La memoria se busca bajo la tierra
Por: Fred Alvarez Palafox
"Lo que no se nombra, no existe". Esa premisa, tan antigua como el lenguaje mismo, dejó de ser teoría para convertirse en un grito de resistencia. Ayer domingo, mientras México se volcaba en el ritual del 10 de mayo, las calles de la capital y de tantas otras ciudades no olían a flores, sino a una realidad punzante que ningún festejo pudo maquillar.
En la Décimo Cuarta Marcha por la Dignidad Nacional, el Monumento a la Madre y el Ángel de la Independencia dejaron de ser hitos de piedra y bronce. Se transformaron en piel y llanto; en un foro donde decenas de colectivos le recordaron al Estado una cifra que asfixia el pecho: para ellas no hay "día de las madres" mientras falten 133,910 personas. En sus pechos no colgaban medallas, sino las fichas de búsqueda de hijos que el tiempo se niega a devolver.