El peso de la historia
Treinta y dos años han pasado desde que el sonido de dos disparos en Lomas Taurinas cambió el rumbo de México. Para muchos, el caso Colosio era un libro cerrado con candados de acero; pero hoy, la justicia mexicana nos recuerda que en nuestra democracia no existen los puntos finales, solo los puntos y aparte.
El Octavo Tribunal Colegiado ha dado un giro de timón: la puerta para investigar la presunta tortura contra Mario Aburto Martínez se ha abierto de par en par. La narrativa del "asesino solitario" vuelve a estar bajo el microscopio, no por el crimen en sí, sino por los métodos utilizados para obtener esa verdad.
El revés al "carpetazo"
El camino hacia este momento ha sido tortuoso. Desde noviembre de 2023, la Fiscalía General de la República (FGR) intentó sepultar el tema, asegurando que no había pruebas de tortura en la detención y traslado de Aburto en 1994. Incluso en junio de 2025, la jueza segundo de Amparo Materia Penal en la Ciudad de México, Paloma Xiomara González negó el amparo a Aburto, calificando sus denuncias como "novedosas" e improcedentes.
Sin embargo, los magistrados Alberto Torres, Nelly Montealegre y Jorge Vázquez han dictado una sentencia unánime que cambia todo:
i) Se revoca el fallo anterior: El proceso estaba viciado;
ii) Vicios de forma: La jueza de distrito no notificó a los "terceros interesados" (los señalados como posibles responsables), violando el debido proceso, y; ahora
iii) La orden es reponer el procedimiento desde cero, obligando a la justicia a reconocer a quienes hoy deben dar la cara.
Y aquí está el quid...Lo que realmente sacude al país es quiénes son esos "terceros interesados". El Tribunal ha sido claro: figuras que definieron una época, como el expresidente Carlos Salinas de Gortari y el exgobernador Manlio Fabio Beltrones, deben ser notificados formalmente.
El Estado mexicano se enfrenta ahora al espejo de sus propias instituciones de los años noventa. La pregunta ya no es solo si Aburto disparó, sino si la verdad de aquel entonces fue construida con pruebas o con coacción, bajo amenazas y dolor, como él mismo denunció ante la CNDH.
Más allá de los tecnicismos y las jerarquías, lo que este fallo pone a prueba es nuestra capacidad para enfrentar nuestras heridas más profundas. ¿Estamos ante el inicio de una verdad histórica distinta o ante un nuevo laberinto jurídico?
Lo cierto es que, en el caso Colosio, el tiempo no ha traído olvido, sino nuevas preguntas que exigen, finalmente, respuestas claras. Porque una justicia que nace de la tortura, no es justicia; es solo silencio impuesto.
Voy a seguir con el tema…
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