10 nov 2007

Política y valores: Renato Martino

Conferencia del cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz: Política y valores.
La pronunció el pasado 8 de octubre de 2007 en la Ciudad de La Plata, Argentina.
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1. Saludo a todos los aquí presentes, y dirijo un agradecimiento particular a S.E. Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata por la amable invitación que me hizo llegar, invitación que acepté con mucho gusto. La reflexión que deseo compartir hoy con ustedes se refiere a las exigencias de trabajar por la construcción del bien común. El cual compete a todos los miembros de una sociedad, pero de manera particular a los hombres y mujeres de la política. Quiero proponerles estas reflexiones sobre todo a partir de las exigencias que brotan de la participación en la Eucaristía. Indicaré algunas de las implicaciones que comporta el culto eucarístico en la búsqueda del bien común, los principios y valores que deben orientar a la política, y a los fieles cristianos que se dedican a esta necesaria tarea, a la luz del culto eucarístico.
2. La tercera parte de la Exhortación apostólica post sinodal «Sacramentum Caritatis» nos ofrece una amplia y densa reflexión sobre la relación existente entre la Eucaristía y nuestra vida cotidiana, entre el culto eucarístico y nuestro compromiso en el mundo [1].
El culto cristiano, que tiene su cima en el culto eucarístico, abarca todos los aspectos de la vida. Cada acción humana, cada opción del cristiano debe estar dirigida a darle gloria a Dios, y la gloria de Dios es el hombre viviente. El culto a Dios es verdadero cuando se promueve la vida del hombre. La Eucaristía es fuente de fuerza e inspiración para que todo cristiano no decaiga en su entusiasmo por cumplir con las responsabilidades de su vida presente. Juan Pablo II nos recordaba en la encíclica social conmemorativa de la «Populorum Progressio», que la Eucaristía es banquete de comunión fraterna que compromete a realizar esta comunión no sólo en torno al altar, sino en toda la vida, amando y sirviendo a los hermanos. El Señor, mediante la Eucaristía –sacramento y sacrificio– nos une a Él y nos une a los demás con un vínculo más fuerte que cualquier otra unión natural, y unidos nos envía al mundo entero para dar testimonio, con la fe y con las obras, del amor de Dios, preparando la venida de su Reino y anticipándolo en medio de las sombras del mundo presente: «Quienes participamos de la Eucaristía estamos llamados a descubrir, mediante este Sacramento, el sentido profundo de nuestra acción en el mundo en favor del desarrollo y de la paz; y a recibir de él las energías para empeñarnos en ello cada vez más generosamente, a ejemplo de Cristo que en este Sacramento da la vida por sus amigos (cf. Jn 15, 13). Como la de Cristo y en cuanto unida a ella, nuestra entrega personal no será inútil sino ciertamente fecunda» [2].
El sacrificio salvífico de Cristo, que tiene en la Eucaristía su signo indeleble, hace nacer en quien participa en su celebración una respuesta viva de amor y compromiso. Esta respuesta, a ejemplo del amor de Cristo, está destinada a proyectarse en el servicio concreto a todos aquellos que se encuentran por el camino de la vida, especialmente a los más necesitados. La exigencia de evangelizar y dar testimonio de nuestra fe encuentra en la Eucaristía no sólo «la fuerza interior para dicha misión, sino también, en cierto sentido, su proyecto. En efecto, la Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura» [3].
3. Para dar un perfil adecuado de esta perspectiva en que se describe a la Eucaristía como un modo de ser, quiero proponer algunas pistas de reflexión y de compromiso social y político.
3.1 La primera pista es la de la solidaridad. «A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a sí misma, al revestirse de las dimensiones específicamente cristianas de gratuidad total, perdón y reconciliación. Entonces el prójimo no es solamente un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo. Por tanto, debe ser amado, aunque sea enemigo, con el mismo amor con que le ama el Señor, y por él se debe estar dispuestos al sacrificio, incluso extremo: «dar la vida por los hermanos»» [4].
Siendo miembros de un mismo cuerpo, que es la Iglesia, los cristianos no pueden prescindir de esta pertenencia común. Todos deben sentirse responsables y solidarios los unos de los otros. Deben saber romper esa coraza de indiferencia que amenaza de encerrarlos en su egoísmo y aislarlos, para hacerse cargo de las necesidades del prójimo, optando por el camino del compartir, que es una manifestación concreta de la solidaridad. en efecto, compartir significa entrar en relación con los demás para ofrecerles, bajo el signo de la gratuidad, el propio tiempo libre, las propias competencias profesionales, los propios dones de mente y de corazón, con el fin de ayudarles a superar las situaciones de dificultad.
Compartir también los bienes materiales. Aquí se toca el problema de lo superfluo y de lo necesario. Cuanto más vivo es el amor que lo cristianos nutren por sus hermanos más necesitados, tanto más se dan cuenta que lo superfluo debe ponerse a disposición de aquellos que están privados de lo necesario. El amor verdadero no tolera las desigualdades ni las injusticias. Es conocido el principio de la doctrina social de la Iglesia: «los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es válido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grava una hipoteca social, es decir, posee, como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes» [5].
3.2 La segunda pista se refiere a la disponibilidad para el servicio. La diaconía es una dimensión esencial de la vida cristiana y tiene su apoyo principal en la práctica de la caridad. Una comunidad para ser verdaderamente eclesial debe vivir bajo el signo del servicio, dedicada a los pobres y a cuantos viven en necesidad. Esto se vuelve la prueba para medir el éxito o el fracaso de la vida humana:: «Venid, benditos de mi Padre; [...]Porque tuve hambre, y me disteis de comer...»; «Apartaos de mí, malditos; [...]Porque tuve hambre, y no me disteis de comer… » (Mt 25,34-35; 41-42). El primer servicio que el político hace al prójimo es el de realizar su trabajo cotidiano con honestidad y competencia, cultivando relaciones interpersonales civiles y de atención recíproca. Están también las necesidades fundamentales de los pobres, los marginados y explotados, los parados, las madres solteras o en dificultad, los niños de la calle, los discapacitados (físicos o mentales), los inmigrantes, los presos, las prostitutas, etcétera, que esperan respuestas y soluciones adecuadas.
3.3 La tercera pista es la de la justicia social. No basta hablar de justicia social, es necesario vivir y actuar para hacerla realidad. La Iglesia sabe que no debe intervenir en las cuestiones particulares, cuyas soluciones deben estudiarse y proponerse por los cristianos laicos, pero no renuncia a su función profética, crítica y educadora, dirigida a iluminar las diversas situaciones con la luz del Evangelio e indicar a los cristianos una opción de campo a favor de los pobres y oprimidos, en el respeto de un legítimo pluralismo con respecto a las opciones sociales y políticas, que no estén en contraste con los principios de la fe cristiana.
Educar en el sentido de la justicia significa comprometerse en la defensa y promoción de la dignidad y de los legítimos derechos de cada persona humana.
4. El compromiso de la política y de los políticos, especialmente si éstos se definen cristianos, por crear estructuras justas y solidarias. El Papa Benedicto XVI nos recuerda la importancia de lo que durante el Sínodo pasado se denominó coherencia eucarística, a la que todos estamos llamados, subrayando su importancia particular «para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales... Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29)» [6]. El fiel cristiano laico, en virtud de su condición secular y «formado en la escuela de la Eucaristía, está llamado a asumir directamente la propia responsabilidad política y social. Para que pueda desempeñar adecuadamente sus cometidos hay que prepararlo mediante una educación concreta a la caridad y a la justicia. Por eso […] es necesario promover la doctrina social de la Iglesia y darla a conocer en las diócesis y en las comunidades cristianas. En este precioso patrimonio, procedente de la más antigua tradición eclesial, encontramos los elementos que orientan con profunda sabiduría el comportamiento de los cristianos ante las cuestiones sociales candentes. Esta doctrina, madurada durante toda la historia de la Iglesia, se caracteriza por el realismo y el equilibrio, ayudando así a evitar compromisos equívocos o utopías ilusorias» [7]. Con fundamento en este precioso patrimonio, a cuyo servicio se encuentra el «Compendio de la doctrina social de la Iglesia», permítanme hacer algunas reflexiones en torno al compromiso de los cristianos en el ámbito de la política.
