1 ene 2008

Un magnicidio en Rawalpindi


Un magnicidio contra la política exterior de Occidente/Michael Portillo, ex ministro de Defensa del Reino Unido durante el Gobierno del conservador John Major
Publicado en EL MUNDO, 31/12/2007;
Una de las peores meteduras de pata a lo largo de mi carrera política fue un intento frustrado de besar a Benazir Bhutto. Habíamos asistido a una reunión y, aunque hasta entonces no habíamos coincidido más que en algunas ocasiones, ella me saludó calurosamente, como si fuéramos viejos amigos, por lo que, cuando llegó el momento de despedirnos, fui a darle unos besos en las mejillas, como habría hecho con la mayor parte de mis colegas del sexo opuesto. Casi se echó a gritar y se escabulló de mí como pudo, dejando claro que semejante proximidad física resultaba absolutamente inapropiada.
Si mi falta de sensibilidad cultural tiene alguna excusa, es la de que esta mujer parecía evidentemente que se encontraba en su salsa en occidente. Era de mi misma edad y todos la conocíamos de cuando llegó a presidenta de la Oxford Union [sindicato estudiantil de Oxford]. Las fotografías confirman que, en aquella época, no llevaba la cabeza cubierta. Me caía bien. Tras haber sido primera ministra de Pakistán, conservaba la autoridad de quienes han desempeñado un puesto de alto nivel y se comportaba de igual a igual con otros dirigentes mundiales. Tenía una gran presencia y una gran dignidad, pero era una persona accesible y modesta. Lo que más me sorprendía era lo pro occidental que era. A pesar de las numerosas ocasiones en las que los Estados Unidos han hecho caso omiso de las recomendaciones de los expertos y de los errores desastrosos que han cometido en su política en Irak, ella se mostraba reacia a condenarlos. El terrorismo representaba una amenaza para Pakistán y para todos nosotros, por lo que teníamos que mantenernos unidos.
Un portavoz de Al Qaeda ha reivindicado la autoría de su asesinato y la ha descrito como «un activo muy valioso de los norteamericanos». Con independencia de que la reivindicación sea o no auténtica, la descripción de Bhutto parece acertada. Desde el punto de vista occidental, ella era algo muy poco corriente: una política paquistaní democrática y pro norteamericana con posibilidades de obtener el poder. Los Estados Unidos y sus aliados insistieron en que debía regresar a su país, hicieron de intermediarios en un acuerdo entre ella y el presidente Pervez Musharraf (a pesar del posible daño de este pacto para la credibilidad de Bhutto) y esperaron ansiosamente que triunfara en las elecciones.
Con todas las esperanzas que se habían depositado sobre ella, ¿cómo dejaron que se expusiera a su asesinato? El dedo acusador ha apuntado a Musharraf por no prestarle un nivel más alto de protección. Ahora bien, ¿cómo es que los norteamericanos, o a estos efectos, también los británicos, le permitieron regresar a Pakistán sin un aparato adecuado de seguridad? Tras haber estado a punto de que la mataran en el mismo día en que regresó a su patria, no se extrajo ninguna lección. Las grabaciones de vídeo de sus últimos momentos demuestran que se permitía a las multitudes apelotonarse alrededor del vehículo en que se trasladaba. A los medios de comunicación se les permitía acceder a ella sin que sus equipos se sometieran a ningún control de seguridad.
Posiblemente Pakistán se encuentre en estos momentos sumido en la confusión, pero la política exterior de Occidente también anda hecha un lío. Los han propinado un golpe propagandístico y los norteamericanos se han quedado sin candidato en las elecciones paquistaníes, que posiblemente se celebren en poco más de una semana. Sin duda alguna, el partido de Bhutto, el Partido Popular de Pakistán, puede obtener un buen resultado, quizás mejor que si ella siguiera con vida, pero ella era el partido y no es probable que su sucesor tenga su mismo gancho entre las masas, aparte de que posiblemente siga una política diferente.
Quizás Occidente había depositado en Bhutto unas esperanzas excesivas
. Se había visto obligada a abandonar su segundo mandato bajo acusaciones de corrupción. Sus credenciales democráticas habían quedado por tanto empañadas aún antes de su reciente pacto con Musharraf. Si la impaciencia de los norteamericanos había ido en aumento ante el fracaso del presidente de Pakistán a la hora de controlar el terrorismo dentro del país y la exportación de terroristas a los talibán en Afganistán, ¿qué esperanzas había de que Bhutto lo hiciera mejor?
En caso de que hubiera obtenido el cargo, no había ninguna certeza de que hubiera conseguido el éxito. Sus dos gobiernos se caracterizaron por ser verdaderamente caóticos. Se merecía un crédito enorme por ser la primera mujer en alzarse con la jefatura de un país musulmán, pero no parece probable que su autoridad sobre las fuerzas armadas de Pakistán hubiera llegado a superar la del general en su momento de apogeo. Ella sostenía que el restablecimiento de la democracia en Pakistán privaría de legitimidad a los extremistas, pero nadie estaba dispuesto a apostar seriamente por algo semejante.
Los Estados Unidos han dado una imagen de incompetencia. Ellos mismos han echado a perder su propio plan al permitir que Bhutto cayera asesinada con tanta facilidad y, por otra parte, el plan estaba mal concebido. La política de los Estados Unidos y sus aliados en esa parte del mundo resulta confusa. En Irak, la concentración de soldados norteamericanos en Bagdad ha producido resultados tangibles en cuanto a la seguridad pero, entretanto, Gran Bretaña se apresura a retirarse del sur del país dejando tras de sí una situación turbulenta.
