Pietro Parolin en México: ¿un anuncio de visita papal?
El viaje papal bien podría esperar un poco y concretarse una vez que pasen las aguas de las elecciones de 2027; pero lo que es un hecho, es que Parolin se lleva a Roma el pulso exacto de la realidad mexicana. | Pietro Parolin
En memoria de Octavio López Manjarrez (1960-2026), todo tiene su tiempo.
LA SILLA ROTA, opinión, 5 de agosto de 2026
Pisando tierra mexicana tras su paso por Guatemala, el eminentísimo cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, llega a un país que lo recibe entre los rígidos andariveles de la diplomacia vaticana y la crudeza de la realidad nacional. Bienvenido a México, monseñor.
En la geopolítica de la fe, el Vaticano no da pasos en falso ni lanza dados al aire. El anuncio que resonó desde Roma este miércoles 5 de agosto envía un mensaje inequívoco: el sur del continente se queda con la fiesta pastoral, el abrazo multitudinario y la devoción desbordada en las calles. Matteo Bruni, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, confirmó la ruta oficial: del 6 al 17 de noviembre de 2026, el papa León XIV recorrerá Uruguay, Argentina y Perú, en un periplo que abarcará desde Montevideo y Buenos Aires hasta Lima y Cuzco. Para nuestra patria, sin embargo, la consigna implícita suena dura, pero contundente: México tendrá que esperar tiempos mejores.
Y esto no ocurre por desdén, sino por un severo diagnóstico clínico. En la Santa Sede saben perfectamente que no se puede oficiar una misa de júbilo sobre un tejido social abierto en canal. Por eso, desde Roma no mandaron una simple tarjeta de cortesía diplomática; mandaron a la artillería pesada.
Parolin no vino a turistear. Su agenda —que va desde la formalidad de la mesa en Palacio Nacional hasta la urgencia del Diálogo Nacional por la Paz— confirma que el Vaticano lee y entiende que nuestro país sigue sangrando. Hay heridas que se niegan a cerrar: los miles de desaparecidos, el dolor a cuestas de las madres que recorren el país buscando a los suyos, y una violencia que se desborda en las calles.
Allá en la Santa Sede no olvidan lo ocurrido en junio de 2022. Tienen muy presente el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos, a quien de cariño llamaban "el Gallo", y Joaquín César Mora, "el Morita". Ambos fueron abatidos por el simple hecho de cumplir con su deber más sagrado: brindar ayuda espiritual a un hombre que, acorralado, buscó refugio en el templo católico de San Francisco Javier en Cerocahui, en lo más profundo de la sierra Tarahumara de Chihuahua.
Frente a esta dolorosa realidad, exigir la presencia de León XIV sin tejer antes las condiciones mínimas de reconciliación nacional sería un mero ejercicio de cosmetología diplomática. Antes de que el papa venga a bendecir la paz mexicana, primero hay que construirla desde abajo, con las manos en la tierra y junto a la gente. Y en ese complejo tablero de urgencias, Roma ya movió a su pieza más pesada.
El peso de Parolin en México no es producto de la coyuntura ni de la casualidad. No hablamos solo del rostro diplomático del Vaticano, sino del arquitecto silencioso que movió los hilos para que Robert Prevost ascendiera al solio pontificio como León XIV. A sus más de setenta años, este hombre —elegido en su momento por el papa Francisco por su rara amalgama de agudeza política y vocación pastoral— conoce las cicatrices y las entrañas de nuestro país como pocos. Su paso por México en la década de los noventa fue fundacional: operó desde las trincheras diplomáticas, codo a codo con el nuncio Girolamo Prigione, para destrabar el histórico reconocimiento jurídico de las iglesias y reabrir las puertas de la relación formal con la Santa Sede. Un mérito de tal calado que, en 2014, el Estado mexicano le retribuyó otorgándole la Orden Mexicana del Águila Azteca en grado de Banda.
