Memoria contra el abismo: la herida viva de Jorge Fernández Menéndez
Para mi amigo Jorge Fernández Menéndez…
Leer hoy las "Razones" de Jorge Fernández Menéndez es mucho más que un ejercicio periodístico; es asomarse a una herida que, aunque cicatrizada por el tiempo y el generoso asilo de este México nuestro, sigue enviando señales de alerta que no podemos —ni debemos— ignorar. A medio siglo de aquel fatídico golpe en Argentina, cuando la bota militar de Videla derrocó a María Estela Martínez de Perón, Jorge no nos entrega una columna: nos entrega un pedazo de vida.
Me conmueve esa dimensión personal que hoy plasma, y que tuve la fortuna de escucharle de viva voz hace años: el exilio. Ese auténtico desgarro del alma que encontró en nuestras tierras el abono para florecer de nuevo. Aquí, en esta casa que siempre abre los brazos, Jorge halló el cobijo de amigos entrañables como Vicente Bárcena, figura clave en ese proceso de sanación que permitió a tantos volver a echar raíces en la libertad.
Más allá del afecto por Jorge, destaco la lucidez de su diagnóstico: la paz no se construye sobre el olvido, sino sobre la columna vertebral de la justicia. Me resulta particularmente entrañable su evocación del Papa Francisco en aquella charla entrevista de 2024 en casa Santa Marta, donde Jorge estuvo acompañado por su hija Anna, su esposa y Bibiana Belsasso,.
Coincido plenamente con esa visión que compartieron bajo el cielo del Vaticano: el perdón puede ser un acto íntimo, pero la memoria es un patrimonio social irrenunciable. Cuando el tejido social se rompe y la ternura se ausenta —como bien señaló Bergoglio antes de partir—, el terreno queda fértil para el sicario y la violencia. Sin memoria, el abismo siempre acecha a la vuelta de la esquina.
Una advertencia para nuestro México
Jorge es directo al contrastar las tragedias del Cono Sur con nuestra propia historia. Si bien México se salvó de las dictaduras militares del siglo pasado, hoy nos sacude el hombro con firmeza. El autoritarismo y la polarización que asoman en nuestro horizonte no son juegos retóricos; son grietas. Y si esas grietas se profundizan con la mentira y la impunidad, pueden conducirnos a abismos que creíamos ajenos.
"No lo permitamos jamás", concluye Jorge. Y tiene razón. La libertad y la democracia en nuestro país no son estaciones de llegada, sino procesos vivos que debemos defender cada mañana, con la pluma en la mano y la memoria despierta.
Un abrazo fuerte a Jorge y a su hija Anna. Mi recuerdo también para Ana María Careaga y, muy especialmente, para Doña Esther Ballestrino, esa mujer inmensa y fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, suegra de Jorge. Porque, al final del día, recordar no es solo mirar atrás; es la única forma de cuidar el mañana.
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