5. La Iglesia cuando en sus documentos sociales toca las realidades temporales como la política, lo hace consciente de que se está moviendo en un campo técnico, en el cual no tiene derecho de intervenir sin razón. Se sabe y se acepta limitada, y afirma que su intervención en esta área de la vida humana es, ante todo, como maestra de moral. No manifiesta, por tanto, preferencias por un determinado sistema, lo que le interesa es que la dignidad del hombre venga respetada y promovida [8]. Recientemente, Benedicto XVI se refirió a esta misión moral, afirmando que «la Iglesia sabe que no le corresponde a ella misma hacer valer políticamente su doctrina, ya que su objetivo es servir a la formación de la conciencia en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ellas, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales» [9]. Por ello la doctrina social de la Iglesia tiene como tarea principal iluminar con sus principios la vida del hombre en la sociedad, y uno de estos principios es el del bien común, que el Concilio define en pocas palabras como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» [10] .
6. La política es una manera exigente … de vivir el compromiso cristiano al servicio de los demás. El servicio es la modalidad típica que la presencia y la actividad del cristiano asume en el ámbito social y político [11]. Entre aquellos que en ámbito político tienen las responsabilidades más elevadas con respecto a las personas y a la cosa pública, no faltan – y no deben faltar los cristianos - . Resulta superfluo recordar la complejidad de las problemáticas que el político, y el político cristiano, encuentran y enfrentan en las administraciones públicas, tanto a nivel local como nacional e internacional. La política es mucho más inestable de lo que pueda pensarse, sometida como está a tensiones que provienen de múltiples frentes. A pesar de ello, el cristiano no puede descuidar el ámbito político. La política no es sólo parte constitutiva y elemento decisivo de la vida de las personas y de un país, para el cristiano es también el ámbito más elevado para ejercer la atención y el servicio a los hermanos, es decir, para vivir la caridad.
Para que este propósito se logre es necesario poner en evidencia, primero a nivel de reflexión y luego a nivel estructural y de opciones particulares, la necesidad de la dimensión ética de la política, no como dimensión facultativa, sino constitutiva, de la cual depende no sólo la calidad de la vida de las personas, de las familias, de las instituciones y del Estado, sino más radicalmente, su supervivencia. Desatender la dimensión ética conduce inevitablemente hacia la deshumanización de la vida y de las instituciones públicas, transformando la vida política en una jungla donde impera la ley del más fuerte. La Iglesia con su doctrina social no dicta leyes a los poderes públicos, ni se declara políticamente a favor de una parte o de otra, su intención es más bien salvar la persona del hombre, renovar la sociedad humana [12].
De frente a esta perspectiva de humanización, las situaciones locales y los eventos mundiales parecen con frecuencia tomar el rumbo contrario. El caminar de la sociedad se hace pesado dondequiera a causa de lo que ha sido individuado como «estructuras de pecado». Son «estructuras de pecado», por ejemplo, la explotación organizada de menores y de la prostitución, el comercio de armamentos y el mantenimiento de guerras y conflictos civiles, la corrupción política, el narcotráfico, la organización de operaciones de limpieza étnica, las legislaciones que favorecen la discriminación racial, y otras terribles realidades semejantes.
El cristiano, que está motivado por la caridad y la justicia, no puede aceptar pasivamente la presencia y funcionamiento de «estructuras de pecado», mucho menos sostenerlas o ser responsable a cualquier nivel. Como el pecado pide al cristiano un rechazo preciso y una lucha interior y exterior, así las «estructuras de pecado» exigen no un cómplice silencio, sino una franca denuncia y una clara oposición.
7. El compromiso de los cristianos en el ámbito del ejercicio del poder. El cristiano no desdeña asumir responsabilidades públicas, especialmente cuando a ello es llamado por la confianza de sus conciudadanos, según las reglas democráticas. El poder es una función necesaria para toda realidad social e institución pública; es una condición indispensable para el buen funcionamiento y para la persecución de los fines institucionales. El problema está constituido por las modalidades de su ejercicio. Quien ocupa puestos de autoridad y ejercita el poder, con frecuencia lo hace instrumento para el provecho personal, fuente de enriquecimiento o motivo de superioridad y hasta de violencia. El poder así entendido y ejercitado, anula la dignidad de los sujetos que componen el cuerpo social. no pocas veces ha sucedido también que los cristianos han justificado el propio poder o el de otros en nombre de hipotéticos bienes y presuntos valores más altos que defender.
De frente a expresiones éticamente incorrectas en el ejercicio del poder, a todos los niveles y en cualquier ámbito, el cristiano opondrá un rechazo neto, aún a costa de «pérdidas» personales. Cuando el cristiano es llamado a asumir y ejercer el poder, nunca deberá ceder a la tentación de hacerlo un instrumento de injusticia y de violencia; sería una clara negación de la fe cristiana que dice profesar, de la caridad que le debe caracterizar y, por ende, del verdadero culto eucarístico.
8. El cristiano laico tiene el compromiso de individuar, en las situaciones concretas, los pasos que realmente se deben y pueden dar para poner en práctica la fe, los principios y los valores morales. Este compromiso se vuelve problemático cuando el cristiano está llamado a elegir y valorar las opciones de otros en ámbitos o realidades que implican valores éticos prioritarios, como el carácter sagrado de la vida, la indisolubilidad del matrimonio, la investigación científica, las opciones económicas que deberán influir en la vida de los ciudadanos, especialmente de los más pobres. Son éstas y otras muchas las situaciones en las que los políticos, y los políticos cristianos se encuentran cotidianamente. Una situación emblemática está constituida por el sistema democrático. En ocasiones sucede que, a través del juego de la democracia, se aprueban leyes contrarias a los principios y valores que un cristiano vive y propone. El cristiano se encuentra entonces ante una dificultad: o abdicar a sus valores y principios, o abandonar el camino de la democracia y de la convivencia social [13]. En estas situaciones complejas y difíciles, se buscará aprovechar el valioso patrimonio de algunos criterios fundamentales para juzgar y decidir:
8.1 El primero se refiere a la distinción y a la vez a la conexión entre el orden legal y el orden moral: éste es un criterio cada vez más necesario en el contexto de sociedades plurales y con legislaciones civiles que tienden a alejarse de los valores y principios morales inmutables y universales.
8.2 El segundo criterio es la fidelidad a la propia identidad y, al mismo tiempo, la disponibilidad al diálogo con todos y sobre todo.
8.3 El tercer criterio se refiere a la necesidad que –en su compromiso social y político–, el cristiano laico crezca cada vez más en una triple e inseparable fidelidad: a los valores «naturales», respetando la legítima autonomía de las realidades temporales; a los valores «morales», promoviendo la intrínseca dimensión ética de todo problema social y político; a los valores «sobrenaturales», cumpliendo sus deberes en el espíritu de Jesucristo, es decir con su gracia y con su caridad [14].
9. Otro ámbito difícil es la elección de los instrumentos políticos, es decir, del partido y de las demás expresiones de la participación política. Una vez más la opción se ubica entre la coherencia con los valores, con los ideales de la fe y del Evangelio y las posibilidades históricas. Es necesario, ante todo, recordar el fundamento ético del actuar político; fundamento que hace de la política una expresión, ciertamente elevada y ardua, de la caridad. Cualquier opción concreta sería incorrecta si no estuviese enraizada en la caridad, es decir en la búsqueda del bien de las personas, del bien común. Es también necesario recordar que la fe cristiana nunca podrá «traducirse» en una única ubicación política; pretender que un partido o una preferencia política coincidan con las experiencias de la fe y de la vida cristiana sería un equívoco peligroso.
