12 jun 2009

Jueves de Corpus

Pasado y presente del Corpus Christi/Manuel Mandianes, antropólogo del CSIC. Su último libro es Raposiño e o cego, de Limaía Productions
Publicado en EL MUNDO, 11/06/09;
El ser humano, para poder sobrevivir a la eclosión de la naturaleza y domeñar brujas, diablos, espíritus indefinidos y toda clase de habitantes del otro mundo que, a finales del invierno -con ocasión del Carnaval-, salen de las entrañas de la tierra para convertirse en compañeros de viaje de los moradores de este mundo, organiza, desde tiempo inmemorial, las fiestas de primavera.
Así, en mayo, tienen lugar celebraciones de la luz y de la exaltación del fuego, protector de todos los seres vivos. Para el mundo occidental, es el mes del esplendor de la vegetación en general y, en particular, del árbol. La Iglesia dedica mayo a la Virgen María y el 1 de mayo celebra la fiesta de San José Obrero.
Dentro del ámbito cristiano, el Corpus Christi es la culminación de todas las fiestas de primavera. En el siglo XIII, el Papa Urbano IV institucionalizó esta celebración en honor del Santísimo Sacramento. Ya en el siglo XVI, en el Concilio de Trento se decretó que todos los años, en un día declarado festivo a tal fin, se llevara por las calles y las plazas de villas y ciudades en procesión solemne el cuerpo de Cristo.
El Corpus se celebra 60 días después del Domingo de Resurrección, el jueves posterior al noveno domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. Por la adaptación civil, la fiesta se ha solido trasladar en casi toda España al domingo, pero la tradición sigue recordando el jueves como el día de la festividad: «Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y Ascensión».
La procesión se pasea sobre alfombras tejidas con flores de mil colores, salpicadas de hierbas aromáticas y rematadas con cenefas finísimas y de muy difícil factura. Las casas se adornan con altares, exornados con macetas, colchas, manteles y banderas, en los que pueda reposar la custodia que, bajo palio, el sacerdote lleva la sagrada hostia.
En algunos pueblos, también tallan flores de saúco al mediodía y las encierran en una botella que tapan bien y sotierran. No las desentierran hasta el mismo día del Corpus del año siguiente, cuando confeccionan con ellas un bálsamo que utilizan como remedio para curar cualquier herida.
Las autoridades eclesiásticas han prohibido repetidamente a los fieles llevar disfraces en las procesiones. Por ese motivo, algunas cofradías organizaban bailes y mascaradas en las que figuraban, en primer término, los cocos, gigantes en caricatura. En la mascarada de Santiago de Compostela, las mujeres iban bailando detrás de las penliñas -niñas lujosamente ataviadas-, ejecutando movimientos y contorsiones dramáticas. Como en todas las fiestas de primavera, en las procesiones del Corpus siempre hubo muchos elementos que recuerdan lo que ocurre en el Carnaval.
A lo largo de la geografía española hay distintas formas de celebrar esta festividad. Por ejemplo, en Benavente (Zamora), toros enmaromados recorren varios días las calles de la villa. En La Patum de Berga (Barcelona), todo un bestiario invade las calles del pueblo, causando gran alboroto entre los habitantes y los turistas llegados de todas partes para la ocasión.
Siguiendo la tradición, en la procesión de Allariz (Orense) iba delante un toro amarrado con una cuerda de la que tiraban unos cuantos hombres forzudos. La leyenda dice que Xan de Arzúa, caballero cristiano y rico, viendo que los judíos se burlaban de los cristianos el día del Corpus, ordenó a sus criados que ataran un toro y lo llevasen por las calles por las que iba a pasar la procesión para embestir a los judíos. Otra versión dice que un día Xan de Arzua llegó ante los muros de la ciudad y, al tropezarse con un bando que prohibía a los forasteros atravesar sus calles a lomos de su caballo, echó pie a tierra y montó un toro.
Los gallegos cuentan que la coca, presente en muchas procesiones del Corpus, es un monstruo gigantesco que hace muchos años, vivía en alguna de sus rías y tenía atemorizada a toda la región, pues, de cuando en cuando
, salía del agua y raptaba a alguna moza. Un día, los hombres de Redondela, llenos de pánico y de rabia, se armaron de coraje, salieron a su encuentro y, después de luchar a brazo partido varios días contra él, lo vencieron como San Jorge había vencido al dragón que habitaba en un lago y cada vez que salía del agua se llevaba una doncella. En lugares del interior y secos, los habitantes luchan por liberarse de la reina Loba, una mora, que los tiene sometidos y vive de expoliarlos.
La coca, la reina Loba y otros monstruos simbolizan lo precristiano, lo pagano. Los mozos, todos los habitantes del lugar o San Jorge representan las fuerzas nuevas que vencen lo antiguo y lo anticristiano. Cristo, presente en la sagrada hostia, lo vence todo y todo ha de obedecerle.
Historiadores de las religiones han encontrado precedentes de la Eucaristía en los cultos de los misterios de Grecia y del antiguo Egipto y hasta en las hecatombes de las que ya dan buena cuenta los relatos homéricos. En los banquetes báquicos, los devotos alcanzaban la liberación prometida, tanto hombres como mujeres, mediante el éxtasis provocado por la música y el vino. Los asistentes a los banquetes celebrados en los cultos en honor de Mitra alcanzaban la inmortalidad al consumir pan y vino y, probablemente, la sangre del toro, sacrificado a tal ocasión, para asimilar su esencia vital.
El hecho de que el calendario litúrgico haya aprovechado fechas importantes de otras culturas para celebrar sus fiestas y de que haya ciertos parecidos entre ritos cristianos y ritos anteriores no va en detrimento de la originalidad del mensaje cristiano. El Corpus es la exaltación de la presencia real de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, instituida por Jesús el Jueves Santo.
Gracias a la transustanciación operada en el momento de la consagración de la misa, los cristianos están convencidos de que, al recibir la Comunión, comen el cuerpo de Cristo y beben su sangre.

El liderazgo

Liderazgo en nuestros tiempos/José Luis Álvarez, Sociologo por la Universidad de Harvard y profesor de ESADE
Publicado en EL PAÍS, 11/06/09;
El liderazgo ha sido raramente empleado, fuera de invectivas partidistas, como medida para la evaluación de presidentes de Gobierno y jefes de la oposición españoles. Sin embargo, escasamente añorado en contextos benéficos, la crisis económica lo está convirtiendo en el test fundamental de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.
Hay dos tipos fundamentales de liderazgo. Uno es el transformador, que permite a una comunidad solventar sus problemas y, al mismo tiempo, las causas de los mismos, mejorando su capacidad para afrontar retos futuros. Requiere sobre todo trabajo ideológico o de relato: hacer balance de dónde se está y señalar adónde se va. Requiere más legitimidad del líder y es más propio para contextos de dificultad.
El segundo es el transaccional, que capacita a una comunidad para solucionar sus retos corrientes. Se denomina así porque son el toma y daca, la negociación, el acomodo de intereses, los mecanismos habituales de acción en tiempos de bonanza.
Este país tiene ahora que solventar graves dificultades económicas, pero también la causa que ha provocado la impotencia de los gobernantes ante las mismas: la progresiva independencia de la economía respecto a la política, y la consiguiente incapacidad de lo público para influir en la primera. Es hora de examinar el liderazgo transformacional de nuestros políticos.
Todos nuestros presidentes de Gobierno ilustran aspectos clave del liderazgo político. Por ejemplo, pocas veces un político transaccional como Adolfo Suárez ha estado tan cerca de convertirse en líder transformacional. Su estilo se acomodaba perfectamente a la “reforma” como método de desmontaje del régimen franquista desde dentro. Pero Suárez es ejemplo de los riesgos del agente de cambio hipertáctico, sin ideología sostenida. El virtuosismo transaccional, el trabajo político en distancias cortas, acaba quemado cuando las rutinas de actuación son descubiertas, cuando las bases de poder se agotan de tanto usarlas, cuando por haber logrado buena parte de sus objetivos el líder es prescindible. Es entonces cuando los que cedieron ante el personaje, o se sintieron postergados o incluso subyugados por él, reconociendo su debilidad, dan rienda suelta a su resentimiento. El liderazgo transaccional, como el de Suárez, nunca es suficiente cuando los objetivos son transformacionales, y el final de los líderes transaccionales es la descalificación y acoso personal, porque es precisamente su estilo personal el que les hizo eficaces en su día.
En sus dos primeras legislaturas fue tal el capital político de Felipe González que fue capaz de conseguir objetivos transformacionales (europeización de España) sin necesidad de abusar de tácticas transaccionales. Pero con el tiempo, habiendo cumplido sus aspiraciones, acosado por los escándalos, sin mayoría absoluta, se adaptó mal a una presidencia a la baja, aislándose en Moncloa con fastidio ante unos tiempos que ya no sentía a su altura.
González, el modernizador, ejemplariza las dificultades psicológicas de asumir un cambio a menos del liderazgo, de transformacional a transaccional, pero también muestra el ímpetu de largo recorrido que proporciona haber iniciado la presidencia con aspiraciones transformadoras. El dicho afirma, con razón, que toda historia de poder acaba mal, pero la caída desde el liderazgo transformador, como la de González, aunque melancólica, es siempre más atenuada que desde el liderazgo transaccional.
José María Aznar fue, como González, un presidente vocacionalmente transformador, despreciador, todavía más, de lo transaccional. Pero mientras que al presidente socialista los tiempos le agraciaron con unos desafíos a la altura de sus ambiciones, al popular se los negaron. Aznar, versión española de Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Karol Wojtyla, los tres “grandes repudiadores” de la socialdemocracia y el liberalismo cultural, y a quien pareciera que le rebajasen política e íntimamente los compromisos y cesiones escasamente grandiosos que caracterizan las prácticas democráticas, buscó para sí, con espíritu político emprendedor, el reto que los tiempos no le proporcionaban: la emergencia de una nueva Europa frente a las viejas potencias continentales, un desafío propio de un Churchill, su exigente superego político. Las inesperadas consecuencias últimas de esta empresa son conocidas y Aznar, el más interesante psicológicamente de nuestros presidentes, acabó fracasando también en su intento de seguir mandando vicariamente en el país a través de Rajoy, sin necesidad de ser electoralmente responsable. El destino de Aznar enseña que sin un módico trabajo transaccional no hay política posible. Los liderazgos transformacionales y transaccionales no son excluyentes y, aunque todo líder tiene sus preferencias, necesita ser mínimamente activo en ambos modos de acción.
Zapatero es, con Leopoldo Calvo Sotelo, el presidente que ha llegado a Moncloa con menos capital político. Opuesto a un ciclo conservador dominante durante su primera legislatura en la escena internacional y nacional, estuvo bloqueado en sus iniciativas más importantes, como la negociación con ETA, por una oposición que mantenía el poder mediático, económico y judicial. Zapatero fue invirtiendo su escaso capital político en iniciativas de “ciudadanía”, que garantizan estilos de vida plurales, pero no son transformadores para el general de la población. Y cuando se le viene encima una crisis económica histórica es incapaz de reaccionar, porque desde hace años la izquierda ha aceptado la premisa conservadora de que la cuestión económica está resuelta. Zapatero carece de un discurso de futuro que incluya de manera creíble la economía, lo que le permitiría incorporar a su proyecto a clases sociales con aspiraciones de movilidad vertical, que le siguen percibiendo demasiado enfocado en cuestiones de estilos de vida no centrales para esos grupos. Y su escaso capital político sólo le permite tácticas de resistencia, y éstas siempre son transaccionales.
Reducido en su capacidad de hacer política, apenas reteniendo el poder ante una derecha que, paradójicamente, debería estar en retirada por agotamiento de su modelo económico liberal, Zapatero, el político,
está como Suárez sujeto a descalificaciones personales constantes, como el epíteto de mentiroso que Rajoy le dedica diariamente, o el “pinocho” que le ha adjudicado Artur Mas. Sin el respaldo de un partido disciplinado, su equilibrismo sería fatal.
Mariano Rajoy traslada a la política el estilo de su oficio original: registra la realidad, pero carece de proyecto de transformación. Su vocación y capacidades -y la de su equipo, altos funcionarios como él- es la mera administración de las cosas. Acosado desde 2004 por sectores de su partido ha ido resistiendo con resabios de funcionario experimentado. Pero si gana las próximas elecciones generales se puede encontrar con el pie cambiado respecto al ciclo político. Ni amado por sus bases, que siguen añorando el estilo de Aznar, ni temido por los adversarios -su desprecio hacia el presidente parece perjudicarle más a él mismo-, Rajoy difícilmente podrá, de ganar las próximas elecciones, sostener con mera gestión la previsible espiral de demandas sociales, contenidas ahora por el miedo al paro, que caracterizará el final de una crisis que ha hecho patente las desigualdades de oportunidades. Superviviente, como Zapatero, Rajoy, el administrador, es el más transaccional en objetivos y medios de los dirigentes políticos actuales.
En tiempos que requieren liderazgo transformacional, Zapatero y Rajoy están absorbidos en su propia supervivencia. Nunca en la España democrática ha habido tal desajuste entre necesidades objetivas y liderazgo disponible.
El problema no es un déficit particular de Zapatero o Rajoy, ambos eficaces líderes transaccionales. La elevación a liderazgo transformacional no lo dan las personas, sino una clara dirección de futuro articulada alrededor de una ideología a su vez reflejada en programas políticos. Y ese es un trabajo de partido. Salvo la excepción de Suárez, aquellos presidentes que han contado con una narración de futuro han impactado el país, como González y Aznar. Calvo Sotelo no la tuvo, Rajoy no la tiene y la de Zapatero es incompleta por carencia de economía política. Sin ideología no hay ni tracción, ni sostenibilidad políticas, ni autoridad, ni legitimidad para llevar a cabo los cambios necesarios.

11 jun 2009

Nivel 6

Con una extensión casi mundial (se han identificado casos en 74 países), la nueva gripe es ya, oficialmente, una pandemia. La primera del siglo XXI. Aunque el calificativo puede llevar a confusión: se debe a la facilidad de propagación del virus, no a su gravedad (la mortalidad es del 0,5%).
Fue la directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, quien hizo a el anuncio del aumento del nivel de alerta de 5 a 6, el máximo. "El virus se transmite fácilmente entre personas y entre países. Por eso he decidido elevar el nivel de alerta", dijo.
De momento, los últimos datos son que en el mundo hay confirmados casi 29,000 casos desde finales de abril, y ha habido 144 fallecidos. La cifra es sólo "la punta del iceberg", admitió Chan. En EE UU, los Centros de Control de Enfermedades (el organismo científico de referencia) calculan que por cada diagnóstico hay otros 3,000 afectados. Esta proporción es a la baja (es un país puntero donde las alertas saltaron muy pronto), por lo que aventurar que ya ha habido 90 millones de infectados en el mundo no parece una exageración.
Ésta es la primera pandemia de gripe que se declara en 40 años. La anterior empezó en Hong Kong en 1967, y se saldó con medio millón de muertos. Los expertos creen que no se repetirá la situación de la gripe española de 1918, con unos 30 millones de fallecimientos. La causa no está sólo en el virus, sino en el cambio de las circunstancias. Entonces, acababa de terminar la I Guerra Mundial, y, sobre todo, no existían los antibióticos.
Los protocolos de la OMS estipulan la posibilidad de que los enfermos se aíslen -"voluntariamente", en sus casas, que se cierren colegios u otros lugares de grandes aglomeraciones. En cambio, consideran inútil restringir los viajes (no tiene sentido impedir la llegada de algo que ya está dentro) o, en este caso, prohibir el comercio de carne de cerdo (que el material genético del virus se corresponda con una gripe porcina no quiere decir que estos animales transmitan la enfermedad).
La directora de la OMS recordó que este virus afecta más a personas jóvenes, lo que es una ventaja porque es gente más fuerte. Por otro lado, si se confirman los casos africanos, el patógeno tendría a su alcance a grupos de población como los inmunodeprimidos por el VIH, lo que puede hacer que, aunque el virus no se vuelva más peligroso en sí mismo, sus efectos sean mucho más devastadores.

La Justicia empantanada, opinión de Rabasa

La justicia empantanada/ Emilio Rabasa Gamboa
Publicada en El Universal, 11 de junio de 2009
México, país de máxima legislación y mínima observancia de la ley. Tiempos eternos dedicados al proceso legislativo, pero una vez aprobada una reforma, no damos el paso siguiente que es aplicarla para transformar una realidad que fue lo que motivó todo el trabajo legislativo. Mucho ruido y pocas nueces, diría Shakespeare. Tanto esfuerzo ¡para nada!
Así pasó con la reforma indígena. Debatida durante todo el sexenio del presidente Zedillo, finalmente aprobada en el de Fox, es letra constitucional muerta sin siquiera legislación secundaria.
Así está pasando con la reforma sobre el sistema procesal penal acusatorio, cuyo decreto promulgatorio firmó el presidente Felipe Calderón, en Palacio Nacional, el 17 de junio de 2008. A casi un año de distancia, nada de lo dispuesto sobre los juicios orales por el Poder Constituyente Permanente se ha cumplido.
No se cuenta con la legislación secundaria que indica el transitorio segundo del decreto. No se ha integrado la instancia de coordinación compuesta por los representantes de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, además del sector académico y la sociedad civil, en adición a otras instancias gubernamentales para que, con una secretaría técnica, se apoyara a las autoridades federales y locales en la implementación de la reforma, como se ordenó se integraría en dos meses, en el transitorio noveno.
El Congreso de la Unión, las legislaturas de los estados y el órgano legislativo del Distrito Federal no han destinado los recursos necesarios para la reforma del sistema de justicia penal, como se señaló en el transitorio octavo.
Sólo se ha nombrado por parte de la Secretaría de Gobernación (sin que el decreto le haya dado facultades expresas para hacerlo), como secretario técnico, al licenciado Felipe Borrego, abogado con experiencia en el campo jurisdiccional y quien se ha rodeado de juristas jóvenes e inteligentes como Carlos Natarem Nandayapa, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, y Rafael Estrada, de la Escuela Libre de Derecho, pero sin los medios y recursos para impulsar la reforma.
El Poder Judicial en un año tan sólo creó 20 jueces de control, pero el Consejo de la Judicatura Federal no cuenta con un plan para cambiar el sistema inquisitivo-escrito que todavía siguen aplicando los más de 500 juzgados que administra, por el sistema acusatorio-oral, con todo lo que eso implica en capacitación del personal judicial, así como la adecuación física de las salas.
Tampoco se advierte mucha actividad reformatoria en los cuerpos policiales y ministerios públicos para su necesario ajuste al modelo oral.
Salvo contadas excepciones como Chihuahua, Nuevo León, estado de México, Oaxaca y Morelos, la reforma no avanza en las entidades federativas.
Somos un país que legisla para que nada se cumpla una vez legislado. La reforma sobre la oralidad no camina. Pesan más los intereses del viejo, anacrónico y corrupto sistema escrito; por eso la justicia en México, está, una vez más, empantanada.
Profesor investigador del Tec de Monterrey, CCM

Ejército en las calles, opinión de Castañeda

Ejército en las calles para rato/ Jorge G. Castañeda
Publicado en Reforma, 11 junio 2009;
Se ha vuelto una especie de mantra invocado por todos que la participación tan directa y generalizada de las Fuerzas Armadas en la guerra contra el narco es provisional. Funcionarios, asesores y hasta críticos del gobierno repiten que el Presidente echó mano del Ejército porque no había más, pero que pronto los militares volverán a sus cuarteles, ya sea porque haya quien los sustituya, o porque habrán salido victoriosos.
Los incidentes de los últimos días en la zona conurbada de Monterrey, el operativo en Michoacán, la fuga en el penal de Zacatecas, o la balacera en Acapulco muestran que el colapso de las policías municipales y estatales es inminente, pero también que la Policía Federal aún no está lista para sustituirlas o supervisar su reorganización. Más aún, funcionarios del gobierno involucrados en estos menesteres exclaman con alarma que "ya no alcanza la cobija": no hay suficientes policías federales para tapar todos los huecos municipales y estatales.
Sabemos que la PF, entonces también llamada Preventiva, fue creada en 1999 por Zedillo mediante la transferencia de una brigada del Ejército de poco más de 8 mil efectivos operacionales. Fox aumentó ligeramente el número de efectivos administrativos, pero hasta este sexenio se transfirió una brigada adicional del Ejército, llevando el total de efectivos a poco más de 20 mil. Si a ello sumamos la ex AFI -antes de ser devuelta a la PGR-, la PF llegó a tener unos 30 mil integrantes. Conviene subrayar que si a esta cifra le restamos a la ex AFI y al personal administrativo, hoy difícilmente son 20 mil efectivos operacionales. Es evidente que no alcanzan. Por esto se creó la nueva Academia de Seguridad Pública Federal en San Luis Potosí. Por desgracia, no es fácil encontrar una respuesta clara sobre el número de egresados prestos para combate que ha producido la academia. El 21 de abril, cuando la delegación de Human Rights Watch fue recibida por el subsecretario de Prevención, Vinculación y Derechos Humanos de la SSP, el ingeniero Facundo Rosas, ante insistentes preguntas de Kenneth Roth, José Miguel Vivanco y el que escribe sobre el número de egresados listos para labores policiacas de a pie, respondió que no contaba con la cifra, aunque respondió que se habían graduado 3 mil alumnos para participar en tareas de inteligencia y análisis. Al verse obligado a responder a la pregunta que nosotros hicimos, reveló que no había un solo egresado destinado a combate. No me consta que esta cifra sea correcta, sólo me consta que eso fue lo que respondió el subsecretario. Pero deduzco de la renuencia de otros funcionarios a dar respuestas, que la cifra no se aleja de la verdad.
Ahora bien, si aún no hay con quién sustituir al Ejército, entonces queda la esperanza de que la violencia disminuya. Contamos con varios registros para saber si esto es así. Yo opto por el de casa, el "ejecutómetro" de Reforma, que reviste la ventaja de ser una serie homogénea, aunque posiblemente subestime el número total de muertes relacionadas al narco y crimen organizado, ya que su información es sólo la que recogen los periódicos del grupo. De enero a mayo de 2007, Reforma contabilizó 1,189 muertos; para el mismo periodo de 2008 hubo 1,552 fallecimientos, y para los mismos meses de este año, 2,544. Si comparamos los mismos meses de cada año, observamos que la violencia ha aumentado. Se podría sostener que en las últimas semanas ha descendido, pero en la tercera semana de mayo 2009 se produjeron 79 ejecuciones, la cuarta 99, y la primera de junio 128, lo cual muestra una tendencia ascendente. Si se cotejan estas semanas con las mismas del año pasado, se observa el mismo incremento.
Como no sé en qué consiste la estrategia del gobierno para salir de la guerra o ganarla, me resulta imposible determinar si está cumpliendo con sus metas o no. Lo que sí sé es que el día en que el Ejército pueda volver a los cuarteles sigue muy remot
o.

Todos mentimos

Todos mentimos JAQUE MATE / Sergio Sarmiento  REFORMA,07 agosto 2026 "Gracias a ti he sabido que la verdad es sólo un cabo suelto de la...