En Afganistán, el territorio desde el que Al Qaeda organizó los atentados del 11 de septiembre del 2001, la alianza de la OTAN se está desintegrando. Mientras los norteamericanos y los británicos plantan batalla a los talibán, Alemania y el resto de los aliados europeos se mantienen al margen, nada convencidos de que pueda llegar a ganarse esa guerra. Gordon Brown manifestó ante el parlamento a primeros de este mes que no vamos a negociar con los talibán. Por supuesto que lo hacemos. Allí hay en danza una gran variedad de fuerzas y nos relacionamos con todas aquellas que esperamos que puedan servir de apoyo al gobierno afgano, tal y como confirmó el embajador de los Estados Unidos en Kabul la semana pasada.
Los Estados Unidos insisten en denunciar a Irán por los pasos que va dando con vistas a la adquisición de armamento nuclear. No está claro lo que los norteamericanos pueden hacer al respecto, a la vista del capital político que han dilapidado ya en Irak. Sin embargo, es evidente que los Estados Unidos no tomaron ninguna medida cuando Pakistán fabricó la primera bomba nuclear de un país musulmán. El padre de este plan de nuclearización, el doctor A. Q. Khan, pasó secretos atómicos a Irán, Libia y Corea del Norte. Sus actividades a lo largo de muchos años debieron de ser conocidas perfectamente por las autoridades paquistaníes y debieron de contar con el apoyo de éstas.
No obstante, tuvieron que pasar cinco años desde que Musharraf llegara al poder para que se desenmascarara al doctor Khan. Acto seguido, el doctor Khan obtuvo el indulto de manera inmediata. Según un informe del International Institute for Strategic Studies, la red de proliferación de armas nucleares puesta en marcha por el doctor Khan sigue en pie.
Es ingenuo esperar de las democracias una política exterior guiada por consideraciones morales o incluso una coherencia absoluta. No obstante, el poner de manifiesto un doble rasero proporciona a nuestros enemigos unos fáciles instrumentos de propaganda y hace mucho más difícil que los aliados se ganen el favor de sus electorados.
Hay que reconocer a Tony Blair que se atrevió a explicar su política exterior beligerante aun con la oposición creciente de la opinión pública. A Brown le encanta aparecer al lado de los soldados, pero recurre al lenguaje del camino más fácil. Habla de la necesidad de reconstruir Afganistán en lugar de la necesidad de derrotar a los talibán en combate y ha dejado a los iraquíes que se defiendan como puedan. Posiblemente estas actitudes le hagan la vida más fácil, pero a costa de hurtar a la opinión pública británica la explicación de las razones por las que el Gobierno cree que vale la pena exponer a nuestras fuerzas armadas a graves peligros.
Tenemos en Downing Street un nuevo primer ministro, un primer ministro que a lo largo de toda última década se ha mantenido al margen de los temas más complicados de política exterior. En la Casa Blanca, George W. Bush ha quedado desacreditado por culpa de las lamentables meteduras de pata cometidas por Donald Rumsfeld. Ante el asesinato de Bhutto, indicativo de que las amenazas van a más, ni a uno ni a otro lado del Atlántico podemos tener excesiva confianza en los criterios de nuestros dirigentes electos en materia de política exterior.
Aun así, permítanme ir contra corriente en estos momentos marcados por la muerte de Bhutto y hacer un elogio de los políticos. Bhutto fue una mujer de un valor extraordinario. Consiguió un éxito tremendo en los primeros estadios de su vida. Posteriormente se instaló en una existencia relativamente tranquila con su joven familia y podría haber esperado una larga vida durante muchos años. Todo lo arriesgó por regresar a Pakistán. Tenía muy presentes los riesgos que corría, y muchísimo más desde que en octubre pasado las bombas sembraron una matanza entre sus seguidores y estuvieron a punto de acabar con su vida.
A su padre lo ahorcaron, un hermano suyo resultó muerto en un tiroteo y otro murió en circunstancias poco claras, posiblemente envenenado. La familia Bhutto ya había ofrecido suficientes sacrificios. Algunos dirán que fue la ambición lo que la convenció para que regresara. Quizás fuera más bien su sentido del deber, o su anhelo de redimirse a sí misma de las acusaciones de corrupción. Fuera lo que fuese, dio todo un ejemplo de valor al hacer campaña día tras día, sabiendo que cualquier momento podría ser el último de su vida.
Ha habido otras dinastías políticas que también han pagado un precio enorme, como la familia Kennedy en los Estados Unidos o los Gandhi en la India. Margaret Thatcher estuvo a punto de perder la vida por enfrentarse al IRA; la esposa de Norman Tebbit, Margaret, resultó herida en el atentado contra el Partido Conservador en Brighton. Blair pudo haber sido objetivo de un asesino en cualquier momento; de hecho, todavía podría serlo, a la vista de su papel en la pacificación de Oriente Próximo. Cuando estamos a punto de entrar en el año 2008, el panorama político mundial es pesimista. Sin embargo, la muerte de Bhutto nos recuerda que todavía quedan hombres y mujeres dispuestos a presentarse a unas elecciones e incluso a dejarse la vida en ellas. Eso es algo que me da todavía alguna esperanza.

