15 feb 2026

Silencio, señores! Ha muerto Jorge Meléndez Preciado (1944-2026)

 Silencio, señores! Ha muerto Jorge Meléndez Preciado (1944-2026)

¡Silencio, señores! Que no se escuche más que el eco de su congruencia. Mi entrañable amigo, el periodista Jorge Meléndez, ha emprendido el viaje final. Hoy, la redacción del cielo gana una pluma valiente y un caballero de la palabra; pero aquí abajo, entre el asfalto y el olor a tinta, nos quedamos con una orfandad que cala hondo. ¡Qué pena siente el alma, de verdad!

Jorge no fue solo un periodista en la extensión técnica de la palabra; fue, ante todo, un maestro de la resistencia. En tiempos donde la verdad suele subastarse al mejor postor, él se mantuvo erguido, con esa mirada aguda que sabía desmenuzar la realidad política de nuestro México sin perder jamás la calidez humana.

El bautismo en el oficio

Lo digo con el corazón en la mano: Jorge fue quien me metió al periodismo. Él me abrió las puertas de los micrófonos y compartimos, junto a figuras como Ricardo Alemán y otros tantos colegas, espacios de análisis y esa pasión innegociable por la justicia social.

Recordarlo es volver a las mesas de debate y a la intimidad de la amistad. Aún guardo nítida aquella cena de septiembre de 2021 en el departamento de Polanco de Catalina Noriega. Estábamos ahí Claudia, Carlos Olmos y su hijo Alejandro, compartiendo la mesa con nuestra inolvidable anfitriona y un servidor. Recuerdo bien el dolor que le causó a Jorge la partida de Catalina en marzo de 2023; hoy, finalmente, se reencuentran en una tertulia eterna.

Un escudo para la verdad

Junto a Rogelio Hernández, Jorge se volcó a investigar el asesinato de Manuel Buendía cuando el miedo mandaba en las calles. Fue un escudo para los periodistas perseguidos y un pilar en la fundación de la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), caminando al lado de gigantes como Renato Leduc, Humberto Musacchio, Miguel Ángel Granados Chapa, Antonio Tenorio Adame y Eduardo Valle “El Búho”.

Caminamos juntos la aventura de dar vida al libro sobre nuestro Renato. ¡Cuántas tertulias, cuántos viajes y cuánto tinto bebimos "como Dios manda"! En esas copas no solo corría el vino, sino la vida misma y las ideas claras. Se va un analista que nunca le tuvo miedo al poder y un hermano que siempre supo escuchar.

El "Jefe Mele" según su gemelo de batallas

Para retratarlo de cuerpo entero, hay que acudir a las palabras de su "gemelo" de batallas, Joel Ortega Juárez, quien describe una hermandad forjada en kilómetros y convicciones:

"Desde las cantinas de 'Chilangohatán' hasta los inviernos en Moscú; desde el Barrio Latino de París hasta el salitre del Malecón en La Habana. Jorge no fue un espectador. En el PCM peleó contra la burocracia y en Tlatelolco habitó la resistencia... Visitaba a los presos políticos en Lecumberri cada domingo".

La neta, Jorge navegó por el pantano del periodismo mexicano sin que se le pegara el lodo. Mientras otros buscaban la orilla del poder, él se metía a los sótanos de la verdad cuando el silencio era la ley. Fue nuestra voz más terca hasta que el aliento le alcanzó.

El brindis final

"Se nos va el Jefe Mele", dice Joel con tristeza, dejando pendientes varias discusiones. Hoy, el brindis es amargo por la ausencia, pero firme por la memoria de un hombre que siempre supo que "hay que abrir, abrir y que vamos a ganar".

¡Salud, Mele! Me sumo al abrazo solidario para sus hijos Lucía y Alejandro, a sus nietos y a la querida Rosita Roveglia. Todo tiene su tiempo bajo el sol, y el de Jorge fue un tiempo de luz.

Descansa en paz, hermano. Te vamos a extrañar en el análisis y, sobre todo, en el brindis.

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Meléndez: El Hombre de las 300 Playeras

Para Jorge Meléndez Preciado, la vestimenta nunca fue un asunto de moda, sino una declaración de principios. Su amigo entrañable, Rogelio Hernández López, lo retrató con precisión en aquel texto de 2017 titulado "Busco historias de Meléndez," el periodista más peculiar. Y no exageraba: Jorge era ese personaje que rompe cualquier molde rígido con una naturalidad que asombra.

Su "uniforme" es, en sí mismo, una bofetada a la solemnidad. Entre barbas bien cuidadas y pantalones de mezclilla, destaca esa colección legendaria de más de 300 playeras cargadas de ironía o consignas políticas. El look se remata con chamarras deportivas de colores "chillantes" —donde nunca falta la clásica Puma de la UNAM-— y el accesorio que lo define por completo: un libro bajo el brazo, cargado y protegido como un tesoro.

Su biografía es inseparable de la izquierda mexicana. Entre 1972 y 1981, Jorge militó en las filas del Partido Comunista Mexicano (PCM), un espacio donde la congruencia no era una opción, sino el valor más alto. Como diputado suplente de Gilberto Rincón Gallardo, Jorge no fue un simple espectador; fue el coordinador estratégico, el motor silencioso que dio forma a iniciativas clave que luego Rincón Gallardo impulsaría con fuerza en la tribuna.

Pero más allá de la política de pasillo, Jorge fue  el hombre que decidió no venderse. Mientras otros sucumbían a las mieles del poder o al confort de la burocracia, él eligió la modestia como la mejor trinchera para su independencia.

Esa libertad se notó  en sus mudanzas: de la vida en Tlatelolco a un departamento sencillo en Coyoacán. Siempre en un auto pequeño, siempre huyendo de cualquier intento de cooptación. Para Jorge, el valor de la vida nunca estuvo en los lujos que exigen silencio o complicidad, sino en la libertad de opinión, en el café compartido y en el trago con los amigos.

Jorge Meléndez fue el ejemplo vivo de que se puede ser un intelectual profundo y un analista agudo sin perder la frescura de la calle ni el fuego de la convicción.

Comparto texto de Rogelio...




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