21 mar 2010

Reyes, Cernuda, Paz y Cosío Villegas

Reyes, Cernuda, Paz y Cosío Villegas
Aunque editado en 2003, hace apenas unas semanas llegó a México el libro Páginas sobre una poesía. Correspondencia Alfonso Reyes y Luis Cernuda 1932-1959, compilación, introducción y notas de Alberto Enríquez Perea (Ed. Renacimiento, Sevilla, 2003). Las cartas entre ambos escritores son en general de rutina, burocráticas incluso, pero lo que da valor al libro son tanto la enjundiosa y bella introducción como las anotaciones eruditas del compilador, que, entre muchas cosas más, saca a la luz la olvidada polémica entre Octavio Paz y Daniel Cosío Villegas. (Humberto Musacchio)
Revista Contralínea, 19 de junio de 2007
El poeta Cernuda, quien tomó las armas en defensa de la República Española, acabó siendo arrojado de su patria por los perros de Francisco Franco. Consiguió un buen empleo en una universidad de Estados Unidos y ahí se estableció varios años. En el verano de 1949 hizo una visita a México y ya de regreso escribió a un amigo: “No quiero callarle que, cuando temprano en la mañana, miré el cielo sucio y verde amarillento del norte, todo lo que perdía con la ausencia de México se me presentó: el cielo limpio, el aire claro, las flores que no pasan, los cuerpos oscuros; y se me arrasaron con lágrimas los ojos. No sabía, y no supe hasta entonces, que México se me había entrado en el corazón, que me había enamorado de él”.
Cernuda se había enamorado de México, pero también de un mexicano al que Enríquez Perea llama “hombre x”, para quien escribió:
Tantos años que pasaron
Con mis soledades solo
Y hoy tú duermes a mi lado.
Son los caprichos del sino,
Aunque con sus circunloquios
Cuánto tiempo no he perdido,
Mas ahora en fin llegaste
De su mano, y aún no creo,
Despierto en el sueño, hallarte.
Pero había más. La visita a México le permitió al poeta volver a oír su lengua y escribió en sus Variaciones sobre tema mexicano: “Sentí cómo sin interrupción continuaba mi vida en ella por el mundo exterior, ya que por el interior no había dejado de sonar en mí todos aquellos años”. Era, agregó, “la lengua que hablaron nuestras gentes antes de nacer nosotros de ellos, ésa de que nos servimos para conocer el mundo y tomar posesión de las cosas por medio de sus nombres”, lo que es importante para todo ser humano, pero más para el poeta, “Porque la lengua del poeta no es sólo materia de su trabajo, sino condición misma de su existencia”.
Otro poeta, Octavio Paz, quien compartía con Cernuda esa convicción, le solicitó a Alfonso Reyes, entonces presidente de El Colegio de México, que esta institución acogiera al autor de La realidad y el deseo. El Colegio le otorgó a éste una beca de 450 pesos mensuales y para justificarla lo consideró “investigador independiente”, pues debía trabajar en un estudio de la poesía española contemporánea y presentar avances de la investigación que terminó en 1955 y cuya publicación deseaba dedicar a Reyes, lo que el regiomontano rehusó con elegancia.
Para mantener la beca, Cernuda propuso y el Colegio aceptó un estudio sobre poesía inglesa del siglo XIX. En 1958, la mala salud golpeaba a Reyes y se decidió darle carácter honorario a su cargo de presidente de la institución y crear el puesto de director, para el que se escogió a Daniel Cosío Villegas. A él se dirigió don Alfonso en diciembre de aquel año para “hacerle tres súplicas”, una de las cuales era sostenerle la beca a Cernuda, “que vive muy pobremente” y “es cumplido en su trabajo”. Un año después murió Reyes y Cernuda volvió a Estados Unidos, sin dejar México del todo, pues cuatro años después murió en Coyoacán, luego de que en agosto de 1961 Cosío cancelara la ayuda que le daba el Colegio.
Al fallecer Cernuda, apareció en la Revista de la Universidad (julio de 1964) un artículo en el que Octavio Paz afirmaba del poeta español que “a la muerte de Reyes, el nuevo director (del Colmex) lo despidió sin mucha ceremonia”. Cosío Villegas, envió una carta de respuesta a Paz, la que apareció en el número de octubre de la misma publicación. Con su petulancia característica, Cosío empezaba por corregir la ortografía del poeta, al que llamaba chismoso e indiscreto y tachaba de “falsa de toda falsedad la acusación” de que hubiera quitado el apoyo económico a Cernuda, pues argüía la existencia de una carta de éste en la que anunciaba que iría a Estados Unidos como profesor visitante de una universidad “que no nombra”, lo que motivó que le suspendieran la beca.
En el mismo número de Revista de la Universidad, Paz contestó con un texto fulminante: “Por lo visto Cernuda no fue despedido por El Colegio de México. Me alegra saberlo. Mis noticias eran otras y uno de mis informantes fue el mismo Cernuda. Como el poeta muerto era todo menos un mentiroso (y como tampoco lo es el señor Cosío Villegas) no hay más remedio que atribuir el incidente a un equívoco: Cernuda creyó que con frías y correctas maneras burocráticas, se le quería despedir y se alejó voluntariamente. La actitud del Director debe haber contribuido a esa impresión del poeta. No es un misterio que el señor Cosío Villegas, por afectación anglicista o inclinación natural, es un témpano en el trato con sus semejantes y que ha hecho de la impertinencia y el desdén, ya que no un estilo, un hábito. Cernuda tenía fama de susceptible; Cosío Villegas la tiene de intratable: todo se explica”.
Paz, dice Enríquez Perea, retiró ese texto de sus Obras completas. Quizá, porque de alguna manera lo que decía de Cosío Villegas era el autorretrato del Octavio Paz endiosado de sus últimos años.
Fuente: Revista contralínea Fecha de publicación: Junio 2a quincena de 2007
Año 5
No. 81

Cernuda en México

Letras Libres, AGOSTO DE 2003
Luis Cernuda en México
por James Valender
Los años mexicanos de Cernuda, en sus diferentes etapas, se revelan como de los más fructíferos de su vida (Variaciones sobre tema mexicano y Desolación de la quimera, entre otros libros) y de los más estables, pues aquí encontró un ámbito semejante al de su Andalucía natal, tanto por su gente como por su calor y paisaje, preferibles a los de Estados Unidos.
Tal vez no sea casual el que los tiempos más felices que Cernuda pasara en México fuesen los primeros, los que viviera antes de establecerse en la capital mexicana en noviembre de 1952. Su primer viaje data del verano de 1949. El poeta entonces vivía y trabajaba en Mount Holyoke, un colegio para mujeres en Massachusetts, Nueva Inglaterra. Hastiado de la vida estadounidense, de la falta de estímulo intelectual y humano (su única interlocutora en Mount Holyoke era su gran amiga Concha de Albornoz), de los largos y gélidos inviernos, por no decir nada de sus clases sobre teatro español de los Siglos de Oro, Cernuda decidió viajar hacia el sur, en busca de una tregua, por breve que fuese. Y la experiencia colmó sus expectativas. No sólo volvió a reunirse con amigos como Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, José Moreno Villa, Ramón Gaya y Emilio Prados, a quienes no había visto desde su salida de España, en plena Guerra Civil, en febrero de 1938; sino que incluso hizo amistades nuevas con algunos mexicanos, como el pintor Manuel Rodríguez Lozano, los músicos Salvador Moreno e Ignacio Guerrero, y el poeta Enrique Asúnsolo. Con Moreno y Guerrero, Cernuda hizo el primero de muchos viajes a Acapulco. La playa, desde luego, siempre lo había apasionado, pero lo que realmente lo conmovió, en cualquier lugar de México, fue el simple hecho de estar otra vez en una tierra soleada donde la gente hablaba español. Después de once años de destierro en países sajones, Cernuda pudo por fin escapar del frío y las brumas, y escuchar el español hablado libre y espontáneamente a su alrededor. México no era España, pero los dos países tenían tanto en común que el poeta sentía como si, por arte de magia, hubiera regresado de repente a su país. Ya de vuelta en Mount Holyoke, en septiembre de 1949, le escribió a Salvador Moreno: "No quiero callarle que, cuando temprano en la mañana, miré el cielo sucio y el verde amarillento del norte, todo lo que perdía con la ausencia de México se me representó: el cielo limpio, el aire claro, las flores que no pasan, los cuerpos oscuros; y se me arrasaron con lágrimas los ojos."1
Fue tal la impresión que le causó el viaje que en febrero de 1950, enclaustrado de nuevo en Mount Holyoke, el poeta empezó a escribir unos breves "trozos" en prosa en que evocaba diversos momentos y aspectos de su experiencia en México. Otros poemas nuevos surgirían a raíz de una segunda visita al mismo país en el verano de aquel año de 1950, y el conjunto finalmente vería la luz bajo el título de Variaciones sobre tema mexicano, hacia finales de 1952. En distintos poemas puede identificarse el perfil de ciertos lugares turísticos bien conocidos: el Castillo de Chapultepec, los canales de Xochimilco, el Jardín Borda de Cuernavaca, las playas del Golfo. Los poemas también reflejan cierto interés por aspectos más bien típicos de la vida mexicana: la intensa fe religiosa del pueblo, los trabajos artesanales de los indígenas, el cultivo de las flores, el color y la vivacidad de los mercados. Todo ello, es cierto, está presente en los textos. Y sin embargo, gracias a la intensidad con que el poeta contempla el mundo, estos poemas constituyen cualquier cosa menos una mera crónica turística. Gracias a la escrupulosa mirada del poeta, los escenarios evocados dan pie a una especie de epifanía, mediante la cual, una y otra vez, se le devela al lector el fondo lírico insospechado que subyace tácitamente en ellos; un fondo lírico que corresponde, por analogía (al propio Cernuda le gustaba hablar de un "acorde"), a una verdad poética que el propio autor ha ido buscando y creando a lo largo de su carrera. "Viendo este rincón", leemos por ejemplo en el poema "El patio", en un discurso que el poeta dirige (en primer lugar) a sí mismo, "respirando este aire, hallas que lo que afuera ves y respiras también está dentro de ti, que allá en el fondo de tu alma, en su círculo oscuro, como luna reflejada en agua profunda, está la imagen misma de lo que en torno tienes y que desde tu infancia se alza, intacta y límpida, esa imagen fundamental, sosteniendo, ella tan leve, el peso de tu vida y de su afán secreto."2
