Drones, láseres y globos de fiesta: La frontera como laboratorio del absurdo
Por: Fred Alvarez Palafox
El cielo de El Paso, Texas, dejó de ser un espacio de tránsito para convertirse en el epicentro de una crisis tan mediática como confusa. El cierre del espacio aéreo no solo paralizó turbinas comerciales, sino que activó la narrativa de la administración Trump, que parece haber encontrado en el horizonte fronterizo un tablero de juego para sus nuevas doctrinas de seguridad. Sin embargo, bajo la capa de la "amenaza externa", subyace un desorden interno que raya en la negligencia.
El choque de espejos: México y Washington
Desde Palacio Nacional, la presidenta Sheinbaum levantó un muro diplomático de datos: "Desde México no hubo nada". Su postura es de una cautela pragmática, apelando a la falta de pruebas oficiales mientras la Cancillería mexicana aguarda una explicación que Washington parece no tener prisa en dar.
Del otro lado, la retórica en el Capitolio fue incendiaria. La Fiscal General de EU, Pam Bondi, utilizó el estrado para anunciar que su ejército ya se encuentra "derribando drones de los cárteles". La narrativa es clara: priorizar la ofensiva militar sobre cualquier otro asunto de agenda. Pero esta certeza se desmorona cuando se confronta con la realidad técnica. La congresista Jasmine Crockett fue puntual al exigir que constara en actas que el caos no fue provocado por el narcotráfico, sino por un "impasse" interno entre agencias de defensa.
El Paso: La memoria del 11-S y el caos local
Mientras en Washington se construyen discursos de guerra, en las calles de El Paso se respira la frustración de una comunidad binacional ignorada. El alcalde de la ciudad no escatimó en severidad al comparar el cierre —unilateral y sin coordinación— con los protocolos del 11 de septiembre de 2001.
La desconexión es alarmante: mientras la cúpula política habla de invasiones tecnológicas, el jefe de policía local, Pete Pacillas, confirmó que nadie notificó a la ciudad sobre supuestas incursiones de los cárteles. El miedo, al parecer, se gestiona mejor desde las oficinas de Washington que desde la línea de fuego.
Sátira burocrática: El láser contra el globo
La investigación periodística de medios como CNN, The New York Times y Fox News ha revelado lo que parece una sátira política: el Pentágono intentó probar un nuevo sistema de armas láser anti-drones sin coordinarse con la FAA (la autoridad de aviación civil).
El resultado de este experimento no fue la neutralización de un convoy delictivo, sino un episodio de "fuego amigo" burocrático que paralizó una ciudad. Lo más crítico, y que roza el ridículo estratégico, es el objetivo derribado: diversas fuentes señalan que los sofisticados sensores estadounidenses habrían confundido drones con globos de fiesta. Un despliegue de tecnología millonaria para combatir un "falso positivo" de helio.
La grieta de la seguridad
Este incidente es el síntoma de una patología institucional. La falta de comunicación entre el Pentágono y la FAA ya tiene antecedentes trágicos, como el choque ocurrido el año pasado cerca de Washington.
Hoy, la frontera se utiliza como un laboratorio de ensayo y error. Mientras México exige una transparencia que no llega, Estados Unidos se enreda en su propia parafernalia de defensa. En este escenario, la seguridad nacional parece haberse convertido en un espectáculo de sombras donde se le dispara a fantasmas —o a globos— para alimentar una narrativa de control que, en la práctica, solo genera caos.
Comparto mi texto en la Web La Silla Rota: :"La frontera cdo mo laboratorio de guerra:
No hay comentarios.:
Publicar un comentario