4 feb 2026

La provocación de Trump: el eco de una herida abierta

TRUMP Y MÉXICO

La provocación de Trump: el eco de una herida abierta/FRED ÁLVAREZ PALAFOX

Hoy, mientras Trump celebra una conquista centenaria y México se aferra a su escudo de orgullo, la lección sigue siendo la misma: la verdadera fortaleza de una nación se construye desde sus entrañas. | Fred Álvarez

La Silla Rota, 4/2/2026 · 21:00 hs;

“Después de una serie de victorias en los territorios mexicanos de California y Nuevo México, en una victoria triunfal para la soberanía estadounidense, Estados Unidos capturó heroicamente la capital, Ciudad de México, en septiembre de 1847, allanando el camino para el Tratado de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848".

El párrafo anterior no es un fragmento de un viejo libro de texto escolar; es el reciente mensaje presidencial de Donald Trump para conmemorar lo que él considera una gesta heroica. En la alta política, las fechas rara vez son coincidencias, son dardos lanzados al viento para influir en el presente. El pasado lunes 2 de febrero, Trump decidió reabrir una llaga que, aunque centenaria, sigue definiendo el espíritu nacional. Al evocar deliberadamente el fantasma de 1848, recordó el año en que el Tratado de Guadalupe Hidalgo amputó al país el 55% de su territorio.

Aquel pacto, firmado en la Villa de Guadalupe por Nicholas Trist —enviado de James K. Polk— y los comisionados mexicanos Bernardo Couto, Luis G. Cuevas y Miguel Atristáin, selló nuestra mayor "cicatriz geográfica". Por 15 millones de dólares, México vio cómo un vasto mapa que hoy contiene a California, Nevada, Utah, Nuevo México y gran parte de Arizona y Colorado, pasaba a manos ajenas. Lo que para Washington fue la culminación del "Destino Manifiesto", para nosotros fue el inicio de un duelo inacabado tras una guerra que se extendió desde las hostilidades en Matamoros en 1846, hasta aquel fatídico septiembre de 1847 cuando el pabellón de las barras y las estrellas ondeó en Palacio Nacional.

La mención de Trump no fue un descuido. Utilizó el lenguaje de soberanía del siglo XIX para justificar sus batallas actuales contra lo que llama "invasiones modernas". Es el uso del trauma histórico como palanca de presión; un recordatorio de que, bajo su mirada, México sigue siendo un espacio por domar. Sin embargo, como rescata Enrique Krauze en su análisis sobre esa "guerra perversa", ni siquiera en Estados Unidos hubo consenso. Figuras como Ulysses S. Grant reconocieron años después que no hubo guerra más injusta que la emprendida por una nación fuerte contra una débil.

En aquel entonces, voces como la del joven diputado Abraham Lincoln calificaron la invasión de inconstitucional, mientras que Henry David Thoreau prefirió la cárcel antes que financiarla. Incluso el filósofo Ralph Waldo Emerson advirtió que la anexión sería un "veneno" que terminaría por acelerar la Guerra de Secesión estadounidense. La historia siempre cobra sus facturas.

El eco de la provocación llegó pronto a Palacio Nacional. Ante el desplante, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por ir a la raíz. Cuestionada sobre la postura de Trump —quien asegura defender su frontera contra "redes narcoterroristas"—, la mandataria sentenció con una calma que buscaba desactivar el anzuelo: —"Ya saben cuál es mi opinión: No somos Santa Anna; hay que defender la soberanía siempre".

Al invocar la Doctrina Estrada, Sheinbaum aclaró que su postura no es solo diplomacia, sino una autodeterminación que se nutre del pasado. Para ella, gobernar parece ser también un acto de exorcismo: el esfuerzo por asegurar que la sombra de Antonio López de Santa Anna —el general de las once presidencias que firmó la entrega— no vuelva a deambular por los pasillos de Palacio.

Pero la historia, esa maestra cruel, nos obliga siempre a la introspección. A través de cronistas como José Fernando Ramírez, se nos recuerda que la derrota de 1848 también se gestó desde adentro: un clero que negó apoyo financiero, clases altas indiferentes y un Congreso fragmentado en pleitos estériles mientras el enemigo avanzaba. La tragedia fue el resultado de un México dividido.

Hoy, mientras Trump celebra una conquista centenaria y México se aferra a su escudo de orgullo, la lección sigue siendo la misma: la verdadera fortaleza de una nación se construye desde sus entrañas. No basta con señalar el robo territorial. La soberanía no se defiende solo con discursos de dignidad en la tribuna matutina, sino con prosperidad, cohesión interna y desarrollo.

Habrá que agradecerle a Trump que nos haya recordado la fecha, aunque para nosotros sea el día de la Candelaria y de los tamales —que, por cierto, en el Senado ya no fueron de chipilín—. Más allá del folclore, el reto es asegurar que la historia no encuentre nunca más a un México con las manos vacías y el ánimo fragmentado. La mejor defensa de la memoria es, al final del día, un presente sólido.

PD: La "vacante" más coqueta del Senado 

A qué huele la austeridad en el Senado? Al parecer, a fijador de cabello y maquillaje. Tras una puerta con la engañosa placa de "vacante", en el segundo piso de la Cámara Alta opera un búnker de la imagen pública.

Donde antes había oficinas de la CFE, hoy hay espejos relucientes y sillas de estilismo. Dicen que es el espacio de la morenista Andrea Chávez y sus allegadas, aunque el servicio es democrático: atienden "conforme van llegando".

Es la ironía del tiempo: en 2018 se clausuró un salón similar como trofeo de austeridad; hoy, las viejas costumbres regresan peinadas de raya en medio. Al final, en la alta política una mala ley se abroga, ¡pero un mal peinado queda para la posteridad en el Canal del Congreso!  (Fuente: Reforma).

@fredalvarez 

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