Más allá de nuestras fronteras, Parolin se ha consolidado como un auténtico peso pesado de la geopolítica global, es el hombre capaz de tender puentes en África o de sentarse a negociar con regímenes herméticos como los de China y Vietnam. Sin embargo, fue su etapa como nuncio apostólico en Venezuela, allá por 2009, la que terminó de afilar una de sus herramientas más sutiles y valiosas: un dominio absoluto del español. Esa destreza le permite hoy tomarle el pulso a la política latinoamericana —y muy especialmente a la mexicana— de viva voz, leyendo entre líneas los matices, las tensiones y los silencios del poder regional sin el filtro frío de los traductores ni el desvío de los intermediarios.
Francisco vino a México en 2016 por invitación de Enrique Peña Nieto
Aún guardo en la memoria aquella tarde del sábado 7 de junio de 2014. Cuando el papa Francisco recibió la invitación formal del presidente Enrique Peña Nieto para visitar nuestro país, no lo pensó dos veces, aceptó de inmediato. En los 25 minutos que duró aquella audiencia, ambos líderes pusieron sobre la mesa las heridas más urgentes: la lucha contra la pobreza, la violencia descarnada, el impacto del narcotráfico y, de manera muy especial, el drama de los migrantes. Poco después, en su mensaje a los medios, el presidente daría los detalles de aquel encuentro privado.
Semanas después, el cardenal Pietro Parolin vino a México para encabezar el Coloquio México-Santa Sede sobre Migración, oxigenando el diálogo político al más alto nivel. En aquella ocasión, las puertas de Palacio Nacional se le abrieron de par en par, tejiendo junto a Peña Nieto los hilos finos para lo que sería la histórica visita de Francisco en febrero de 2016. (Un proceso que tuve la oportunidad de documentar y anticipar en el texto "La visita de Francisco a México empieza a tomar forma", publicado en la revista Código Topo de Excélsior, en julio de 2014).
Hoy, años después, Parolin regresa. Pero esta vez no viene a preparar una fiesta, sino a tomarle la temperatura a un país al que le sigue doliendo el alma.
El matiz de la mañanera y la diplomacia vaticana
Al ser cuestionada sobre la insistencia de invitar al Pontífice, la presidenta Sheinbaum introdujo en la mañanera un matiz que exige nuestra lupa crítica. Justificó la urgencia del viaje no solo en el fervor religioso de un pueblo, sino en el debate sobre la Inteligencia Artificial (IA).
Tras recordar su charla del 12 de diciembre con el papa y su insistencia en traerlo a México, subrayó que el jerarca católico es una voz global sobre la regulación digital: “Es una referencia mundial sobre quién controla esas plataformas, quién define los contenidos y cómo se diseñan los algoritmos”.
Para blindarse, la mandataria invocó el dogma republicano —“y evidentemente en México hay separación de la iglesia [sic] con el Estado, y así va a ser siempre”, precisó; le faltó decir "Iglesias"—, pero de inmediato incurrió en una pirueta discursiva: apelar a un líder religioso para avalar políticas públicas laicas. Subcontratar la autoridad moral del Vaticano para justificar la regulación tecnológica resulta, cuando menos, una curiosa paradoja para un régimen que presume su laicidad.
Aquí surge la contradicción de fondo. El Estado mexicano, históricamente celoso de su laicidad, encuentra en la Santa Sede un aval discursivo para un debate terrenal. Pero cuidado: mientras el enviado papal, Pietro Parolin —quien acudió a Palacio Nacional en un encuentro medido cronométricamente de las 9:55 a las 11:10 horas—, viene a hablar de pacificación y desaparecidos, el poder público busca reflectores en la regulación digital. La ética algorítmica jamás debe convertirse en el caballo de Troya para abrir la puerta al control editorial o a la censura.
Cuidado
Hay que recordar la historia detrás de esta invitación. Claudia Sheinbaum no ha acudido al Vaticano en calidad de jefa de Estado. Al asumir el portificado, se envió a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien fue la encargada de entregar la carta firmada por la presidenta con el motivo central de extender una invitación formal al papa para visitar México. Después de esa entrega, hubo una charla telefónica y nada más.
Veremos si esta diplomacia de misivas logra traer al papa a México, o si la cruda realidad termina imponiendo sus propios tiempos. El epílogo de la reunión quedó plasmado en una imagen de Sheinbaum y Parolin. Ahí, la mandataria dejó claro que el diálogo tocó fibras esenciales al abordar la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV. Destacó que, en un mundo fragmentado, la visión humanitaria del pontífice —centrada en la paz y la atención a los más vulnerables— resulta indispensable para reconstruir la solidaridad, la cooperación y el diálogo internacional.
La nota no estuvo en Palacio, sino en el Tepeyac
La verdadera nota de la visita de Pietro Parolin no se dictó en los pasillos de Palacio Nacional, sino en el corazón espiritual del continente. Tras haberse reunido con diversas autoridades civiles y religiosas mexicanas —en una gira que concluirá este jueves 6 de agosto—, el cardenal Parolín se plantó a los pies del ayate de la Virgen de Guadalupe para tocar la herida más abierta y dolorosa del país: los desaparecidos.
Al iniciar su homilía, el cardenal transmitió la bendición especial y la cercanía de León XIV a "todo el pueblo de esta gran tierra". Pero rápidamente, el mensaje dio paso a un llamado urgente a la pacificación. Desde el Tepeyac, recordó Parolin, María de Guadalupe invita a una escuela de oración donde la lección principal es la reconciliación entre hermanos y hermanas.
El milagro de las rosas y las madres que buscan a sus hijos desaparecidos, coincidiendo con la memoria litúrgica de la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor en Roma —donde una lluvia de pétalos blancos cae del techo para evocar la cercanía de la Madre de Dios—, el purpurado hiló esa imagen con el milagro de las rosas en la tilma de Juan Diego. Sin embargo, aterrizó la metáfora del amor maternal en una realidad cruda y contemporánea al reflexionar sobre el Evangelio del día: la mujer que no descansa hasta que Jesucristo salva a su hija.
"El Señor recompensa la absoluta confianza que ella deposita en Él, así como su determinación. Su ejemplo resuena con especial fuerza aquí en México, donde tantas madres siguen buscando, con firmeza y fe, a sus hijos desaparecidos".
Con estas palabras, Parolin abrazó la lucha de las madres buscadoras. Subrayó que nada puede impedirles hacer hasta lo imposible por ayudar a sus hijos, e invitó a toda la sociedad a sostenerlas con la oración para que, al igual que la mujer del Evangelio, su perseverancia sea recompensada.
¡Durísimo!
El cardenal concluyó su mensaje recordando que el santuario es, ante todo, un espacio para encontrar la paz y proyectarla hacia afuera. "Demasiadas comunidades están marcadas por la violencia y la agresión, y demasiadas familias han conocido el dolor de la pérdida a causa de ello", sentenció. Una paz que, enfatizó el diplomático vaticano, urge cultivar primero en el interior para poder sanar a una sociedad profundamente fracturada.
Este jueves 6 de agosto, Parolin emprende el regreso a casa. Al pisar Roma, su primera tarea será informar al papa León XIV sobre los matices de su gira por Guatemala y México. De esa charla privada dependerá la eventual visita del pontífice a nuestro país. A mi juicio, el viaje papal bien podría esperar un poco y concretarse una vez que pasen las aguas de las elecciones de 2027; pero lo que es un hecho, es que Parolin se lleva a Roma el pulso exacto de la realidad mexicana.
PD. En su novela 1984, George Orwell nos advirtió sobre el Ministerio de la Verdad (el Miniver): una institución creada no para proteger los hechos, sino para reescribirlos a conveniencia del poder. Hoy, bajo la trampa de la 'neolengua', nos venden los 'derechos de las audiencias'. Suena a protección ciudadana, pero en realidad es el andamiaje legal para justificar la censura. Si el Estado asume el monopolio de definir qué es la 'verdad', la objetividad desaparece. No nos engañemos: el único derecho de audiencia real lo ejerce el ciudadano con el control remoto en la mano. Cuando un gobierno decide arbitrar la veracidad, no busca protegernos de las mentiras; busca protegerse a sí mismo de las verdades incómodas. El reciente ataque contra Sergio Sarmiento retrata esta hipocresía de cuerpo entero. Desde el púlpito mañaneril exigen ética periodística, pero proyectan un video de hace veintiséis años, editado a tijeretazos para torcer su significado. Le piden pulcritud a la prensa, pero desde el poder mutilan la realidad a su antojo. No se vale.
@fredalvarez
No hay comentarios.:
Publicar un comentario