Será necesario poner una particular atención para salvar algunas distinciones precisas: entre la fe, ante todo, y las opciones históricas, especialmente en ámbito social y político. Además, entre las opciones que el cristiano, en particular o asociado, puede realizar en base a las propias valoraciones de oportunidad, y aquellas que puede realizar la comunidad cristiana en cuanto tal. La opción de un partido o de una preferencia política puede ser hecha sólo por personas individuales y a título personal. Una diversidad en la opción será legítima, en cuanto se hace por partidos y posiciones que no contradicen la fe y los valores cristianos.
10. El Papa Benedicto XVI ha hecho algunas consideraciones acerca de los valores e ideales que se han forjado o profundizado por la tradición cristiana, y que muchos comparten porque se basan en la naturaleza humana. Estos principios y valores deben ser defendidos, no deben traicionarse. El Papa indica algunos ámbitos que requieren especial cuidado, en primer lugar la defensa de la centralidad de la persona humana: todas las estructuras sociales, económicas y políticas deben estar al servicio del hombre y no viceversa.
La política tiene sentido y razón de ser cuando sirve al bien común, por ello todos los hombres y mujeres de la política no deben desanimarse y deben seguir adelante en su esfuerzo por servirlo «actuando para que no se difundan ni se refuercen ideologías que pueden oscurecer o confundir las conciencias y transmitir una ilusoria visión de la verdad y del bien. Existe, por ejemplo, en el campo económico una tendencia que identifica el bien con el beneficio y de tal forma disuelve la fuerza del ethos desde el interior, acabando por amenazar el beneficio mismo. Algunos sostienen que la razón humana es incapaz de captar la verdad y, por lo tanto, de perseguir el bien que corresponde a la dignidad de la persona. Hay también quien considera legítima la eliminación de la vida humana en su fase prenatal o en la terminal. Preocupante es además la crisis de la familia, célula fundamental de la sociedad fundada en el matrimonio indisoluble de un hombre y de una mujer. La experiencia demuestra que cuando la verdad del hombre es ultrajada, cuando la familia se mina en sus fundamentos, la paz misma está amenazada, el derecho corre peligro de verse comprometido y, como consecuencia lógica, se va hacia injusticias y violencias. Existe otro ámbito que os interesa mucho, y es el de la defensa de la libertad religiosa, derecho fundamental insuprimible, inalienable e inviolable, enraizado en la dignidad de todo ser humano y reconocido por varios documentos internacionales, entre ellos, sobre todo, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. El ejercicio de tal libertad comprende también el derecho a cambiar de religión, que hay que garantir no sólo jurídicamente, sino también en la práctica diaria. La libertad religiosa responde, en efecto, a la intrínseca apertura de la criatura humana a Dios, Verdad plena y sumo Bien, y su valoración constituye una expresión fundamental de respeto de la razón humana y de su capacidad de verdad. La apertura a la trascendencia constituye una garantía indispensable para la dignidad humana porque existen anhelos y exigencias del corazón de cada persona que sólo en Dios encuentran compresión y respuesta. ¡No se puede por lo tanto excluir a Dios del horizonte del hombre y de la historia! He aquí por qué hay que acoger el deseo común a todas las tradiciones auténticamente religiosas de mostrar públicamente la propia identidad, sin estar obligados a esconderla o mimetizarla» [15].
11. El precioso documento eucarístico de Benedicto XVI, citado al inicio de mi intervención, nos recuerda la necesidad de la Eucaristía para reforzar el compromiso, nos habla del sentido del domingo como «dies Domini, dies Christi, dies Ecclesiae» y «dies hominis». Es el día dedicado a recordar y renovar la presencia de Dios en nuestras vidas, el amor de Cristo por cada uno, nuestra pertenencia a una comunidad, a un Pueblo. Como «dies hominis», es día de alegría, de descanso y de caridad fraterna. El domingo es referencia necesaria para que el tiempo de nuestra existencia terrena adquiera sentido, para que el «cronos» se transforme en «cairos», para no olvidar la unión del cielo con la tierra, para que nuestra existencia no naufrague en el sin sentido de un tiempo vacío de Dios. En el compromiso por hacer de la política una actividad noble, un verdadero servicio a los hombres, es necesario el alimento del pan eucarístico y actuar a la luz que brota del Misterio tan sublime, porque «sine dominico non possumus» [16].
12. Las bienaventuranzas del político. Termino mis reflexiones con las palabras de un verdadero adorador del misterio eucarístico, el hermano Obispo que me precedió como Presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz», el Siervo de Dios, Cardenal Francisco Javier Van Thuân, quien cuando en 1975 lo encarcelaron injustamente, la pregunta más angustiosa que se hizo fue: ¿Podré seguir celebrando la Eucaristía? Y que durante sus 13 años de prisión continuamente recordaba la frase de los mártires de Abitene (s. IV), citada por la Sacramentum Caritatis: Sine Dominico non possumus! ¡No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía!
De él son las siguientes palabras, actuales, autorizadas y colmas de sabiduría evangélica. Ellas podrían sintetizar lo que hasta aquí he dicho sobre los deberes de la política y de los políticos:
«Bienaventurado el dirigente político que entiende su papel en el mundo.
Bienaventurado el dirigente político que ejemplifica personalmente la credibilidad.
Bienaventurado el dirigente político que trabaja por el bien común y no por intereses personales.
Bienaventurado el dirigente político que es sincero consigo mismo, con su fe y con sus promesas electorales.
Bienaventurado el dirigente político que trabaja por la unidad y hace de Jesús el fulcro de su defensa.
Bienaventurado el dirigente político que trabaja por el cambio radical, se niega llamar bueno lo que es malo y utiliza el Evangelio como guía.
Bienaventurado el dirigente político que escucha al pueblo antes, durante y después de la elecciones y que siempre escucha a Dios en la oración.
Bienaventurado el dirigente político que no tiene miedo de la verdad ni de los medios de comunicación, porque en el momento del juicio responderá sólo ante Dios, no ante los medios de comunicación».
Gracias.
Renato Raffaele Card. Martino
Presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz»
[1] El título es muy significativo: «Eucaristía, Misterio que se ha de vivir»: Sacramentum Caritatis, nn. 70 -97.
[2] Sollicitudo rei socialis, n. 48.
[3] Mane nobiscum Domine, n. 25.
[4] Sollicitudo rei socialis, n. 40.
[5] Id., n. 42.
[6] BENEDICTO XVI, Exhort. Ap., Sacramentum Caritatis, 83.
[7] Id., n. 91.
[8] Cf. SRS 41; QA 41.
[9] BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en el encuentro promovido por la IDC, 21 de septiembre de 2007.
[10]Gaudium et spes, 26.
[11] Cf. Octogesima adveniens, 46.
[12] Cf. Gaudium et spes, 3.
[13] La respuesta que la Centesimus annus ofrece, prospecta un camino comprometido y con pasos progresivos: «No es de esta índole la verdad cristiana. Al no ser ideológica, la fe cristiana no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad sociopolítica y reconoce que la vida del hombre se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas. La Iglesia, por tanto, al ratificar constantemente la trascendente dignidad de la persona, utiliza como método propio el respeto de la libertad». Y añade: «La libertad, no obstante, es valorizada en pleno solamente por la aceptación de la verdad. En un mundo sin verdad la libertad pierde su consistencia y el hombre queda expuesto a la violencia de las pasiones y a condicionamientos patentes o encubiertos. El cristiano vive la libertad y la sirve (cf. Jn 8, 31-32), proponiendo continuamente, en conformidad con la naturaleza misionera de su vocación, la verdad que ha conocido. En el diálogo con los demás hombres y estando atento a la parte de verdad que encuentra en la experiencia de vida y en la cultura de las personas y de las naciones, el cristiano no renuncia a afirmar todo lo que le han dado a conocer su fe y el correcto ejercicio de su razón» (n. 46).
[14] Cf. Compendio, n. 569.
[15] BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en el encuentro promovido por la IDC, 21 de septiembre de 2007.
[16] Cf. BENEDICTO XVI, Exhort. Ap., Sacramentum Caritatis,73. 90. 95.