Esta vertiente exaltada de Variaciones —la que celebra la feliz recuperación, en México, del paraíso perdido que era la Andalucía natal del poeta— ha sido bien estudiada por la crítica. Los comentaristas se han fijado mucho menos, en cambio, en el lado de sombra que también reviste la colección y que es asimismo resultado de la arraigada actitud contemplativa del poeta. Porque, como acabamos de ver, al conformar la composición de lugar que es su poema, Cernuda se apoya cada vez más en esa imagen "que desde tu infancia se alza, intacta y límpida". Es decir, funde o confunde la percepción de la realidad inmediata con las expectativas que la memoria fomenta. Proceso que se acentúa, desde luego, tras la segunda visita que el poeta hace a México. "Casi no crees a tus sentidos", escribe por ejemplo en "El regreso". "¿Estás realmente aquí? "No es en tu imaginación donde ves a esta tierra? Su recuerdo y su imagen te acompañaron y te sostuvieron durante tantos meses sin virtud, largos, interminables meses de invierno, de tedio, de desolación y vacío, que apenas puedes creerte de veras en ella." Desde luego, nadie puede vivir únicamente en el recuerdo: la realidad inmediata tiene que terminar por imponerse en algún momento. Y así ocurre en Variaciones. De hecho, uno de los méritos que más se le agradecen al autor de este libro es precisamente la fidelidad con que registra lo precaria que es su compenetración con el mundo nuevo que tiene delante de los ojos: la honestidad con que finalmente reconoce, por ejemplo, la resistencia del mundo indígena a ser asimilado a los valores culturales (cifrados en la relación del hombre con la tierra, en la noción del tiempo y del espacio, en la armonía de luz y de sombra) que va buscando en un intento por dar sentido a todo cuanto percibe. Así, por ejemplo, en el poema "Por el agua", inspirado en una visita a Xochimilco: "Un decaimiento inminente acecha a todo esto, tan dolorosamente hermoso. ¿Tierra nueva? No sabes qué ecos de sabiduría extinta, de vida abdicada, yerran por el aire. Esos cuerpos callados y misteriosos, que al paso de sus barcas nos tienden una flor o un fruto, deben saber el secreto. Pero no lo dirán."3
Variaciones sobre tema mexicano se publicó en México en diciembre de 1952, cuando el poeta ya había hecho otros dos viajes más a este país. El tercero, que duró de junio a noviembre de 1951, fue en cierto modo una feliz repetición de los dos primeros, pero con una diferencia importante. En esta ocasión el poeta se enamoró profundamente de un joven culturista mexicano llamado Salvador Alighieri. Como habría de reconocer en "Historial de un libro", dicha experiencia tuvo una enorme importancia, en su obra no menos que en su vida, dando pie a uno de los poemarios más intensos suyos, sus Poemas para un cuerpo (1957): "Creo que ninguna otra vez estuve, si no tan enamorado, tan bien enamorado, como acaso pueda entreverse en los versos antes citados, que dieron expresión a dicha experiencia tardía. Mas al llamarla tardía debo añadir que jamás en mi juventud me sentí tan joven como en aquellos días en México; cuántos años habían debido pasar, y venir al otro extremo del mundo, para vivir esos momentos felices".4
En su momento, la publicación de Poemas para un cuerpo pasó casi inadvertida, y desde entonces tampoco ha llamado la atención de los críticos. Y, sin embargo, fue una de las colecciones más apreciadas por el propio poeta. La razón de esta discrepancia tal vez la explique la insólita visión amorosa a la que dan expresión los poemas. Porque en estos versos el poeta no sólo idealiza la presencia del otro, sino que incluso se enamora de su propio pensamiento, al asignar valor al proceso mismo de idealización por encima (o al margen) de la realidad misma del ser supuestamente amado.5 Así, por ejemplo, en el poema "De dónde vienes":
Si alguna vez te oigo
Hablar de padre, madre, hermanos,
Mi imaginar no vence a la extrañeza
De que sea tu existir originado en otros,
En otros repetido,
Cuando único me parece,
Creado por mi amor; igual al árbol,
A la nube o al agua
Que están ahí, mas nuestros
Son y vienen de nosotros
Porque una vez les vimos
Como jamás les viera nadie antes.
Un puro conocer te dio la vida.6
Si al final de Variaciones Cernuda había escrito, refiriéndose a México, que el amor para existir no necesita correspondencia, vemos que el mismo solipsismo caracteriza su experiencia en el campo de las relaciones humanas. Lo que importa es la visión o el pensamiento del poeta o del amante: la realidad sirve, cuando mucho, como simple pretexto para que esta visión pueda cristalizarse. La experiencia amorosa tiende incluso a desarrollarse en completa autonomía de su supuesto objeto, y de esta manera el deseo mismo se convierte en la única verdadera realidad. O como dijo Octavio Paz, en el poema que le dedicó al poeta sevillano: "Deseada / la realidad se desea / se inventa un cuerpo de centella / se desdobla y se mira".7
En el mes de noviembre de 1952, sin ningún trabajo en puerta, y con sólo quinientos dólares en el bolsillo, Cernuda finalmente renunció a su puesto (un empleo bien remunerado) en Estados Unidos y se trasladó a la ciudad de México. Durante un año vivió en un departamento en la calle Madrid, en el centro de la ciudad; pero luego, hacia finales de 1953, animado por su amigo Altolaguirre (quien entonces vivía con su segunda esposa, María Luisa Gómez Mena), Cernuda fue a vivir a casa de Concha Méndez y su hija, Paloma Altolaguirre, en Coyoacán. Con algunas breves interrupciones, ésta había de ser su casa durante los once años que le quedaban de vida.
Dichos años resultaron ser un período muy fructífero, aunque más productivo, tal vez, en trabajos críticos que en poesía. Fue también un período de sorprendente estabilidad en la vida de quien, desde su salida de Sevilla en 1928, no había dejado de errar por el mundo. A partir de 1954 y gracias a la oportuna intervención del poeta mexicano Octavio Paz, Cernuda entró a trabajar como profesor (de tiempo parcial) en la Universidad Nacional Autónoma de México, a la vez que como becario en El Colegio de México. Ninguno de estos dos trabajos fue del todo de su agrado, pero le permitieron cubrir sus necesidades esenciales. Empezó también a colaborar en la prensa mexicana, notablemente en las dos principales revistas de esa época: México en la Cultura y Universidad de México. Fruto destacado de su labor de estos años son dos libros de crítica literaria: Estudios sobre poesía española contemporánea (1957) y Pensamiento poético en la lírica inglesa (Siglo XIX) (1958). Al publicarse en España, el primero causó verdadero asombro y consternación por la dureza con que el sevillano enjuició a varios de sus contemporáneos: a Juan Ramón Jiménez y a Pedro Salinas, sobre todo. Se trataba, en efecto, de una visión muy severa, seguramente hecha con la esperanza de cambiar no sólo la valoración que se tenía en España de tal o cual poeta, sino también, y sobre todo, la noción misma de la poesía y de la crítica entonces defendida y practicada por quienes administraban el mundo literario nacional. Aunque fue acogido con silencio, se ve que el libro, en efecto, logró sacudir el establishment literario de su país. El otro volumen, sobre los poetas ingleses del siglo XIX, fue mucho menos polémico. Sin embargo, a estas alturas podemos ver que también llevaba implícita una formulación y una defensa de los mismos valores poéticos que Cernuda había reivindicado en sus estudios sobre los poetas españoles. Editado por la UNAM, merece sin duda mayor atención de la que hasta ahora ha recibido.
Si bien durante dos o tres años la crítica literaria absorbió la mayor parte de sus energías, a partir de 1956 Cernuda comenzó a escribir los primeros poemas de lo que resultaría ser su ultima colección, Desolación de la Quimera, libro que terminaría de redactar en 1961-1962, durante una estancia en California como profesor invitado del San Francisco State College. Para numerosos lectores actuales, Desolación de la Quimera es no sólo el último libro suyo, sino también el mejor. En esta apreciación pesan mucho los aspectos del libro que se suelen llamar "culturalistas". Y, en efecto, el libro puede ser leído como un homenaje que el poeta hace a los grandes artistas, músicos y escritores que habían despertado su admiración a lo largo de los años: Mozart, Dostoyevski, Goethe, Wagner, Ticiano, Keats y Rimbaud, entre otros. Pero el libro no se reduce a esta temática, sino que abarca también reflexiones sobre el amor (o más bien, sobre el fin del tiempo que el poeta considera le ha sido concedido para el amor), sobre la niñez (propia y ajena), sobre el medio literario nacional, sobre la Guerra Civil Española (vista ya a distancia) y, como siempre, sobre la difícil tarea de las palabras. Muchos de estos temas (incluida la celebración de los grandes genios y artistas del pasado) habían entrado en su obra anterior. Lo que es nuevo es el tono: un tono extremadamente seco, discursivo, carente de cualquier tipo de concesión al deleite verbal. A esta intransigencia estilística se debe, sin duda, la sorprendente fuerza de muchos de los poemas del libro. Pero, como lector, uno no puede sino echar de menos ese lirismo íntimo y sobrecogedor que Cernuda había desarrollado en otros libros y que aquí encontramos apenas insinuado en dos o tres de los poemas más breves. En "Tiempo de vivir, tiempo de dormir", por ejemplo:
Ya es de noche. Vas a la ventana.
