VIDEO: El vaso medio lleno de la rectificación obligada
Algo se movió hoy en el tablero político. Fue un estruendo discreto, pero cargado de simbolismo. En la "mañanera" de este jueves, la Presidenta anunció una apertura al diálogo con Naciones Unidas sobre ese abismo doloroso que son las desapariciones en México. No es un simple ajuste de agenda; es el reconocimiento implícito de que la herida del país es demasiado profunda para pretender sanarla desde el aislamiento del despacho.
Tal como sucedió en su momento con el fracking, parece que a la Mandataria le empieza a "caer el veinte": en derechos humanos, rectificar no es síntoma de debilidad, sino un acto de realismo elemental. Hay que llamar a las cosas por su nombre: a la Presidenta la malaconsejaron. Inicialmente, su entorno le vendió una narrativa distorsionada, sugiriendo que el Comité contra la Desaparición Forzada buscaba solo "golpear" al gobierno. De ese error de lectura nació el rechazo visceral de hace unos días; de la sensatez nace la apertura de hoy.
Pero hay que precisar los matices. Aunque se busca ahora la interlocución con Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU, él no tiene jerarquía directa sobre el Comité que emitió el informe incómodo. Son instancias distintas. Sin embargo, el cambio de tono es rescatable: pasar del portazo tajante a un "no cerramos la comunicación" es tender un puente necesario, aunque el destinatario en los pasillos de Ginebra no sea exactamente el mismo.
La Presidenta confirmó que recibirá a Türk la próxima semana para "exponer acciones" y "al mismo tiempo, recibir sus opiniones y ver de qué manera se puede colaborar para atender a las víctimas, que es lo más importante, y erradicar el delito de la desaparición vinculada con grupos delincuenciales."
El discurso oficial insiste en que las desapariciones son obra casi exclusiva del crimen organizado, pero esa es una verdad a medias. El gran reto de la ONU será contrastar esa visión con la realidad de las fiscalías y esa impunidad estructural que asfixia la justicia.
En el laberinto de la violencia que no cesa, nombres como el de Jeshua o el del adolescente de 14 años desaparecido en Guanajuato junto a su padre, no son solo expedientes; son el rostro de una herida abierta que ya alcanzó los escritorios internacionales. La promesa gubernamental de una atención "urgente e inmediata" será puesta a prueba bajo el escrutinio externo.
Para las familias, para las madres buscadoras que han convertido el dolor en resistencia, la soberanía no debe ser un escudo contra la crítica, sino la garantía de que el Estado protege a los suyos. El apoyo no se mide en "buena disposición" ni en minutas de reuniones; se mide en hallazgos.
La visita de la próxima semana será el termómetro definitivo. Sabremos si hay una apertura real o si es un ejercicio de relaciones públicas para matizar un informe incómodo. Por ahora, nos quedamos con el cambio de señal. Como dice la canción: "todo cambia", y es positivo que la cerrazón ceda el paso a la escucha. Porque la justicia, al igual que nuestros desaparecidos, ya no puede seguir esperando en el banquillo de la política mientras el tiempo, simplemente, se desvanece.
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