Fuente: Agencia Zenit

Musharraf


Alerta roja y nuclear en Pakistán/Mateo Madridejos, periodista e historiador
EL PERIÓDICO, 10/11/2007;
El segundo golpe de Estado del general Pervez Musharraf, el 3 de noviembre, mediante la proclamación de un estado de excepción que suspende la Constitución y derrumba las instituciones democráticas, sonó como un disparo de funestas consecuencias en todas las capitales occidentales y especialmente en Washington y Londres, las dos más afectadas e inquietas por el completo desastre en que se hunde Pakistán, un Estado con armas nucleares descrito por muchos expertos en terrorismo como “el más peligroso del mundo”.
El caos anunciado confirma la ineptitud de Occidente para tratar a los uniformados del tercer mundo y esconder la dictadura y los intereses menos confesables bajo el manto de la democracia o la añagaza geopolítica. Los ejemplos podrían multiplicarse desde el trueno liberador de Bandung (1955), que puso en pie a las masas desheredadas y los líderes afroasiáticos. Basta con recordar que el general Musharraf fue saludado en Washington hace un año como “un defensor de la libertad”, el mismo que ahora se mofa del presidente Bush, tras humillar a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, e incluye en su proclama una insidiosa referencia a Abraham Lincoln y su restricción de las libertades durante la guerra civil de EE UU.
Los dirigentes de Washington y Londres fingen ignorar que Musharraf, llegado al poder por un golpe en 1999, nunca ha sido un demócrata, sino un dictador mediocre, obsesionado por conservar el mando mediante la represión brutal de sus adversarios, la aniquilación del poder judicial y la falsificación del sufragio. Esos desmanes fueron justificados por su cacareada contribución a la guerra contra el terrorismo, pero el golpista ha destrozado la fachada democrática y sus valedores están confundidos y avergonzados. No olvidan, empero, que Pakistán tiene bombas atómicas, cuyas primeras pruebas datan de mayo de 1998, y es un exportador notorio e ilegal de tecnología nuclear.
Musharraf se consolidó porque, a juicio de Washington, era el único policía disponible en la región sin ley. Ocho años después, la situación sobre el terreno no puede ser más calamitosa. El tribalismo agudo, el islamismo radical y el secesionismo ensombrecen el panorama. Los legionarios de Al Qaeda crecen en número y osadía, aliados con los talibanes, hasta dominar las regiones tribales paquistanís fronterizas con Afganistán donde se supone que actúan Bin Laden y sus secuaces, mientras la guerra civil castiga la región de Beluchistán, reducto de un movimiento separatista.
Los escenarios que trazan los estrategas son catastróficos. Los 160 millones de paquistanís no solo soportan la férula castrense, sino una situación explosiva en la que se mezclan los islamistas más radicales, la bomba nuclear y unos pretorianos tan divididos como imprevisibles. Los niveles de violencia no tienen precedente, como demostró el reciente ataque contra la comitiva de la exprimera ministra Benazir Bhutto. Los servicios secretos, urdidores de los talibanes, dicen combatir a los terroristas islámicos, pero a veces los protegen, en un doble juego que suscita escalofríos y que solo se entiende pensando en la rivalidad y la emulación atómica con la India, el enemigo tradicional, cuya frontera en Cachemira es la más conflictiva del mundo.

El intento norteamericano de exportar la democracia al mundo musulmán ha desembocado en una pesadilla no solo en Irak, sino igualmente en Pakistán, quizá porque nunca fue sincero y viable, sino una mera triquiñuela o pantalla ideológica para justificar el ataque preventivo primero y luego la guerra contra el terrorismo. Otras secuelas de la dictadura son el fortalecimiento de los partidos islamistas, que propugnan la imposición de la sharia; la inclinación religiosa de los que fueron laicos, como el Partido Popular de Bhutto; el desconcierto de la exigua clase media occidentalizada y el deterioro de las instituciones, que culminó con el atropello del Tribunal Supremo.
El escepticismo crece en Washington, pese al acuerdo con Bhutto para el reparto del poder, mientras el Pentágono sospecha que no puede afrontar sin los militares el endiablado desafío. La detención por unas horas de Bhutto bajo arresto domiciliario implicará probablemente la ruptura del compromiso, bajo los auspicios de Washington, y el deterioro de la situación. Y si naufraga la salomónica solución de Bhutto, Washington se encontrará ante el terrible dilema: un militar ávido de poder y sin escrúpulos o el descenso al abismo y la posterior subida al poder de un islamista enloquecido. La primera potencia del mundo se presenta aherrojada al destino de un general golpista e impopular.
La estrategia ahora hundida se mantuvo pese a que todas las encuestas señalan que Bin Laden es más popular que Musharraf, quizá porque la OTAN y su cuerpo expedicionario están persuadidos de que si Pakistán deviene ingobernable, Afganistán está perdido para la causa de la democracia que nunca existió, cada día más lejana. La región entre Cachemira y el Mediterráneo se halla en ebullición e insurgencia, y se especula sobre el próximo estallido–Egipto, Arabia Saudí, Jordania–, mientras Washington oye un oráculo apocalíptico: si Musharraf cae arrastrado por las masas, Pakistán se convertirá en otro Estado fallido como Afganistán y los secuaces de Al Qaeda tendrán acceso a los búnkeres donde se guardan el uranio enriquecido y las bombas nucleares.

The Real Musharraf/Asma Jahangir, a Pakistani lawyer under house arrest in Lahore who chairs the Human Rights Commission of Pakistan. She is a member of the international board of the Open Society Institute

Published THE WASHINGTON POST, 9/11/2007;

It was close to midnight last Saturday when Gen. Pervez Musharraf finally appeared on state-run television. That’s when police vans surrounded my house. I was warned not to leave, and hours later I learned I would be detained for 90 days.
At least I have the luxury of staying at home, though I cannot see anyone. But I can only watch, helpless, as this horror unfolds.
The Musharraf government has declared martial law to settle scores with lawyers and judges. Hundreds of innocent Pakistanis have been rounded up. Human rights activists, including women and senior citizens, have been beaten by police. Judges have been arrested and lawyers battered in their offices and the streets.
These citizens are our true assets: young, progressive and full of spirit. Many of them were trained to uphold the rule of law. They are being brutalized for seeking justice.
Musharraf justified his draconian measures by saying he needed to be able to use all his might to fight the terrorists infecting our country. Yet the day after he declared an emergency, the Dawn newspaper reported that scores of terrorists were released by the government. While tyranny was being unleashed on peaceful citizens, the notorious militant Fazalullah (also known as Maulana Radio) had seized the beautiful town of Madyan, according to the Daily Times, and hoisted his “Islamic” flag over buildings while the security forces surrendered.
Musharraf has implied that militancy increased in Pakistan because of judicial interference in governance. But until this past March, the judiciary had yielded to all executive demands. Five years ago, the general dismissed the then-chief justice and his colleagues, charging that they were obstructing his process of democratization. What is democratic about a judiciary that’s not independent?
In recent days police have raided the home of the president of the Supreme Court Bar Association — his wife has gone into hiding — and the law chambers of two former presidents of the bar. Their clerks have been harassed. Military intelligence officers are interrogating leading attorneys. Meanwhile, unknown lawyers are being elevated to the bench.
Since Saturday, police officers have barged into my house twice after receiving (false) warnings that I had escaped. On seeing me, they sheepishly admitted they were misled.
I have tried to make them understand the difference between people such as myself and terrorists. “If I did run away, how far would I go?” I asked them. “In any event, I am not likely to blow myself up around the corner.” One police officer said that he agreed but that his job was at greater risk if I got away than if a terrorist escaped the law. Terrorists, he pointed out, outnumber rights activists in our country.
The officer argued that lawyers and judges hamper law enforcement. “How can we bring law and order if we cannot torture criminals? We must be given a free hand to deal with terrorists, and the chief justice has no business to ask us to produce them in courts. We are itching to lay our hands on all those judges who humiliated us for carrying out our duties,” he told me. When I asked how he knew who the terrorists were, he insisted that the intelligence was infallible.
Yet he didn’t know I hadn’t escaped from my house.
The international community is alarmed at Musharraf’s actions, but Pakistanis expected this. The Bush administration had built up the general as moderate and benign, but the true face of this regime has been exposed.
A balanced picture of Pakistan had begun to emerge in recent weeks. Thousands turned out to greet Benazir Bhutto upon her return last month; Pakistanis were progressive-minded enough to elect a female political leader years ago. Hundreds of progressive-minded lawyers have rallied for democratic values. I welcome Bhutto’s call for the Pakistan People’s Party to join the demonstrations.
But Pakistan is threatened by Islamist militants, and our civil society suffers the worst of this creeping Talibanization. Woefully, the Musharraf regime is neither inclined to reverse this trend nor capable of doing so. No one has exact solutions, but there is virtual unanimity that Pakistan’s political leadership must take charge and that the military must cooperate with an elected civilian government.
Musharraf’s promises to hold elections by Feb. 15 or to resign from the army are a red herring. He has pledged before to give up his uniform and failed to follow through. Any election held under these circumstances will not be free and will only put the crisis on hold. Furthermore, militarization will kill the spirit of the progressive forces while boosting the terrorists’ morale.
A transition to democracy is crucial, but unless freedom of the press and the judiciary’s independence are restored, any changes will remain toothless. It will be difficult to put Pakistan on the path to democracy, but we must begin now, before it is too late.