El jardín está oscuro abajo.
Ves el lucero de la tarde
Latiendo en fulgor solitario.
Y quietamente te detienes.
Dentro de ti algo se queja:
Esa hermosura no atendida
Te seduce y reclama afuera.
Encanto de estar vivo, el hombre
Sólo siente en raros momentos
Y aún necesita compartirlos
Para aprender la sombra, el sueño.8
Cernuda fue muy poco ortodoxo en muchos aspectos de su vida, como también en numerosos rasgos de su obra. Desde luego, como exiliado, no se ajusta fácilmente a las expectativas convencionales. (Ni se entregó a la nostalgia, como Juan José Domenchina, ni permaneció en pie de guerra, como Pedro Garfias.) Estuvo exiliado en México, pero a diferencia de otros republicanos, pasó más de diez años en tierras de lengua inglesa antes de trasladarse a este país; y fue esta primera experiencia la que lo marcó más profundamente. Para los defensores de la ortodoxia republicana el poeta fue, desde luego, una presencia incómoda. Porque, si bien escribió poemas como "Un español habla de su tierra", en que censuró fuertemente a los franquistas, también se engolosinó con la España del siglo XVI, con El Escorial y con la figura de Felipe II, temas estos que no cuadraban exactamente con los intereses políticos de un buen republicano. Por otra parte, en Desolación de la Quimera, como para subrayar su absoluta independencia ideológica, terminó por darles la espalda tanto a unos como a otros, al lamentar lo que anunció como la triste desgracia de haber nacido español. Su relación con México tampoco puede considerarse especialmente ejemplar. Porque, a pesar de sus trabajos como profesor e investigador, y a pesar también de sus colaboraciones en la prensa, su vinculación con el país fue escasa. No sólo no quiso asistir a ninguna tertulia, sino que apenas si aceptó frecuentar la compañía de Octavio Paz, Enrique Asúnsolo, Guadalupe Dueñas y de tal vez dos o tres mexicanos más. En México lo persiguió, como siempre, la leyenda de ser persona hosca y difícil, y es verdad que su intimidad la guardó para muy pocas personas, notablemente para Concha Méndez, Paloma Altolaguirre y su familia. No es de extrañar entonces que, cuando murió de un infarto en Coyoacán, el 5 de noviembre de 1963, fueran muy pocos los que lo acompañaron hasta su tumba.
En fin, Cernuda sí fue un poeta exiliado, pero un poeta que vivió desterrado en un mundo al que muy pocos, en efecto, supieron acceder: el de la poesía. ~

Travesía de los cincuenta

REPORTAJE: REPORTAJE

Travesía de los cincuenta
LUZ SÁNCHEZ-MELLADO
El País Semanal, 21/03/2010;
Sus hermanos mayores hicieron la revolución política. Ellos, la social, la profesional, la cultural. Los jóvenes de la transición son hoy cincuentones que ensayan el nuevo papel del hombre maduro en una sociedad enamorada de la juventud. ¿Crisis? Oportunidad.
Antonio Banderas no está para tonterías. Ya no. Ha hecho todas las que debía, "unas cuantas", zanja sin revelar cuáles. También ha hecho otras cosas. Fue el primer chico Almodóvar. El novio de España. El morenazo por el que Madonna bebía los vientos. El amante latino de Tom Hanks en los peores tiempos del sida. Un símbolo sexual para ellas y ellos. El primer español candidato a los Globos de Oro, a los Tony, a los Emmy. Nuestro primer hombre en Hollywood. Pero también el compañero que devolvió la sonrisa a Melanie Griffith, la frágil belleza sin suerte en el amor. Antonio, el nombre tatuado en el brazo de la rubia americana. El yerno perfecto. El padre ideal.
Todo eso lo ha sido ya. Por eso Banderas ya no está para según qué ruidos. Ahora quiere menos. O más. Aupado sobre el prestigio -y los honorarios- de sus 30 años de carrera, sus 80 películas, su productora, sus negocios y su estatus de influyente estrella mundial, el malagueño está en otra película. Sólo se mueve por placer. Por puro interés. Prefiere darse el gustazo de rodar un par de escenas con sus admirados Stephen Soderberg y Woody Allen que comerse la cámara en cada plano de un filme millonario de alguien que ni le va ni le viene. Eso ya lo hizo antes, gracias. Ha pasado de pantalla. "Me ha desaparecido la ansiedad para convertirse en curiosidad", confiesa por teléfono desde Nueva York, donde ensaya su papel en el musical Zorba el Griego. "Siento que aún no he realizado mis trabajos grandes, esos por los que se me recuerde y deje mi pelín de impronta. Cuando uno se acerca a esa edad no te diré que se ve la muerte cerca, pero tienes conciencia de lo que quieres, y hay que empezar a hacerlo ya. Eso es lo que busco. No es que tenga prisa, pero tampoco tiempo que perder".
Banderas cumple 50 años el 10 de agosto. Seis días después de que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ingrese también en el club de los cincuentones. Ambos tenían 15 años cuando murió Franco. Los dos, cada uno en su campo, han tocado la cima. Los varones españoles que andan por el medio siglo fueron los adolescentes de la Transición. Hoy, la élite de aquellos chicos -coetáneos del pánfilo Carlitos de Cuéntame- es la que está en el poder. Sus hermanos mayores -Felipe González tiene 17 años más que Zapatero- hicieron la revolución política, desmantelaron un régimen y levantaron otro, lidiaron con lo macro. Los benjamines, frustradas sus primeras expectativas por el tapón generacional y alentados por cierta rebeldía frente al nuevo estado de cosas, se centraron en lo micro.
Acometieron el cambio social, el cultural, el profesional, el del día a día. Llevaron la modernidad a las empresas, a la calle y, unos más que otros, a las casas. No fue gratis. El halo de transgresión que otorgaba la heroína, y la súbita eclosión del sida, les golpeó duro. Unos 100.000 nacidos entre 1955 y 1965 murieron víctimas de la droga. La nocturna no fue, sin embargo, su única movida. Fueron los primeros que acudieron en masa a la Universidad y se encontraron unas aulas paritarias. Justo entonces se igualó el nivel de estudios de hombres y mujeres. Al poco, ellas tomaron la delantera. Muchos, educados por sus madres como reyes de la casa, se vieron obligados a bregar con amigas, novias, compañeras y alguna que otra jefa que no les pedían ningún favor, sino que les exigían la igualdad que las leyes pregonaban. El descoloque de algunos ante las novedades continúa.
Se ahorraron los rigores del franquismo, pero la crisis del petróleo de 1979 les pilló cuando se incorporaban al mercado. Eran muchos -son las primeras cohortes del baby-boom- y estaban formados, pero se toparon con los mejores puestos ocupados por sus mayores. La competencia fue feroz. La selección, brutal. Los protagonistas de este reportaje se abrieron paso a base de talento, trabajo, oportunidad, o todo a la vez. Ahora emprenden la travesía de los 50. Ni jóvenes ni viejos -la esperanza de vida crece y se estima que el número de centenarios se multiplicará por 10 en breve-, saben que han pasado el ecuador. Leen noticias simultáneas de prejubilaciones a los 50 y extensión del trabajo hasta los 67. Se les pide la experiencia de un sénior y el aspecto de un júnior. En plenitud de facultades, sienten la presión social y el aliento de los que vienen detrás en el cogote. Aquellos jóvenes rebeldes que peinan canas si es que les queda algo que peinar ensayan el nuevo papel del hombre maduro en una sociedad tan envejecida como enamorada de la juventud. ¿Crisis? Ellos prefieren hablar de oportunidad.
El próximo otoño, las fotos de Antonio Banderas inundarán las revistas como imagen de su nuevo perfume. El noveno. Banderas sigue vendiendo colonia por la cara desde que hace 13 años lanzara el primero, Diavolo, un clásico que, como el turrón, vuelve a casa cada año por Navidad. Toda una proeza en un sector saturado que sacrifica marcas -y rostros- sin piedad y donde sobrevivir un lustro se considera un hito.
-Es usted el único español que sigue ejerciendo de sex-symbol a los 50.
--Ja, ja, ja. Bueno, digamos que nos está ayudando la evolución de la medicina, la alimentación y la calidad de vida. El caso es que aún no me han jubilado. De repente parece que la madurez también puede ser interesante y funcionar en el mercado. Hay quien dice que los 50 son los nuevos 40.
-¿Y usted qué opina al respecto? ¿Cómo ha evolucionado su adrenalina y su testosterona en esa última década?
-Para ser realista, todo baja. Ahora puedo tener magníficas amigas sin que haya tensión sexual. Eso era antes muy complicado para mí, tiraba mucho la testosterona. La adrenalina también baja, pero en determinados momentos tienes que tirar de ella para atacar ciertos retos. Para subirte a un escenario en Broadway necesitas un chute. Aún quedan reservas, no me quejo.
La imagen de Banderas estos días dista bastante del icono publicitario. La barba homérica y los kilos extra que se ha dejado brotar para encarnar a Zorba le acercan más a la estampa del cincuentón que las pulidas fotos de promoción. Pero él es ambas personas y personajes. El apolíneo y el dionisiaco. Está más que acostumbrado a los cambios.
"Yo pasé de Mayo del 68 a la movida en una semana", cuenta. "Llegué a Madrid en 1980 sin un duro. Iba a bares donde cantaban tíos con barba y camisa de cuadros, hasta que Sabina me llevó a un club lleno de chicos de pelos de colores y niñas de falda corta. Enseguida noté que algo estaba cambiando, había gente que se estaba cargando la estructura proponiendo algo nuevo. Salimos a la calle y la tomamos. Nos divertimos y sufrimos. Las dudas, miedos y peligros que sentía eran los mismos que tenía España. Descubría cosas a la vez que mi país, eran vidas paralelas. Haber contribuido con mi granito de arena a normalizar ciertas cosas me produce un orgullo terrible".
