Willkommen! Bienvenue! Welcome!: El Cabaret Judicial en Tenejapa
Decía Bob Fosse, a través de la voz aguardentosa de Joel Grey y la mirada eléctrica de Liza Minnelli, que la vida es un cabaret. En México, hemos llevado esa máxima a un nivel de especialización técnica: aquí la justicia no solo NO es ciega, sino que a veces parece una producción de Broadway con guion de carpa y presupuesto de superproducción.
Lo que atestiguamos este jueves en Tenejapa, en el corazón de los Altos de Chiapas, no fue una simple "sesión histórica" de la SCJN . Fue, en realidad, un despliegue de semiótica del poder; un show diseñado para la posteridad digital que terminó chocando de frente con la polvareda y el silencio de quienes habitan esas tierras.
Acto I: El vestuario y las camionetas "Machuchonas"
Por primera vez en 201 años, el Pleno abandonó la solemnidad de la calle Pino Suárez para salir a territorio. Pero la llegada no tuvo nada de franciscana. El estruendo de las "machuchonas" —esas GMC y Chevrolet blindadas que en las avenidas de la CDMX son paisaje, pero que en la marginación chiapaneca gritan "privilegio"— anunció el desembarco de la Corte.
Vino entonces el cambio de vestuario, ese rito de transmutación tan común en nuestra política: los ministros se enfundaron en jorongos, huipiles y recibieron bastones de mando.
Caminaron apenas dos cuadras como celebridades en una alfombra roja de tierra roja, envueltos en fibras tradicionales que contrastaban violentamente con el blindaje de sus vehículos, estacionados frente a la Iglesia de San Ildefonso.
Hubo una imagen que resumió la jornada: las camionetas de lujo, estorbosas y ajenas, terminaron sirviendo para dar sombra a algunos tzeltales y tzotziles que observaban el desfile. Un alivio momentáneo provocado, irónicamente, por el exceso del visitante.
Acto II: El guion de la "Carne y Hueso"
El Ministro Presidente, Hugo Aguilar, abrió el telón con una frase que buscaba el abrazo, pero que destilaba la distancia de quien se sabe observado: "Que ustedes vean que somos de carne y hueso, que pertenecemos al pueblo". A su lado, la retórica se encendía: Loretta Ortiz invocaba el fantasma de Juárez, mientras Lenia Batres aseguraba que esta vez los ministros no eran los perseguidos, sino los perseguidores del "sentido profundo" de Morelos y Pavón.
El discurso era impecable, sí, pero el escenario seguía siendo una carpa. Una estructura que, mientras hablaba de inclusión, aislaba a los togados de la verdadera "carne y hueso" que miraba desde las orillas, sin terminar de comprender por qué la justicia del país había viajado mil kilómetros para discutir, entre otras cosas, la charrería en Hidalgo.
Acto III: Charrería entre los Pinos
Tras dos horas y media de sesión, el balance alcanzó el clímax de lo absurdo. Mientras comunidades como La Candelaria aguardaban una señal, un reconocimiento a su autonomía o una respuesta a sus carencias estructurales, la Corte dedicó tiempo y energía a declarar constitucional a la charrería como patrimonio cultural de Hidalgo. Cruzar el país para debatir sobre los lienzos charros del centro en el corazón indígena del sur es, quizás, la definición más depurada de este cabaret judicial: una función espectacular, pero con un programa que nadie en la audiencia local había pedido.
El gran final: el acto de humildad
El cierre final..
Como en todo cierre de función, hubo un "estelar" para la prensa. Mientras las ministras Esquivel, Ortiz y Batres se acomodaban nuevamente en el clima controlado de sus blindadas para dejar atrás el polvo de Tenejapa, el Ministro Aguilar ejecutó su propio solo: se retiró en un discreto Aveo blanco.
No fue un descuido. Alguien de su equipo se encargó de susurrarle al oído a los reporteros presentes: "Se va a ir en un Aveo, ¿eh?". Era necesario que el gesto constara en el acta de la percepción pública, aunque el Aveo fuera seguido, a pocos metros, por el rugido de los motores de ocho cilindros.
"Leave your troubles outside! So, life is disappointing? Forget it!", cantaba Joel Grey en el Kit Kat Club.
Al terminar el show, la caravana de luces y sombras se llevó la justicia de regreso a la capital. En Tenejapa se quedaron los jorongos guardados para la próxima visita, el sol de mediodía quemando igual que siempre y la misma marginación que no entiende de puestas en escena.
El espectáculo debe continuar... pero el público sigue esperando que la obra, alguna vez, trate sobre ellos.
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