3 abr 2026

El trono galáctico y el abismo terrenal

El trono galáctico y el abismo terrenal

"Nada te prepara para una emoción así", confesaba la astronauta Christina Koch desde la estrecha cabina de la nave Orion. Pero, como bien señala el escritor Iñaki Ezkerra en El Correo, la verdadera frontera que cruzamos este miércoles con el despegue de la Artemis II no es solo la órbita terrestre, sino la de la dignidad fisiológica. Tras décadas de héroes espaciales lidiando con bolsas y precariedades indignas, la ciencia les ha regalado un inodoro, un WC. Un pequeño paso para el hombre, pero un salto... mucho más limpio para la humanidad.

Resulta reconfortante, y a la vez de un vértigo absoluto, pensar en esa distancia: mientras ingenieros brillantes diseñan la tecnología para que cuatro viajeros realicen sus necesidades sobre nosotros con una comodidad nunca vista, aquí abajo, el mundo sigue en manos de tipos con poder delirante. Es el abismo de nuestro tiempo: una sociedad civil capaz de tocar las estrellas y de operar corazones durante doce horas, pero gobernada por personajes que hablan de misiles y "daños colaterales" con la ligereza de quien cierra un negocio inmobiliario.

Incluso en la perfección técnica hay fallas humanas. Al salir de la órbita, el flamante inodoro dio problemas, y fue la propia Koch quien, entre risas, se autoproclamó "fontanera espacial" para solucionarlo. Es una imagen poderosa, la misma mujer que el lunes batirá récords al cruzar la cara oculta de la Luna —a más de 384 mil kilómetros de distancia— tiene que lidiar con lo más básico. Este "trono igualitario" nos recuerda que existe una humanidad evolucionada, aunque tristemente administrada por descerebrados.

Sin vuelta atrás

A estas horas, la Orion se mueve bajo las leyes implacables de la mecánica orbital. Una vez iniciado el impulso hacia la Luna, no hay frenos ni vuelta atrás; están entregados a la física y a su propia templanza. Mientras ellos buscan "alivio" en el cosmos, nosotros buscamos cordura en la Tierra. Al final, esta misión nos devuelve a lo que somos: seres humanos buscando progreso en medio del caos. Como dice Ezkerra, mientras unos siembran el terror desde sus despachos, hay otros capaces de poner, entre las estrellas, un rollo de papel higiénico. Un salto limpio hacia el futuro.

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