Lástima!

La esperada entrega de rehenes en poder de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) terminó en una gran frustración luego de un cruce de recriminaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela y las propias FARC.
Por un lado el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, citando fuentes de inteligencia del Estado aseguró que Enmanuel, 3 años nacido en cautiverio y que las FARC se comprometieron a entregar, no estaba en poder de esa organización sino que llevaría dos años bajo la protección del estatal Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

La revelación del mandatario se produjo como respuesta a una carta de última hora que las FARC le enviaron al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la que anunciaron la suspensión, ''por ahora'', del proyecto de entrega de los rehenes.
Uribe negó el acoso de las fuerzas militares y anunció que acepta una propuesta venezolana de crear ''una especie de corredor'' para que los guerrilleros puedan mover a los secuestrados desde el lugar de cautiverio al de liberación.
Así, tras cinco días de intensa espera en Caracas y Villavicencio, el plan de rescate para el que Chávez dispuso una flota de helicópteros y aviones, quedó congelado y se frustraron las esperanzas de las familias de Clara Rojas, madre de Enmanuel, y de la ex congresista Colombiana Consuelo González de Perdomo.

En la carta a Chávez, las FARC también aseguran que la zona en la que harían la entrega se ha visto afectada por mal tiempo, lo cual Uribe negó pues las últimas 48 horas han ''sido brillantes'' y así lo han registrado las autoridades meteorológicas colombianas.
Desde Caracas, Chávez declaró: ''Uribe fue a dinamitar esta tercera fase de la operación con esta ola de humo''.

Chávez tuvo un encuentro con periodistas anoche en el palacio presidencial de Caracas, tras aplazarse una anunciada entrega de rehenes en poder a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). "Uribe: mira más hacia acá [...] y menos hacia Bush. Despréndete de Bush y vamos a darnos un abrazo, a hacer la patria grande. Reflexiona Uribe", porque "Estados Unidos no quiere la paz para nadie" y si fuera por los gobernantes de esa potencia "harían fiesta con una guerra entre Venezuela y Colombia", añadió.
Dijo también que Uribe fue a la localidad colombiana de Villavicencio a "dinamitar" la operación de rescate con su hipótesis de que el pequeño Emmanuel, hijo nacido en cautiverio de la secuestrada Clara Rojas, estaría en Bogotá con nombre falso. El gobernante venezolano matizó luego y manifestó que "a pesar de lo que" había dicho, a pesar de sus "crudas palabras", es posible alcanzar la liberación de rehenes como paso previo a la búsqueda de la paz en Colombia, lo que beneficiaría a su país y a otros fronterizos.
Sobre la operación para recoger en la selva a tres rehenes Chávez subrayó que "el proceso está en marcha" y se mantendrá "al menos que nos echen de Colombia". "No hemos clausurado la posibilidad de que nos lleguen las coordenadas" de la ubicación de los rehenes y "seguimos en contacto con las FARC, que hasta ahora han cumplido y ojalá siga siendo así", agregó antes de recibir esta noche en el Palacio presidencial de Miraflores a los familiares de las rehenes Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo. "Por tratarse de un asunto humanitario seguiremos actuando con las otras opciones", aunque "no quisiéramos opciones clandestinas", sostuvo en alusión a opciones que no tendrían garantías oficiales colombianas.
Ccriticó la oferta de Uribe, la que llamó "tirada de los cabellos", de permitir un corredor desmilitarizado para facilitar la entrega de los rehenes, al sostener que ello entraña "un pasillo" y que para eso "se requiere al menos dos puntos", lo que no existe actualmente. En cambio, Uribe "no aceptó un alto el fuego" en un área determinada "que estaría garantizado con observación internacional", agregó
Chávez personalizó sus ataques en la figura del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, pero descalificó -en general- a todos los asesores del Presidente Álvaro Uribe.
"Conozco ese equipo (de asesores y funcionarios colombianos), inventan cosas... tengo personalmente razones para dudar, ¿por qué hoy precisamente en Villavicencio, el presidente hace pública una hipótesis de que las Farc no tienen a Emmanuel?", se preguntó Chávez.
A chávez le pareció ''un poco cínica, así me parece la declaración del comisionado de paz (de Colombia Luis Carlos Restrepo).

Y es que horas antes en una conferencia de prensa en Villavicencio, Restrepo expresó que "estamos acostumbrados a los engaños'' de las Farc le mienten al país. Nosotros los conocemos desde hace 40 años... le faltan el respeto a todo el mundo'', manifestó el comisionado, molesto por el retraso de la gestión humanitaria.

