27 mar 2026

El espejo de la ausencia: entre el dato y el dolor

 El espejo de la ausencia: entre el dato y el dolor

Cada vez que el discurso oficial se adorna con la palabra "humanismo", el nombre de las madres buscadoras surge para interpelarlo. Mientras las puertas de Palacio Nacional se mantenían bajo el sello de lo "políticamente incorrecto", mujeres como Ceci Flores caminaban solas por el salitre de Sonora. Apenas este 24 de marzo, frente a unos restos que susurraban el nombre de su hijo Marco Antonio, ella pronunció la oración que resume el fracaso de un sistema: “Vámonos a casa, hijo”.

Un gobierno realmente humanista habría caminado a su lado, sosteniendo la pala; este, sin embargo, ha preferido administrar la estadística y, a ratos, maquillar la tragedia. Porque el quid de la cuestión —lo que no se olvida ni con mil informes— es que a las familias nunca se les abrió esa puerta que hoy presume transparencia

Hoy, lel gobierno de la presidenta Sheinbaum intenta dar un paso distinto. A través de Marcela Figueroa, titular del SESNSP, (en la foto) se nos presenta un "mapa de la ausencia" para ordenar el caos de 394 mil registros históricos. Pero leamos la letra chiquita de esta aritmética.

Se nos confiesa que el 36% de los casos carecen de datos mínimos: nombres, sexo o lugar de desaparición. Es una radiografía de la negligencia; durante décadas, el Estado anotó ausencias como quien pierde folios, sin rostro y sin contexto. Nos hablan también de un 31% de personas con "actividad posterior": ciudadanos que se vacunaron o renovaron su INE estando reportados como desaparecidos. Aunque parezca una buena noticia, revela una grieta profunda: la desconexión absoluta entre las dependencias que saben dónde estamos y las fiscalías que fingen buscarnos.

Desde octubre de 2024, se reporta la localización de 31 mil personas mediante el uso de la Agencia de Transformación Digital. Es un avance tecnológico, sí, pero no podemos apartar la vista del núcleo del dolor: esos 43 mil registros con datos completos de los que no hay rastro alguno.

Aquí la realidad golpea: de ellos, apenas poco más de 3,800 cuentan con una carpeta de investigación abierta. Esto significa que, para la inmensa mayoría, la maquinaria de la justicia ni siquiera ha encendido el motor.

Limpiar el registro no debe ser borrar la memoria, sino precisar el objetivo. La reforma de 2025 y la nueva Alerta Nacional —que ahora viaja por terminales y celulares— son herramientas valiosas, pero el Artículo 74 debe ser una realidad: funcionario que no busque, debe ser sancionado.

La presidenta Sheinbaum encara hoy el espejo más doloroso de México. La pregunta de fondo no es cuántos cruces de bases de datos se logren, sino si este "nuevo método" será capaz de cerrar el vacío en los hogares que no buscan gráficas de pastel, sino certezas.

Mientras la verdad no sea completa, mientras las fiscalías no conviertan los reportes en investigaciones reales y mientras las puertas sigan cerradas para quienes llevan la tierra en las uñas, la herida de México seguirá respirando. En la narrativa de un país que busca a los suyos, los números siempre serán fríos; la misión de este gobierno es devolverle el nombre y la dignidad a quienes hoy, todavía, son solo un expediente en la nube.

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