21 mar 2026

La Primavera: un diálogo entre la piedra y el Espíritu

 La Primavera: un diálogo entre la piedra y el Espíritu

Ayer, con esa precisión milimétrica que rige al cosmos, a las 08:46 horas, la primavera reclamó su lugar. No llegó con la timidez de las lluvias, sino con la fuerza de una ola de calor que ya nos abraza, confirmando que el invierno finalmente ha cedido su trono al dominio del sol. Fue el equinoccio: ese instante de equilibrio perfecto donde, por un respiro, la luz y la sombra pesaron exactamente lo mismo.

Mientras la prisa seguía devorando las ciudades, en nuestras zonas arqueológicas el tiempo decidió detenerse. En Chichén Itzá, la serpiente volvió a descender por Kukulkán en ese diálogo eterno entre la astronomía maya y la piedra; mientras tanto, Teotihuacán se tiñó de blanco, un ritual de quienes buscan, entre el tumulto, una conexión real con la energía de la tierra.

La primavera siempre regresa para limpiarnos el corazón, como si fuera una fuente nueva. Me vienen a la mente los versos de la colombiana Maruja Vieira: “Para ti no hay tiempo ni tiene oscuros límites la tierra... siempre vuelves y siempre estoy aquí, llenándome de sueños como de lluvia un árbol”.

Pero seamos honestos: la primavera es también un espejo implacable. Nicolás Guillén lo sentenció con esa sabiduría cubana: “¿Quién le dijo que yo era risa siempre, como si fuera la primavera? No soy tanto”. Y es que, la neta, para florecer primero hay que haber resistido el frío. Por eso hoy no solo celebramos el sol, sino la persistencia de haber llegado hasta aquí.

Es el momento de recordar a Amado Nervo, quien transformaba la realidad en milagro al decir: “Al reventar el alba del día que me quieras... florecerán las místicas corolas de los lotos”. Hoy, todo parece volver a ser igual de puro. Que este inicio de estación sea ese "día que queremos", donde cada arrebol en el cielo sea un presagio de lo bueno.

Damos la bienvenida a un ciclo de luz e historia. ¡Bienvenida la primavera! Deo gratias... Y para acompañar este renacer, nada como cerrar los ojos con la interpretación de Vivaldi en el violín de la húngara Erzsébet Pozsgai. 

https://www.youtube.com/watch?v=nK0ltYwNoLw

O mejor aún, recitar a Guillén con esa canción que su paisano Pablo Milanés hizo eterna. Porque de qué callada manera se nos adentra la vida sonriendo, derramándonos en la camisa todas las flores de abril, recordándonos que aunque no seamos "risa siempre", hoy tenemos el privilegio de recibir esa rosa de un rosal principal.

Deo gratias..

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