10 abr 2026

El peso de la realidad ¿se impone…?

 El peso de la realidad ¿se impone…? Ojala.

Por: Fred Álvarez Palafox

La política suele definirse como el arte de lo posible, pero al ejercer el poder, se transforma en la urgencia de lo necesario para evitar el naufragio. Este jueves 9 de abril, en los salones de Palacio Nacional, fuimos testigos de algo más que una precisión técnica; asistimos —con el beneficio de la duda— al primer gran deslinde sustancial entre la narrativa heredada y la terca realidad operativa.

La presidenta Sheinbaum ha puesto sobre la mesa un término de resonancia académica: "yacimientos no convencionales". Es un eufemismo elegante, una fórmula científica para evitar pronunciar la palabra que el expresidente López Obrador elevó a la categoría de "frontera moral": el fracking.

Sin embargo, el cambio de terminología no oculta la intención. Al abrir esta puerta, la formación científica de la presidenta comienza a imponerse sobre la pureza del discurso militante. El dilema que enfrenta es de una crudeza humana total: o se mantiene el dogma y se profundiza la dependencia del gas de Texas, o se abraza la técnica para rescatar unas arcas públicas que ya muestran señales de agotamiento.

Con la frialdad de quien lee un diagnóstico clínico, Sheinbaum reconoció la vulnerabilidad del paciente: hoy importamos el 75% del gas que consumimos. Es, digámoslo claro, una soberanía de papel. Nuestra seguridad energética depende, literalmente, de que no caiga una helada en Estados Unidos para que no se apague la luz en México.

Ayer la pregunta quedó en el aire: ¿Qué otras opciones hay? La respuesta de la mandataria apuntó al gas de lutita —ese recurso rebelde que duerme bajo nuestros pies y cuya extracción exige romper con la tierra en lo ecológico y con el dogma en lo político—, pero lo hizo con un matiz protector. Aseguró que no se explotará bajo el modelo estadounidense, a menudo depredador, sino apelando a la vanguardia tecnológica.

Para ello, convocará a un "comité de sabios": expertos de la UNAM y el IPN en geología, geotermia y residuos, buscando validar métodos menos invasivos. Es una jugada audaz: el costo político de contradecir al fundador del movimiento -AMLO-, se diluye bajo el rigor del dato académico.

Sin embargo, las preguntas incómodas son inevitables y no se resuelven solo en el laboratorio:

¿De dónde saldrá el capital? Pemex opera bajo un estrés fiscal de infarto.

¿Se aceptará, finalmente, la inversión privada? La experiencia global dicta que, sin socios internacionales y tecnología de punta, ese gas permanece dormido bajo la roca.

Resulta paradójico —y hay que señalarlo con objetividad— que hayamos rechazado la extracción local por razones morales mientras importamos masivamente ese mismo gas del otro lado de la frontera. Es una contradicción ética y logística que Sheinbaum parece decidida a corregir. No quiere quedar a merced de los humores geopolíticos, especialmente ante el retorno de figuras como Donald Trump a la escena global.

El riesgo de la fractura

Estamos ante una redefinición del poder. Si en este periodo de estudios la presidenta logra concretar el proyecto, habrá corregido una de las decisiones más simbólicas de su antecesor. Pero el riesgo es absoluto: si paga el costo de la contradicción ideológica y, aun así, no logra extraer el gas por ineficiencia o falta de presupuesto, la herida política será profunda.

Ayer vimos a una mujer que ha decidido empezar a gobernar con la realidad en la mano. Ha dejado atrás la cómoda administración de la herencia para intentar construir, por fin, una viabilidad económica propia. Queda por ver si la ciencia es suficiente para sanar la fractura del dogma.

Para la historia inmediata!


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