Se refiere Banderas a los seísmos que provocaban episodios como sus escenas de sexo con Eusebio Poncela en La ley del deseo (Almodóvar, 1987). "Fue un escándalo. A los americanos les horrorizaba más que me acostara con un tío que tirara a otro por un barranco. Me sentí muy bien rompiendo esos tópicos, aunque al principio estuve acojonado por lo que diría mi madre", ríe. Aquel subidón de autoestima personal se correspondía con un creciente clima de confianza en las propias posibilidades. "Teníamos complejo de inferioridad, lo que venía de fuera parecía mejor. Hasta que empezamos a querernos y creernos que podíamos hacer cosas. ¿Cómo? Haciéndolas. Recuerdo parar el rodaje de Átame, en 1988, para ver el Tour que ganó Perico Delgado. Eso era ilusión. La mía fue largarme a Estados Unidos desde Málaga chapurreando inglés. ¿Por qué no? Perico era de Segovia y no hablaba francés".
Pedro Delgado llega en coche a la cita. La nieve que cubre hoy Madrid le ha disuadido de coger la moto con la que rueda por la ciudad. Tampoco se hará los 60 kilómetros que pedalea día sí y día no por los endiablados carriles bici madrileños, si no tan duros, sí el doble de peligrosos que el ascenso al Tourmalet. Delgado cumple 50 años el 15 de abril. Uno no sabe si llamar Perico a un señor de su edad, pero él nos saca del aprieto: "Al primero que le da corte es a mí, pero todos me dicen Perico. Hay quien cree que sigo compitiendo". Quizá sea porque sale en la tele comentando las pruebas que gana otro español, Alberto Contador, que podría ser su hijo. O porque aparenta 10 años menos. O porque tiene tres hijos -uno de nueve años y gemelos de seis- que no le dejan tiempo para "comerse la cabeza con chorradas".
Quizá por todo eso, los 50 no son un gran hito para él, simplemente otro. "La gran frontera para mi generación era el año 2000, de críos pensábamos que iríamos en naves espaciales, y de eso ya hace 10 años", bromea. "No tengo presión de nada ni nadie para deprimirme con que tengo un año más y me queda uno menos. Te da vértigo pensar los años que hace de todo y lo rápido que ha pasado. Pero cuando tú te ves ven, te aceptas. Otra cosa es cómo te ven los demás".
Si alguien sabe de jubilaciones precoces, son los deportistas. A los 34 años, Perico se bajó de la bici. Acreditaba un Tour y dos Vueltas como palmarés deportivo y el primer curso de Enfermería como currículo académico. Sin embargo, en 12 años de carreras le había dado tiempo a forjarse una marca: su nombre. Delgado puso el ciclismo en la agenda informativa. Fue nuestro primer deportista mediático internacional. "Creé un concepto nuevo que aunaba profesionalidad y comercialidad. Ahora hay muchos, pero entonces no". Su descaro, su carisma y sus genialidades en ruta atraían a los espectadores, no sólo a los aficionados. Perico caía bien. Era, más que un campeón, una celebridad. Eso se paga. Y se cobra. "Cuando me fichó el equipo holandés PDM, se reían de mí diciendo que era un nombre a mi medida: �Perico Delgado Millonario", cuenta. "Era una etapa de bonanza en todos los órdenes y en el ciclismo también. La bici me hizo ganar mucho dinero, sí". Aún vive de aquellas rentas, admite. "Mis contratos publicitarios no vienen por ser comentarista de televisión, sino porque soy el Perico Delgado que ganó el Tour". Así que ahora anuncia telefonía móvil de última generación en vez de las extintas cintas de vídeo. El asunto es ir con los tiempos. Seguir en el mercado.
Es divertido ver a un señor someterse a una sesión de maquillaje. Las mujeres suelen relajarse y disfrutar del momento. Ellos no. No van a representar ninguna obra de teatro kabuki. Se trata sólo de eliminar brillos y atusarles el pelo para las fotos. Da igual. No lo dicen por pudor, por respeto al trabajo ajeno, porque queda fatal. Pero están tensos. Incómodos. En guardia. Casi todos se encaminan al sillón como quien va al matadero. Todos menos Miguel Bosé.
Llega (tarde) con el séquito de la estrella del pop que es, inmerso en la promoción de Cardio, su último disco. Tres asistentes, un maquillador y un peluquero personal se desviven para que todo esté a gusto del jefe. Éste, a cambio, resuelve las fotos en tiempo récord. Hacen falta muchas tablas para darle aire a estos zaragüelles que su amigo Francis Montesinos le ha cortado en lino y tira bordada. A él le sobran. Hace 25 años que se puso aquella falda con la que epató no sólo a los burgueses de la España de los ochenta. Posa con la soltura de una supermodelo. La cámara le quiere. Y él a ella, no hay más que verle. Con los más y los menos de una relación de 54 años. Toda la vida ante los focos.
Nunca he pasado inadvertido", reconoce. "Ni con 19 años ni con 50. Pesando 109 kilos o estando estupendo. Pero es porque formo parte del paisaje, de la memoria colectiva". Bosé se acaba de quitar mediante una dieta "ayurvédica" los 25 kilos que los desórdenes de sus tres años de gira le habían endosado. Miguel sabe algo de mercadotecnia. A los 50 años, el que fue Bandido, Lobo y Duende, se reinventó como Papito en una jugada maestra. Asumía sus años en la teoría a la vez que se abría nuevos mercados sin cerrarse ninguno en la práctica. Lo explica él: "En Latinoamérica, papito no es sólo padre. También hermano, amigo, amante, colega, todo lo que puede ser un hombre. Yo ya era papito para mis amigos de allí. Ahora soy Papito para los restos".
Bosé es muy consciente de su influencia. El ex niño terrible se ha convertido en un aristócrata -"me encanta que me llamen señor. El colegueo del tuteo general fue uno de los errores de los socialistas"- de su oficio que no se calla al apagarse el micro. Su concierto Paz sin Fronteras, organizado con el colombiano Juanes en La Habana, abrió informativos el pasado verano. A la vuelta, aprovechó su turno de agradecimiento al recoger la Medalla de Bellas Artes. "Los artistas estamos en extinción. Necesitamos amparo, protección, leyes. Sin fronteras, sin banderas y sin miserias", soltó ante los Reyes y la ministra de Cultura.
"Sé que aquello sentó mal a muchos, pero éste no es el momento de estar callado. El siglo XXI ha de ser el del activismo ciudadano. Se tiene que renovar la clase política a través de la voz de la gente", dice quien, sin embargo, no está dispuesto a cambiar de oficio a estas alturas. Bosé supo, a posteriori, que su nombre "fue barajado" para ocupar la cartera de González Sinde antes de que se le ofreciera a ésta. Pero él no recibió ninguna oferta, asegura. Mejor así: "Me considero incompetente para desarrollar cualquier responsabilidad política", reconoce.
El autor de Bravo muchachos los del 56, una especie de himno alternativo de su quinta ("buenos chicos, buena gente / héroes y delincuentes / con principios diferentes") cree que la heterogeneidad es la única nota común de los hombres de su generación. "Éramos una manada de caballos appaloosa metidos en una cerca. Nos la abrieron y cada uno tiró por su lado. Lo disfrutamos y lo pagamos: nos diezmó el yonquismo. No teníamos pasado. Los que vinieron luego ya tenían opciones, caminos abiertos". Entre ellos, el suyo. Bosé cultiva desde adolescente una imagen ambigua, atractiva para ellas y ellos. Su canción Los chicos no lloran (1990) era un obús contra mitos como el macho ibérico en unos años en los que la homofobia y el machismo aún no eran políticamente incorrectos. El interesado desea advertir, no obstante, de la supervivencia de algunos de esos especímenes entre sus congéneres. Lo hace en estos términos: "El machito es una subespecie obsoleta que me avergüenza profundamente. Hay menos, pero aún tocan los cojones. A mí que no me mire, que le meto dos hostias".
José María Ezquiaga no es exactamente un fan de Miguel Bosé. Cuesta imaginar a este altísimo -casi dos metros- profesor, tímido y cordial a la vez, tarareando Morena mía. Se siente, eso sí, uno de los muchachos del 56 -"aunque nací en el 57"-, y considera al cantante un icono de su generación. "Un tipo que está envejeciendo estupendamente, sin pretender parecer más joven ni perder la capacidad de innovar. Cuando te paras y pierdes la facultad de autocuestionarte es cuando llega la tercera edad. Algunos no llegan nunca. Espero ser uno de ellos".
A diferencia de Bosé, a él sí le "chirría" que le llamen señor. "No me pega, no es el lenguaje de mi generación. Nos formamos en una cultura de compañeros y compañeras, y yo sigo llamando chicos y chicas a los de mi edad. No es afán de parar el tiempo, es que los veo así". Sociólogo además de urbanista -los planes de muchas ciudades llevan su firma-, Ezquiaga sostiene que el aumento de la esperanza de vida ha producido un decalaje de diez años en la edad social de las personas. "Malraux hablaba en La condición humana de �un anciano de 52 años�. Eso tenía lógica cuando la esperanza era de 60 años. Ahora, con más de 80, los 50 son la mediana edad. Pero creo que, aunque lo que tienes por detrás ya es mucho y lo que queda por delante ya no es ilimitado, uno no se hace viejo hasta que dice: esto no es para mí. Otra cosa es que exista la tentación del reset, de volver atrás, el pavor a envejecer en una sociedad cruel. La nuestra fue la generación del culto a la juventud, y muchos llevan fatal que eso les suceda a ellos".
Ezquiaga alude a la crisis de la mediana edad. Médicos y psicólogos no se ponen de acuerdo en certificar la existencia de ese supuesto síndrome que afectaría a hombres -y mujeres- en el ecuador de la vida. Ningún manual recoge ese desorden, pero hay datos elocuentes. El grueso de los divorcios se produce en cónyuges entre los 40 y 50 años. Ellos se vuelven a casar -generalmente con mujeres más jóvenes- un 22% más que ellas, y no son extraños los casos de segundas tandas de hijos de casados en segundas nupcias con sus nuevas parejas. Ellos pueden. Sus ex no pueden o, sobre todo, no quieren. Ellas han tenido bastante. Algunos de ellos, no.
