazatlán siempre ha tenido ese dualismo extraño; entre el estruendo de la banda y el susurro del oleaje, existe un tercer lenguaje: el de sus monumentos. Esos gigantes de hierro y piedra que, aunque parecen estáticos, llevan el registro de cada paso que damos. En la glorieta de la Avenida Atlántico, el Venado Rojo ya no es solo una coordenada en el GPS de los locales; hoy, se ha transformado en un vecino más que carga con el alma en un hilo.

Dicen los que saben escuchar a la ciudad que el arte no es algo inerte, sino que late al ritmo del pueblo que lo camina. Por eso, en estos últimos días, la mirada de esa figura sagrada —herencia viva de nuestra raíz— se siente distinta. No es la erosión del salitre ni ese abrazo húmedo de la bruma matutina lo que le ha opacado el brillo; es el peso de un Mazatlán que hoy busca desesperadamente un poco de paz.

El venado, que por siglos ha sido nuestro símbolo de agilidad y de vida vibrante, hoy se yergue como un centinela herido. Su color, ese rojo que antes gritaba fiesta, hoy parece un grito sordo de empatía. Está ahí, plantado frente al viento, llorando en silencio por quienes ya no están, convirtiendo su pedestal en un altar de la memoria colectiva.

Ese cruce de caminos ya no es solo asfalto y semáforos. Es un punto de encuentro donde el tráfico fluye, pero el sentimiento se detiene. Mientras el mundo sigue su curso, el Venado Rojo permanece firme, recordándonos con su presencia que cada ausencia es un tajo directo al corazón de nuestra tierra. Porque en Mazatlán, cuando uno cae, hasta nuestras estatuas doblan la rodilla.

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Identifican cuerpo de uno de los mineros desaparecidos

Nota de Rolando Herrera

REFORMA 08 febrero 2026) .-12:45 hrs

IEl cuerpo de José Ángel Hernández Vélez, minero zacatecano desaparecido el 23 de enero junto con un grupo de trabajadores de la empresa canadiense Vizsla Silver en Sinaloa, fue identificado por las autoridades federales.

Peritos de la Fiscalía General de la República (FGR) lograron establecer que los restos de un cadáver hallado en el poblado El Verde, municipio de Concordia, corresponde a Hernández Vélez, quien tenía 37 años.

"Con profundo dolor lamento el fallecimiento de José Ángel Hernández Vélez, minero zacatecano originario de Cañitas de Felipe Pescador. A su familia y seres queridos les expreso mi solidaridad y mi acompañamiento en este momento tan difícil. Ninguna familia debería vivir la angustia de una desaparición ni el dolor de una pérdida así. Descanse en paz", escribió en su cuenta de X la Senadora zacatecana, Geovanna Bañuelos.

Hernández Vélez pertenece a un grupo de 10 mineros que el pasado 23 de enero fueron plagiados por un grupo armado cuando estaban en un campamento denominado La Clementina, en la comunidad Pánuco, en Concordia, Sinaloa.

El pasado 6 de febrero, la FGR informó el hallazgo de cuerpos humanos en la localidad de El Verde y que posiblemente uno de ellos correspondía a uno de los mineros plagiados.

Dos días antes se había dado a conocer la detención de cuatro personas armadas y el hallazgo de pertenencias de las víctimas en cateos realizados en Concordia y Mazatlán, Sinaloa.

Entre los indicios asegurados están identificaciones personales, tres teléfonos celulares y una computadora portátil, los cuales fueron analizados como parte de la investigación.

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