El choque por Ruffo: ¿Huachicolero o preso político?
La noticia cayó como un balde de agua fría, y su eco no solo retumbó en los desiertos de Baja California, sino que encendió la mecha en los pasillos del poder capitalino. Ernesto Ruffo Appel, el hombre que alguna vez hizo historia al abrirle la puerta a la alternancia como el primer gobernador de oposición en México, pasaba a la historia de nuevo aquel 16 de julio, pero esta vez desde la sombra de una detención. La acusación pesaba como plomo: delincuencia organizada y contrabando de combustible bajo el escudo de su empresa, Ingemar.
Para el miércoles 22 de julio, el aire en el salón de plenos de la Comisión Permanente se podía cortar con un cuchillo. Lo que en la agenda marcaba un debate legislativo más, mutó rápidamente en una auténtica arena de gladiadores. Desde las curules de Morena no hubo concesiones; alzaron la voz para colgarle al exmandatario un nuevo e infame título: "el rey del huachicol fiscal". El bloque oficialista no solo exigía desentrañar esta presunta red, sino que apuntaba sus sospechas a lo más hondo de las entrañas del panismo, acusando que de ahí se extraía el combustible financiero para campañas y grupos de poder.