"Crisis significa cambio, y los 40 y 50 son una edad clave", estima el psicólogo Enrique García Huete, de 55 años. "Si hay estabilidad de pareja, trabajo y entorno, la mediana edad es la de disfrutar de lo trabajado. Si no existe ese equilibrio, todo se viene abajo. Es como cuando, tras 20 años de matrimonio, se rompen todos los electrodomésticos a la vez. Puede ser una catarsis o una debacle: la necesidad de vivir de golpe lo que no se ha vivido. Son los que sucumben a la tentación de las ces: cambio de casa, coche y cónyuge en un intento de recuperar la pasión".
"No hay marcadores biológicos que indiquen esa crisis, a diferencia de la menopausia", disiente Fernando Bandrés, experto en biomedicina. "En ellos no hay merma de la capacidad reproductiva ni la libido, salvo que haya patologías. Lo que sí sucede es que, a esa edad, el estilo de vida pasa factura. Si el tipo ha comido mal, tenido estrés, cometido excesos, éstos se acumulan y se puede producir una desarmonía entre cuerpo y mente. Si a esa hostilidad la llaman crisis, vale, pero generalizar crea alarma injustificada".
El profesor Ezquiaga, casado y con tres hijos mayores, se considera bien servido de pasiones. "Hay quien busca emociones fuertes para quemar sus últimos cartuchos. A los 50 hay un pico de accidentes de moto. Pero hoy podemos vivir situaciones de adrenalina en el ámbito personal y profesional. En mi trabajo, cada proyecto es un vértigo. No necesito capitalizar el éxito en posesiones o compañías despampanantes. Es algo más íntimo, una sensación del deber cumplido".
Acción y compromiso no es lo que ha faltado en su generación, sostiene. Líder estudiantil en la Universidad, empezó a trabajar en el Ayuntamiento de Tierno Galván. "Estaba todo por hacer. Para nosotros, el �yes, we can� era una evidencia, sólo había que arremangarse. La Administración y la política se veían como una oportunidad de hacer cosas". En su caso, cosas tangibles, como llevar el agua a los barrios, hacer el saneamiento, diseñar la red de transportes. "Veíamos como una oportunidad histórica y un privilegio que nos dejaran actuar. Los que vinieron después se encontraron un mundo más hecho. Se han perdido esa ilusión. A cambio, se han liberado de la culpa genética que nosotros no terminamos de expiar".
Guillermo Solana entiende perfectamente a qué se refiere Ezquiaga. "Nos inocularon un montón de inhibiciones en el terreno sexual, familiar, profesional, incluso en el de la propia imagen. Me identifico mucho con esos cincuentones woodyallenescos con todas sus monsergas a cuestas. Tengo las monsergas católicas de mi madre, las políticas de mi juventud en el PCE -¿cómo voy salir en la foto con un banquero?-, las de la corrección política� Si algo envidio a los jóvenes, es su falta de complejos".
Solana ha tocado el cielo. Lleva, de hecho, cinco años en el paraíso. ¿Qué otra cosa puede ser para un doctor en Filosofía experto en el impresionismo y con la tesis dedicada a Van Gogh la dirección del Museo Thyssen-Bornemisza? "Lo mío fue una mezcla de oportunidad y de especialización en un campo no demasiado concurrido", explica sobre el flechazo que surgió entre el entonces profesor y el barón y la baronesa Thyssen hace una década y culminó con su nombramiento al frente de la casa.
Semejante "subidón" profesional ha compensado "el declive natural de la edad. El bajón gordo lo tendré, supongo, cuando me echen de aquí y me despierte del sueño", bromea a medias. Solana no se siente especialmente mayor en un sector en el que "aún se llevan las canas". "Puede que en otras profesiones alguien de mi edad sea visto como un carcamal, pero los grandes museos suelen pedir gente de cierta edad porque implica recorrido y experiencia. No suelen arriesgarse con experimentos". El peligro en su campo es otro, advierte. "En muchos museos ya pasa que los únicos hombres en plantilla son el director y los guardias de seguridad. Las mujeres son quienes los hacen funcionar. Todavía existe prejuicio y resistencia y por eso no hay más directoras, pero eso está cambiando y va a cambiar más. Los tíos somos una especie en extinción en la gestión del arte", augura.
Mientras eso ocurre, él disfruta, antes de cumplir los 50 en octubre, de un plus inesperado del cargo. "A mí no me ha ocurrido eso que dicen algunas mujeres de que se vuelven invisibles a cierta edad. Yo siempre he sido invisible. Pero ahora, cuando voy con Tita (Carmen Thyssen), todos me miran. Primero, a ella, y luego, al tipo que va con ella". No está mal para alguien que siempre quiso ser "un poco viejo". "Me veo mejor que a los 30. Si me pongo un esmoquin, ya no temo que me confundan con el camarero".
"¿Y después de ser tres veces ministro con cuatro carteras, qué? La vida". Josep Piqué -55 recién cumplidos-, ex titular de Exteriores, Industria, Ciencia y Tecnología y Portavoz, lo fue todo en el Gobierno de Aznar. El flechazo mutuo del presidente y el empresario catalán sólo terminó cuando, ya con el PP en la oposición, Piqué se sintió desautorizado y dimitió como responsable del partido en Cataluña. De eso hace tres años. Piqué se reinventaba por enésima vez. A los 52. Ahora es presidente de la aerolínea Vueling y un bien reputado -y mejor remunerado- asesor de organismos públicos y privados de medio mundo. Su agenda es oro. Él lo sabe. El mercado, también. La jubilación, ni se plantea.
Piqué, como Banderas, Bosé, Delgado, Solana y Ezquiaga, ensaya cada día el papel del hombre maduro en un entorno inédito. Julio Pérez Díaz, sociólogo del CSIC -49 años-, observa el fenómeno con interés. "Empiezan una etapa nueva. Ésa nunca ha sido una fase vital mayoritaria. Claro que había quien llegaba a los 90. Pero estos cincuentones, por primera vez, son muchísimos y muy conscientes de que les quedan 30 años o más. Me hablas de personas que han tocado ciertas cimas, muy cribadas, con mucho recorrido por delante. No sé si esta gente llegará a jubilarse de hecho. Tienen cualificación, experiencia y recursos para buscarse la vida. Probablemente inventarán su sitio. Hay mucha potencialidad. Veremos qué pasa".
Josep Piqué resiste "alguna tentación" de volver a la política, que le sigue apasionando desde su juventud en el PSUC y sus cargos con CiU y el PP. Una pirueta no del todo insólita entre los de su quinta. "A veces pienso que podría aportar algo en este momento tan difícil. Pero yo ya he estado en ese baile, he bailado lo mío, y a veces con la más fea", dice el único de estos señores que confiesa haber pasado por cierta crisis de los 50. "Pasé un momento personal delicado, pero he rehecho mi vida sentimental y ahora soy muy feliz". En mayo celebra el primer aniversario de su segundo matrimonio, con la periodista Gloria Lomana.
El "enamoradísimo" Piqué se confiesa algo más bajo de adrenalina -"te vas haciendo más tolerante, ves los matices de las cosas, no eres tan dogmático"- que a los 30. Respecto a la testosterona, deja dicho: "También se modera. Uno va aprendiendo que el vigor físico es importante, pero la fuerza para convencer no se agota".

Chrala con Pablo Neruda

Hojas del caminante quieto
Chile hoy, Neruda mediante
Otro terremoto le quebró el espinazo al mapa de Chile. Hacia atrás y hacia adelante, ¿cómo explicar tanta absurdidad? El Caminante Quieto, aboliendo la muerte, decide ponerse a conversar con don Pablo Neruda. Y, así, el ser humano "fanático de la esperanza" empieza a separar la luz de las tinieblas
Publicado en la revista La Nación, domingo 21 de marzo de 2010 |
Por Rodolfo Braceli. Es poeta, dramaturgo, cuentista, periodista, autor, entre otros libros de "El último padre", "De fútbol somos", "Don Borges, saque su cuchillo porque...", "La misa humana", "Vincent, te espero desnuda al final del libro" y la biografía Mercedes Sosa, la Negra. Para el cine escribió y dirigió el mediometraje "Nicolino Intocable Locche". Su libro más reciente es "Perfume de gol"
La vieja aquella no era fea, era fiera, de cuajo. Pensándolo bien, era perfecta; en su boca no había un solo diente, pero era como si jamás los hubiera tenido. ¿Edad? 80, o 90, ni ella lo sabía. Pero estaba enérgica y luminosa. La conocí en 1965, en Pichicuy, una caleta de pescadores 170 kilómetros al norte de Santiago de Chile. El sitio tenía un hotelito de madera: ocho cuartos, diez camas y un baño. Estaba sobre un pequeño monte; a veces las olas lo salpicaban. Allí no había modo de gastar, salvo que uno comprase una botella de pisco para entonar las noches de estrellas casi al alcance de la mano. Detrás del hotelito, por una cuesta se llegaba al racimo de casas de los pescadores. En la más alta vivía la vieja; ella decía que se llamaba Lautara y que apellido no precisaba. El reciente terremoto, que otra vez les rompió el espinazo a los cimientos de Chile, y el mar, que se salió de madre y de padre, me llevan hasta esas noches, tan lejanas pero tan vivas, en las que con un par de amigos subíamos para escuchar y estremecernos con los relatos de Lautara. La estoy viendo, tan sabia como analfabeta... Está ahí, en su silla de totora, dentro de una pollera inmensa, negra, por supuesto, con las piernas abiertas de tanto ser madre y abuela y antigua hembra. Nos cuenta de un cercano terremoto de agua, maremoto, del que se salvaron gracias a ciertos avisos.
"Ese mar que ahora mansito nos lame la orilla, un día se alzó más grandote que una montaña grandota y se nos vino todo encima... Al cuento lo cuento porque el mar es un traidor que avisa... Tenemos un tonto bueno en la familia, Ciriaco... Pues, el día anterior despertó llorando a las carcajadas. No había tecito ni paños de vinagre que lo apaciguaran. Se abrazaba como si fuera otro mientras dale que dale con su llanto reído... Algo nos quiere decir Ciriaco, dije yo entremí... A la hora de empezar con el puchero, el fuego se puso raro; era como una lengua que se enroscaba... Algo nos quiere decir el fuego, dije yo entremí... Y salí para el fondo a ver cómo estaban los bichos del corral... Los tres chocos rato hacía que ladraban ronco y la mulita terca pateaba el mismo pedacito de tierra. Hartos nerviosos estaban los animales: el gallo no se subía para ser gallo y las gallinas aleteaban como para volar, el perro más viejo era un puro gemido sin ladrido... Algo nos quieren decir los animalitos de Dios, dije yo entremí... Y volví a la cocina, el agua pronto se desmayaba antes del hervor, como leche cortada... Y en eso vi que los animales se rajaban para lo alto del cerro como si alguien los persiguiera y allí entonces puse el grito en el cielo para juntar chiquillos, familia y vecindario... ¡Vamos detrás de los animales ya mismo!, y a trepar con lo que teníamos puesto... Apenas llegados a la cresta, el sol se puso negro y el mar se volvió más que una montaña, y la montaña se alzó inmensa y aplastó al caserío entero... ni los rezos nos salían... Estamos contando el cuento porque el buen tonto y los animales nos avisaron. No son güevones los animales..."
Un detalle: la vieja sin dientes no tenía biblioteca ni nada de eso, pero como centro de su ruda mesa -no sé para qué- tenía una guía de teléfonos y dos libros de Pablo Neruda. Ella no sabía leer, pero había quien le leyera.
Una imagen me lleva a la otra. Y Lautara me empuja hoy a mi biblioteca real: voy por Neruda. Con la impunidad de la imaginación decido conversar con el sumo Poeta, ahora, en el 2010, a propósito de la desmesura de la naturaleza, de tanta muerte y absurdidad en el sufrido Chile. Será sencilla la conversa: yo le contaré, le preguntaré y Neruda hablará con hebras textuales, entresacadas de su poesía.
-Don Pablo, ¿está?
-He "devenido en polvo como un cristal irremediablemente herido".
-Pero su voz se escucha entera.
-Será que "yo no puedo estar muerto".
-¿Sabe lo que su Chile acaba de padecer?
-"Se fugaron los dioses"...
-Y ante la fuga, ¿usted qué hizo?
-"Yo me deslizaba por la calle con la estrella robada en el bolsillo... Negra estaba la noche... se iba la tierra, nada la defendía... los pájaros cantores previnieron, ellos en su canto vaticinaron la agonía... Se iba la tierra, nada nada la defendía... bruscos socavones, heridas que ya nadie podrá borrar del suelo... asesinada fue la tierra mía"... Ay, qué "día alimentado con nuestra triste sangre... ay, tantos muertos y tantas manos que han encerrado besos"... Amigo, "no hay nada más que llanto".
-Ya veo, don Pablo, usted vio demasiado. Desahogue su corazón colmado de dolor.
-Sí, vi todo, "los dientes solapados, los muñones de un amor leproso"... Vi los niños "más allá de esos muros, lejos"... "el temporal de aullidos y lamentos y fiebres, la sed que aúlla, la noche absorta, los astros pálidos llenos de enigma"... Hice "girar mis brazos como dos aspas locas", vi "relámpagos, cabezas de mirada terribles, como la de ciertos ahogados"...
-El espanto en la mitad de la noche.
-No se divisaban "la luna ni el jacinto"... Pasaban "un buey, un difunto, una mujer llamada Rosalía y no quedaba en la boca sino un sabor de pelo"... "las palabras cavaban tremendos pozos"...
-Y, encima, la mar rompiendo bolsa.
-"Agua de las resacas, furiosa rosa, agua implacable como los vengadores, agua que avanzaba sobre las playas como una mano atrevida debajo de una pollera"... "el corazón del mar en una irradiación monstruosa"...
-No se agite, no hay noche que dure cien años.
-"Caen, mueren los pájaros. Caen, mueren, las vidas. Cansado, estoy cansado"... Amigo, "líbrame de esta noche que acosa y aniquila"... Ay, "que me crucen la frente los látigos del hielo... Mi alma debe estar sola., debe crucificarse, hacerse astillas"... -¿Podrá cicatrizar la poesía estas despiadadas rajaduras del mapa?
-La poesía, con "el hombre, seguirá construyendo la rosa colectiva, reunirá en la tierra el material huraño de la dicha, y con razón y acero irá creciendo el edificio de todos los hombres".
-Edificio... hoy en Chile esa palabra produce escalofríos.
-"Chile atrae acontecimientos insólitos, tiene fosforescencias magnéticas. Aquí vinieron los profesionales de terremotos a trazar un mapa -siempre superficial- de nuestros secretos terrestres. La patria conoció, antes que nadie, las sacudidas atómicas. Estamos resguardados y amenazados por un cinturón de volcanes cuyo interior es tan desconocido como el fuego de los lejanos planetas."
-A más volcanes, más poetas.
-"La cuestión es que nuestra contextura ferruginosa atrae sucesos de tipo inaudito. Me pregunté muchas veces por qué Robinson Crusoe llegó a nuestra isla del Pacífico."
-¿A qué habrá venido?
-"A especializarse en soledades."
-De soledades y de terremotos sabe por chileno y por poeta. El derrumbe de Valparaíso, de 1906, usted lo transfiguró.
-¡Ah! "Valparaíso, qué disparate eres; nunca acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre (...) te despertó la muerte en largos calzoncillos"; Valparaíso, "te agarró el terremoto, corriste enloquecido, te quebraste las uñas. Tú dormías cansado de tus navegaciones y la tierra furiosa levantó su oleaje más tempestuoso, el polvo te cubría los ojos, las llamas quemaban tus zapatos, las sólidas casas de los banqueros trepidaban como heridas ballenas, las casas de los pobres saltaban al vacío como aves prisioneras que probando las alas se desplomaban..."
-Pero aquel Valparaíso se las arregló para resucitar.
-"Se olvidó de las lágrimas, volvió a pintar puertas verdes, ventanas amarillas; todo lo transformó en nave, porque en su pecho austral están tatuadas como anclas la lucha, la esperanza, la solidaridad y la alegría."
-Hace un rato el corazón le estranguló la garganta. ¿Acaso recordó el terremoto de Valdivia en el 60? ¿O presintió la pesadilla real de este 27 de febrero... Concepción, Constitución, Chillán, la isla de Crusoe, Curicó, Iroca...?
-Sabes, "de niño me dijeron: «Escucha tú. Hay un ángel que va contigo y te defiende: un ángel de la guarda». Anoche, ¿en dónde estabas, ángel de la guarda?"
-El ángel estaría tapándose los ojos.
-Para no mirar, amigo, a "la luna asomada que goteaba gruesas uvas de sangre", al "perro flaco y agachadizo que atravesaba meando lentamente por las orillas de las casas"...
-Siga, ¿qué más ve, don Pablo?
-"Carretones pasan tambaleando, cigarros encendidos entre las sombras, un pobre ahuyenta la soledad a golpes de badajo, las estrellas en fuga, los objetos que caen"... Ay, "puedo escribir los versos más tristes"... "quiero morirme, tenderme en la noche para que me arrastre la rabia del viento"...
-Tal vez todo sea un sueño.
-"Nada de esto es sueño... las estrellas se fugan, los objetos caen, los niños han huido por los corredores, los perros lamen las heridas de los olvidados, pero la mata rozada de las azaleas no se ha movido del rincón del patio."
-Empezó la resistencia. Pero, fíjese, de pronto el Apocalipsis muta en silencio... Don Pablo, ¿usted lo escucha?
-La "grave inmovilidad del silencio". Y de pronto "el cacareo de un gallo"... Sabes, "una mano distraída sobre mi pecho ha sentido el latido de mi corazón".
-Una mano, todas las manos... Espere, otra vez un ronquido descomunal.
-"Es el mar que se sale de sí mismo... Oh mar, no te sacudas tanto, ayúdanos, somos los pequeñitos hombres de la orilla, tenemos frío y hambre, no golpees, no grites de ese modo."
-¿Usted cree que el mar le hará caso?
-"Todo lo arreglaremos poco a poco: obligaremos al mar, obligaremos a la tierra, a hacer milagros, porque en nosotros mismos, en la lucha, está el pez, está el pan, está el milagro."
-Ante tanta muerte, ¿qué hacer?
-"Traed la lámpara, ved el huesito negro comido por las llamas, ved los ramos de palomas rotos en la noche, entre las flores muertas."
-¿No será mejor huir a otras patrias sin volcanes?
-No, "sonámbulos de sangre buscaremos el alba". No huyo, "yo me detengo y sufro, tengo el corazón cortado por un vidrio, hebras de hombres vienen como agujas, trozos de familias, la bicicleta inmóvil, el esqueleto frío"... ay, "puedo escribir los versos más tristes esta noche?"
-Tras esto, ¿qué presiente usted, poeta?
-"Se restablecerá el silencio y un largo escalofrío quedará durando, duradero"... "Yo sé que hay otras y otras cosas rondando alrededor de la noche, o debajo de los muebles, o adentro del corazón perdido"... Sé que "entre labios y labios hay ciudades de gran ceniza; yo no ceso, de ropa en ropa vengo durmiendo lejos, de noche y agua está mi boca llena... ¡vivo de pronto! ¡toco un rostro!"
-Su esperanza no amaina.
-Sí, "aquí estoy con aquellos que pierden estrellas".
-Otra vez el ciego ronquido. Cuesta estar de pie.
-Otra vez "la noche nos tapa los ojos".
-Hasta el sol huyó.
-"El sol es negro, produce sombras, cicatrices y heridas en los grandes arenales de mi Chile"... "Trato en vano de atajar el río del tiempo. Pero el agua que logro recoger queda aprisionada en los ocultos estanques de mi corazón."
-Habrá que bajar los brazos.
-"Mientras tanto celebremos."
-¿Celebrar?
-"Celebremos la irrealidad y el milagro: el hombre prueba su existencia entrando y saliendo de las puertas oscuras."
-Don Pablo, sin ánimo de discutir, ¿para qué sirve ahora el poeta?
-"El poeta no es una piedra perdida. Tiene dos obligaciones: partir y regresar."
-Pero... ¿quiénes, quiénes zurcirán la herida absurda de la vida, la cicatriz reabierta de tanto mapa desgarrado?
-Nosotros, "los hijos naturales de la vida".
-Si ella, la tierra, fuera una persona, ¿qué le diría?
-Le diría, "tierra, ¿quién te midió y te puso muros, alambre, cierros? Naciste dividida"... Tierra, "yo te acuso, tuviste temblores de catástrofe, hiciste polvo las ciudades, las pobres casas ciegas, fuiste cólera de iracunda potra contra los apacibles habitantes de mi patria... Tierra, escucha y medita estas palabras, las doy al viento, caerán en tu vientre a germinar. No más batallas, basta, no queremos pagar tierra con sangre..."
-Espere, espere, otro sacudón en Talca, en Haulqui... un inmenso hongo de polvo...
-"Patria, mi patria, vuelvo hacia tu sangre. Pero te pido, como pide a la madre el niño lleno de llanto. Acoge esta guitarra ciega y esta frente perdida..."
-Los alaridos se han desatado.
-"Como en los corazones de tantas madres, hay en mi corazón tanto luto y tanta muerte..."
-Vamos, alce su ánimo.
-"¿Quién puede enseñarme a no ser, a vivir sin seguir viviendo?... Quiero..."
-¿Qué, don Pablo?
-"Quiero escribir los versos más tristes esta noche..."
-Ya los escribió.
-"Quiero no saber ni soñar."
-Sin esperanza, usted no es usted.
-Amigo, es que "volví a mi tierra verde y ya no está la tierra, se ha ido... mi corazón toca cicatrices, ha sido robada la capa germinal del territorio, una guadaña ha escrito en su materno rostro las iniciales del infierno"... "Tierra, ¿qué darás a tus hijos, madre mía, mañana, así arrasada, así deshecha tu matriz materna?"
-Usted, justamente, no va a arriar su esperanza. Nos dijo que "nuestros muertos sonríen desde la tierra". Chile tiene sed de su voz.
-"Oh Chile, largo pétalo de mar y vino y nieve, ay cuándo, ay cuándo y cuándo, ay cuándo me encontraré contigo, enrollaré tu cinta de espuma blanca y negra en mi cintura, desencadenaré mi poesía sobre tu territorio."
-Con su poesía vendrá la porfiada primavera. No nos puede fallar.
-"Oh primavera, ¡devuélveme a mi pueblo! Ay patria sin harapos, ay patria mía, ay cuándo y cuándo despertaré en tus brazos... ay, cuando yo esté cerca de ti, te tomaré de la cintura, nadie podrá tocarte, nadie."
-Pronuncia "patria" y se le alumbra el semblante.
-"Patria surcada, juro que en tus cenizas nacerás como flor de agua perpetua, juro que de tu boca de sed saldrán al aire los pétalos del pan, la derramada espiga inaugurada."
-De sólo escucharlo, don Pablo, su patria tiene pulso en el pulso. No deje de hablarle.
-Patria, "salí a encontrarte hijos por la tierra, salí a cuidar caídos, salí a hacer una casa con madera pura... Patria mía: quiero cambiar de rosa. Quiero poner mi brazo en tu cintura exigua, detener el trigo y mirarlo por dentro... Guarda tu luz, oh patria, mantén tu dura espiga de esperanza en medio del ciego aire temible".
-Su patria ya le está haciendo caso.
-"¡Vamos a contener la muerte! ¡Chilenos de hoy, araucas de la lejanía, ahora mismo, ahora a detener el hambre de mañana, a renovar la selva prometida, el pan futuro de la patria angosta! Ahora, chilenos, ¡a establecer raíces, a plantar la esperanza, a sujetar la rama del territorio! ¡Regresará a la boca de tus hijos el pan que ahora huye con la tierra!"
-Codo con codo, manos a la obra.
-"Y que el que reniegue hoy sea escupido."
-¿Y los indiferentes?
-"Miserables... que tengan su castigo en la hora de las horas."... Estamos en "una batalla a muerte. Mataremos el gusano del pasado".
-¿Quién ese gusano?
-"Ese gusano se llama ignorancia, atraso."
-¿Cómo entiende usted la lucha?
-"No entendí nunca la lucha sino para que ésta termine... He tomado un camino porque creo que ese camino nos lleva a todos a esa amabilidad duradera."
-¿No teme que lo traten de candoroso?
-Qué importa, "me queda una fe absoluta en el destino humano".
-Lamento informarle: el hambre se multiplica, los misiles siembran el aire, al analfabetismo se le suma la analfabetización.
-"Pues bien, esto no altera mi esperanza. En este parpadeo de agonía, sabemos que entrará la luz definitiva por los ojos entreabiertos. Progresaremos juntos. Y esta esperanza es irrevocable."
-La pesadilla parece disiparse. Don Pablo, además, sucede la democracia. Dejemos la noche atrás con el mandato de su esperanza irrevocable.
-"Ahí tenéis al día mejor, como a un buen compañero, plantado en medio del camino"... "Buen amigo, hoy recibes la carta que te trae la alegría, las noticias. Gerardo se mejora; el borracho Tomás tiene una habitación; Federico, Juanita, todos están contentos..."
-Que viva la Pepa, don Pablo, y que viva el Pepe. También sucede el amor a rajacincha.
-"Voy por el mundo cada vez más alegre. ¡El mundo está naciendo!"
-A nacer se ha dicho: el que no nace es un güevón. Don, su semblante no amaina.
-"Si pones sobre la tierra tus oídos escucharás que corro sumergido, cantando." Amigo, fíjate, "aun detrás de los párpados, aun detrás de los trajes, en las calles donde la gente orina, adivinas los cuerpos, en las agrias iglesias a medio destruir acechan labios sin embargo floridos..."
-Su "sin embargo" es un "pero" contagioso a tanta calamidad circundante. Señal de que la pulseada continúa.
-"Tanto sueño roto", pero "la sombra deja caer besos, tenemos que apartar las sílabas del miedo". Así "vendrá la avena y el relámpago y vendrá el pétalo desarrollado en furia y vendrá el corazón labial del cerezo" y tendremos "una ventana donde esperar espumas"... "Así, pues, en tus manos deposito este atado de flores y herraduras, y adiós".
-Aguarde, no se nos vaya.
-"Compañeros míos, el retorno se cumplió, ahora andaré de casa en casa... Adiós, hasta más tarde: hasta más pronto."
-¿Hasta cuándo?
-"Hasta que todo sea y sea canto." Pero "me dan deseos de no irme nunca, de quedarme".
-Seguro que se quedará. Armaremos el más postergado de los casorios, el del señor Ajo y la señorita Cebolla. Habrá fiesta con empanaditas y vino, y pitos y tambores.
-"En una ceremonia con pitos y tambores me parece haberme casado con mi patria. Y no pienses que éste pueda ser un casamiento por conveniencia. Se trata sólo del gran amor de mi vida. Salud, chilenos y chilenas... Gracias porque ustedes son el pueblo, lo mejor de la tierra, la sal del mundo."
-Entonces, sumo Poeta, está muy de acuerdo con el casorio del Ajo y la Cebolla.
-"Soy el buen poeta casamentero. Quiero que las vidas se integren encendiendo los besos hasta ahora apagados. Tengo novias para todos los hombres."
-Y algo más: para ahuyentar el sordo encono de los volcanes dicen que es bueno soltar la puteada. Y hace bien para el colesterol del alma. Rompámosles la cresta a los presagios...
-Eso es, afuera "los pájaros del demonio", basta de "relámpagos embalsamados", "el hombre separará la luz de las tinieblas".
-Entonces habrá día de mañana.
­-Mañana habrá día, amigo. "Creo, como Rimbaud, el más atroz de los desesperados, en la ardiente paciencia."
-Hay que rendirse ante la prepotencia de su entusiasmo.
-"Tengo una conciencia tranquila y una inteligencia intranquila. No se trata de nombrar el vacío, sino de llamar a la esperanza. Esta esperanza no es desaforada, ni es amenazadora..."
-Ante un fanático de la esperanza, me rindo. Lo veo radiante.
-"Yo no puedo estar muerto, para nacer he nacido, no se destiñe el aire respirado"... "Humildemente altivos tenemos mucho que hacer", alcemos "las guitarras harapientas contra el infortunio". Tenemos que "nacer de la ceniza terrestre. En un río de espigas llega el sol".
-Ahí asoma... ¿Si quiere preguntarle algo?
-"Dime, sol, si sobre el árbol todavía está el cielo... Dime, sol, si el hombre está en su sitio."
-El cielo todavía está y el hombre también. Gracias a la vida esta noche no escribirá usted los versos más tristes.
-No, "porque llevo en mi mano la paloma".
-¿De qué paloma me habla?
-De "la paloma que duerme en la semilla".
-Se viene, irrevocable, el canto de los gallos y sus consecuentes auroras... ¿Qué se quedó mirando, don Pablo?
-Eso, "la aurora".
Por Rodolfo Braceli
rbraceli@arnet.com.ar
www.rodolfobraceli.com.ar

Del pacto de Bucareli al deterioro

Del pacto de Bucareli y el deterioro político/ Javier Corral J, diputado federal
El Universal, 21 de marzo de 2010
además de mostrar penosamente el nivel de deterioro del debate político, muestra con toda claridad la necesidad de una reforma profunda del Congreso y de las instituciones que componen el sistema de representación popular. Como en pocas ocasiones ha quedado de manifiesto la importancia de reducir el número de diputados y darle paso a la profesionalización que entraña la reelección consecutiva de los legisladores.
Urge elevar la capacidad y calidad deliberativa de los representantes populares, establecer un nuevo sistema de responsabilidades, así como depurar las reglas y mecanismos para el procesamiento de la agenda legislativa, mucho más enfocada a la disputa electoral —casi permanente en nuestro país—, que a atender las propuestas de reforma estructural en las materias política, económica, laboral, educativa, de derechos humanos y medio ambiente.
Denigrada la política ante la opinión pública, mermada su credibilidad y confianza ante la mirada ciudadana, el comportamiento de la mayoría de los diputados no hace más que atizar el fuego del descrédito público, y se vuelve más vulnerable ante la presión y el chantaje de los demás poderes, fundamentalmente, de los poderes fácticos, quienes ven realizado su sueño: el debilitamiento de la clase política.
Sí, fue penoso porque la discusión descendió al nivel del insulto, la descalificación personal, diatribas y acusaciones mutuas. Porque si los legisladores no nos respetamos a nosotros mismos, difícilmente vendrá el respeto de fuera. No creo que haya un solo legislador que sinceramente se sienta satisfecho de lo acontecido en las sesiones del martes y miércoles de hace dos semanas. Hay quienes dicen que esto en lugar de ahondar la parálisis, sacudirá la conciencia, que se abre la oportunidad para reorientar el debate y reencauzar la tarea hacia mejores motivos. Ojalá.
Empiezo por señalar esta imagen vulnerada y esta condición vulnerable de quienes somos legisladores federales, porque se trata de la parte más visible y ostensible de los saldos inmediatos que dejó el ya famoso “pacto de Bucareli”, que ni empezó ahí, ni terminan con ello sus efectos. Sin embargo, quiero dejar claramente asentado mi desacuerdo con ese tipo de convenios, y con lo que me parece ridículo, las posteriores interpretaciones que se han formulado desde distintos ámbitos del gobierno federal sobre el convenio.
Así como defendí en la tribuna de la Cámara de Diputados que, en efecto, César Nava no ha mentido cuando señala que el PRI colocó como condición de la aprobación del paquete fiscal la no formación de coaliciones entre el PAN y el PRD, al mismo tiempo expresé mi diferendo con lo que he calificado como acuerdo vergonzoso.
Si ésta fue la contraprestación priísta no asentada en el documento, no se necesita del polígrafo para verificar quién miente o quién dice la verdad, basta con recuperar declaraciones del mismísimo coordinador de la bancada priísta en San Lázaro, don Francisco Rojas, para darnos cuenta de que tras la aprobación del paquete fiscal aceptó en entrevista con el periódico Reforma que el intercambio había sido por las no coaliciones.
El tema siempre estuvo presente desde el inicio de la actual legislatura; desde septiembre del año pasado varios diputados priístas blandieron la amenaza de que la única manera de transitar en la Ley de Ingresos para 2010, era negociando el tema de evitar las coaliciones ahí donde más le duele al PRI: Oaxaca y Estado de México.
En mi propio caso, recibí la amenaza de la bancada priísta por el estado de Oaxaca, a través de su entonces coordinador y hoy candidato a gobernador, el diputado Eviel Pérez Magaña, de que si seguía promoviendo la coalición en Oaxaca entre el PAN y el PRD me destituiría la mayoría priísta de mi encargo como presidente de la Comisión de Gobernación.Obviamente tal amenaza se convirtió en estímulo y me convertí en uno de los más decididos instigadores de esa alianza.
Pero, aun y cuando reconozco ese ambiente de chantaje y de intimidación, considero que haber firmado ese pacto en esos términos es un error de nuestro jefe nacional, y un abuso del gobierno del presidente Calderón con nuestro partido. Así se lo expresé con toda claridad a César Nava, quien por lo demás ha dado a conocer sus motivos, el momento bajo presión en que lo hizo y el reconocimiento de que cometió un error.
Revelada la existencia de ese pacto por quien era su principal beneficiario, Peña Nieto, el diputado César Nava convocó a los medios e hizo circular copia del documento completo. Y a partir de ahí asumió el compromiso de decir cuanto fuera necesario para explicar que su voluntad, al momento de la firma, estaba lesionada por el chantaje de no aprobar las medidas fiscales.
A ese desplante correspondió la diputada Paredes con otro de mayor alcance, aunque absurdo e incomprensible para su mente brillante y su acción experimentada: hizo leer en la tribuna de la Cámara de los Diputados el texto completo del “convenio de colaboración” para tratar de reivindicar los términos del pacto, al que le daba incluso una valoración democrática. Exceso al que le agregó otro, la negación de que esa negociación entrañara compromiso alguno del PRI de intercambiar impuestos por votos, pues ahí nunca se señalaba.
Retado públicamente por la diputada Beatriz Paredes a debatir, y ridiculizado por la iracundia de la bancada priista como mentiroso, pero ausente en ese momento, César Nava regresó al día siguiente a responder reto y ofensas. Lo hizo muy bien y dejó acreditados varios hechos que respaldaron su dicho, pero su sola presencia fue el detonante de lo que vimos y sufrimos ese miércoles.
Nava ha asumido en lo individual la responsabilidad de haber firmado el pacto de Bucareli, pero es difícil consentir que tanto él, como el secretario de Gobernación actúen con ese margen de libertad personal y autonomía, siendo tan cercanos al presidente Calderón.
Por supuesto que no desconozco, ni rechazo, que en política la negociación es un instrumento fundamental para concretar bienes públicos. Llegar a acuerdos, pactar condiciones de entendimiento político, es substancial al ejercicio del poder. Lo que creo es que no todo se puede negociar, y que el límite son los principios democráticos y los valores éticos en los que se sustenta la acción de un político. El carácter confidencial de muchos de esos acuerdos tienen que ver con la eficacia práctica para el momento, pero siempre deben pensarse en un horizonte en el que su revelación no sea motivo de rubor. Los pactos que no se pueden sostener en la plaza pública, tienen problema en su origen y concepción. Gómez Morín fue claro y contundente en ello: “Que el espíritu de transacción y de componenda, no viole la levantada intransigencia de Acción Nacional”.
Por ello creo que, superado el aquelarre, el pacto de Bucareli se convertirá en un parteaguas de la relación entre el PRI y el PAN, y entre el PAN y el gobierno del presidente Felipe Calderón, porque entraña una historia más amplia y más preocupante.
Ya supimos que ese convenio no fue fruto de la casualidad como se quiere hacer ver, sino consecuencia de un modelo de comportamiento insincero hacia el país y los partidos políticos proveniente ni más ni menos que de los principales actores y responsables de la política interna de México. Ello tendrá consecuencias que espero se conviertan en definiciones puntuales en las próximas semanas.
Lo que me parece ridículo es que ahora los principales responsables de ese hecho llamen a los legisladores a comportarse con altura de miras y se envuelvan en la bandera de la gobernabilidad democrática para tratar de justificar lo que a todas luces fue un acto de políticos tahúres y no de demócratas, que estuvieron dispuestos —al impulsar la firma de ese acuerdo— a apostar hasta la misma derrota de su propio partido, con tal de hacer avanzar la aprobación de medidas fiscales, por cierto algunas de ellas muy cuestionables, como la condonación fiscal de 5600 millones de pesos para los nuevos operadores de servicios de telefonía móvil de tercera generación, entre los que Televisa será la empresa más favorecida con la inconstitucional exención.
Por supuesto que la parte más penosa no es quién incumplió primero y quién después, porqué motivos fueron desveladas sus cláusulas o por qué no se asentó la contraprestación priísta como si quedaron plenamente acreditadas las obligaciones del PAN; lo verdaderamente estrujante es el propósito y su contenido mismo: despejarle el camino hacia la Presidencia de la República a Enrique Peña Nieto, mediante un blindaje electoral que le evitaba enfrentar una posible coalición del PAN y PRD el próximo año en esa entidad —la que de darse seguramente triunfaría y por ende le abollaría seriamente sus planes al gobernador mexiquense—, además de que le brindaba una protección personal eliminando la posibilidad de criticarlo de manera personal.
El pacto ya ha generado las mayores tensiones en el interior tanto de Acción Nacional como del mismo PRI, aunque por diferentes motivos. Es claro que a los que militamos en el PAN nos ha metido en una incertidumbre y ha aumentado, en mi caso, la desconfianza sobre la lealtad y el compromiso que en el gobierno del presidente Felipe Calderón se tiene realmente para evitar la restauración de la plutocracia salinista en el país, que encarnan la hipoteca celebrada entre Enrique Peña Nieto y Televisa, la fábrica mediática que lo produjo.
En el PRI la tensión se debe al hecho de que lo convenido por la dirigencia nacional sólo se refiere a la protección de Enrique Peña Nieto y a ni uno más de sus gobernadores o actores de primera línea. Lo que evidentemente carga todavía más los dados para el mexiquense en la candidatura presidencial del 2012, pero además desalienta la idea de que la parte quizá más reformadora del PRI que representa Beatriz Paredes, esté en una genuina competencia en ese proceso, siendo ella misma la que suscribió el Pacto de Bucareli.
Este hecho pues, ha lastimado más de lo que puede suponerse por algunos. Metió veneno a la vida de los dos principales partidos de México. Es probable que en los próximos días la herida cierre en términos de la agenda mediática y del debate parlamentario, pero aunque cicatrice, son de las heridas que no dejan de doler. Precisamente porque traen veneno dentro.

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