La perversa jugada de la FGR contra Ruffo y la justicia selectiva
Por Fred Álvarez Palafox
"A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas." La frase se le atribuye históricamente —y de manera falsa— a Benito Juárez, pero en el México de hoy se respira con una vigencia que asfixia.
El verdadero escándalo en la orden de aprehensión contra Ernesto Ruffo va mucho más allá de las acusaciones; radica en la oscura maniobra procesal orquestada por la Fiscalía General de la República (FGR). El quid del asunto, esa perversión que carcome al sistema, se resume en una vieja máxima del poder que hoy se aplica con descaro: si el juez en turno te exige pruebas y te niega la razón, búscate uno a la medida. Y es aquí donde la realidad nos golpea en la cara: ¿para esto impusieron la reforma constitucional? ¿Para inaugurar, oficialmente, la era de los jueces de consigna?