Muere el gran escritor Norman Mailer


Muere el escritor Norman Mailer
Tuvo su primer reconocimiento internacional en 1948 con la novela Los desnudos y los muertos, una obra basada en su periodo de servicio en el ejército de los EE UU durante la Segunda Guerra Mundial.
El novelista y periodista que marcó la escena literaria estadounidense en la segunda mitad del siglo XX con obras repletas de violencia, sexo y provocación, falleció en Nueva York a los 84 años de edad. Con ello terminó la vida de un hombre que se definió siempre como "antisistema" pero llegó a ser entronizado como uno de los grandes autores estadounidenses.
Era, en sus propias palabras, uno de los últimos mohicanos, un superviviente de una generación, a la que también pertenecieron Saul Bellow y Truman Capote, que marcó las letras norteamericanas de la segunda mitad del siglo XX.
Escribió 39 libros, once de ellos novelas, y tocó todo tipo de géneros artísticos, incluido el teatro, la poesía, el cine y el "nuevo periodismo", en el que mezcló su experiencia personal con la información de los hechos mediante técnicas de narrativa de ficción. Sus obras fueron alabadas por su originalidad, la crudeza del lenguaje y el poder hipnótico de sus personajes.
La urgencia por escribir le corría por las arterias a Mailer, quien a los nueve años completó una historia de 250 páginas titulada 'Invasión de Marte'.
Había nacido en 1923 en Long Branch, Nueva Jersey pero criado en el barrio de clase trabajadora en Brooklyn.
Hijo de un contable judío oriundo de Suráfrica y una mujer incansable, como él mismo la describió. Se crió en un barrio de clase trabajadora en Brooklyn.
Además de la literatura, su gran interés eran los aviones y estudió ingeniería aeronáutica en la Universidad de Harvard. Probó suerte como guionista de Hollywood, pero se topó con un recibimiento gélido, y sus dos obras 'Barbary Shore'(La costa Berbería, 1951) y 'The Deer Park' (El parque de los ciervos, 1955), fueron consideradas un fracaso.
Sin embargo, el resto de su carrera estaría jalonada de éxitos, que le hicieron ganar el Premio Pulitzer dos veces y en una ocasión el Premio Nacional del Libro, y también de empresas fallidas. Mailer escribió como vivió. Su vida privada siempre atrajo tanta o más atención que su prosa. Siempre estaba dispuesto a usar los puños. Enamorado del boxeo, lo practicó dentro y fuera del ring, metiéndose a menudo en broncas callejeras. Pero su acto más violento fue el apuñalamiento casi mortal de su segunda esposa, Adele Morales, a quien clavó una navaja durante la celebración de su presentación oficial como candidato a alcalde de Nueva York en 1960. Mailer estaba muy borracho. Ella no presentó denuncia y se recuperó totalmente, aunque estuvo al borde de la muerte.
Mailer protestaba, bebía, fumaba marihuana y recorría los garitos de Nueva York. En 'Un sueño americano' (1966) reflejó esa vida a través de la lente de Stephen Rojack, un personaje semiautobiográfico que mata a su esposa. Para él, el otro sueño americano, el de la casa en los suburbios, los niños, el perro y los domingos en la iglesia, no funcionaba. Mailer escribió ese libro por entregas para la revista 'Esquire', dejándose llevar por Rojack a un agujero de alcohol, sexo y violencia. "No me gusta escribir un libro cuando sé cuál va a ser el final, porque quiero que mis personajes tomen el control", dijo el autor. "Es muy peligroso para mí saber a dónde va un libro, porque una vez que lo sé me emociono tanto que se lo cuento a otras personas, salgo y me emborracho para celebrarlo y luego no trabajo", confesó. Por eso, quizá nunca escribiera una autobiografía de verdad. "Cada vez que pasas por una experiencia muy intensa, se forma un cristal en tu personalidad" que proyecta reflejos para escribir muchas historias, explicó Mailer.
"En una autobiografía probablemente destruyes todos tus cristales", añadió. Mailer también tuvo gran éxito con su estilo personal de periodismo. Ganó sus Pulitzers con 'Los ejércitos de la noche', en 1968, sobre una manifestación pacifista en el Pentágono del año anterior, y con 'La canción del verdugo' (1979), sobre la ejecución del asesino Gary Gilmore.
Fue arrestado en algunas ocasiones por su participación en protestas contra la guerra de Vietnam, y en 1969 se presentó a las elecciones primarias del partido demócrata para la alcaldía de Nueva York con la propuesta de que la ciudad se convirtiera en el estado número 51 de la Unión. En 1997 publicó su última novela, 'El castillo del bosque'.
El sueño americano pierde a su voz crítica/BARBARA PROBST SOLOMON
Publicado en El País, 11/11/2007;
Conocí a Norman Mailer en la primavera de 1948, cuando el United States, el transatlántico en el que viajábamos mi madre y yo -quizá era su viaje inaugural-, atracó en Cherburgo, un puerto que mostraba aún toda la destrucción causada por los bombardeos en la II Guerra Mundial. Acababa de terminar el bachillerato, era la primera vez que veía Francia, la primera vez que veía Europa, y me deslumbró. Había vivido la guerra desde el colegio con la sensación de que Europa estaba más lejos que Marte. También me deslumbró un joven de sonrisa contagiosa que, con su esposa, Bea, había ido a Cherburgo a recibir a su madre y su hermana Barbara, que viajaban en el mismo barco que nosotras. Norman Mailer todavía no era Norman Mailer; su madre le llevaba una primera copia de Los desnudos y los muertos, que iba a publicarse en Estados Unidos el otoño siguiente.
Mi madre, que era una artista muy intuitiva, había conocido a la madre de Mailer en el barco e incluso había leído la novela. Yo no. Le había dicho entre dientes que no me apetecía conocer al hijo de aquella madre de Brooklyn tan convencida de que él era un genio, y que lo que tenía eran ganas de entrar en contacto con el verdadero París. Cuando nos presentaron a Norman y Bea en el muelle, mi madre se acercó rápidamente a él y proclamó: "Felicidades. Ha escrito usted la gran novela sobre la guerra". Al morir mi madre, en los años noventa, hubo una cena en Cape Cod en la que Norman se puso de pie y brindó por ella; recordó que había sido la primera persona que le había hablado de lo que él había hecho, que le había llamado escritor. La segunda frase que le soltó fue: "Mi hija está empeñada en vivir en París. ¿Le importaría cuidar de ella cuando yo me vaya?".
Hoy día, casi toda la gente que conozco es más joven que yo. Pero al principio yo era siempre la más joven, la niña, la mocosa, ésa fue mi primera identidad. Mi hermano mayor había estudiado en Harvard, como Norman, pero me consideraba demasiado pequeña para estar en sus reuniones de amigos. En cambio, Norman y Bea empezaron a invitarme a las fiestas que daban en su piso de Montparnasse, en la rue Bréa.
Fue un cambio tremendo para mí. Conocí al intelectual trotskista Jean Malaquais y a brillantes críticos literarios estadounidenses, como Mark Linenthal, y a jóvenes franceses y españoles desplazados por la guerra. Norman no se limitaba a un solo grupo de gente, sino que era muy ecléctico. En una de aquellas veladas conocí a Paco Benet. Norman había conocido a un amigo de Paco, Enrique Cruz Salido -su padre, diputado socialista por Jaén, había formado parte, junto con Luis Companys, del grupo de presos que los franceses habían entregado a Franco para que los ejecutara-, durante su asistencia al Seminario de Salzburgo. Fueron Paco y Enrique quienes urdieron el plan para liberar a Manolo Lamana y Nicolás Sánchez Albornoz de Cuelgamuros y Norman (que estaba a punto de irse a Nueva York para publicar su novela) les ofreció su coche y dos personas que sirvieran de señuelos: su hermana Barbara y yo. Pero Barbara, pese a haber terminado la universidad -después me confesó que tanto ella como su hermano me consideraban solamente una niña que acababa de terminar el bachillerato-, no tenía carnet de conducir, y yo sí.
Norman y yo nos fuimos a dar vueltas por Chartres -quería ver si era buena conductora- y pude conocerle bien. Me trataba como a una adulta y era una persona con una curiosidad infinita por la gente y por el mundo. Era capaz de reflexionar sobre la experiencia que yo iba a vivir en España y, al mismo tiempo, contemplar la ciudad. Allí estábamos, dos estadounidenses admirados ante el rosetón de la fachada.
A Norman le cautivaba todo lo relacionado con la imagen y la arquitectura, cuando era algo maravilloso y lleno de alma, significaba para él tanto como la política y la literatura. Aquel día mágico habló sin parar -siempre sabía un montón de cosas- sobre Chartres.
Fue el otoño en el que Norman se hizo famoso de la noche a la mañana. Después comentó, en muchas ocasiones, que el hecho de que le hubiera sucedido cuando tenía 24 años le impidió, en muchos aspectos, tener conciencia de los altibajos normales que casi todos experimentamos entre nuestra época de estudiantes y la verdadera vida adulta. Desde luego, las presiones de estar ante los focos desde tan joven contribuyeron a su tormentoso periodo intermedio como escritor. Conmigo, con Barbara -estaban muy unidos-, con su familia y sus amigos de Harvard, siempre mantenía una actitud como de hijo rebelde de la burguesía.
Pero en sus fiestas no había más que gente de ese tipo. Le fascinaban los actores y Hollywood. Recuerdo a Marlon Brando apoyado contra la pared de la cocina del piso que tenía Norman en el East Village; estaba callado y parecía observarnos a los demás con un vago desconcierto.
Luego llegó una época mucho más oscura. Un buen día, la radio difundió la noticia de que, en una fiesta de total descontrol, Norman había apuñalado a su segunda esposa, Adele. Los demonios interiores de Norman, sus pesadillas y las presiones para que fuera en todo momento el escritor más grande de América, desembocaron en aquel horror. Pero Norman era un luchador y combatió el odio a sí mismo y el desprecio del mundo literario elegante.
Al final logró recobrar su equilibrio e inició su mejor periodo como autor. La verdadera musa de Norman, el hilo que une sus obras de ficción, sus reportajes y sus documentales, era América. A diferencia de Bellow, Roth y Updike, cuyas obras son más autobiográficas, Norman siempre miraba hacia afuera: los faraones egipcios, la llegada a la Luna, las elecciones estadounidenses, los asesinos y -en su última novela- la infancia de Hitler. A medida que cumplió años, fue convirtiéndose en una especie de patriarca.
Tuvo la enorme suerte de casarse con Norris Church, una belleza sureña, modelo, artista y escritora, que introdujo el orden en sus últimos 30 años de vida y en las vidas de sus hijos, nueve en total. Sin embargo, yo estaba preocupada. Tal vez fueron las muertes de Saul Bellow y de mi amigo Larry Rivers, tal vez las enfermedades del propio Norman, cada vez más frecuentes. En el fondo, yo sabía que le quedaba poco tiempo. Tanto en sus buenas épocas como en sus periodos tormentosos, Norman formó parte esencial del panorama estadounidense durante más de medio siglo, una prolongada presencia pública que le sitúa en la misma categoría que a Victor Hugo y Picasso.
Hay un sentimiento de pérdida. Y en cuanto a mí, qué puedo decir. De pronto, me siento huérfana.
Mailer: el tiempo de nuestro tiempo/Rafael Pérez Gay
El Universal, 14 de noviembre de 2007:
Ningún novelista puede escapar a su propio temperamento. Y menos que nadie Norman Mailer, a quien la sombra de la desmesura lo persiguió hasta el día de su muerte como una bendición y un destino maldito. Quiso escribir la novela absoluta y en el camino produjo más de 40 libros de ficción, ensayo, biografía, piezas teatrales y, desde luego, periodismo.
En el pavoroso mundo de Mailer, lo que no es descomunal no existe. Un viento de tempestad lo impulsó a los 25 años cuando publicó Los desnudos y los muertos y la prensa lo recibió con este tono de celebración extraordinaria: The New York Times: “Estamos ante la mejor novela sobre la Segunda Guerra Mundial”; Cleveland Press: “La más grande novela de guerra escrita en este siglo”; Time: “En la descripción de un horror continuo y de un completo agotamiento físico, no tiene paralelo en la literatura estadounidense”.
Había nacido una de las leyendas más poderosas de la vida pública estadounidense y empezado su camino una obra central de la literatura del siglo XX.
Podría decirse que la vocación de grandeza de Mailer incluía su vida íntima y que cuando reñía con sus esposas, en vez de discutir alzando la voz para reprochar algún cataclismo doméstico, las apuñalaba, pero sería mentira. Mailer sólo le clavó una navaja a su segunda esposa, Adele Morales, durante el festejo de su presentación como candidato a alcalde de Nueva York en el año de 1960.
Por lo demás, ese día Mailer se había bebido él solo toda la provisión alcohólica para más de 300 invitados y algo lo sacó de sus casillas. Desde luego fracasó en las urnas. Batalló con las feministas y le encantaban las mujeres. Cuenta Bárbara Celis que un día confesó lo siguiente en la televisión: “Esperé durante meses que Arthur Miller me invitara a cenar, pero nunca lo hizo y jamás se lo perdonaré. Quería conocer a Marilyn Monroe para podérsela robar. Robársela a su marido. Un criminal nunca te perdonaría que le impidieras cometer el crimen que anida en su corazón”.
El tema único, la obsesión enorme de Mailer fue Estados Unidos. Recorrió todos los géneros para convertirse en el gran cronista del siglo. No hubo asunto que no pasara por la furia productiva de su fuerza literaria: el poder, la guerra, la traición (Los ejércitos de la noche, El fantasma de Harlot, Oswald: misterio americano), el sexo (El parque de los ciervos, Los hombres duros no bailan), la religión (El evangelio según el Hijo), la moral y la muerte (La canción del verdugo, El castillo en el bosque).
Norman Mailer participó en la creación de un género casi tan antiguo como la misma literatura, pero que él ofreció al público como si fuera una novedad, de hecho lo era en su brillante concentración literaria: el nuevo periodismo, esa forma que a finales de los años 60 resolvía cualquier tema público con la misma intensidad con que se abría la puerta de una novela, la prosa al servicio de asuntos que no pertenecían al mundo de la ficción sino a la realidad inaprensible de cada día.
En este momento, mientras reviso mis viejos libros de Mailer, estoy dispuesto a cambiar algunas de sus novelas por varias de sus crónicas magistrales. Me refiero, al menos, a los textos reunidos en un libro extraordinario, The time of our time (publicado por Anagrama en 2005 con el título de América), que reúne como anfibios en el manglar a reportajes, crónicas, textos, ensayos personales, centellas de periodismo perfecto.
Pienso en “Boxeando con Hemingway”, “Nuestro Hombre en Harvard”, incluso en el novelista famoso habilitado como reportero durante la cobertura de la Convención Nacional del Partido Demócrata en 1960 y desde luego en esa breve obra maestra llamada “El combate del siglo”, los esplendores de Mohamed Alí y el ocaso de la realeza de George Foreman.
Norman Mailer se lleva también consigo a uno de los egos más colosales de la literatura moderna. Sin ese exceso de soberbia, su obra habría sido imposible tal y como la conocemos. No por nada, cuando cumplió 80 años escribió esta lección inquietante para todos los escritores: “Un ego razonablemente confiable es crucial para un autor que trabaja mucho, pero un ego mucho más fuerte que sus necesidades literarias es una autopista directa a la mediocridad”.

