La Luna a cucharadas: el regreso a casa de un viaje histórico
Dice el poeta Sabines que la luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Pero hoy, mientras la cápsula Orión emprende su regreso a casa, nos damos cuenta de que la luna ya no es solo un sedante para los intoxicados de filosofía. Hoy es una dirección, un destino, un pedazo de roca que cuatro seres humanos han guardado en el bolsillo de su memoria para siempre.
Tras décadas de una nostalgia que nos pesaba en los pies, la misión Artemis II nos ha devuelto el cielo. No es solo el regreso de una nave; es el retorno del hombre a ese silencio absoluto donde —como dice Sabines— uno puede ser rico sin que nadie lo sepa. Christina Koch, Victor Glover, Reid Wiseman y Jeremy Hansen han habitado ese silencio. Durante cuarenta minutos, en el lado oscuro del satélite, estuvieron solos. Sin radio, sin Tierra, sin nosotros. Fue entonces cuando Koch nos regaló la dosis precisa de humanidad: "Siempre nos elegiremos los unos a los otros". Porque, al final, uno va tan lejos solo para confirmar que el verdadero milagro está aquí abajo.