El galope eterno: Zapata, de la tierra al mito
Un 10 de abril de 1919 —hace exactamente 107 años— el aire de Chinameca se espesó con la traición. Allí, con solo 39 años, cayó acribillado Emiliano Zapata. Pero su fuego no se apagó; rompió el tiempo para volverse símbolo. Décadas después, Pablo Neruda, quien llegó a México en 1940 a bordo del Rakuyo Maru, capturó esa esencia en su monumental Canto General.
Fue una obra gestada en la clandestinidad, ilustrada por Rivera y Siqueiros, y financiada por personajes como Lázaro Cárdenas y Picasso. Neruda, influenciado quizá por la investigación de Jesús Sotelo Inclán, no solo describió al hombre; lo fundió con el barro. En su poema, al compás de la música de Tata Nacho, Zapata deja de ser carne para ser "flor y fuego galopado", una respuesta visceral a los látigos de los antiguos amos.