Tapalpa: El búnker que el dinero sucio construyó a plena vista
Por: Fred Alvarez
En el kilómetro 5.4 de la carretera Tapalpa-San Gabriel, el aroma a pino y la neblina de la Sierra de Jalisco suelen ser sinónimo de paz. Sin embargo, tras el reciente operativo donde fue abatido el líder del CJNG, esa misma zona se convirtió en el epicentro de una pregunta que quema: ¿Cómo es que un búnker criminal operó como destino turístico durante más de una década frente a los ojos del Estado?
Hoy, el paso está bloqueado por fuerzas federales. Pero la verdadera barrera no es el cerco militar de este domingo; es el muro de omisión institucional que permitió que este complejo de cabañas floreciera a pesar de todas las advertencias internacionales
.La cronología de una alerta ignorada
No se puede decir que no se sabía. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EU puso el dedo en el renglón desde hace once años. La ruta del dinero era pública y clara:
2015 (Sexenio de Peña Nieto): La OFAC boletinó a cinco empresas como fachadas de lavado para el CJNG. Entre ellas, con nombre y apellido: “Las Flores Cabañas”.
2020 (Administración de López Obrador): Un nuevo organigrama oficial de la OFAC identificó tres conjuntos habitacionales en la misma zona de Tapalpa como entidades financieras vinculadas a Los Cuinis.
Pese a estar en la "lista negra" global, el negocio no solo no cerró, sino que se dio el lujo de mutar. Cambió de nombre —primero a Cabañas La Loma en Renta y luego a Cabañas La Loma Tapalpa— para seguir operando, recibiendo huéspedes y, sobre todo, sirviendo de santuario para el mando del cártel.
El vacío de la autoridad: ¿Por qué no se investigó a fondo?
Aquí es donde el análisis se vuelve punzante. Si el foco rojo se encendió en 2015 y se reconfirmó en 2020, la pregunta para la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y la Fiscalía General de la República (FGR) es inevitable: ¿Por qué nunca se inició una investigación de oficio? La denuncia estaba ahí, servida por la OFAC; un hilo conductor que debió llevar, irremediablemente, a la extinción de dominio.
El operativo del pasado domingo no es solo una victoria táctica; es el recordatorio de un fracaso administrativo sistémico. Mientras los organigramas de la inteligencia extranjera circulaban en las oficinas de la Ciudad de México, en las montañas de Jalisco la realidad era otra: una zona de recreo familiar convertida en estructura de lavado y refugio de alta peligrosidad.
El costo de la omisión
Hoy, las cabañas de Tapalpa permanecen bajo custodia federal, pero el daño a la confianza ya está hecho. La justicia que llega con más de una década de retraso y tras un enfrentamiento armado no es prevención; es una respuesta tardía a una herida que se dejó crecer por voluntad o por descuido.
En México, parece que el dinero sucio no solo compra propiedades; también compra tiempo, impunidad y silencio.
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