Primer
año de Ratzinger como monje
Así
vive el Papa emérito, entre sonatas de Beethoven, paseos con gatos y oración
GIACOMO
GALEAZZI - ANDREA TORNIELLI
Vatican Insider, CIUDAD
DEL VATICANO
Desde
hace un año las dulces notas de una partitura marcan el tiempo del soberano
«autoenclaustrado», como él mismo se define. Cuando se le escucha tocar el
piano por la noche, revela a sus amigos el arzobispo Georg Gänswein, significa
que la jornada del “jubilado” de 87 años Joseph Ratzinger transcurrió con
serenidad.
En
el monasterio “Mater Ecclesiae”, el Papa emérito, como un rey exiliado, ha
recreado su universo de afectos y pasiones: los estudios de teología, el
rosario recitado con su fiel secretario-hijo espiritual don Georg (que lo sigue
llamando «Santo Padre»), la convivencia cotidiana con las cuatro Memores Domini
que se ocupan del aposento, la correspondencia, alguna visita y, por supuesto,
la música adorada. Sobre todo Mozart, Bach y Beethoven. Con gran lucidez y
discreta forma física, vive oculto y en oración, inspirándose en la regla
benedictina. A los que presagiaban escenarios de disputas medievales por la
convivencia sin precedentes de dos Papas en la Curia, Francisco aclaró, a fines
de julio en la entrevista concedida a los periodistas durante el vuelo de
regreso de Río de Janeiro: «Es como tener al abuelo en casa».
Bergoglio
nunca ha dejado de dirigirse a su predecesor, con visitas y llamadas
telefónicas, para aprovechar el tesoro de su experiencia y para manifestarle su
afecto. Durante las últimas festividades hubo un intercambio de visitas. Francisco,
poco antes de Navidad, fue a ver a Ratzinger a su «buen retiro» (en compañía
del mayordomo Sandro Mariotti, alias “Sandrone”, que llevaba una canasta como
regalo), y el Papa emérito, cuatro días después, respondió a la invitación de
sus sucesor asistiendo a un desayuno en la residencia Santa Marta.
Hace
seis meses, durante una misa celebrada para el grupo de ex-alumnos en la
capilla del Gobernatorado, Benedicto XVI pronunció palabras que parecían evocar
el sentido de su renuncia al Trono de Pedro. La lógica cristiana invierte por
completo la lógica humana: se responde al mal con amor, la salvación se obtiene
mediante el sufrimiento de la Cruz, y el «buen lugar» no es el «primer lugar»
codiciado durante toda la vida, sino ese que nos hace humildes y nos lleva a
experimentar el amor gratuito de Dios. Las salidas públicas del Papa emérito
han sido raras, a pesar de que Bergoglio haya insistido en que «puede salir
cuando quiera». Lo hizo de incógnito el pasado 4 de enero, para ir a ver a su
hermano Georg al hospital Gemelli, y, hace algunos meses (el día de la
publicación de la encíclica “Lumen Fidei”), para bendecir con Bergoglio la
estatua de San Miguel de los Jardines Vaticanos. Cada domingo celebra y predica
para su pequeñísima “corte” de familiares en el ex-convento reestructurado de
cuatro pisos (incluido el subterráneo, que cuenta con un ascensor, en donde el
hermano mayor de Ratzinger siempre tiene una habitación a su disposición).
Un
horario cotidiano que indica una vida de estudio. Despertador a las 5.30, misa
antes de las 7, mañanas dedicadas a la lectura de los padres de la Iglesia y a
la correspondencia personal que llega a la Secretaría de Estado. Una siesta
después del almuerzo, el paseo cotidiano con Gänswein por el jardin que rodea
el convento, el rosario, más horas en la biblioteca para leer y escribir, la
cena y la fundamental cita con el telediario de las 20. A las 22 la luz se
apaga.
