La atmósfera
En la política de Washington, la lealtad suele ser un plato que se sirve frío y se retira sin previo aviso. Anoche, mientras el mundo miraba el podio presidencial, en las sombras del Despacho Oval se consumaba una ejecución política: Donald Trump fulminaba a su Fiscal General, Pam Bondi. Dicen las crónicas de pasillo - Daily Mail-. , que, mientras ella aún suplicaba por un poco más de tiempo en el cargo, el Presidente ya caminaba hacia el micrófono para anunciar que su tiempo se había agotado.
"¿Qué pasó con la 'gran patriota' y 'amiga leal', como la llamó Trump en su red Truth Social?
La respuesta es simple: en el ajedrez del poder actual, no basta con ser leal, hay que ser útil para la batalla. A Bondi le pesaron dos losas: primero, su supuesta tibieza para llevar al banquillo a los enemigos políticos del mandatario —esos nombres que Trump tiene anotados en su lista de agravios desde 2021—; y segundo, el fantasma de Jeffrey Epstein, un expediente que no deja de perseguirla y que ya le costó un citatorio del Congreso.
Trump no se anda con rodeos. Mientras despacha a Bondi al sector privado con un agradecimiento de redes sociales, coloca en su lugar a Todd Blanche. No es un nombre cualquiera: es el abogado que lo defendió en sus horas más bajas, un hombre que conoce sus secretos y sus batallas legales. Es, en pocas palabras, el paso de una fiscal 'institucional' a un 'fiscal de trinchera'.
Desde su regreso al poder en enero de 2025, el mensaje de la Casa Blanca es nítido: el Departamento de Justicia no es un árbitro, es un brazo ejecutor. Pam Bondi aprendió por la mala que, en la corte del magnate, el que no acelera, estorba. Hoy, Washington amanece con un nuevo guardián de la ley, y sus adversarios, seguramente, con un poco menos de sueño.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario