12 ago 2006

The Fidel I Think I Know: Gabo


El Fidel Castro que yo conozco/Gabriel García Márquez

Supuestamente publicado originalmente en El Granma y hoy lo reproduce The Guardian. (ya que según Homero Campa en Proceso el texto es falso* abajo)

El Granma, La Habana, 4 de agosto de 2006

Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico. Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar.
Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo. Es el antidogmático por excelencia.
José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos.
Esto podría explicar su confianza absoluta en el contacto directo. Tiene un idioma para cada ocasión y un modo distinto de persuasión según los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio. Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa. No hay un proyecto colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante.
Las reiteraciones son uno de sus modos de trabajar. Ej.: El tema de la deuda externa de América Latina, había aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hacía unos dos años, y había ido evolucionando, ramificándose, profundizándose. Lo primero que dijo, como una simple conclusión aritmética, era que la deuda era impagable. Después aparecieron los hallazgos escalonados: Las repercusiones de la deuda en la economía de los países, su impacto político y social, su influencia decisiva en las relaciones internacionales, su importancia providencial para una política unitaria de América Latina... hasta lograr una visión totalizadora, la que expuso en una reunión internacional convocada al efecto y que el tiempo se ha encargado de demostrar.
Su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas... pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz. Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso para sustentar discursos o charlas privadas con raciocinios abrumadores y operaciones aritméticas de una rapidez increíble.
Requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero. Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos, a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto pueda interesar a su curiosidad infinita.
Las respuestas tienen que ser exactas, pues es capaz de descubrir la mínima contradicción de una frase casual. Otra fuente de vital información son los libros. Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente lo comenta. Lee el inglés pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos. Es lector habitual de temas económicos e históricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atención.
Tiene la costumbre de los interrogatorios rápidos. Preguntas sucesivas que él hace en ráfagas instantáneas hasta descubrir el por qué del por qué del por qué final. Cuando un visitante de América Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, él hizo sus cálculos mentales y dijo: Qué raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al día. Su táctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y tratarlo en consecuencia.
No pierde ocasión de informarse. Durante la guerra de Angola describió una batalla con tal minuciosidad en una recepción oficial, que costó trabajo convencer a un diplomático europeo de que Fidel Castro no había participado en ella. El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del ciclón Flora, eran grandes reportajes hablados.
Su visión de América Latina en el porvenir, es la misma de Bolívar y Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de mover el destino del mundo. El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo.
En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, se aventura por sus vericuetos menos pensados sin descuidar jamás la precisión, consciente de que una sola palabra mal usada puede causar estragos irreparables. Jamás ha rehusado contestar ninguna pregunta, por provocadora que sea, ni ha perdido nunca la paciencia. Sobre los que le escamotean la verdad por no causarle más preocupaciones de las que tiene: El lo sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Me ocultan verdades por no inquietarme, pero cuando por fin las descubra me moriré por la impresión de enfrentarme a tantas verdades que han dejado de decirme. Las más graves, sin embargo, son las verdades que se le ocultan para encubrir deficiencias, pues al lado de los enormes logros que sustentan la Revolución los logros políticos, científicos, deportivos, culturales, hay una incompetencia burocrática colosal que afecta a casi todos los órdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad doméstica.
Cuando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de transmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.
Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla 84 veces más pequeña que su enemigo principal. Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.
Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina.
The Fidel I think I Know/By Gabriel García Márquez
This is an edited extract of an article from the Cuban newspaper Granma. Fidel Castro is 80 tomorrow
The Guardian, 12/08/06
His devotion is to the word. His power is of seduction. He goes to seek out problems where they are. The impetus of inspiration is very much part of his style. Books reflect the breadth of his tastes very well. He stopped smoking to have the moral authority to combat tobacco addiction. He likes to prepare food recipes with a kind of scientific fervour. He keeps himself in excellent physical condition with various hours of gymnastics daily and frequent swimming. Invincible patience. Ironclad discipline. The force of his imagination stretches him to the unforeseen.
José Martí is his foremost author and he has had the talent to incorporate Martí’s thinking into the sanguine torrent of a Marxist revolution. The essence of his own thinking could lie in the certainty that in undertaking mass work it is fundamental to be concerned about individuals.
That could explain his absolute confidence in direct contact. He has a language for each occasion and a distinct means of persuasion according to his interlocutors. He knows how to put himself at the level of each one, and possesses a vast and varied knowledge that allows him to move with facility in any media. One thing is definite: he is where he is, how he is and with whom he is.
Fidel Castro is there to win. His attitude in the face of defeat, even in the most minimal actions of everyday life, would seem to obey a private logic: he does not even admit it, and does not have a minute’s peace until he succeeds in inverting the terms and converting it into victory.
His supreme aide is his memory and he uses it, to the point of abuse, to sustain speeches or private conversations with overwhelming reasoning and arithmetical operations of an incredible rapidity. He requires incessant information, well masticated and digested. He breakfasts with no less than 200 pages of news. Responses have to be exact, given that he is capable of discovering the most minimal contradiction in a casual phrase. He is a voracious reader. He is prepared to read any paper that comes into his hands at any hour.
He does not lose any occasion to inform himself. During the Angola war he described a battle in such detail at an official reception that it was hard work to convince a European diplomat that Fidel Castro had not participated in it.
His vision of Latin America in the future is the same as that of Bolívar and Martí, an integrated and autonomous community, capable of moving the destiny of the world. The country about which he knows the most after Cuba is the United States: of the nature of its people, their power structures, the secondary intentions of its governments. And this has helped him to handle the incessant torment of the blockade.
He has never refused to answer any question, however provocative it might be, nor has he ever lost his patience. In terms of those who are economical with the truth, in order not to give him any more concerns than those that he already has: he knows it. He said to one official who did so: “You are hiding truths from me, in order not to worry me, but when I finally discover them I will die from the impact of having to confront so many truths I have not been told.” But gravest are the truths concealed to cover up deficiencies, because alongside the enormous achievements that sustain the revolution - the political, scientific, sporting, cultural achievements - there is a colossal bureaucratic incompetence, affecting daily life, and particularly domestic happiness.
When he talks with people in the street, his conversation regains the expressiveness and crude frankness of genuine affection. They call him: Fidel. They address him informally, they argue with him, they claim him. It is then that one discovers the unusual human being that the reflection of his own image does not let us see. This is the Fidel Castro that I believe I know. A man of austere habits and insatiable illusions, with an old-fashioned formal education of cautious words and subdued tones, and incapable of conceiving any idea that is not colossal.
I have heard him evoking things that he could have done in another way to gain time in life. On seeing him very overburdened with the weight of so many distant destinies, I asked him what it was that he most wished to do in this world, and he immediately answered me: “Stand on a corner.”
Proceso, 1554, 13 de agosto de 2006:
Falso texto de Gabo sobre Fidel/Homero Campa
Se llama El Fidel Castro que yo conozco.
Es un escrito de 17 párrafos que describe la personalidad del máximo líder de la Revolución Cubana. Su "autor": Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura y uno de los mejores amigos de Castro.Apareció el pasado 4 de agosto en los sitios de internet del diario Granma Internacional -órgano oficial del Partido Comunista de Cuba- y de Telesur, la cadena de televisión creada por iniciativa del gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez, también amigo de Fidel Castro.
De inmediato, el texto fue retomado por varios diarios en línea y diversas páginas web de organizaciones no gubernamentales de América Latina: Crónica-digital, La República, Red Voltaire, Clave digital, Por Esto....
La coyuntura periodística parecía propicia: cuatro días antes -el 31 de julio- Fidel Castro informó mediante una "proclama" que había sufrido una "crisis intestinal aguda", y que se había sometido a una "complicada intervención quirúrgica" que lo obligó a delegar "con carácter provisional" todos sus cargos a su hermano Raúl Castro.
Pero resultó que El Fidel Castro que yo conozco es apócrifo.
"Gabriel García Márquez no ha escrito ese texto", informó Gonzalo García, hijo del escritor colombiano, quien -a solicitud de Proceso- revisó su contenido y lo consultó con el propio Nobel de Literatura.
Sin embargo, Gonzalo reconoció varias expresiones que su padre empleó para referirse a la personalidad del líder de la Revolución Cubana en Fidel Castro: el oficio de la palabra hablada, publicado como prólogo del libro Habla Fidel (Mondadori, 1988).
Esta obra fue resultado de una larga entrevista que concedió el presidente de Cuba al periodista italiano Gianni Miná. "Es probable que se trate de una versión editada del prólogo del libro de Miná...pero desde que escribió ese prólogo Gabriel García Márquez no ha escrito texto alguno sobre la personalidad de Fidel Castro", comentó Gonzalo.
En efecto, El Fidel Castro que yo conozco retoma frases del prólogo del libro de Miná para elaborar párrafos distintos. Por ello algunas expresiones quedan fuera del contexto de la actual crisis de salud de Castro. Por ejemplo, cuando se mencionan las "excelentes condiciones físicas" del líder cubano.
Un fragmento reelaborado dice: "Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico. Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar. Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo".
Otros párrafos, sin embargo, son copiados casi textualmente del escrito original de García Márquez y mantienen su vigencia: describen a Fidel Castro tal cual.
Algunos de ellos:
-El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo.
-Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa. No hay un proyecto, colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: "Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante".
-Cuando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de transmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues, e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.
-Lo he oído, en sus escasas horas de añoranza, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina.
No es la primera vez que un escrito puesto a circular por internet es atribuido a Gabriel García Márquez, comentó a Proceso Mercedes Barcha, esposa del escritor colombiano, quien lamentó la falta de control en internet para la circulación de apócrifos.

11 ago 2006

Resolución de la ONU

El Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido unánimemente una tregua entre Israel y Hezbolla, y ha reclamado la retirada de las tropas israelíes del Líbano, en lo que constituye la primera actuación de este órgano de la ONU desde que se inició el conflicto.

Los 15 miembros del Consejo votaron con unanimidad a favor de la resolución, elaborada por EE UU y Francia, que insta a un fin de la violencia en el Líbano y traza los principios generales para un plataforma de acción política que permita un alto al fuego permanente y una solución duradera a la guerra que estalló el pasado 12 de julio.

La resolución abre la vía a una paz duradera, dijo la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice en el Consejo; "No más fuerzas extranjeras, no más armas", declaró al tgeimpon que expresó la disposición de EE UU de asistir a la recuperación económica del país.

Antes de la votación, el secretario general de la ONU, Kofi Annan se mostró decepcionado porque la decisión del Consejo de solicitar el cese de las hostilidades "debería haber llegado mucho antes" y se lamentó de que la demora ha afectado la credibilidad de este órgano.
En el texto se hace un llamamiento a las partes enfrentadas para que respeten la llamada Línea Azul, marcada por la ONU cuando Israel se retiró del sur del Líbano, en mayo de 2000.
Asimismo, se reitera la necesidad de preservar la integridad territorial, la soberanía y la independencia política del Líbano con sus fronteras reconocidas internacionalmente, como contempla el acuerdo de armisticio israelí-libanés de 1949.
En la resolución también se exhorta a la comunidad internacional a que tome las medidas necesarias para asistir en materia financiera y humanitaria al pueblo del Líbano, concretamente para que los 900,000 desplazados puedan regresar a sus casas y el gobierno pueda reabrir los puertos y aeropuertos del país.

Entre los elementos y principios políticos que deben conducir a una tregua permanente se menciona que ninguna fuerza extranjera puede ser desplegada en territorio libanés sin el consentimiento del Gobierno de Beirut.
También se estipula la prohibición de suministrar o adquirir cualquier tipo de armamento y municiones al Líbano, a excepción de las transacciones autorizadas por su gobierno.
Phillipe Douste-Blazy, ministro de Exteriores de Francia, el otro país promotor de la resolución, declaró que ésta crea las condiciones para una solución a corto plazo, pero también una paz duradera, fundamental para el equilibrio de toda la región.

Por su parte, el ministro de Exteriores de Qatar, el jeque Ahmed al Thani, manifestó que aceptó la resolución porque "quieren que se acabe el baño de sangre en el Líbano", aunque consideró que era "desequilibrada". Objetó que el documento no aborda las consecuencias legales y humanitarias de la destrucción perpetrada por Israel en las últimas semanas, así como otros aspectos como la liberación de los prisioneros libaneses en cárceles israelíes.
Una vez dado el visto bueno a la resolución, el Gobierno israelí debería aprobar el próximo domingo un alto el fuego en el Líbano, pero el primer ministro, Ehud Olmert, no ha revocado la orden que ha dado de lanzar una operación a gran escala en el sur de ese país.
En Jerusalén, una fuente oficial israelí ha declarado que Olmert ha manifestado al presidente de EE UU, George W. Bush, durante una conversación telefónica, su apoyo al texto acordado.

El acuerdo del proyecto de resolución fue anunciado por la ministra británica de Exteriores, Margaret Beckett. El texto pide "un cese inmediato de las hostilidades" entre Israel y la milicia libanes de Hezbolá, así como una retirada "gradual" de las tropas hebreas de Líbano al tiempo que "el Ejército libanés y una fuerza de Naciones Unidas" se despliegan en el sur del país.
Esa fuerza internacional estaría formada por unos 15,00 soldados y encabezada por Francia.
El acuerdo incluiría la exigencia de que Hezbolá abandone el sur de Líbano y se sitúe no antes del río Litani, a unos 20 kilómetros de la frontera con Israel.

AMLO en The New York Times

Recontando nuestro caminio hacia la democracia/Andrés Manuel López Obrador

Publicado el 11 de agosto de 2006, The New York Times
Desde 1910, cuando otra elección polémica desató una revolución, México no había estado tan cargado de tensión política. Las manifestaciones más grandes de nuestra historia son prueba diaria que millones de mexicanos desean una recuento completo de la elección presidencial del mes pasado. Mi opositor, Felipe Calderón, actualmente mantiene una estrecha ventaja de 243,000 de los 41 millones de votos emitidos, pero los mexicanos todavía están esperando a que un presidente sea declarado.
Desafortunadamente, el Tribunal Electoral responsable de ratificar los resultados de elección frustró los deseos de muchos mexicanos y rechazó aprobar un recuento a nivel nacional. En lugar de eso, su estrecho criterio predomino y el sábado pasado permitió que sólo cerca de 9 por ciento de las casillas fuera abierto y revisado. Vale la pena hacer un repaso de la historia de esta elección. Por meses, los votantes fueron sujetos a una campaña de miedo. El presidente Vicente Fox, que apoyaba a Calderón, le dijo a los mexicanos “cambiar de jinete, pero no de caballo” un claro reproche a las políticas sociales para ayudar a los pobres, y privarlos del derecho al voto, que estaban en el corazón de mi campaña.
Los grupos de interés gastaron millones de dólares en televisión y radio advirtiendo que habría una crisis económica si yo ganaba. Mi punto de vista es que los programas de gobierno fueron dirigidos hacia los estados clave con la esperanza de ganar votos a favor de Calderón. El programa de desarrollo de Naciones Unidas advirtió que tales acciones podrían influenciar incorrectamente a votantes. Donde el apoyo hacia mi Coalición era fuerte, a los aspirantes para recibir ayuda del gobierno les fueron solicitadas sus credenciales para votar, privándolos de esta manera de su derecho a votar. Y entonces vino la elección. Las últimas encuestas electorales demostraron que mi coalición lideraba o empataba con el Partido de Acción Nacional de Calderón.
Creo que el día de elección hubo manipulación directa de votos y de actas. Las irregularidades eran evidentes en decenas de millones de actas. Sin un recuento transparente México tendrá un presidente que carezca de la autoridad moral para gobernar. La opinión pública apoya este diagnóstico. Las encuestas demuestran que por lo menos una tercera parte de los votantes cree que la elección fue fraudulenta y cerca de la mitad apoya el recuento completo. Pero el Tribunal Electoral ha pedido un recuento inexplicablemente restrictivo. Esto desafía la comprensión, porque si las alteraciones en las actas son generalizadas el resultado podría cambiar con un puñado de votos.
Nuestros tribunales - que no se asemejan a los de Estados Unidos - tradicionalmente se han subordinado al poder político. México tiene una historia de elecciones corruptas donde la voluntad de la gente ha sido subordinada por el rico y poderoso. Los agravios se han acumulado en el sentir nacional, y esta vez que no estamos huyendo del problema. Los ciudadanos y yo tomamos en protesta pacífica el Zócalo, la magnífica plaza central de la capital, y hablan fuerte y claro: Suficiente es suficiente. En el espíritu de Gandhi y del reverendo Martin Luther King Jr., buscamos que nuestras voces se escuchen. Carecemos de recursos para publicitar nuestra causa. Sólo podemos comunicar nuestra demanda del conteo de todos los votos a través de la protesta pacífica. Después de todo, nuestro objetivo es el de fortalecer a México, no dañar sus instituciones, queremos forzarlas a adoptar mayor transparencia. La credibilidad de México en el mundo sólo se incrementará si clarifiquemos esta elección Necesitamos la buena voluntad y apoyo de aquellos en la comunidad internacional con interés personal, filosófico y comercial en México que me a realizar lo correcto y permita un recuento total que demostrará, de una vez por todas, que la democracia vive y se encuentra bien en esta República
Andrés Manuel López Obrador, alcalde de la ciudad de México de 2001 a 2005, fue candidato a presidente en 2006, representando una coalición liderada por el Partido de la Revolución Democrática.
Traducido del español al ingles por Rogelio Ramírez de la O.

Tomado en español de Lupa Ciudadana: www.lupaciudadana.com.mx

Recounting Our Way to Democracy/ By Andrés Manuel López Obrador.
NOT since 1910, when another controversial election sparked a revolution, has Mexico been so fraught with political tension.
The largest demonstrations in our history are daily proof that millions of Mexicans want a full accounting of last month’s presidential election. My opponent, Felipe Calderón, currently holds a razor-thin lead of 243,000 votes out of 41 million cast, but Mexicans are still waiting for a president to be declared.
Unfortunately, the electoral tribunal responsible for ratifying the election results thwarted the wishes of many Mexicans and refused to approve a nationwide recount. Instead, their narrow ruling last Saturday allows for ballot boxes in only about 9 percent of polling places to be opened and reviewed.
This is simply insufficient for a national election where the margin was less than one percentage point — and where the tribunal itself acknowledged evidence of arithmetic mistakes and fraud, noting that there were errors at nearly 12,000 polling stations in 26 states.
It’s worth reviewing the history of this election. For months, voters were subjected to a campaign of fear. President Vicente Fox, who backed Mr. Calderón, told Mexicans to change the rider, but not the horse — a clear rebuke to the social policies to help the poor and disenfranchised that were at the heart of my campaign. Business groups spent millions of dollars in television and radio advertising that warned of an economic crisis were I to win.
It’s my contention that government programs were directed toward key states in the hope of garnering votes for Mr. Calderón. The United Nations Development Program went so far as to warn that such actions could improperly influence voters. Where support for my coalition was strong, applicants for government assistance were reportedly required to surrender their voter registration cards, thereby leaving them disenfranchised.
And then came the election. Final pre-election polls showed my coalition in the lead or tied with Mr. Calderón’s National Action Party. I believe that on election day there was direct manipulation of votes and tally sheets. Irregularities were apparent in tens of thousands of tally sheets. Without a crystal-clear recount, Mexico will have a president who lacks the moral authority to govern.
Public opinion backs this diagnosis. Polls show that at least a third of Mexican voters believe the election was fraudulent and nearly half support a full recount.
And yet the electoral tribunal has ordered an inexplicably restrictive recount. This defies comprehension, for if tally sheet alterations were widespread, the outcome could change with a handful of votes per station.
Our tribunals — unlike those in the United States — have been traditionally subordinated to political power. Mexico has a history of corrupt elections where the will of the people has been subverted by the wealthy and powerful. Grievances have now accumulated in the national consciousness, and this time we are not walking away from the problem. The citizens gathered with me in peaceful protest in the Zócalo, the capital’s grand central plaza, speak loudly and clearly: Enough is enough.
In the spirit of Gandhi and the Rev. Dr. Martin Luther King Jr., we seek to make our voices heard. We lack millions for advertising to make our case. We can only communicate our demand to count all the votes by peaceful protest.
After all, our aim is to strengthen, not damage, Mexico’s institutions, to force them to adopt greater transparency. Mexico’s credibility in the world will only increase if we clarify the results of this election.
We need the goodwill and support of those in the international community with a personal, philosophical or commercial interest in Mexico to encourage it to do the right thing and allow a full recount that will show, once and for all, that democracy is alive and well in this republic.
Andrés Manuel López Obrador, the mayor of Mexico City from 2001 to 2005, was a candidate for president in 2006, representing a coalition led by his Party of the Democratic Revolution.

This article was translated from the Spanish by Rogelio Ramírez de la O.

Plan Centinela

¡Es mejor prevenir que lamentar!

Ante los hechos ocurridos en Londres donde fueron detenidos 24 personas como presuntos integrantes de una red terrorista ligada a Al Qaeda que planeaba hacer estallar artefactos explosivos ocultos en el equipaje de mano en aviones en pleno vuelo entre Reino Unido y EE UU.
El gobierno de México emitió el siguiente comunicado donde pone en acción el Plan Centinela.

Comunicado de prensa conjunto emitido ayer por la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Seguridad Pública y la Secretaría de Relaciones Exteriores

México, D.F., 10 de agosto de 2006
EL GOBIERNO FEDERAL INFORMA SOBRE MEDIDAS DE SEGURIDAD AEROPORTUARIAS IMPLEMENTADAS EN TERRITORIO MEXICANO
Con motivo de los hechos acontecidos en Londres, Inglaterra, en toda la Red Aeroportuaria de nuestro país se llevaron a cabo reuniones de los comités locales de seguridad a fin de analizar la situación que permita tomar medidas precautorias en los servicios nacionales e internacionales que ahí se prestan.

Asimismo, se determinó reactivar el Plan Centinela a nivel nacional con el propósito de estrechar la vigilancia y seguridad en todo el territorio nacional de manera coordinada.
En este dispositivo lidereado por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), participan todas las instancias federales que, conjuntamente con las locales, atienden el tema de seguridad de manera puntual.
Con lo anterior el Gobierno Federal se inscribe dentro de la atención internacional a situaciones de emergencia que puedan propiciar acciones como las citadas, beneficiando además de manera muy concreta la seguridad de todos los usuarios de la red aeroportuaria del país.
Y en mañanera en Los Pinos el vocero Rubén Aguilar Valenzuela, precisó:
"...la seguridad de nuestras fronteras y la seguridad de nuestras zonas estratégicas que incluye las producciones de los centros productores de energía, los aeropuertos, siempre están vigilados, hay una mecánica institucional que implica vigilancia permanente porque corresponde a nuestros propios intereses. En los casos en que hay una solicitud de la comunidad internacional para que se apliquen programas extraordinarios en nuestro caso está el Programa Centinela, que ustedes conocen bien.

En este momento el Programa Centinela que implica redoblar los esfuerzos en aeropuertos y en la zona de la frontera está sólo en la fase dos....
...Tres, tres, y es muy evidente en los aeropuertos cuando entre la Fase III que hay que quitarse los zapatos, hay que quitarse los cintos, no hay que viajar con una serie de productos al interior de los aviones, no, básicamente líquidos, una serie de cosas de este tipo, adicional a los que están ya convenidos a nivel internacional de que no pueden llevar cosas filopunzantes y ese tipo de cosas.

Ahora son líquidos, básicamente, que no pueden ser introducidos a los aviones.


Fidel Y Raúl por Jorge Edwards


Tomado de El País (11-08-2006)
A mediados de febrero de 1971, cuando llevaba casi tres meses en Cuba como representante diplomático de Chile, me tocó entrar en contacto con Raúl Castro para organizar la visita del buque escuela Esmeralda a La Habana. Era la primera visita oficial de un barco de la escuadra chilena, después de largos años de ruptura de relaciones, y el Gobierno revolucionario le daba gran importancia al asunto. Había que evitar a toda costa que los trescientos o cuatrocientos jóvenes oficiales y grumetes en viaje de instrucción transmitieran una imagen negativa de la Revolución Cubana a su regreso a Valparaíso. El presidente Allende en persona había acudido a despedir el barco y se había comunicado por teléfono con Fidel Castro para recomendarle la máxima atención al tema. Y Fidel y Raúl estaban pendientes, con las pilas puestas, como decimos nosotros, dispuestos a emplear todos sus poderes de seducción, que en aquellos años no eran pocos, frente a los chilenos.
Yo había conversado largamente con Fidel en la primera noche de mi llegada a La Habana y había podido sacar conclusiones diversas acerca del personaje. A uno lo citaban en un lugar y a una hora determinada y el encuentro terminaba por producirse en otro y varias horas más tarde. Los ayudantes, los funcionarios, la gente de protocolo, le decían a uno al oído que todo esto obedecía a normas de seguridad, pero también se podía concluir que era una cuestión de temperamento, de gusto, de afición a lo repentino y a lo secreto. Después, durante la reunión misma, nunca faltaba algún elemento de sorpresa, un golpe de teatro. Yo, recién llegado a mi hotel al final de un largo viaje, cerca de la medianoche, seguía un discurso del Comandante por la televisión cuando el director de Protocolo me llamó para llevarme a cenar en la ciudad. Era una hora extravagante y había viajado desde Lima con escala en México, pero no quise poner dificultades. Cruzamos La Habana a una velocidad vertiginosa, en el escarabajo VW del director, y en vez de llegar a un restaurante me hicieron entrar a las bambalinas de un gran teatro. Al otro lado de las pesadas cortinas de terciopelo granate se escuchaba la misma voz que había escuchado en el televisor de mi hotel. Terminó el discurso, hubo nutridos aplausos y el Comandante en Jefe apareció detrás de las cortinas. Si hubiera sabido que había llegado, me dijo, habría roto el protocolo y lo habría llevado a la tribuna. Habló con otras personas, entre ellas con el político chileno Baltazar Castro, y desapareció seguido de su séquito por una portezuela que daba a la calle.
"Ahora te voy a llevar a una entrevista en el diario Granma", me dijo entonces Meléndez, el de Protocolo. ¿No es un poco tarde para entrevistas?, tuve la ingenuidad de preguntar, mirando mi reloj. Pero la hora, en las revoluciones, tenía otro sentido. Y un rato más tarde me encontraba sentado en la dirección del Granma, frente a un grupo de periodistas que sonreía y me hacía preguntas vagas sobre mi viaje. Hasta que se abrió una puerta lateral, entró Fidel Castro y se sentó en una silla que estaba al lado de la mía. De las bambalinas del teatro anterior pasábamos a un escenario más privilegiado y exclusivo. En medio de la conversación, Fidel de repente dio un salto. ¿Cómo era posible que no hubiera vino chileno en la mesa? Se abrieron otras puertas, como si el guión estuviera bien estudiado, y entraron botellas de un vinillo que producía Baltazar Castro, el político que acababa de conversar con Fidel. La conversación, a todo esto, ya había adquirido otro tono. Dije que podía encargarme de que se exportaran vinos chilenos de mejor calidad a la isla y Fidel replicó: "Tú eres encargado de negocios, pero de negocios no sabes nada, porque eres escritor". Me reí bastante, ya que Baltazar Castro, don Balta, también era escritor, novelista prolífico, aunque, en honor a la verdad, más bien mediocre en su manejo de la escritura. "¡Estos escritores chilenos son unos diablos!", exclamó entonces Fidel, de humor excelente, y la conversación se prolongó hasta altas horas de la madrugada.

Llegué a una entrevista de trabajo con Raúl Castro, en vísperas del arribo del buque escuela, y empecé a comprobar que el ministro de las Fuerzas Armadas era el exacto reverso, casi la antípoda, de su famoso hermano. Tuve la impresión, incluso, de que manipulaba el contraste en forma deliberada. Ser hermano del Líder Máximo no debía de ser fácil, y el juego de las oposiciones probablemente ayudaba a mantener el tipo. Sonó la hora precisa de la cita y la puerta del despacho ministerial se abrió. Raúl, mucho más bajo que Fidel, más pálido, lampiño, en contraste con la barba guerrillera, frondosa y famosa, del otro, era un hombre amable,que hasta podía resultar simpático, pero de una cordialidad evidentemente fría. Estaba sentado detrás de una mesa de escritorio pulcra, impecablemente ordenada, y supe que ahí no cabía esperar sorpresas ni golpes de efecto de ninguna especie. Sus servicios, entretanto, lo habían previsto todo: la entrada del barco al muelle, el transporte por tierra de la tripulación, el programa oficial hasta en sus menores detalles. Habría que asistir a tales y cuales ceremonias y pronunciar tales y cuales discursos de tantos minutos de duración cada uno. El personal a cargo tendría las respectivas ofrendas florales preparadas. Y el ministro procedió a entregarme carpetas cuidadosamente preparadas con el programa, mapas de acceso, credenciales, contraseñas. Convenía, dijo, antes de la despedida, que se produjo al cabo de media hora justa de reunión, que visitara los recintos de la Marina de Cuba, donde los radares registraban minuto a minuto la navegación del barco nuestro. Lo hice, desde luego, y debido, quizá, a mi total ignorancia, me quedé asombrado por el control perfecto de la situación del buque en los mares caribeños.
Los marinos chilenos visitaron instalaciones militares guiados por Raúl Castro y debo decir que hicieron comentarios sorprendidos y hasta elogiosos de la eficacia defensiva de lo que habían visto. En esta etapa, la voz cantante en el proceso de seducción de los oficiales de la Esmeralda, la sirena de turno, era Raúl, no su hermano Fidel. Pero hubo más tarde un detalle revelador. Ernesto Jobet, el comandante de nuestro barco, ofreció una recepción a todo el Gobierno y el cuerpo diplomático. Ahí hubo roces y tropiezos de toda clase y a cada rato. Protocolo me pedía permiso para hacer una completa inspección del buque por motivos de seguridad. El comandante Jobet contestaba que por ningún motivo: él, en su calidad de anfitrión, respondía por la seguridad de sus invitados. Y jamás, por razones de principio, admitiría el ingreso a su barco de gente armada. El día de la recepción, Fidel Castro apareció en el muelle de repente y subió en compañía de una escolta provista de grueso armamento. Fue un momento de tensión extraordinaria. Media hora más tarde ingresó con toda su escolta a la sala privada del comandante chileno. Se produjo ahí una situación notable: el comandante Jobet, con un gesto, le pidió a Castro que expulsara a los intrusos, y éste, con un dedo, les ordenó retirarse. La reunión no podía partir en un ambiente peor. Pero Fidel, al poco rato, tuvo una idea brillante: invitó a Ernesto Jobet a jugar una partida de golf a la mañana siguiente y todos los tropiezos del día quedaron aparentemente superados.
Me imagino que Raúl Castro, con buen olfato, previó estos problemas de antemano. De todos los personajes importantes invitados a la fiesta del buque escuela, fue el único que no asistió. A pesar de haber sido el organizador de la gira. No quería provocar conflictos y prefirió, una vez más, asumir un perfil bajo. No le gustaba, sin duda, estar en el mismo barco en compañía del hermano mayor, sobre todo cuando el otro acaparaba todas las cámaras.
En buenas cuentas, la actitud de Raúl fue prudente y astuta, además de organizada. Fidel y su escolta, en cambio, metieron la pata a cada rato. Pero Fidel, con su chispa, con su sorprendente invitación a un deporte británico y tradicional, ganó la partida. Al menos en el primer momento. Dos días después, cuando el buque se preparaba para zarpar, Ernesto Jobet impartía terminantes instrucciones a sus subordinados para que escribieran cartas, todas las cartas que pudieran, a sus familiares y amigos. Era una operación discreta y eficaz de contrapropaganda. Algunos grumetes habían sido invitados en la calle a la casa de un médico cubano y habían comprobado con extrañeza que no estaba en condiciones de ofrecerles una modesta cerveza o una taza de café. ¡Cuéntenlo todo!, exclamaba Jobet, con una sonrisa socarrona.
Alrededor de tres años más tarde, se supo que la Marina había sido la primera en iniciar, con veinticuatro horas de anticipación, las operaciones que condujeron al golpe de Estado contra Allende. Pensé en los tripulantes de la Esmeralda y en la posibilidad de que alguno, más de alguno, estuviera implicado en ese proceso. Era una historia terrible: un reflejo lateral, menor, pero no por eso menos dramático, de un gran conflicto político del siglo XX. En el episodio de la visita de los marinos, según mi balance final, Raúl había sido prudente, además de ausente cuando convenía, y Fidel había sido teatral, excesivo, palabrero, improvisador. Ninguno de los dos, en cualquier caso, habría podido evitar nada, y temo que sus amigos chilenos tampoco.
*Jorge Edwards es escritor chileno.

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