John P. Walters

El Tiempo de Bogota entrevista a John P. Walters, 9/11/2007;
-Su oficina reportó esta semana que el precio de la cocaína va en aumento en las calles de E.U. y que ahora es menos pura que a comienzos del año. ¿Qué tan sostenibles son esos resultados ?
-Llevamos nueve meses de escasez de cocaína, de caída de la pureza y del consumo, que está a niveles de 1992. Los indicadores muestran que la interdicción afecta el consumo y hay que sostenerla. Hemos visto que el Gobierno colombiano es sólido, ha arrestado a jefes importantes del narcotráfico, jefes de las Farc han sido abatidos y en México hay acciones para quebrar el negocio. Tenemos esperanzas.
-¿Esos resultados no se pondrán en riesgo cuando empiece a disminuir la ayuda de su país al Plan Colombia?
-Trabajamos con el Congreso de E.U. para evitar esto, pero hoy el esfuerzo grande lo está haciendo Colombia. Nuestra preocupación es lograr que los nuevos líderes del Congreso entiendan lo que pasa acá y por eso ustedes habrán visto la gran cantidad de visitas de los últimos meses. Cuando ellos vean el milagro que está ocurriendo aquí, empezarán a comprender cómo se gastan los recursos y regresarán con una visión diferente, de apoyo a Colombia.
-¿Cree que el TLC saldrá adelante en este Congreso?
-Esperamos que sí, pero no puedo hablar por los legisladores. El presidente Bush trabaja con el Congreso para lograr esa aprobación.
-¿Cómo le cayó a su Gobierno la decisión de Colombia de hacer más erradicación manual y menos fumigación?
-Hablé con algunas autoridades en esta visita y dicen que hay que aumentar los esfuerzos de erradicación a través de la fumigación y con mayor énfasis en la erradicación manual. La idea es aumentar la presión sobre los cultivos, para enfrentar el frustrante fenómeno de la resiembra.
-¿Pero el nuevo énfasis en erradicación manual no implica reconocer que la fumigación no funcionó?
-No. Las Farc pueden haber perdido cerca de 30 por ciento de sus ingresos por la erradicación y otros ataques a su infraestructura. Eso promueve las deserciones, los priva de armas, reduce su capacidad de corrupción y de asesinar.
-¿Qué tanto pesa que en el narcotráfico que Venezuela haya suspendido la interdicción aérea?
-Esa situación proporciona una fuente y un sitio de operación para los narcos. Es evidente que el flujo de droga por aviones y barcos que salen por Venezuela hacia México, Asia y Europa ha crecido.
Hemos tratado de hacer contactos, en los que ha mediado el presidente Uribe, para restaurar esa cooperación. El aumento del narcotráfico en Venezuela no es bueno para el pueblo venezolano.
Trabajamos para que el presidente Chávez cambie de posición, pero Venezuela es un país soberano y debe tomar sus propias decisiones.
-Tras el proceso de paz, ¿están los 'paras' desmovilizados por fuera del narcotráfico?
-La desmovilización se ha sentido positivamente en el narcotráfico y en la seguridad. Ahora, algunos de los ex jefes 'paras' detenidos continúan en el tráfico y trabajamos con Colombia para tener evidencia y la vamos a presentar al Gobierno colombiano.
Creo que Uribe ha sido coherente: si cumplen con la Ley de Justicia y Paz, que incluye dejar el narcotráfico, no serán extraditados. Pero los otros violaron la ley y deben ser entregados a E.U.
-¿Qué ha comprobado E.U. de los narcos colombianos que tenían datos de sus barcos en el Caribe?
-No tengo información específica. Sabemos que existen casos de mapas de información reservada de E.U. que supuestamente ha sido vendida y estamos trabajando para procesar a esas personas. Pero también se sabe de casos de mapas que han resultado falsos, algo así como el ladrón que roba a ladrón. Tratamos de encontrar medidas para minimizar el riesgo y para evitar eso. La perfección no se va a alcanzar, pero siempre hay que estar vigilantes.
México pesa cada vez más en el negocio
La presencia del procurador (fiscal) general de México, Eduardo Medina Mora, en la visita a Colombia de los máximos jefes antidrogas de Estados Unidos no es casual.
La violencia y la capacidad de corrupción de los narcos están en un momento particularmente fuerte en ese país . De hecho, hay informes verificados de que capos y sicarios colombianos se han establecido allí y las alianzas entre las mafias de los dos países se han sellado incluso con matrimonios entre los herederos de los grandes traficantes.
Este año, en enero, México extraditó a 10 grandes capos. La fuerza del narcotráfico llevó a Washington a pensar en una especie de Plan Colombia para ese país. Analistas no descartan que parte de la ayuda norteamericana recortada a Colombia termine engordando la bolsa de asistencia al gobierno del presidente Felipe Calderón.
REDACCIÓN JUSTICIA

III Reunión Colombia, México y EE UU



Reunión en Bogotá con responsables de la lucha contra el narcotráfico de Colomia, México y EE UU, entre ellos el Ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, el Fiscal General Mario Iguaran y el Ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos; de Méixo el procurador de México Eduardo Medina Mora, y de EE UU el zar antidrogas John P. Walter y la saliente directora de la DEA, Karen Tandy

  • Palabras del Procurador Eduardo Medina Mora, durante su participación en la III Reunión Tripartita Estados Unidos-Colombia-México efectuada en la Ciudad de Bogotá, Colombia. Bogotá, Colombia, a 08 de noviembre de 2007
El gobierno del Presidente Felipe Calderón ha establecido un total y profundo compromiso para combatir al crimen organizado y recuperar los espacios ciudadanos amenazados en algunas geografías del país, por la presencia de esa criminalidad. Desde el primero de diciembre del año 2006, primer día de su gobierno, el Presidente Calderón ordenó usar toda la fuerza del Estado y aplicar una estrategia más integral y más eficaz, a partir de la mejor explotación de la información de inteligencia; aprovechamiento integral de las capacidades de gobierno, a través de la coordinación; mayor intercambio de datos e información, en tiempo real, entre las áreas de seguridad y justicia; una más decidida y profunda cooperación internacional basada en la confianza mutua y en la reciprocidad.
El objetivo del nuevo modelo mexicano de combate al crimen organizado, se encaminó a fracturar y desarticular las cadenas y redes operativas, logísticas, financieras y de comercialización de los grupos criminales; encarcelar a sus principales líderes, operadores y estrategas; y con ello romper los espacios de impunidad de ese tipo de delincuencia, que tanto daña a las instituciones, los ciudadanos, sus familias y sus comunidades.
Al 31 de octubre de este año, 11 meses después, los resultados muestran con claridad que la estrategia del Gobierno del Presidente Calderón es la correcta, y que la continuidad, persistencia y operación sistemática y ordenada de los hombres e instituciones, es la ruta para seguir obteniendo más y mejores resultados. Los éxitos alcanzados animarán cada vez más a que todos los mexicanos estemos comprometidos con una tarea que, a pesar de ser riesgosa, es indispensable para ejercer el derecho que los ciudadanos tienen a vivir en paz para poder posicionarnos con las mejores condiciones de competitividad en la economía mundial. Como resultado de la estrategia seguida por el gobierno de México, se han logrado éxitos puntuales y ejemplares, como lo fue en marzo pasado al obtener el record mundial en el aseguramiento de efectivo a una organización criminal -la del señor Zhenli Ye Gon, con 205 millones de dólares en efectivo-.
Asimismo, hace apenas unos días, fueron asegurados 23 mil 562 kilogramos de cocaína pura, el mayor aseguramiento en una sola operación antinarcóticos, otro record mundial en un golpe asestado esta vez al Cártel del Pacífico, uno de los grupos más peligrosos del narcotráfico a nivel mundial. Sin lugar a dudas, para el narcotráfico que opera en México, el mes pasado fue un “Octubre Negro”. Ese mes las autoridades mexicanas aseguraron 35 mil 557 kilos de cocaína; 360 toneladas de marihuana; 15 litros de opio; 291 granadas; 68 mil 778 cartuchos de alto calibre y 15 aeronaves. En 11 meses de trabajo y compromiso del Gobierno del Presidente Calderón, se han asegurado 48. 561 toneladas métricas de cocaína; mil 652 toneladas de marihuana; 35 toneladas de precursores químicos para metanfetaminas, como efedrina y pseudoefedrina; 639 mil 734 cartuchos y municiones; 526 granadas; 6 mil 922 armas, y de ellas 3 mil 518 largas, en su mayoría fusiles de asalto; 94 embarcaciones marítimas y 50 aeronaves. También, se destruyeron 26 mil 503 hectáreas sembradas con marihuana y amapola y, a mano y directamente en el campo, se arrancaron de raíz 172 mil 52 plantíos sembrados con esos enervantes.
Han sido detenidas 14 mil 435 personas vinculadas al narcotráfico en delitos contra la salud en todas sus modalidades y más de 13 mil han sido ya consignadas a los juzgados penales federales, de todo el país. Esta ofensiva impide la operación de la columna dorsal del abastecimiento y distribución orientada al consumidor final, y ocasiona fracturas aún más severas al mercado ilegal de las drogas. El aumento en el precio de las metanfetaminas que señalaba la administradora de la DEA, la señora Karen Tandy, no es casual, haber cortado de raíz el abastecimiento de aproximadamente 80 toneladas anuales de pseudoefedrina que la organización del señor Zhenli Ye Gon introducía ilegalmente para producir metanfetamina, adicionados a los aseguramientos de pseudoefedrina por 35 toneladas, ha dado como resultado que el precio al consumidor final en las calles, suba significativamente y la pureza se reduzca tanto en México, como en los Estados Unidos.
Fracturar las cadenas de logística, acopio, transporte, distribución y comercialización en el mercado de la cocaína, con una visión integral, de confianza mutua y de responsabilidades compartidas con nuestros hermanos colombianos y con los Estados Unidos, permite comprender más fácilmente la razón de que se hubiere elevado su precio en las calles estadounidenses y también muy destacadamente en el mercado mexicano. Estos resultados, sin duda alguna, provienen de compromisos y trabajo compartidos. Nacen del esfuerzo y dedicación de muchos miles de mexicanos comprometidos profundamente con su país, en las Fuerzas Armadas de México, en las instituciones policiales, de seguridad y de justicia, tanto del Gobierno Federal, como de los gobiernos estatales y municipales, que se han sumado al llamado del señor Presidente de la República, Felipe Calderón. Menos droga en las calles significa preservar la salud y la vida de los que viven apresados por las adicciones; significa menos dinero y menos ganancias para que los delincuentes compren protección, impunidad y tolerancia social; por ello, reitero que la estrategia que ha seguido el Gobierno de México es la correcta para recuperar la fortaleza e integridad social, que había sido asechada por la criminalidad organizada.
Estos resultados, debo decirlo, provienen de la colaboración, confianza e intercambio de información en tiempo real y oportuno de las mujeres y hombres que, a nivel internacional y regional, en las agencias de gobierno, estamos comprometidos a tener un frente más amplio, más eficaz y de mejores resultados, en esta lucha de todos contra el enemigo común, la delincuencia organizada. Estoy personalmente muy orgulloso de los resultados obtenidos por esta alianza que hemos formado con Colombia y con los Estados Unidos para combatir al narcotráfico, para defender a nuestros jóvenes de la miseria de las adicciones, para proteger la integridad de nuestras instituciones, para defender el derecho de nuestros ciudadanos, sus familias y sus comunidades a vivir en paz y en tranquilidad.
  • Intervención de Karen P. Tandy, administradora de la DEA, durante su participación en la III Reunión Tripartita.

