El paréntesis que asfixia: La UIF y el rastro del dinero
En el complejo tablero de la seguridad nacional, el dinero es el rastro más revelador, pero también el arma más discrecional. Este miércoles, Omar Reyes Colmenares, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), apareció en las páginas de El Universal con un guion bien ensayado: convencer a la opinión pública de que el bloqueo de cuentas sin orden judicial no es una cacería, sino un "blindaje". Sin embargo, tras el discurso técnico, asoma la sombra de un poder que no necesita de jueces para poner a cualquier ciudadano de rodillas.
El funcionario se esfuerza por desmitificar la arbitrariedad. Nos habla de cifras que pretenden abrumar por su supuesta eficacia: 500 nombres nuevos y casi 5 mil cuentas congeladas. Pero en esa numeralia del éxito se omite lo fundamental: el sistema ya cuenta con normas para perseguir el delito sin necesidad de rozar el abuso. ¿Por qué insistir en el atajo administrativo cuando existe el camino de la legalidad judicial?
El nudo gordiano de su argumento es semántico: dice que el congelamiento no es una sanción, sino una "medida cautelar". Un "paréntesis financiero", lo llama. Pero para un empresario que debe pagar nóminas o una familia que depende de sus ahorros, ese paréntesis no es un signo de puntuación; es un torniquete. La UIF sostiene que no vulnera la presunción de inocencia porque "no dicta sentencias". No obstante, al secuestrar el patrimonio antes de que un juez escuche al acusado, la condena se ejecuta de facto en el cajero automático.
El titular presenta a la institución como un guardián que busca estrangular las finanzas criminales. Pero mientras la facultad de bloquear cuentas siga en manos de la voluntad política y no de la balanza judicial, el "debido proceso" seguirá siendo una promesa de tinta. Demasiada fe en la burocracia para un país con memoria.
Sin embargo, sería injusto culpar solo al titular de la UIF. El verdadero giro dramático ocurrió en la Suprema Corte, que decidió retirar los "frenos de mano" de esta maquinaria. Es la Corte la que ha dejado al ciudadano a la intemperie.
Hay que recordar que estas facultades, nacidas en la era de Alberto Bazbaz - ex titular de la UIF en la época EPN_, no eran cheques en blanco. Antes, existían dos escudos fundamentales que hoy se desvanecen: el bloqueo solo procedía ante peticiones internacionales claras —no por sospechas difusas— y el ciudadano contaba con el amparo para liberar recursos vitales: medicinas, alimentos o la escuela de los hijos.
Hoy, esos escudos se han roto. La realidad es un "limbo" legal donde miles de cuentas permanecen congeladas sin que exista una denuncia formal ni el aval de un juez de control. Inmovilizar recursos sin dar paso inmediato a la justicia no es combatir el lavado de dinero; es fracturar la confianza en el sistema financiero y dejar al ciudadano en un estado de indefensión absoluta. Más que un blindaje, lo que han construido es una trampa.
Para la historia inmediata!
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