La mañanera del deslinde…
El Plan B ya está en el Senado.., y habrá reforma electoral a modo, no la que quería Sheinbaun
Y la mañanera de este martes no fue una de trámite. En el Salón Tesorería, el aire se espesó cuando la pregunta de un reportero dejó de ser duda para convertirse en dardo: “¿Por qué permitirle a los partidos satélite, como el Verde y el PT, con su historial de corrupción, que sigan operando?”. El cuestionamiento fue directo al centro del tablero.
Ahí fuimos testigos de un destello de la humanidad del poder: el silencio de la Presidenta. No fue un vacío de ideas, sino un segundo de cálculo. Tras un intento fallido de aplicar un "puente de plata" diciendo: “Bueno, vamos a salud y luego contestamos”, pero- siemre hay un pero-, el eco de las palabras "corrupción" y "satélites" se quedó flotando, rebotando en las paredes. Esa atmósfera le exigió una respuesta que no fuera un simple desvío, obligándola a entrar al laberinto. Pero no entró con un mazo; entró con el escalpelo de la ley.
Lo que siguió fue una lección de esgrima política. Con tono pedagógico, recordó que las reglas del juego no se cambian por voluntad, sino por votos: esas dos terceras partes del Congreso que hoy, simplemente, no tiene. Pero escuchen el subtexto: al decir “enviamos la reforma y no votaron”, la Presidenta trazó una línea divisoria en la arena.
No fue un ataque frontal, sino un deslinde elegante. Es la forma republicana de decir: “Yo quise, pero mis propios aliados no quisieron”. Ante la punzante pregunta de Bertha Alicia Galindo sobre si esos aliados solo están "cuando les conviene", la mandataria fue tajante: en su administración no existe el "tú me das y yo te doy". En esa precisión técnica se asoma la primera grieta de un matrimonio que hoy parece más de necesidad que de convicción compartida.
El punto de no retorno llegó con el presupuesto. La Presidenta fue clara: si no hubo votos para bajar el dinero a los partidos, habrá lupas para vigilarlo. Invocó a la UIF, la fiscalización permanente y un límite sagrado: nadie en un partido debe ganar más que la Presidenta. Punto.
Fue una notificación formal a sus socios: la era de las "cuotas y los cuates" tiene fecha de caducidad. Al vincular el lavado de dinero con el desvío de recursos públicos, lanzó una advertencia que retumbó en las dirigencias del PT y el Verde: “Si caminan conmigo, lo harán dentro de una caja de cristal”. Para ella, la congruencia no se negocia; se exhibe. Prefirió exponer la negativa de sus aliados antes que matizar su propuesta.
El cierre fue una sentencia de largo plazo. Respaldada por ese 80% de aprobación que presume diariamente, Sheinbaum dejó claro que ella tampoco coincide con las cúpulas que definen las listas plurinominales. Ante la pregunta de Carlos Navarro sobre el futuro, su “sí” a retomar el tema en 2027 fue rotundo.
El mensaje está enviado: si en el 2027 Morena consigue la mayoría calificada por sí solo —integrando incluso a legisladores disidentes del Verde y del PT—, les daría la muerte civil a sus aliados. La luna de miel ha terminado; lo que queda es un matrimonio por contrato con cláusulas de rescisión inmediatas. Hoy, la lealtad ya no es un cheque en blanco; es un recurso que se fiscaliza minuto a minuto.
Y que dicen los aliados, ¿escucharon bien a la Presidenta? El silencio que sigue a esta advertencia podría ser el preludio de un nuevo mapa político.
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