Aunque
provenientes de dos naciones, pero unidas por el surrealismo y los sueños, las pintoras
Leonora Carrington y Remedios Varo se encontrarán una vez más a través de la
ficción en la obra Remedios para Leonora, de Estela Leñero Franco a partir del
miércoles 20 en el Teatro El Milagro.
Resultado
de un trabajo que incluyó una
investigación documental de las artistas e íconos del movimiento pictórico
surrealista, la pieza es dirigida por Gema Aparicio.
El
parteaguas de la puesta es la Carrington (1917-2011), quien en su lecho de
muerte busca entre sueños a su amiga Remedios Varo (1908-1963).
“Conocía
las obras de ambas, pero cuando me adentré en el estudio de sus vidas y la
amistad que tuvieron me inquietó la forma en que vivieron estas mujeres: en
total libertad creativa y personal, que rompieron con convencionalismos
sociales para dar espacio a la imaginación y plasmarlo, porque pienso que sólo con
esa libertad fueron capaces de hacerlo pictóricamente, eso fue lo que me llamó
la atención.
“Sus
trabajos en la pintura, sus experiencias de vida, y sus gustos esotéricos las
unió mucho, esa amistad y unión creativa fue lo que me llamó y alentó a hablar
de ellas con una visión lírica, esa fue mi búsqueda.”
Leñero
Franco explicó que Remedios para Leonora la realizó el año pasado con apoyo del
Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), y además de la
investigación se inspiró en algunos cuadros como Sastre de señoras (1957), El
Encuentro (1959) y Bordando el manto terrestre (1961), de Varo. Para Gema
Aparicio, quien ha dirigido las últimas cuatro creaciones de Leñero a través
del proyecto “Este lado del teatro” –Agua sangre, Lejos del corazón, Paisaje
interior norte/sur, y Antes de la caída–, la actual es un juego constante entre
los sueños:
“No
es una biografía ni teatro documental, no hablamos de sus vidas, es más cercana
a una cierta ficción e hipótesis que te hace preguntarte: Si fuera posible
encontrarnos con gente que ya murió o que ya no vemos, ¿qué le diríamos? Es mi
lectura del texto de Estela e independientemente a la travesía sobre la
amistad, pues las amistades perduran más allá de los años y los tiempos.
“De
esta manera el escenario se convierte en un espacio delimitado por un suelo que
semeja un octágono, una especie de isla dentro del escenario, y a partir de ahí
todo alrededor son los pasajes de la historia, donde todo es posible, y el
teatro es eso, justamente un lugar donde todo es posible.”
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