31 dic 2007

Benazir Buttho


Benazir Bhutto falleció el pasado 28 de diciembre en un atentado.
La presidenta del Partido Popular de Pakistán (PPP) y ex primera ministra del país en dos periodos (1988-1990 y 1993-1996) se había dirigido a miles de sus seguidores en un acto público de la campaña para las elecciones legislativas del próximo 8 de enero. Los testimonios del servicio de seguridad del PPP, así como de otros testigos, coincidieron en señalar que un hombre disparó varios tiros al cuello y al pecho de Bhutto, de 54 años, cuando saludaba a la multitud desde su vehículo se disponía a abandonar el recinto, situado en el parque Liaqat Bagh de Rawalpindi, una ciudad de más de dos millones de habitantes y vecina de Islamabad, la capital de Pakistán.
Al parecer, el asesino realizó tres disparos. El oficial de policía Mohammad Shaid, citado por la agencia Reuters, también informó de que "el suicida disparó primero contra ella y luego accionó la carga explosiva que llevaba encima".
Benazir fue trasladada inmediatamente al hospital, donde ingresó cadáver. Instantes después del tiroteo y en medio de una enorme confusión, el suicida accionó la carga explosiva que portaba y causó la muerte de, al menos, 20 personas que habían acudido al acto político y un número indeterminado de heridos, según manifestaron portavoces de la policía de Rawalpindi.
El atentado tuvo lugar junto a una puerta principal del parque de Rawalpindi. Poco después de su regreso del autoexilio, a mediados de octubre, un doble atentado suicida mató a unas 130 personas que se habían congregado en las calles de Karachi, la mayor ciudad de Pakistán, para celebrar la llegada de Bhutto. Con motivo de su retorno, el Gobierno paquistaní advirtió que ella afrontaba amenazas para su seguridad.
En aquella ocasión y tras comprobar los efectos de la carnicería del atentado, la ex primera ministra afirmó que había regresado a Pakistán para ayudar al retorno de la democracia y criticó a los sectores que se oponían a las libertades. Tanto los islamistas radicales, que arremeten contra la línea política favorable a Occidente del presidente Pervez Musharraf como los servicios secretos del régimen paquistaní figuran entre los enemigos del PPP, a juicio de los analistas.
El padre de la política asesinada, Zulfikar Ali Bhutto, fue el primer jefe de Gobierno elegido democráticamente y fue ejecutado precisamente en Rawalpindi, en el año 1979, tras ser destituido por un golpe militar.
Benazir Bhutto fue la primera mujer que llegó a ser jefa de Gobierno en un país de mayoría musulmana.
El presidente Pervez Musharraf, que el 15 de diciembre pasado levantó el estado de excepción tras renunciar a su condición de militar y de jefe del Ejército, condenó "en los términos más firmes posibles el ataque terrorista" y emplazó a los paquistaníes "a la calma para hacer frente a esta tragedia y dolor con una renovada resolución para continuar la lucha contra el terrorismo". El gobernante decretó tres días de luto oficial en todo el país.
La líder opositora, que aspiraba a ser primera ministra de nuevo, ofrecía un perfil democrático y moderado para Pakistán, que está gobernado por los militares desde hace ocho años. Graduada en las universidades de Harvard y de Oxford, Benazir Bhutto contaba con el respaldo incondicional de los Gobiernos de Washington y de Londres.
¡Descanse en paz!
EDITORIAL de El País, 28/12/2007;
Pakistán ante el abismo
Desde su largo exilio en la vecina Dubai y su formación occidental, Benazir Bhutto calibró mal las implicaciones de su regreso después de ocho años a Pakistán, un país degradado y sin duda el más incierto, peligroso e inestable de todos aquellos que cuentan con el arma nuclear. El asesinato de la líder opositora y ex primera ministra cuando abandonaba un mitin político de su partido en Rawalpindi, a 13 días de las previstas elecciones, dificulta hasta la exasperación cualquier horizonte próximo de estabilidad o democracia en el país musulmán. De ahí la alarma generalizada suscitada por el magnicidio, especialmente en la vecina y archirrival India y en Estados Unidos. La diplomacia de Bush, soporte estratégico y económico del presidente Pervez Musharraf, cocinó el acuerdo por el que Bhutto retornó perdonada a su país para tomar parte como favorita en unas elecciones que nunca verá.
El atentado suicida de Rawalpindi, pese a la confusión inicial sobre algunas de sus circunstancias, puede haber sido obra de cualquiera en el oscuro y desquiciado Pakistán, pero tiene la impronta una vez más del fanatismo islamista, tan especialmente activo como descontrolado en la nación "de los puros". Benazir Bhutto tenía muchos enemigos, pero a ninguno de ellos en su sano juicio, comenzando por Musharraf, le interesa la brusca desestabilización de un país geopolíticamente crucial, extenso y superpoblado, el único musulmán en posesión de la bomba atómica. La naturaleza del asesinato y sus consecuencias encajan en cualquier caso a la perfección con los designios globales de Al Qaeda y sus yihadismos locales. A su regreso a Pakistán, en octubre, Bhutto, convertida desde ayer en colofón del destino trágico de su familia, había salido indemne de un atentado similar que segó casi centenar y medio de vidas.
Las implicaciones del asesinato, que de momento ya ha puesto en alerta absoluta a las tropas y fuerzas de seguridad y sembrado el caos callejero en diferentes lugares de Pakistán, van mucho más allá de la desaparición de la indiscutible líder del más importante partido laico (PPP), comprometido con los estándares políticos democráticos. Supone una de las más graves crisis en los 60 años de historia de Pakistán, un Estado rehén de sus todopoderosos generales y sometido a formidables fuerzas desestabilizadoras de carácter fundamentalista. Si las elecciones del próximo 8 de enero, destinadas a poner fin a la dictadura de Musharraf -que este mismo mes ha renunciado por fin a la jefatura del Ejército después de hacerse reelegir presidente por el Parlamento en noviembre-, tenían escaso sentido legitimador en un país que acaba de salir de la ley marcial, su celebración ahora presenta todavía mayores dificultades.
El clima de miedo e incertidumbre en el que vive Pakistán hoy no es muy acorde con la celebración de unos comicios libres y representativos, cuyo boicoteo ha anunciado además uno de los partidos clave de la coalición islamista que ganó en 2002 la quinta parte de los escaños del Parlamento de 2002. Las presiones internas (una judicatura progresivamente independiente, el hartazgo popular y la ingobernable y sangrienta frontera afgana), unidas a las de EE UU, alarmado por el imparable auge del terrorismo, han forzado a Musharraf a convocar elecciones. Amnistió a la ex primera ministra asesinada ayer y después permitió el regreso del también ex jefe de Gobierno y candidato Nawaz Shariff para otorgar alguna credibilidad a un proceso que carece de ella. Pero también hay que tener cuenta que el objetivo que persiguen los autores del magnicidio es que no se celebre elección democrática alguna en Pakistán, ni dentro de 13 días, ni nunca.
La gestación del asesinato de Benazi/Hassan Abbas, trabajó en los gobiernos de la primera ministra Benazir Bhutto y del presidente Pervez Musharraf, y es hoy profesor en la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. Autor de Pakistan’s Drift into Extremism: Allah, the Army and America’s War on Terror.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
Publicada en EL PAÍS, 30/12/2007;
El asesinato de Benazir Bhutto, la primera mujer que gobernó un país islámico, es un duro golpe contra las perspectivas democráticas de Pakistán e incluso su viabilidad como Estado. Mientras el caos y la confusión se apoderan del país, no debemos perder de vista la responsabilidad parcial del presidente Pervez Musharraf en este giro de los acontecimientos. Como mínimo, Musharraf no puede ser absuelto del hecho de que su gobierno no proporcionó a Benazir Bhutto suficiente seguridad.
Benazir Bhutto tuvo que pagar con la vida su valor al desafiar a extremistas de todo tipo: Al Qaeda, los talibanes, los partidos políticos religiosos y los militares de la línea dura. Como heredera de Zulfikar Ali Bhutto, el legendario dirigente democrático que murió ahorcado en 1979 por orden del general Muhammad Zia-ul-Haq, Benazir fue un símbolo de la resistencia desde joven, pero se consumió en la cárcel y en el exilio durante los años ochenta. El gran legado de Zulfikar Ali Bhutto fue su intento de dar más poder a los pobres y defender los derechos de la gente corriente, todo ello en medio de políticos feudales y gobiernos militares. En vez de inclinarse ante la junta militar, prefirió ir al cadalso.
Benazir pudo ver a su padre por última vez unas horas antes de que éste fuera ahorcado, y escribió en su autobiografía: “En la celda donde esperaba la muerte, le juré que continuaría su labor”. En general, cumplió su promesa.
Su primera etapa como primera ministra (1988-1990) fue breve y desorganizada. El teniente general Hamid Gul, responsable del ISI (los todopoderosos servicios de inteligencia paquistaníes), apadrinó una alianza de partidos políticos de derecha para impedir que ella obtuviera la mayoría parlamentaria. Además, a Benazir Bhutto se le negó acceso a las informaciones sobre el programa nuclear de Pakistán y sobre las actividades del ISI en Afganistán.
Su segundo mandato (1993- 1996) fue más largo y mejor, pero el Gobierno de Benazir Bhutto volvió a caer prematuramente por las acusaciones de mala gestión y corrupción. En realidad, en ese asunto algo tuvieron que ver las maquinaciones de los servicios de inteligencia. Y es que se había extendido por el Ejército paquistaní una fuerte desconfianza respecto a ella, por ser una líder pro-occidental que contaba con el apoyo popular y deseaba la paz con India.
Tras casi 10 años en un exilio voluntario, la vuelta de Benazir Bhutto a Pakistán, el pasado octubre, le permitió empezar de nuevo. Pakistán había cambiado: la dictadura militar y el extremismo religioso en el norte estaban desgarrando el tejido social del país. Un principio de acuerdo con Musharraf y el apoyo de Occidente -sobre todo, de Estados Unidos y Reino Unido- le facilitaron el regreso, que cientos de miles de personas recibieron con los brazos abiertos, aunque los terroristas lo saludaron con una cadena de atentados suicidas.
Los contactos de Benazir Bhutto con el gobierno militar de Musharraf suscitaron críticas, pero ella siempre pensó que sólo era posible volver a la democracia mediante una transición en la que Musharraf renunciara a su cargo militar, se convirtiera en un jefe de Estado civil y convocara unas elecciones libres y justas. Para desolación de algunas fuerzas democráticas, se mantuvo en sus trece incluso después de que Musharraf impusiera, el 3 de noviembre, el estado de emergencia y destituyera a los máximos jueces del país con el fin de garantizarse la reelección. Benazir Bhutto convenció a otros líderes políticos importantes de que, aún así, participaran en las elecciones previstas para el 8 de enero, que consideraba una oportunidad para enfrentarse a las fuerzas extremistas religiosas en el espacio público. Una oportunidad que aprovechó viajando sin miedo por todo el país, a pesar de las graves amenazas contra su vida, y propugnando un Pakistán democrático y pluralista.
Es fácil entender por qué extremistas como Al Qaeda y los talibanes querían atacarla. Ahora el Gobierno de Musharraf asegura que es imposible proteger a alguien contra un atentado suicida. Pero, según se dice, Bhutto murió por disparos de un tirador que luego se suicidó con una bomba. De ahí que el pueblo de Pakistán, y en especial los partidarios de Bhutto, piensen que los servicios de inteligencia, solos o en colaboración con los extremistas, decidieron eliminarla.
Independientemente de que el Gobierno haya tenido algo que ver o no, Pakistán ha perdido a una dirigente que le era muy necesaria. El futuro del país está en la balanza; la ayuda de Occidente va a ser crucial. Pero esa ayuda pasa por aceptar que Musharraf no es el único dirigente capaz de resolver los miles de problemas de Pakistán y de dirigir la guerra contra el terrorismo. Más bien al contrario: con su forma de alimentar la inestabilidad y la incertidumbre, el propio Musharraf es uno de los mayores problemas de Pakistán.

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Mitt Romney



"La libertad requiere de la religión como la religión requiere libertad"(...) "Si tengo la fortuna de ser presidente, no serviré a ninguna religión, a ningún grupo, a ninguna causa, a ningún interés. Ningún candidato debería ser el portavoz de su fe". Mitt Romney.
La fe, la razón y el espacio público/Timothy Garton Ash, historiador británico y profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Publicado en EL PAÍS, 30/12/2007;
En este tiempo de buena voluntad, he estado intentando encontrar un adjetivo amable que corresponda a la definición “perteneciente o relativo a la revelación del ángel Moroni”. ¿Moronish? ¿Moronical? [en inglés, moron quiere decir “imbécil”]. Según se cuenta, el ángel Moroni se apareció alrededor de 1820 a un joven buscador de tesoros norteamericano que se llamaba Joseph Smith, y, al parecer, le guió hacia unas placas de oro -”bellamente grabadas, no tan gruesas como el estaño corriente”, dijo Joseph- enterradas en una colina próxima a su casa, en la parte occidental del Estado de Nueva York. Estaban escritas, según se cuenta, en una lengua que no se conocía, llamada egipcio reformado; los textos, descifrados con ayuda de unas piedras de nombre Urim y Thummim, se convirtieron en el Libro del Mormón, que los mormones consideran la revelación divina, junto con la Biblia. “Mormón”, explicó Smith en una carta a un periódico, derivaba del egipcio reformado mon, que significaba bueno; “por tanto, añadiendo more, tenemos la palabra mormón, que significa, literalmente, más bueno”.
En este libro sagrado, Norteamérica se describía como “una tierra que es más elegida que ninguna otra tierra” (II Nephi 1:5), y se aseguraba a los estadounidenses del siglo XIX, en una especie de profecía retrospectiva, que “será una tierra de libertad” (II Nephi 1:7). Es más, si los indios americanos se convertían a la fe verdadera, tendrían la posibilidad de volver a ser “un pueblo blanco y encantador” (II Nephi 30:6). (La versión oficial del Libro del Mormón que figura en Internet lo ha corregido y dice “un pueblo puro y encantador”). Los fieles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pueden aspirar a convertirse ellos mismos, mediante mucho esfuerzo y muchas buenas obras, en dioses. En su defecto, pueden aspirar a convertirse en lo más parecido a un dios: presidente de Estados Unidos.
Porque el único motivo de que traigamos a colación esta tradición de Moroni es, por supuesto, que uno de los principales candidatos republicanos a la presidencia de Estados Unidos, Mitt Romney, profesa ser devoto mormón, y su religión se ha convertido en uno de los temas de las elecciones. Según un perfil publicado en The New York Times, el padre de Mitt, George Romney, nació en México “en una colonia de mormones que habían huido de una ofensiva policial contra la poligamia… Como misionero mormón, tuvo la tarea de hacer proselitismo en Londres, subido sobre un cajón en Hyde Park, y allí desarrolló unas dotes de vendedor que caracterizaron toda su carrera”.
Mitt también hizo labor misionera en Francia (habla francés, como John Kerry, aunque no es probable que le oigamos practicarlo mucho durante la campaña). El mormonismo de Mitt es un problema para muchos cristianos evangélicos de la derecha religiosa. Ellos deberían constituir su electorado natural, pero quizá prefieran al baptista sureño Mike Huckabee, que se limita a interpretar el libro del Génesis de manera literal.
Para eludir esta amenaza, Romney pronunció hace unas semanas un discurso que situaba la línea divisoria en otro lugar, no entre los mormones y los auténticos cristianos sino entre todos los que tienen fe y todos los impíos. Sólo los primeros, implicó, pueden ser verdaderos estadounidenses: “Debemos reconocer al Creador como hicieron los fundadores, con ceremonias y de palabra”. “Podéis estar seguros de una cosa”, trató de tranquilizar a los votantes, “cualquiera que crea en la libertad religiosa, cualquier persona que se haya arrodillado para rezar al Dios todopoderoso, tiene en mí un amigo y un aliado… No insistimos en un solo tipo de religión, sino que agradecemos la sinfonía de creencias de nuestra nación”.
Es decir, en realidad, no importa qué creencia irracional tenga una persona, mientras tenga alguna. Lo único que, por lo visto, resulta completamente intolerable e impide pertenecer plenamente a la comunidad nacional es afirmar que la razón científica sugiere, con un grado de probabilidad que es casi certeza, que no existe Dios todopoderoso. La fórmula de Romney es TMA: todos menos los ateos.
Esto hará que no pierda muchos votos republicanos, pero como receta para un país libre es inaceptable. Como mínimo, los políticos religiosos en los países libres deben dar con un lenguaje que coloque al mismo nivel público a todos los que creen en una religión y todos los que no creen en ninguna. También en Gran Bretaña nos encontramos con estos intentos de sugerir que la “fe” es intrínsecamente superior a la falta de fe religiosa. Justo antes de Navidad, el ex ministro del Interior Charles Clarke me mandó por correo electrónico el texto de una conferencia que había pronunciado al respecto. La idea con la que empezaba Clarke era que “ante todo, la fe es, en general, una fuerza positiva”.
Ni como afirmación sobre la historia ni como valoración contemporánea se sostiene esta frase. Dado que, durante la mayor parte de la historia, casi todos los hombres y mujeres han tenido algún tipo de fe, e incluso en el mundo contemporáneo, la mayoría sigue teniéndola, casi todo lo que unos seres humanos han hecho a otros seres humanos, o al mundo natural, se ha justificado por una creencia u otra: muchas cosas buenas y muchas cosas malas. Tan ahistórico es negar que algunas personas han hecho cosas que a los liberales laicos nos parecen buenas por supuestos motivos religiosos como que otras han hecho cosas terribles por esos mismos supuestos motivos religiosos.
Mi posición al respecto es empírica: por sus frutos los conoceréis. Tal vez llegue un día en el que todos se convenzan de las verdades científicas del darwinismo, aunque la propia ciencia está sacando a la luz indicios de que existe cierto tipo de instinto religioso “integrado”, por así decir. Hay que seguir librando la batalla de las ideas sobre lo que es verdad; pero, mientras tanto, es menos importante lo que creen los políticos en el rincón religioso de su mente que lo que hacen.
Si presentan siempre propuestas políticas adecuadas, no importa que sean mormones, católicos (como el recién convertido Tony Blair) o musulmanes; debemos apoyarles. Si proponen malas políticas, aunque sean ateos científicos, debemos oponernos a ellos.
El problema que sigo teniendo con el hecho de que Romney sea mormón no es que el mormonismo sea una religión (que es un problema para el ateo), ni que el mormonismo no sea claramente cristiano (un problema para los cristianos), sino que es una extravagante colección de paparruchas. Y yo me pregunto: aunque sea un conservador natural, aunque el mormonismo sea, como dice él, “la fe de mis padres”, incluido el padre más reciente, al que adoraba, ¿cómo puede un hombre bien preparado, que aspira a dirigir el país más poderoso y moderno del mundo, creerse todo eso en serio? Como dicen en el norte de Inglaterra: qué rara es la gente.




