¿El ocaso de un imperio? Donde la sangre se vuelve tinta
Tehuacán no es solo tierra de aguas minerales; es también el escenario de una tragedia griega que suma ya diecisiete años. El pasado jueves 9 de abril, la historia de la familia de la extinta empresaria Socorro Romero Sánchez sumó un capítulo sombrío: la detención de su sobrina, Estela Romero Bringas, de 85 años, y del notario Ramiro Rodríguez. Lo que inició como el legado de una filántropa pionera de la industria avícola, se ha transformado en un laberinto judicial valuado en unos 600 millones de dólares. Una fortuna que, lejos de dar descanso a su memoria, ha desatado una guerra civil entre herederos.

El epicentro de la tormenta se sitúa en una habitación de hospital, apenas 48 horas antes de que la vida de "Socorrito" se apagara en diciembre de 2009. Allí, en el umbral de la eternidad, se gestó el documento que hoy es un campo de batalla. La frialdad de los hechos arroja una contradicción dolorosa: por un lado, el papel que nombra a Estela Romero Bringas como heredera universal, una decisión lógica para quienes vieron en ella a la sobrina predilecta que compartió techo y vida con la señorita hasta su último aliento.
Por el otro, emerge la voz del médico de cabecera, quien sostiene que la empresaria habitaba ya el limbo de la inconsciencia diez días antes de partir. Sin embargo, en esta penumbra surge un testimonio de fe que desafía el diagnóstico clínico: el del sacerdote Juan Antonio Pérez Cortés. El clérigo asegura haber visto a una mujer lúcida durante la extremaunción, entregando su alma con una paz que solo la claridad de conciencia permite.
El imperio frente al espejo
Pero esa paz espiritual no logró cruzar el umbral de la alcoba mortuoria. Al otro lado de la puerta, la serenidad se desintegró para dar paso a un juego de sombras donde las lealtades se astillaron. En este tablero de afectos rotos, el imperio que nació en una granja en 1948 —levantado grano a grano— hoy corre el riesgo de ser desmantelado por la misma sangre que debería custodiarlo.
La irrupción de Olga Lucía Romero García-Crespo cambió radicalmente la naturaleza del conflicto. Su figura añade una dimensión que desborda lo privado: como dirigente estatal de Morena y aspirante a la alcaldía de Tehuacán, sitúa el reclamo de nulidad en la arena del poder público. Ya no es solo una disputa familiar; es una tormenta perfecta donde el agravio personal se nutre del peso del Estado. La reciente detención de Estela y del notario, bajo la acusación de fraude genérico por una presunta firma apócrifa, marca el clímax de esta ofensiva. Es una escena desoladora: la fe contra la estrategia, y los lazos de sangre reemplazados por folios judiciales.
Un conflicto que desborda la alcoba
Este drama dejó de ser un asunto de puertas para adentro. El equilibrio se desmoronó tras la muerte, el 7 de mayo de 2023, de Alfonso Celis Romero, hijo de Estela y pilar en la defensa del grupo empresarial. Su partida dejó un vacío que la ambición no tardó en reclamar. Para octubre de 2025, el conflicto alcanzó niveles insospechados con la detención de Miguel Ángel Celis —hermano de Alfonso— bajo cargos interpuestos por su propia familia.
Hoy, el apellido Romero Sánchez resuena tanto en tribunales como en protestas sociales. Las controversias ambientales de la empresa Colorado Ecoterra han sumado una tensión peligrosa en San Marcos Necoxtla por la disputa del agua. La herencia de Socorro ya no es solo capital; es estabilidad regional en vilo.
Mientras Estela Romero y el notario enfrentan hoy un arraigo domiciliario, el imperio de seis décadas se desdibuja. Es una lección amarga: el éxito de una vida puede quedar reducido a un frío expediente cuando la gratitud se rinde ante la táctica. Queda, sin embargo, esa imagen del padre Pérez Cortés: Socorrito marchando en paz, ajena al estrépito de las espadas que, apenas cerrada su puerta, comenzaron a desenvainarse en su nombre.
In Memoriam: La historia de Socorro Romero Sánchez
Hace cinco años, al cumplirse el duodécimo aniversario de su partida, realicé un reportaje extenso titulado "In Memoriam: La historia de Socorro Romero Sánchez" ( se puede ver dandole link). En aquel entonces, la definí como una empresaria impulsada por su fe. Al retomar su historia hoy, confirmo que su presencia no se ha desvanecido; Socorrito vive en el corazón de Tehuacán, en sus obras y en un legado que persiste sobre el fango de los tribunales.
A la distancia, percibo en ella virtudes que en un futuro bien podrían atraer la atención de la Santa Sede. Quizá, tras el escrutinio de teólogos y una rigurosa investigación, su nombre pueda alcanzar la categoría de Sierva de Dios. Dejo ahí esa inquietud, mientras el tiempo y la Iglesia dictan su veredicto.
¿Quién fue la "señorita Socorrito"?
Oriunda de Tonalá, Oaxaca, pero tehuacanera por elección, Socorro Romero es ya inseparable de la identidad poblana. Su trayectoria comenzó en 1948 con una modesta granja; con el tiempo, erigió un imperio que culminó en la sociedad SRS. Fue una rara avis: una mujer de visión futurista y generosidad inagotable que mantenía a su familia unida y conocía por su nombre a cada trabajador.
Su apoyo fue el pilar de instituciones educativas, centros para niñas en vulnerabilidad —como el centro María Goretti— y la construcción de la Casa Lago de Guadalupe (sede de la CEM). Incluso el patrimonio arquitectónico de Tehuacán le debe su restauración tras los sismos de 1999.
Entre Papas y Presidentes
Socorrito fue interlocutora de figuras poderosas, pero nunca perdió la sencillez. Fue bendecida por Pontífices, incluyendo a Juan Pablo II, y consultada por presidentes de la República que buscaban su sabiduría serena. El reconocimiento civil fue unánime: desde la presea "Carmen Serdán" hasta la medalla al Mérito a la Mujer Empresaria que, en un caso excepcional, lleva su propio nombre.
A los 93 años, con la lucidez intacta, partió en paz. Hoy, mientras los tribunales bullen, la Fundación Socorro y Francisca Romero Sánchez intenta mantener viva esa llama. Seguramente la academia seguirá escudriñando su vida, pero yo me quedo con esa sospecha de santidad y con los versos de Rafael Alberti que parecen describir su paso por este mundo:
"Tú sabes bien que en mí no muere la esperanza, que los años en mí no son hojas, son flores, que nunca soy pasado, sino siempre futuro..."
El retrato es propiedad de la familia, y fue pintado por su amigo el maestro Armando Ortíz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario