El sol de Palacio y sus fusibles fundidos
Por: Fred Álvarez Palafox
Hay estampas que ni el mejor algoritmo de control de daños puede borrar. La imagen de unas piernas buscando el sol en los ventanales de Palacio Nacional transitó, en un parpadeo, de la frivolidad doméstica a una crisis de Estado. En el camino, dejó "heridos de guerra" que hoy se desangran por una lealtad que no conoce el agradecimiento.
El sacrificio de los "fusibles"
Raymundo Riva Palacio nos pone frente al espejo de una política que devora a los suyos. El caso de Jenaro Villamil es la lección más amarga de lo que significa ser un "fusible" en el régimen actual. En un afán casi quijotesco, el aparato de Infodemia —que Villamil encabeza junto a Miguel Ángel Elorza— salió a jurar que la escena era un invento de la Inteligencia Artificial (IA).
Villamil no solo mintió; se inmoló en el altar de la posverdad para proteger a la Presidenta, sin sospechar que el fuego venía de la recámara de junto. Lo que Riva Palacio desmenuza es la soledad de la Presidenta ante un modelo de comunicación que no le pertenece. La "mañanera" es un traje diseñado a la medida del cinismo carismático de su antecesor; a la científica, simplemente, le queda grande.
El misterio tras el ventanal
La identidad de la mujer ha seguido dos pistas que desnudan la vulnerabilidad del poder. Mientras Riva Palacio señaló a la doctora Annie Pardo Cemo, madre de la Presidenta, fuentes digitales como Vampipe apuntan a Florencia Franco Fernández, funcionaria de Hacienda. Sea la "Primera Madre" o una colaboradora cercana, el ridículo ya es histórico porque la Presidenta terminó por confirmar que el video era real.
La descalificación pública de Infodemia desde el mismo atril que pretendían defender es un golpe seco a la dignidad. Jenaro Villamil, quien fuera un excelente reportero, hoy queda exhibido como un servidor público que sacrificó su prestigio por una verificación fallida.
La "Ventana Indiscreta" de Loaeza
Aquí entra la agudeza de Guadalupe Loaeza en Reforma, quien disecciona la escena como un filme de Hitchcock. Con su lupa de ironía, lanza preguntas que el poder evade: ¿Cuánto gastó el Estado en "peritajes" para admitir, entre risas, que el video no era un invento? ¿Por qué mentir con tanto ahínco sobre algo tan humano como tomar el sol?
Loaeza cierra con un consejo estético y de salud: ve a la Presidenta pálida y le sugiere que, en lugar de sancionar a quien busca vitamina D en un balcón histórico, ella misma aproveche la Semana Mayor para broncearse —quizá en las playas de Mazatlán— y soltar, por fin, el rigor del despacho.
El acta de defunción de la credibilidad
El desenlace es kafkiano. El 30 de marzo, Infodemia emitió en X su propia acta de defunción: "La información oficial confirma que sí son reales las imágenes... rectificamos y ofrecemos una disculpa pública".
Es la rendición de un sistema que prefirió la fantasía digital antes que aceptar un rayo de sol. Al final, la imagen queda grabada como una versión tropical de La ventana indiscreta. Un rayo de luz fue suficiente para desnudar las costuras de un régimen que odia los imprevistos.
Para la historia inmediata.
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