El Bienestar que se impone con el dedo indice!
El guion en San José Chiapa estaba diseñado para la ovación. La Presidenta Sheinbaum llegó con la narrativa de la justicia social bajo el brazo: la condonación de 577 créditos del Fovissste. Ante el micrófono, defendía la medida contra las críticas de "populismo", argumentando que cinco millones de familias han vivido bajo la sombra de deudas injustas. "¿Cómo va a ser justo eso?", cuestionaba ella. Pero la ironía se encargó de responderle segundos después: la justicia de los números no siempre coincide con la justicia del territorio.
Mientras se entregaban departamentos de 62 metros cuadrados en el ambicioso marco de Ciudad Modelo, el murmullo de afuera rompió la burbuja. Unas 200 personas, con la piel curtida y pancartas que pedían agua y vida, no estaban ahí para agradecer el techo, sino para defender el suelo. Una planta recicladora de basura, el "vecino incómodo" del progreso, amenaza con instalarse a metros de sus camas.
El Choque de dos mundos
Gracias a la cobertura de Jorge Ricardo, enviado de Reforma, pudimos ver el choque frontal de dos realidades. Por un lado, la frialdad de la planificación estatal que, desde un escritorio, asegura que "todo está lejos". Por el otro, el testimonio desgarrador de una mujer que vive a 20 metros de la obra. No es una cifra estadística; son moscas, ratas y el olor de la basura a pasos de una primaria y un hospital. Para ellos, el Polo de Desarrollo Económico no huele a bienestar, huele a desecho.
El regaño: la intolerancia vestida de autoridad
Lo que siguió fue un despliegue de verticalismo que poco tiene que ver con la escucha circular. Lejos de la empatía que demanda una crisis comunitaria, la Presidenta optó por el reproche. Con el dedo índice apuntando, como quien amonesta a un niño indisciplinado, soltó la frase que marcó la jornada: "A pesar de que les dije que los iba a recibir, se manifestaron".
“Si me va a escuchar…me van a escuchar”, les dijo
Como si la protesta fuera un acto de mala educación y no un derecho constitucional. Como si su promesa de "recibirlos después" fuera moneda de cambio suficiente para que un pueblo ignore cómo le cavan un basurero frente a su puerta.
La falsa democracia de la mano alzada
El momento alcanzó tintes de autoritarismo escénico cuando la mandataria, en lugar de abrir el diálogo, sometió la protesta a una votación de plaza. ¿Quién vota porque se callen para que yo pueda hablar?, preguntó. Y claro, el coro de leales y los sectores movilizados por el gobernador cumplieron su función: alzaron la mano para silenciar al vecino.
Es una democracia de escenografía, donde se usa a la mayoría para aplastar la angustia de una minoría que se siente traicionada. Se votó por el silencio, pero el problema sigue ahí, tan cerca como esos 20 metros de distancia.
Lo más punzante es la decepción del propio. Poblanos que se dicen morenistas, que creen en el proyecto de nación, tuvieron que mirar a la cara al gobernador Alejandro Armenta y decirle: "Usted es un poco mentiroso".
La respuesta de Sheinbaum fue la estocada final a la esperanza de un consenso real: habrá asamblea, sí, pero "no es para votar, es solo para escuchar el proyecto". En otras palabras: el veredicto está dictado desde el centro, y la asamblea es solo el trámite para informar la imposición.
La crónica de Ricardo nos deja una lección amarga. El bienestar no se construye solo condonando deudas o entregando llaves de 62 metros cuadrados; se construye respetando la dignidad de quienes no quieren que su comunidad se convierta en el vertedero de Ciudad Modelo. En San José Chiapa, la presidenta demostró que su paciencia tiene un límite muy corto cuando el "pueblo sabio" deja de aplaudir y empieza a exigir. Les fue mal a los manifestantes en el mitin, pero le fue peor a la imagen de un gobierno que dice mandar obedeciendo, pero que termina regañando a quien no se alinea.
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