Religión, fundamentalismo y secularización/JULIÁN CASANOVA


Oublicado en El País, 21/12/2007;
La historia de por qué las religiones se mantienen tan vivas a comienzos del siglo XXI y son cada vez más relevantes, no resulta fácil de contar. En realidad, las predicciones de muchos intelectuales, especialmente europeos, indicaban lo contrario. La secularización, inherente a las sociedades modernas, conduciría a un gradual e inevitable declive de las religiones. Se suponía que el proceso iniciado en el siglo XVIII con la Ilustración, y continuado con la revolución liberal y los movimientos socialistas, impondría la ciencia y la razón frente a la opresión religiosa. Cuanto más moderna y democrática fuera una sociedad, menos peso tendría la religión. Hubo incluso quienes profetizaron el fin de la religión, la muerte de Dios.
Destacados sociólogos de la religión, como José Casanova o Máximo Introvigne, creen que esa teoría de la secularización es el resultado del "eurocentrismo" vigente en parte del pensamiento occidental, la generalización de una situación que en la práctica sólo se produce en pocos países europeos, Francia y Alemania, fundamentalmente. No sería el caso, por supuesto, de Estados Unidos, una sociedad muy religiosa pese a ser moderna, racional y democrática. El "aspecto religioso" de Estados Unidos es algo que ya le llamó la atención a Alexis de Tocqueville, tal y como dejó escrito en sus reflexiones sobre la democracia en América. Quienes han tratado posteriormente de explicar esa aparente paradoja recuerdan que la vitalidad de la religión en Estados Unidos deriva de las condiciones creadas por la Primera Enmienda de su Constitución, que prohibía el establecimiento de cualquier religión en el Estado, mientras que garantizaba el libre ejercicio de la religión en la sociedad.
Pero la situación de Estados Unidos no resulta hoy tan excepcional y hay datos que prueban que la religión es, en muchas sociedades, más predominante que hace unas décadas, que crece en casi todos los países el número de personas que se definen "religiosas" y que los medios de comunicación dedican mucha más información que antes a los líderes y movimientos religiosos. Y el crecimiento afecta tanto a las religiones organizadas desde hace siglos como a las nuevas, que desde la ortodoxia suelen llamarse sectas.
Aunque desde Europa occidental resulte extraño, para entender algunas de las cosas que están pasando en el mundo, en la política internacional y en algunos de sus principales conflictos, hay que prestar la debida atención a esas manifestaciones religiosas y a algunos de los movimientos conservadores estrechamente conectados con ellas. Porque la primera constatación es que, contrariamente a lo que muchos creían, la mayoría de las religiones se han hecho en los últimos años más conservadoras y fundamentalistas, lo cual es cierto del islam, al que suele identificarse como el paradigma del fundamentalismo, pero también lo es del judaísmo, del hinduismo y del cristianismo, tanto protestante como católico.
El fundamentalismo, que une siempre la religión con la política, se manifiesta por su antimodernismo militante y, sobre todo, por su condena de cualquier forma de pluralismo, sea intelectual, social o religioso. En el caso del islam se percibe como un proceso de purificación dirigido a eliminar supuestas contaminaciones y a establecer un futuro inmediato que acabe con la historia y el presente profanos e impuros. Pero en Estados Unidos, la combinación de fundamentalismo y nacionalismo, tan presente en el actual mandato de George W. Bush, se ha propuesto eliminar del mundo no sólo al terrorismo sino también al mal. Tal tentación fundamentalista está muy presente en algunos de los políticos que aspiran a la candidatura republicana, como el mormón Mitt Romney o el predicador baptista Mike Huckabee.
Todos esos movimientos conservadores y fundamentalistas están sacando un enorme provecho de las oportunidades ofrecidas por la globalización y las nuevas tecnologías. Traspasan fronteras, controlan algunas de las redes de comunicación más avanzadas y compiten entre ellos por imponer su visión de cómo organizar el orden mundial, en tiempos de grandes movimientos migratorios y de reafirmación de identidades culturales. Así se explica el notable crecimiento experimentado por religiones que apenas tienen un siglo, como los mormones o los testigos de Jehová, la creación de cientos de nuevas iglesias y la consolidación de movimientos integristas dentro del catolicismo, el pentecostalismo y el islam.
Las prácticas religiosas tradicionales dejan paso a nuevas formas de misticismo. Las ideas y movimientos que criticaron a la religión desde el progreso y la razón han perdido fuerza, mientras que las religiones, reconvertidas y refundadas, se mantienen. Los sociólogos discuten la relación entre ese crecimiento de las religiones y el descrédito de las utopías políticas. Pero teorías e interpretaciones al margen, lo que resulta preocupante es ese impulso fundamentalista en la religión y en la política, que traspasa fronteras, ataca el pluralismo y persigue a los disidentes. Quienes crean que sólo está en el mundo islámico o en la América de Bush, que miren un poco dentro de sus casas
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27 dic 2007

