El caso Ruffo y la maquinaria del huachicol fiscal…
"A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas". Imposible no recordar hoy aquella implacable máxima atribuida al presidente Benito Juárez.
Ayer, 16 de julio, una sacudida en el escenario político y judicial del país nos obligó a hacer una lectura sobria y quirúrgica. En Ensenada, cayó Ernesto Ruffo, exgobernador de Baja California. La Fiscalía General de la República (FGR) le imputa delitos de un calibre mayúsculo: delincuencia organizada y contrabando de combustible.
La estampa de su aprehensión quedará para la historia por su dramática ironía. Al mediodía, Ruffo se encontraba en su casa, relajado, en mangas de camisa y portando una cachucha. Minutos antes de que las autoridades llamaran a su puerta, había declarado al diario REFORMA que "el Gobierno (de Marina del Pilar Ávila) no funciona. Entró en descomposición", exigiendo incluso el retiro de la mandataria. Colgó el teléfono y, casi como respuesta inmediata, llegó la policía por él. ¡Vaya casualidad! Como bien cantaba José Alfredo Jiménez, vivimos en un mundo raro.