Entre el colapso forense y el negacionismo institucional.
Mientras la ONU activa el Artículo 34 (alerta máxima) por desapariciones sistemáticas, la @CNDH responde con un portazo a la realidad. Dicen que el problema "prácticamente desapareció" desde 2018. ¿En qué país viven?
Los datos no mienten:
132,000 desaparecidos.
80,000 cuerpos sin identificar en morgues.
40 personas se desvanecen CADA DÍA.
99% de impunidad.
CNDH: El portazo a la realidad
La Metamorfosis de un Organismo
El choque de posturas entre la ONU y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos es, por decir lo menos, desconcertante. Mientras el Comité de Naciones Unidas activa el Artículo 34 —su máximo nivel de alerta mundial— ante la evidencia de desapariciones generalizadas, la CNDH ha decidido responder con un portazo a la diplomacia y a la verdad fáctica.
Es alarmante que el organismo nacido para ser el escudo de las víctimas hoy actúe como el abogado defensor del discurso oficial.
Habráse visto!
Al descalificar el dictamen internacional como "sesgado" y acusar a organizaciones civiles —como el Centro Prodh— de "lucrar con el dolor", la gestión de Rosario Piedra no protege la soberanía; lo que hace es blindar la ineficiencia.
La falacia de la soberanía y el "espejismo" histórico
La CNDH sostiene que la desaparición forzada "prácticamente ha desaparecido" desde 2018, intentando encapsular la tragedia en periodos pasados como la Guerra Sucia o el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012). Sin embargo, este argumento ignora el concepto jurídico de aquiescencia. Cuando el crimen organizado utiliza policías, vehículos oficiales y recursos públicos para desaparecer a 40 personas cada día, el Estado es responsable. No importa si es por acción directa o por una omisión que raya en la complicidad; el resultado son 132 mil ausencias.
Resulta éticamente cuestionable que la Comisión reproche a la ONU por no "agotar instancias nacionales" antes de intervenir. ¿Cómo pedir paciencia burocrática cuando el modelo actual arroja un 99% de impunidad? La soberanía no reside en los archivos de una oficina en la Ciudad de México, sino en la seguridad y la dignidad de los ciudadanos en el territorio.
Mientras la CNDH se enreda en comunicados para cuestionar la metodología de los "expertos independientes", los colectivos de búsqueda siguen en la tierra, localizando con sus propias manos más de 4,500 fosas clandestinas. Ellas han entendido lo que las instituciones se niegan a ver: que en los límites de Jalisco, Nuevo León o el Estado de México, las fronteras entre el criminal y la autoridad se han borrado.
Politizar el dolor o minimizar las cifras no desaparece el problema; solo lo entierra más hondo. La CNDH afirma que el dictamen de la ONU carece de "sustento pleno", pero el sustento está en las morgues saturadas con 80 mil restos sin nombre.
Aceptar la ayuda internacional no es una derrota soberana, es el único camino honesto para recuperar nuestra humanidad. Porque mientras las instituciones sigan peleando por una "razón técnica" o una "precisión histórica", México seguirá siendo ese enorme campo donde las madres buscan, con las uñas, la paz que la justicia nos sigue debiendo.
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