13 abr 2026

Entre el olivo del Papa y el narcisismo del Poder (Trump)

 Entre el olivo del Papa y el narcisismo del Poder (Trump)

El cielo sobre el Mediterráneo no solo sostiene hoy, lunes 13 de abril, el fuselaje de un avión; sostiene un símbolo en movimiento que desafía la gravedad del cinismo contemporáneo. Mientras León XIV surca el espacio rumbo a Argelia, la atmósfera se percibe distinta. No es solo la mística de San Agustín lo que gravita en el aire; es también el eco estridente que viaja desde Washington, cargado de una retórica diseñada para la descalificación.

Comentario en la red.: https://www.youtube.com/watch?v=IjspUa3YMAo

Newly elected Pope Leo XIV, Robert Prevost addresses the crowd from the main central loggia balcony of the St Peter's Basilica for the first time,...

Donald Trump, atrapado en su propia narrativa de confrontación, ha volcado en sus redes una serie de epítetos contra el Pontífice, calificándolo de "débil", "nefasto" y "pésimo en política exterior". Sin embargo, el rasgo más revelador de su postura es la pretensión de propiedad: el intento de atribuirse el mérito de la elección del primer Papa estadounidense. Al sugerir que "si él no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano", Trump intenta someter la milenaria liturgia de la Iglesia a la lógica de un favor político.

En un giro que raya en el surrealismo dinástico, Trump ha llegado a comparar al Pontífice con el otrora Cardenal Louis Prevost: "Me cae mucho mejor su hermano Louis que él, porque Louis es todo MAGA", afirmó en alusión al movimiento que lo define. Para el expresidente, la fe y la geopolítica se reducen a una cuestión de lealtades personales: "Louis  (el c. norteamericano) lo entiende, León no".

Pero a diez mil metros de altura, la respuesta del Pontífice posee la nitidez del diamante: "No soy un político, hablo del Evangelio". Es una cátedra de identidad frente a la vanidad de un mesianismo de claroscuros que pretende reducir lo sagrado a la volatilidad de una encuesta.

Memoria periodística: La lección de Francisco

Estas palabras me remiten inevitablemente a 2016, cuando el Papa Francisco concluyó su visita a México. Recuerdo comentarlo entonces para CNN en Español: aquel vuelo desde Ciudad Juárez donde el Papa, sin necesidad de personalizar, desmanteló el discurso del odio con una sentencia lapidaria: "Quien solo piensa en muros y no en puentes, no es cristiano".

Comparto la entrevista: https://cnnespanol.cnn.com/video/cnnee-panorama-intvw-fred-alvarez-papa-francisco-trump

La reacción de Trump fue la predecible furia del narcisismo herido, calificando las palabras del Sucesor de Pedro como una "desgracia". No obstante, el Pontífice dio una lección de altura: no bajó al ring ni llamó a votar en su contra; pudo haberlo hecho, pero comprendió que su papel no era el de un actor electoral. Se mantuvo en su cancha, la del Evangelio, ese territorio que el poder político nunca termina de comprender porque, sencillamente, no sabe cómo comprarlo.

La guerra de los símbolos: ¿Paz o mercancía?

Esa resistencia pacífica tuvo su clímax en mayo de 2017. Relaté para l web La Silla Rota, bajo la dirección de Roberto Rock, aquel encuentro de apenas 30 minutos en el Palacio Apostólico; un parpadeo de formalidad frente a la eternidad de la institución. Mientras el séquito de Melania e Ivanka se ajustaba al protocolo del velo negro, el verdadero choque fue simbólico y conceptual.

https://lasillarota.com/opinion/columnas/2017/5/25/encuentro-entre-cristianos-trump-el-papa-francisco-338291.html

Trump entregó libros de Martin Luther King —un gesto irónico dada su propia retórica—, pero el Papa jesuita respondió con un mensaje de calado profundo: un medallón con un olivo que intenta unir ramas separadas por una grieta. Fue entonces cuando Trump soltó una frase que aún estremece por su vacuidad: "Podemos usar la paz". Ahí quedó al descubierto su cosmovisión: la paz no como un estado del alma, sino como un activo transaccional.

La rama que el Pastor no suelta

Es inevitable recordar a Yasser Arafat ante la ONU en 1974 —hace ya 52 años—, pidiendo que no dejaran caer la rama de olivo de su mano mientras en la otra sostenía el fusil. Pero la naturaleza de este liderazgo es distinta. Francisco, y ahora León XIV, no sostienen armas; su fuerza reside en la verdad incómoda de las Bienaventuranzas.

Hoy, la historia se repite. Mientras Trump mide su relevancia en arsenales y presiones digitales, el Papa la mide en la solidez de los puentes que construye. Al afirmar que "no teme a la administración Trump", el Pontífice ejerce la libertad soberana de quien no necesita de una urna para validar su existencia.

El eco del "Cristo digital"

Al final, el estrépito de las redes se disolverá como humo. Sin embargo, este lunes quedó marcada una nueva frontera: Trump compartió una imagen generada por IA donde aparecía caracterizado como Jesucristo. Aunque la publicación fue eliminada tras encender debates en todo el mundo, en la era de la captura de pantalla el eco de este "Cristo digital" se ha vuelto indeleble.

Queda en el aire una pregunta sobre los límites de la identidad política y el uso de la tecnología para desafiar a las instituciones más antiguas del mundo. Para la historia inmediata, la lección es clara: el estruendo de la soberbia pasa, el "Cristo de silicio" se borra, pero el gesto del pastor que no se desvía de su ruta permanece. Porque frente al cinismo del poder, siempre existe una "mejor manera".

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