La residencia en Londres: ¿Paternidad o Privilegio?
Le guardo aprecio a Marcelo Ebrard; me parece, sin duda, el cuadro más sólido y capaz dentro de Morena. Sin embargo, su reciente admisión sobre la estancia de su hijo en la Embajada de México en el Reino Unido durante 2021 nos sitúa ante un dilema eterno: ¿dónde termina la protección legítima de un padre y dónde comienza el privilegio del alto funcionario?
Desde la óptica de Ebrard, el acto nace de una humanidad que parece incuestionable. Debemos volver a ese 2021: un mundo herido por la pandemia, con fronteras que se cerraban como persianas y un miedo latente a lo desconocido. En aquel entonces, el Canciller estaba volcado en la titánica tarea de conseguir vacunas para México. Bajo esa presión asfixiante, cualquier padre buscaría el puerto más seguro para los suyos.
Ebrard apela a la "procuración" y a la hospitalidad de la exembajadora Josefa González Blanco, quien ofreció cuidar al joven "como a un hijo". Visto así, no hay dolo, sino un refugio en medio de la tempestad global. Es la narrativa del padre preocupado; una historia emocionalmente poderosa, pero institucionalmente frágil.
La zona gris del poder
La objetividad, sin embargo, nos obliga a mirar el reverso de la moneda. Una embajada no es una casa de huéspedes ni una extensión del patrimonio privado; es territorio soberano sostenido por el esfuerzo de los contribuyentes.
Aquí surge el punto de fricción: Londres es una de las capitales más costosas del planeta. Para cualquier familia mexicana, costear medio año de vida allá es un horizonte inalcanzable. Por ello, el uso de la sede diplomática como residencia constituye un beneficio derivado exclusivamente del cargo. Aunque se niegue el desembolso de recursos públicos extra, la ética política advierte un "tráfico de influencias pasivo": el ofrecimiento de una subordinada a su jefe directo crea una zona gris que la transparencia no puede ignorar.
El Secretario califica las críticas periodísticas como "mezquindad". Es verdad que la familia suele ser terreno sagrado, pero en una democracia, cuando los beneficios privados emanan de una posición pública, el escrutinio no es un agravio personal: es una obligación ciudadana.
Bien por el periodista!
En un gobierno que ha hecho de la Austeridad Republicana su máxima bandera, la distinción entre lo legal y lo éticamente impecable es la única vara de medir. Este episodio no trata solo de un hospedaje; trata de entender que, en el servicio público, hasta los gestos más humanos deben pasar por el tamiz de la equidad.
Té para todos en Belgrave Square
Lo más desconcertante es que la exclusividad de Belgrave Square no solo acogió a Patrick Ebrard. La hospitalidad de la embajadora González Blanco resultó ser tan elástica que alcanzó incluso al hijo de Jimmy Page, el legendario guitarrista de Led Zeppelin.
Lo que para la diplomacia se disfraza de "cortesía", para el ciudadano de a pie es un uso discrecional de recursos públicos en favor de particulares. Al final, parece que en Londres la austeridad se quedó esperando afuera, bajo la lluvia, mientras adentro se servía el té con cargo al erario. En esta diplomacia de los afectos, el vaso siempre parece estar lleno, pero casi siempre se llena con el dinero de los demás.Buenos días. Karina Aguilar, de Diario 24 Horas.
Mañanera:
PREGUNTA: Presidenta, ¿sería posible que yo le pudiera preguntar al secretario Marcelo Ebrard si nos pudiera explicar o aclarar toda esta situación que se ha generado en torno a la estancia de su hijo en Reino Unido?, si ¿es verdad que se hospedó, estuvo 6 meses en la Embajada mexicana?, ¿y cómo estuvo participando?, por favor.
CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: ―¿Quieres comentarlo?―.
MARCELO EBRARD CASAUBON: Sí, muchas gracias.
Bueno, yo te diría lo siguiente:
En el año 2021, recuerdo el momento porque estábamos en lo de la pandemia, yo estaba muy atareado con el tema de traer a México las vacunas. Esa era, entonces, mi prioridad como canciller y de toda la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Tuve una conversación con Josefa, quien había sido designada embajadora, y le dije: “oye, va a estar por allá mi hijo porque quiere hacer unos estudios”.
Yo tengo muchas reservas, porque estábamos en plena pandemia.
Y me dijo: “mándamelo a la residencia y lo trato como un hijo; cuando menos, el tiempo que sea indispensable”.
Y le dije: “bueno, déjame le consulto a mi hijo y veo si sí”.
No estaba yo muy convencido de que fuera, pero mi hijo quería ir para tomar unos cursos. Él estudió Psicología y Medicina, y le interesa mucho la neurociencia.
Entonces, me dijo: “papá, si no voy, pues voy a perder esa oportunidad”.
Esa es la génesis.
Le agradecí muchísimo y hasta ahora, se lo agradezco muchísimo a Josefa.
Mi hijo llegó allá y estuvo aproximadamente 6 meses.
Decidió regresarse. ¿Por qué razón? Porque las clases eran por Zoom, había restricciones de todo tipo. Y me dijo: “papá, ¿para qué me quedo a estudiar?”. Él quería quedarse más tiempo. Y se regresó.
No veo en ello ningún abuso de mi parte, salvo la preocupación de un papá por un hijo.
No usamos ningún recurso indebidamente.
Mi hijo organizó una exposición allá, porque me dijo: “Hay un problema, yo estoy enclaustrado prácticamente, igual que la embajadora y todo el mundo, y hay un problema de salud mental en la comunidad”.
Entonces organizaron una exposición para que la gente pudiera exponer, principalmente pinturas o dibujos, de su experiencia durante la pandemia, es lo que él organizó. No su obra.
Que yo sepa, su conducta fue y siempre ha sido intachable.
Sí veo mucha mezquindad en ese tipo de notas, porque las personas que lo promueven saben perfectamente bien la entrega de toda la Cancillería mexicana y, para empezar, de tu servidor: por traer a México el equipo, las vacunas, y en ello, participó toda la Cancillería mexicana.
Y mi hijo lo único que quiso hacer fue contribuir con esa exposición a que nuestra comunidad estuviera mejor en Londres.
Es lo que te puedo decir.
Si algo se me puede recriminar es que, como padre, me haya preocupado la salud de mi hijo estando en un país extranjero y haberle aceptado a Josefa ―que se lo agradezco mucho, hasta la fecha― que lo trató como un hijo y lo alojó como si fuera de su familia.
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