Navidad, Reyes y locos

Navidad, Reyes y locos/Manuel Mandianes, escritor y antropólogo del CSIC
Publiicado en EL MUNDO, 26/12/2007;
En un principio, la Navidad y la Epifanía eran la misma fiesta: la de la encarnación del Señor. Sólo a finales del siglo IV se separaron. Desde entonces, Occidente celebra la Navidad y Oriente la Epifanía (Fiesta de los Reyes). El mes pequeño, es decir, los 12 días que separan la Navidad y la Epifanía, interpretado de diversas maneras por las diferentes culturas, ya aparece muy bien estructurado entre los sumerios para quienes cada uno de ellos augura uno de los meses del año. Estos 12 días son la diferencia entre los 354 días del año lunar y los 366 días del año solar. Cada mes empieza con la luna nueva y dura 28 días. Este sistema permite una conexión directa entre cada uno de los 12 días y su mes correspondiente. El único lugar para los 12 días fuera de los meses sólo está en el año lunar. Entre cada par de meses claros hay un espacio que los romanos llamaban interlunium, un día o dos que no se incluyen en ningún mes. Plutarco dijo refiriéndose al número 28: «Este es el número en que nos ilumina la luna y en estos días se vuelve a su ciclo». Los días oscuros serían los que estaban entre los meses, entre una lunación y otra. Este calendario explica y justifica la oposición día/noche, claridad/oscuridad.
Algunos pueblos antiguos pensaban que durante estos días -tiempo fuera del tiempo, un período de impureza propio de todo nacimiento hasta la purificación- las deidades se retiraban del mundo a descansar. Para la tradición babilónica son los días de la suerte. Los gallegos, el día de Navidad, ponían al relente 12 cascos de cebolla, cada uno con el nombre de un mes cuya suerte aparecía escrita en él.
Durante la Edad Media aprovechaban estos días para celebrar la fiesta de los locos. El 26 (San Esteban) y 27 (San Juan Evangelista) de diciembre el bajo clero elegía por obispo a un niño o a un loco, se disfrazaba y se travestía de las maneras más perversas, daba órdenes irrisorias, se burlaba del alto clero y hasta del obispo y organizaba ceremonias irreverentes en las iglesias y en la catedral. Los herreros echaban herraduras incandescentes en el suelo, los panaderos echaban panes y dulces en el suelo atados con un hilo y tiraban cuando alguien se agachaba para recogerlos, los fabricantes de velas las hacían de una materia que simulara cera pero que no ardía.
En la Europa rural, hasta finales del siglo XIX, durante este período estaba prohibido hilar, limpiar las cuadras y llevar el estiércol a las fincas, hacer la colada y otros trabajos pesados. Si no se quería correr el peligro de coger la sarna, no se podían comer frutos secos y después de la puesta de sol se evitaba entrar en los bosques porque los espíritus viajeros eran favorables a las visiones, lo que aún hoy se refleja en películas como El bosque (EEUU, 2004. Dir. N. Shyamalan). Los habitantes de los pueblos situados en medio de los bosques temían las incursiones de cazadores y de hombres salvajes celosos de sus dominios.
En algunos pueblos de Moldavia aún hoy son 12 días de alegría y de locura colectiva. Los niños, disfrazados con pieles de oso -animal relacionado con los antepasados desde muy antiguo- y con cencerros a la cintura y máscaras en la cara, recorren la ciudad y monopolizan la vida social. El oso danza en las patios de las casas y sus golpes sobre la tierra son purificadores y fertilizantes. Las casas que se ven excluidas se sienten deshonradas y protestan a los organizadores de los eventos festivos que «no las olvidan, sino que las relegan por algún motivo».
Con el oso hace su aparición una cabra que simboliza lo no-nacido, la sustancia primordial del mundo. Es la cabra que dio de mamar a Zeus, futuro padre de los hombres según la mitología griega.
El niño que hacía de obispo sabía que era niño y no obispo; el clérigo bajo sabía que no era Papa sino clero sin poder alguno y que en los días siguientes volvería a estar al servicio de aquellos a quienes hoy convertía en blanco de su burla. En el ámbito del mundo cristiano, estas inversiones, homenaje a la transitoriedad de las cosas del mundo, sólo se pueden comprender en relación con la exaltación de la infancia y de la locura en los textos del Nuevo Testamento. «Si no os hacéis como niños, no podréis entrar en el reino de los cielos», dice Jesús, y San Pablo dice que el comportamiento de Jesús es una locura para la gente que ve las cosas con ojos mundanos.
Ser niño y estar loco es dejar libertad al espíritu para que nos pueda llenar y hablar directamente por nuestra boca. En muchas culturas, Dios habla por boca de los locos. Un buen ejemplo es el loco de Les années de braise (Argelia, 1975. Dir. M. Lakhdar-Hamina). Cuando alguien quiere que todo el mundo se entere de algo, pero nadie quiere ser el responsable de que se sepa se lo dice a un loco y éste se encarga de difundirlo.
Otros intérpretes ponen lo que ocurre en relación con la sabiduría de origen divino, distinta de la que procede y se rige por la razón humana. «El Todopoderoso hace caer a los poderosos y levanta a los humildes», dijo la Virgen cuando le habló el ángel Gabriel. «¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de este mundo? ¿Por ventura no aturdió Dios la sabiduría de este mundo?», se pregunta San Pablo en la primera carta a los cristianos de Corinto. El Concilio de Trento dio ordenes de acabar con la fiesta de los locos porque a mucha gente le recodaba las libertades propias de las Saturnales romanas.
A medida que la fiesta de los locos fue perdiendo importancia, la fue ganando la de los Santos Inocentes, a quienes Herodes había matado con la intención de eliminar con ellos al Niño Jesús, futuro rey de los judíos. Los niños del coro elegían al obispillo que presidía un oficio de irrisión.
La fiesta de los Reyes Magos se fraguo con la representación de los actos sacramentales allá por la Edad Media. Hasta el siglo IV, el Oriente cristiano celebraba este día el Año Nuevo por el afán de distinguirse de los paganos y del poder romano, que lo celebraban el 1 de enero.
Cuando la celebración se instauró en Occidente, la fiesta pasó a significar la revelación del Señor al mundo pagano. El prototipo de los Reyes es la visita de unos venidos de Oriente a Belén para rendir visita al Niño Jesús que acababa de nacer en un portal. A este episodio se unía el recuerdo del bautismo del Señor en las aguas del río Jordán por Juan el Bautista, también llamado el Precursor.
Según el testimonio de Herodoto, los magos persas subían cada año a lo alto de una montaña sagrada y allí encendían una gran fogata en el momento de la aparición de una estrella que marcaba el momento del renacimiento del sol. Con ello escrutaban el cielo para descubrir la estrella que anunciaría el nacimiento del Salvador, que debía nacer de una virgen en una caverna.
La Epifanía sigue siendo la fiesta primordial para el mundo oriental ortodoxo. El día de la Epifanía es el día del agua y de los marineros por ser el día del bautismo de Jesús. El agua es el símbolo más importante de la renovación de la naturaleza, como el bautismo lo es del renacimiento espiritual del cristiano.
El hombre es el ser del límite, éste tiene siempre como referencia el misterio que le excede y la fiesta es un tiempo propicio para descorrer el velo que oculta el misterio (E. Trías). Aunque no se sabe el día, ni siquiera el año, del nacimiento de Jesús, con la Navidad los cristianos celebran el día en que Dios entró en el tiempo, plantó su tienda aquí y habitó entre nosotros.

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