El León no es como lo pintan: un desencuentro con la realidad
La tarde del sábado en Tenango de Doria, Hidalgo, la neblina bajaba por la sierra con el mismo peso que la impaciencia de sus habitantes. Lo que debía ser un acto protocolario —una revisión de cuentas tras los deslaves que en octubre enlutaron la región— terminó convirtiéndose en un careo crudo entre la estadística oficial y la carencia a ras de suelo.
La Presidenta Sheinbaum subió al podio con el método de las frases remachadas durante años. Con esa inercia discursiva que marca su agenda, hizo alarde de una de sus apuestas principales: las visitas médicas domiciliarias para mayores de 65 años. Con la confianza de quien confunde el reporte con la realidad, lanzó una pregunta a la concurrencia, esperando una confirmación que nunca llegó: quería saber si ya habían recibido a los enfermeros en sus casas.
Lo que recibió fue un silencio de estupor, roto de inmediato por una negativa unánime. El programa, que en las láminas de Palacio se proyecta como un éxito rotundo, no ha cruzado aún el umbral de esas puertas serranas. En ese aire cargado de la humedad de una tierra que todavía busca a ocho desaparecidos, el ambiente se espesó con un grito: "¡No hay doctores, no hay medicamentos!".
Un hombre mayor, sentado en la zona de invitados especiales —un lugar que sugería una lealtad probada al movimiento de la 4T—, fue quien rompió el protocolo. Su reclamo fue una estocada a la narrativa oficial. Con la voz de quien conoce la urgencia, denunció que la salud en el municipio pende de un solo médico y que las farmacias son apenas estantes vacíos. "¡En fin de semana solamente hay un doctor!", clamaba, mientras cientos de voces le hacían eco.
La reacción de la mandataria transitó de la incredulidad a una refutación que rozó lo brusco. Ante la evidencia de la falta de insumos, su primer reflejo fue el escepticismo defensivo: "No... sí hay medicamentos", afirmó. Intentó matizar asegurando que, en otras ocasiones, al revisar personalmente los centros de salud, los insumos aparecían mágicamente tras haber llegado apenas "unos días antes". Pero en Tenango, la realidad no aceptó matices. Parecía que, para la Presidenta, si los reportes semanales decían que el problema estaba resuelto, cualquier testimonio en contra era, por definición, una falsedad.
Decidida a demostrar que la escasez era un malentendido, Sheinbaum alteró su agenda y se dirigió al hospital local. Fueron diez minutos de un recorrido tenso donde, paradójicamente, el propio personal médico se sumó al coro de reclamos de la población. Al salir, el diagnóstico oficial intentó salvar la cara a la gestión con una salida técnica: se admitió un 80% de abasto, atribuyendo el 20% faltante a una "falla del proveedor". El culpable, entonces, es un tercero; una narrativa que parece repetirse sistemáticamente en cada rincón del país.
Se prometió una solución para el lunes -hoy-, y se ofreció, como paliativo, la posibilidad de guardias permanentes en el futuro. Sin embargo, mientras la comitiva se preparaba para partir entre los caminos aún heridos por la vaguada, la sensación era agridulce. Los pobladores se quedaron con una promesa para el lunes, pero con la misma incertidumbre que los acompaña cada domingo.
Como sentenció un hombre al cerrar el encuentro: "El león no es como lo pintan". En las montañas de Hidalgo, la brecha entre la "política de las láminas" y la vida cotidiana sigue siendo un abismo que ninguna frase ensayada ha logrado cerrar. La visita terminó con la imagen de una autoridad intentando cuadrar sus cifras frente a una comunidad que no busca estadísticas, sino la certeza de que no morirá esperando a un médico que nunca llega.
Las crónicas e imágenes del reportero Jorge Ricardo, de Reforma, no solo son elocuentes: son el espejo de un país que se niega a ser domesticado por otros datos.
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