Los
únicos cambios a esta rutina son las visitas que recibe: encuentros cuyo
contenido a veces es revelado por los protagonistas. El cardenal Tarcisio
Bertone indicó que lo invitó a almorzar en su departamento durante las fiestas
de Navidad. Hay colaboradores de su antiguo entourage que lo visitan, después
de haber superado el shock inicial que desencadenó el valiente anuncio de su
renuncia el 11 de febrero. Entre los visitantes que han pasado por el salón de
su nueva residencia destacan el actor Lino Banfi y el prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, teólogo como el
Papa emérito.
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02/
9/2014
Mons.
Gänswein: «¿El Pontificado de Benedicto? La historia le dará razón»
GÄNSWEIN
CON BENEDICTO XVI
El
secretario personal de Ratzinger en una entrevista con la Reuters: «Soy el
único que sirve a dos Papas»
REDACCIÓN
ROMA
A
un año de la renuncia de Benedicto XVI, el arzobispo Georg Gänswein, secretario
personal de Ratzinger, traza un balance de su Pontificado. Y lo hace con Philip
Pullella, uno de los responsables de la agencia Reuters. El Papa emérito, dice
mons. Georg al periodista, «está en paz consigo mismo y con el Señor». «Se
encuentra bien, pero ciertamente es una persona que tiene sus años. Se trata de
un hombre físicamente anciano, pero el espíritu es muy vivaz y muy claro».
Claro, fue difícil ser el Papa después de Juan Pablo II. Una “provocación” del
periodista a la que Gänswein responde de esta manera: «Yo estoy convencido de
que el Espíritu Santo manda al Papa justo en el momento justo, y esto también
vale para Juan Pablo, para Benedicto y para Francisco. Después del larguísimo
Pontificado de Juan Pablo II, vivido en plena fuerza, por lo menos durante los
primeros veinte años, y después los años del sufrimiento (público, visible y
perceptible), se convirtió en el Papa una persona que vivió durante 23 años al
lado de Juan Pablo, como ningún otro cardenal, y que tal vez era su más fiel y
eficaz colaborador. No creo que Papa Benedicto haya sido desafortunado. Después
de 27 años de Pontificado, habría sido difícil para quien hubiera resultado
elegido».
Los
medios de comunicación, recuerda el entrevistador, nunca fueron tiernos con
Ratzinger. ¿Existe algún resentimiento? «No», responde Gänswein, «en diferentes
ocasiones fue doloroso ver que lo que escriben sobre la actuación no
corresponde concretamente con lo que se hizo. Pero la medida de esa actuación
no es la que después indican los medios de comunicación, sino lo que es justo
ante el Señor y ante la consciencia». Incluso la historia, prosigue mons.
Gänswein, al final le dará la razón.
Entonces,
¿cómo será juzgado el Pontificado de Benedicto XVI?. Su secretario personal no
tiene ninguna duda: «Yo estoy seguro, es más convencido, de que la historia
dará un juicio diferente del que a menudo se leía durante los últimos años de
su Pontificado, porque las fuentes son claras y dan agua clara».
En
cuanto a la relación entre los dos Papas, Gänswein observa: «Desde el principio
hubo un buen contacto entre ambos, y este buen comienzo se desarrolló y maduró.
Se escriben, se llaman por teléfono, se invitan... Papa Francisco ha ido varias
veces al monasterio Mater Ecclesiae y también Papa Benedicto ha estado en Santa
Marta. Hay entre ellos, en diferentes niveles, un muy buen “feeling”».
El
secretario del Pontífice emérito es el único prelado que tiene dos jefes en el
Vaticano y tal vez es el primero en la historia que ha servido a dos Papas
contemporáneamente. «Dicen –concluye– que tengo dos señores. En cierto sentido
esto es cierto y añado que también es posible vivir con dos señores. Desempeño
mi servicio en plena armonía con los dos Papas, tratando de fungir como puente
entre ambos. Hasta ahora ha funcionado muy bien y espero que mis dos jefes
estén contentos». ¿Un puente entre dos puentes? «Es un juego de palabras
–observa mons. Gänswein–, pero en el fondo es justamente así».
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