Nos hemos reunido aquí los países de Colombia, México y Estados Unidos, para anunciar cuestiones importantes en los tres países y en la región también. Por medio de nuestros esfuerzos conjuntos, hemos podido desarticular la cadena de oferta de drogas y el mercado norteamericano de cocaína y de metanfetamina. En los Estados Unidos, los precios de la cocaína y la metanfetamina se han incrementado dramáticamente, mientras la pureza de la droga ha disminuido. Este esfuerzo se ha mantenido durante todo este año desde enero del 2007. Según informes que tenemos, 37 ciudades de EE UU han reportado una caída en el suministro de cocaína. De acuerdo con los sistemas de información de la DEA (STRIDE), de enero a septiembre de este año, el precio de un gramo puro de cocaína se incrementó en 44 por ciento –pasando de $95.35 a $136.93 dólares– la pureza cayó en 15 por ciento. Las estadísticas sobre la metanfetamina son aún más impactantes: el precio de un gramo puro es de 73 por ciento más (de $141,42 a $224.53) y la pureza disminuyó en un 31 por ciento. Estos números nos dan una fotografía del decrecimiento de sustancias en EE UU. Es importante destacar que las variantes de aumento y disminución tanto en el precio como en la pureza de la cocaína y de la metanfetamina, se han patentes en el pasado. Sin embargo los precios han tenido la tendencia a regularse con el paso de los meses. A diferencia de este fenómeno que ocurría en el pasado, los precios que van en aumento; hoy en día tienen la tendencia de seguir incrementándose a lo largo de los años. Esto de acuerdo a reportes de enero a septiembre del 2007. Estos datos provienen de analizar el precio y la pureza al momento de la compra de miles de muestras extraídas de las compras realizadas a través de transacciones en los 50 estados de la Unión Americana, que fueron incluidos en el sistema STRIDE de la DEA. El sistema STRIDE es una base de datos que reúne información sobre todas y cada una de las presentaciones de las distintas drogas, envidas a los laboratorios de la DEA, el FBI, Aduanas, Protección Fronteriza, Migración y la Guardia Costera de los Estados Unidos. En realidad no sabemos bien a bien porqué este aumento en los precios de la cocaína y la metanfetamina, lo que sí podemos afirmar es que es histórico este tipo de cooperación entre los tres países. Hemos formado un vínculo de un Tratado Tripartito en el intercambio de información, planeación y operación estratégica, el equivalente a una “perfecta tormenta”, enviando obstáculos e inundaciones a las bandas del narcotráfico en cada punto de la región. Estamos atacando el lado financiero de los principales cárteles y sus redes, con resultados nunca antes vistos, en los tres países, alcanzando niveles, que por primera vez están disuadiendo a los traficantes a reorganizarse para intentar de nuevo renovar sus operaciones. -Con Colombia más del doble de las ganancias de los traficantes se han reducido, en el último año.

-En México, hemos logrado establecer un récord mundial con el cargamento de droga más grande nunca antes decomisado.
-Y con la DEA se estableció un récord de ganancia no devengada para las organizaciones del crimen organizado de casi 3.5 billones de dólares, durante el año pasado –más de 1.6 billones por arriba del año anterior–.
Otro factor es que, en conjunto, hemos diseñado, y con éxito implementado, una nueva estrategia internacional, atacando las rutas de tráfico de toda la región. En tan sólo tres operaciones antinarcóticos, esta estrategia nos ha resultado con el decomiso de más de 200 toneladas de cocaína, 50 toneladas de marihuana y 400 kilos de heroína colombiana, más de 400 millones ($415.7) y mas de 1000 arrestos.
Al mismo tiempo, Colombia y México simultáneamente lanzaron acciones militares y de combate al narcotráfico, contra los líderes más importantes de las organizaciones. En Colombia, actuando en contra de los más altos líderes de las FARC, incluyendo la extradición del líder Yvan Vargas para que enfrentara cargos de narcotráfico en los Estados Unidos. Hasta el arresto de los principales líderes del Valle Central del Norte, de AUC y otros jefes del narcotráfico. Todos, como parte de las 600 extradiciones de la administración del Presidente Uribe. En México durante la Presidencia de Felipe Calderón: -En enero, México dejo escrito en la historia, la primera extradición “mayor” de más de 10 narcotraficantes a los Estados Unidos, incluyendo los líderes de cada uno de los principales cárteles de la droga en México. -Le siguió el decomiso de droga y de bienes en el mundo, además del desmantelamiento de los llamados “súper-laboratorios de metanfetaminas”, que tenían capacidad para producir cinco toneladas de metanfetaminas al año. Todos estos esfuerzos, que en coordinación con la ayuda internacional de la DEA y autoridades estadounidenses en desmantelar y dejar sin líderes a las organizaciones criminales del narcotráfico son un factor clave que han hecho la diferencia y han creado la tormenta perfecta que nos trae hoy aquí. Teniendo a nuestros niños a salvo del fantasma del abuso de las drogas y asegurando la estabilidad y seguridad de países como Colombia y México. Gracias.
Fuente: Página de internet de PGR

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