10 abr 2026

¡Zapata vive! Su galope sigue despertando a la historia.

El galope eterno: Zapata, de la tierra al mito

Un 10 de abril de 1919 —hace exactamente 107 años— el aire de Chinameca se espesó con el olor de la traición. Allí, con apenas 39 años, cayó acribillado Emiliano Zapata. Pero su fuego no se apagó; rompió las costuras del tiempo para transformarse en símbolo. Décadas después, Pablo Neruda capturó esa esencia en su Canto General. (poema XXVI); comparto este video en Youtube:

Retrato de Emiliano Zapata (Foto: AHUNAM)

 El galope eterno: Zapata, de la tierra al mito

Neruda, influenciado quizá por la minuciosa investigación de Jesús Sotelo Inclán, no se limitó a describir al hombre: lo fundió con el barro. En su poema, que late al compás de la música de Tata Nacho, Zapata deja de ser carne para volverse "flor y fuego galopado", una respuesta visceral al látigo de los antiguos amos.

Esa fuerza telúrica también conquistó la academia. En los años 60, John Womack Jr. le dio estatura global desde Harvard con su obra cumbre, Zapata y la Revolución Mexicana. Recuerdo bien mi visita a Womack en Massachusetts, allá por 1993; conversamos sobre ese hombre que prefirió la muerte a la deshonra. Pero, más allá de los anaqueles, el Caudillo vive en la memoria sensible.

Confieso que mi cercanía con el "Jefe del Sur" nació en las tablas. En los años 70, tuve el honor de interpretar a Zapata en Viento Sur, bajo la dirección del maestro Ignacio Retes. Esa experiencia me llevó a recorrer los caminos de Morelos con el grupo Mascarones, en compañía de amigos como Mario López Valdez (Malova) y María Luisa Miranda.

Allí, charlando con viejos zapatistas que todavía parecían respirar la pólvora del pasado - había muchos jaramillistas-,. la leyenda se hizo carne. Nos aseguraban, con la mirada clavada en el horizonte, que en las noches de plenilunio aún se escucha el galope del General sobre los cerros. Para ellos, Zapata nunca se fue; solo se hizo monte.

El cine, por supuesto, ha intentado atrapar esa mirada magnética. Desde el Hollywood de 1952 con Marlon Brando y Anthony Quinn en ¡Viva Zapata!, bajo la pluma de Steinbeck, hasta el esfuerzo nacional de Antonio Aguilar en los 70 y 80, donde exploró la amargura de la traición. Incluso Alfonso Arau, en 2004, intentó llevarlo al terreno del misticismo. Sin embargo, queda la sensación de que el cine sigue en deuda. Quizás porque la mejor película sobre Zapata no se ha filmado todavía... o quizás, porque se filma todos los días en el sur de México.

Hoy, Zapata es esa "semilla armada" que recorre el horizonte. Neruda, Womack y las voces de aquellos viejos soldados nos recuerdan que la patria no se espera sentado; se construye con el coraje de quien sabe que la tierra pertenece a quien la fecunda con sudor, pólvora y destino.

¡Zapata vive! Su galope sigue despertando a la historia.

Me tomaré un trago en su memoria…




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